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4 dic 2011

COTORRAS, GATOS y RATONES: MASCOTAS DE PAPEL

En mi ya larga trayectoria como caricaturista e historietista, confieso haber incursionado muy raras veces en la temática de dibujar específicamente para niños, aunque he ilustrado varios libros de cuentos, y algunos de mis personajes han tenido buena receptividad por parte de la grey infantil. Pongamos por caso los dos vecinos (el gordo y el flaco), que encabezan este blog personal, cuyas peripecias costumbristas dirigidas a un público adulto han sido sin embargo bien acogidas por esos príncipes enanos de que habló nuestro Martí.

Su lección magistral en “La Edad de Oro”, dejó una estela permanente de enseñanzas. Sin didactismo alguno apostó allí por los mejores valores humanos y artísticos, sin perder frescura y amenidad.

En mi criterio, una de sus premisas es lograr comunicarse con ellos utilizando el recurso de la fantasía infantil para lograr la comunicación. De ahí el éxito de humanizar otras especies de animales, tendencia creativa tan antigua como las fábulas de Esopo, el esclavo griego, que una vez liberto escribió en el siglo V a.n.e. las fábulas que lo inmortalizaron; así como sus más cercanos seguidores del siglo XVII y XVIII: El francés La Fontaine, y su traductor español, Félix María de Samaniego.

El desarrollo de la imprenta, las publicaciones ilustradas, y otros adelantos facilitaron la incorporación gráfica al empeño con nuevos códigos de lectura; pero trabajar para los niños no es tarea fácil. Requiere de un alto grado de especialización y constancia. Gracias a ello se logró borrar a la larga el concepto de subproducto cultural.

Se trata de un simple acto de comunicación entre el receptor (niño) y el autor (adulto) con el objetivo de sensibilizar al primero gracias a la capacidad comunicativa y el talento del segundo. De ahí que con miles de ejemplos, sólo dediquemos este espacio a tres creadores que sentaron cátedra de por vida en este difícil oficio de contar historias dibujadas para los más pequeños.

Dos son cubanos y el otro norteamericano, todos con un larguísimo curriculum, imposible de recopilar en este breve espacio, por lo cual les dedicaremos una breve ficha a cada uno. Se trata de Walt Disney, Cecilio Avilés y Jorge Oliver. ¿Qué los une?

En primer lugar: Haber dedicado la mayor parte de su obra a crear personajes de gran impacto para los niños. En segundo lugar: Que los más populares de ellos fueran graciosos animalitos, como las fábulas de antaño ya mencionadas. En tercer lugar: Que los tres son Sagitarios, con las características propias de los que nacen bajo ese signo. A saber: Disney el 5 de diciembre e 1901; Cecilio, 5 de diciembre de 1944; y Oli, 15 de diciembre de1947.

Empecemos pues, por orden de aparición:

WALT DISNEY, Chicago, (1901-1966). (Firma Disney). Al arribar este año a sus 110 años de edad, podemos decir que el famoso autor del ratón Mickey, el Pato Donald y otros muchos animalitos de ficción, cumpliría en este mes sus 110 años de edad.

Lo considero además un individuo atípico desde la niñez, pues fue un estudiante mediocre en la primaria, tal vez por estar—como yo--, siempre pensando en las musarañas. En 1918 quiso participar en la Primera Guerra Mundial y falsificó la partida de nacimiento para poder ingresar en las filas del ejército norteamericano. Al fin pudo enrolarse como conductor de ambulancias, pero cuando llegó al frente, la guerra ya había terminado.

Otra de sus características es que, su obra se diferencia a la del resto de los dibujantes especializados en el tema. Pues primero triunfó en el cine y después pasó a las tiras cómicas en la prensa.

Fue pues pionero del dibujo animado y un clásico en la especialidad a nivel mundial, pero unido a ello sumaba talento y persistencia en el arte de los negocios. Aunque fracasó en sus primeros intentos al unirse en un proyecto con su colega Ubbe Iwerk para crear una pequeña empresa publicitaria, más tarde fundó la “Disney Brothers Studio” con su hermano Roy, pero el éxito lo obtuvo en Hollywood al unirse de nuevo con Iwerk con la serie de “Oswald, el conejo afortunado”. La pareja no tuvo la misma fortuna de Oswald, porque la firma Universal les ganó un pleito por los derechos de autor, y tuvieron que inventar un nuevo personaje que resultó ser Mickey Mouse, cuya autoría se la atribuyó Disney, y aún se especula si fue obra de Iwerk, de él, o de ambos.

Lo cierto es que su ratón-héroe de celuloide se embarcó en la cinta “Steambout Willie” arrastrando con él hacia la fama a su autor en 1928. Fue tal el éxito de la película que dos años después Mickey debutó en las tiras cómicas, incrementando los ingresos de su progenitor, ahora en los periódicos.

A partir de ahí aumentó la familia de los ratones-patos, y las gallinas de los huevos de oro halladas en los filmes de “Blancanieves”, “La Cenicienta”, y otras superproducciones de “Fantasía”.

La lista sería interminable. Disney se convirtió en el Rey Midas de los “muñequitos” como los llamábamos entonces. Creó hasta un mundo fantástico llamado Disneylandia. En fin un Imperio que no ha dejado de crecer hasta nuestros días.

No crean que la cosa le resultó fácil. A lo largo de toda su trayectoria le surgieron no pocas “criadas respondonas”. La huelga de sus animadores en 1941, con un dibujo mucho más original moderno comenzaron a serrucharle el piso; influyó en la creación de la UPA con los antologicos personajes "Mr. Magoo" y "Mac Boing-Boing", pero perdieron sus contratos a fines de los 40 acusados de filocomunistas. Con posterioridad uno de sus integrantes, Stephen Bosustow, logra que la Columbia distribuyera sus obras.

Más recientemente los jóvenes creadores del grupo PIXAR lo pusieron a temblar. El imperio Disney se tambaleaba, pero como en el caso anterior surgió su sabiduría o astucia empresarial, los fieles cabilderos, y otros recursos idóneos. En vez de enfrentar a sus competidores, sencillamente fiel a las fabulas de antaño. El tiburón Disney abrió sus arcas bancarias, y de un bocado se tragó a las sardinas.

Mi ídolo de aquellos tiempos felices falleció en Los Ángeles en 1966, pero para mi murió unos veinte años antes, tras la derrota del nazi-fascismo por los aliados, cuando lo vi en un documental fílmico declarando ante la Comisión del Congreso Norteamericano presidida por el senador MacCarthy contra los presuntos filocomunistas y otros muchos cineastas. Aquella “Cacería de Brujas” que perseguía y satanizaba a sus propios colegas de Hollywood como Chaplin, resultó para mi lo más repugnante que se recuerde en la historia del cine.

En ese material vi como el autor la arrebataba la manzana envenenada a la Bruja del castillo para servirla a Blancanieves, y acabar con los siete enanitos, los Diez de Hollywood, y con todos los “indignados” de entonces.

Cecilio Avilés Montalvo, Cumanayagua, Cienfuegos. (5-12-1944). Firma Cecilio. Nació con el pincel en la mano izquierda, se graduó de pintura y modelado en la Academia San Alejandro; de diseño gráfico en la escuela Diego Rivera; de realización de animación en el Departamento de Dibujos Animados del ICRT; y de música y armonía en el Centro Ignacio Cervantes. Sin embargo, desde los doce años quedó hipnotizado por el cine de aventuras y los cómics norteamericanos. De ahí le viene esta adicción vocacional. Comenzó su vida profesional en la revista PIONERO (1969) ilustrando temas variados.

En 1971 surgen sus dos principales personajes el cimarrón “Marabú” y "Cecilín", --hecho a su imagen y semejanza--, quien sería acompañado en sus aventuras por la parlanchina cotorrita Coty, personajes estos también divulgados en Venezuela y Argentina.

Cecilio ha incursionado en todos estos años como educador y teórico del género con varias obras publicadas, como animador gráfico en la programación pioneril de la televisión, y facilitador didáctico en talleres de dibujo infantil. durante un buen número de años, actividad que mantiene aún, por lo que obtuvo varios premios de la popularidad de la revista “Opina”.

Ha logrado honores como dirigente del Sindicato de la Cultura, y la UNEAC, del trabajo cultural comunitario con proyectos afines, entre ellos el de promocionar la muestra sabatina de los pintores en el Paseo del Prado, así como otras muchas actividades similares. Cecilio es, si se quiere, mucho más dinámico y multifacético que sus propias aventuras de ficción.

Jorge Oliver Medina, Ciudad de La Habana, (15-12-1947). Firma OLI. Dibujante autodidacta, se graduó sin embargo en Licenciatura de Historia del Arte (UH).

Se inició en la vida artística gracias al Servicio Militar Obligatorio, cuando por sus facultades fue asignado a la revista Verde Olivo en 1964. Más tarde se incorpora a SIEMPRE ALERTA, órgano de la Defensa Antiaérea de las FAR, donde publica el libro “La Historia de la Aviación”; después pasa al Instituto de Aeronáutica Civil , pero de allí salió volando para colaborar con la revista PIONERO, donde realizó varias series monotemáticas.

Más tarde Oli se une a Juan Padrón en el Departamento de Dibujos Animados del ICAIC, donde aborda diversos temas promocionales. Siempre vinculado a la Unión de Pioneros José Martí”. Forma parte del equipo inicial del tabloide Pásalo y posteriormente en 1980 como director y fundador junto con Anisia Miranda de la revista Zun-zún. Es aquí donde surge su personaje más significativo: “El Capitán Plín”, un gato verde, combatiente incansable de los piratas roedores que invaden continuamente “La Isla del Coco”. --un lugar muy parecido a nuestro país--.

Es éste un micro mundo lleno de febriles y jocosas aventuras. El pequeño felino también incursionó en animados, obras de teatro, y hasta el nuevo parque de diversiones de la Playa de Marianao tomó su nombre para regocijo de grandes y chicos, y la envidia de Ruy la Pestex y sus piratas.

Además de todo esto, no sabemos de dónde Oliver sacó tiempo para otras tareas que le fueron asignadas como subdirector editorial del diario JUVENTUD REBELDE; posteriormente director de EL CAIMÁN BARBUDO; y más tarde Subdirector del Canal 6 CUBAVISIÓN de la televisión cubana. Obviamos su paso por la publicidad para no darle ídem.

Numerosos premios ha recibido Oliver por tan monumental obra en su vida artística; sin embargo, que yo sepa, solo ha presentado una sola exposición personal de sus obras titulada “Reunión de caricaturas de reuniones”, en el vestíbulo del Teatro Karl Marx.

Por último, desde el año 2005 viene dirigiendo el programa de televisión CUADRO A CUADRO, dedicado a la historieta en el cine, donde derrocha de nuevo su creatividad en la más espectacular intromisión que hayamos presenciado jamás en la pequeña pantalla, pues interrumpe la acción para descargar su crítica mientras los protagonistas del film -en la confusión-, quedan congelados.

En este momento cae el telón con el tradicional THE END yanqui, o el criollísimo FIN. No fue mi intención reunir a los tres para compararlos ni mucho menos, sino para divulgar aspectos coincidentes, así como la huella que han dejado en cada uno de nosotros. Pero si me obligaran a escoger diría lo siguiente:

“…Hace poco estuve en Nueva York y quedé impresionado por su magnitud y fastuosidad, pero en la soledad de la noche me asaltó el “gorrión” por mi sufrida y querida Habana …”

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