Pido
disculpas a mis fieles vecinos por aparecerme ahora con unas “riflexiones” que
se me habían quedado encasquilladas desde el pasado 17 de noviembre.
Resulta
que hace unos meses en un encuentro entre colegas tuve la satisfacción de compartir
con Neyda Izquierdo, Premio Nacional de Edición 2014, esposa y biógrafa del
genial Luis Rogelio Nogueras con motivo de conmemorarse próximamente su 70º
Aniversario.
Por
razones ajenas a nuestra voluntad no pudimos hacerlo. Fue así que, precisamente
el mismo día de su cumpleaños el diario GRANMA me sorprende con el trabajo
titulado “Florecer sin falta” (Luis R. Nogueras 1945-1985) bajo la firma
de la joven periodista Madeleine Sautié: --¡Quedé petrificado!-- ¡¿70 años?!

Al
hojear de nuevo el libro “El último caso del inspector” Editorial
Letras Cubanas 1983 y catalogado como poesía mínima. Me di cuenta que se
trataba de una selección de sus poemas apócrifos con lo que se burlaba del
lector-cómplice, donde nos muestra una breve biografía-paródica de autores
famosos con tal veracidad que podría engañar al pinto de la paloma. Y para más
sorpresa la nota sobre el autor comienza así: “Luis Rogelio Nogueras. (La Habana
1945)…”
Por
tanto, en mi opinión, la compañera Sautié quedaba absuelta por la propia confesión
del autor, lo que me dio pie para el encabezamiento de este trabajo, pues el
caso se escapaba de las manos del inspector, para colarse entre las del editor.
Ahora,
en serio: Mi hijo Francisco P. Blanco Hernández, quien firma F.BLANCO para que
no lo confundan con su padre, no sólo admiraba la obra del Wichy, sino que se
inspiró en algunas de ellas, para llevarlas al lenguaje de la historieta. Por
entonces (12-12-1985) se fundaba la Editorial Pablo de la Torriente, un viejo
sueño del presidente histórico de la UPEC Ernesto Vera y entre sus funciones se
le dio un nuevo impulso a las especialidades gráficas surgiendo populares
publicaciones periódicas como COMICOS, PABLO, Y EL MUÑE.

Todo
esto ocurría allá por 1986 cuando la firma de Luís R. Nogueras pasaba a la
inmortalidad al fallecer prematuramente de una penosa enfermedad.
Es
entonces cuando mi hijo nos sorprende con varias historietas que se salían del
marco en que estaban encasilladas en Cuba por algunos detractores, mientras
evolucionaban en todo el mundo con lo que se conoció en Europa como arte
secuencial o novela gráfica y por otros como obra de autor, a la que se abrazó
mi hijo con pasión. Así logró adaptar obras de autores famosos en versiones cuadro
a cuadro como: “El anciano del Puente”
de Ernest Heminway; “Cuentos de Policía”
y “Crónica de una muerte anunciada” ambos
de Gabriel García Márquez; “De los
efectos de las bombas caseras”, de Sergio Ramírez; “Thelonius” de Leonardo Acosta, así como “Fábula de los tres hermanos”, canción de Silvio Rodríguez.

Pero
el verdadero inspirador de todo ello lo fue sin dudas Wichy al serle adaptadas
algunas de sus joyitas que él mismo llamó jocosamente poesía apócrifa, como el
ya nombrado “El último caso del
inspector”, pero no fue la única; a ella hay que agregarle “El hombre envidioso” (guión inédito
para un dibujo animado del ICAIC) y “Una
muchacha” poesía.

Hasta
aquí nuestro modesto homenaje al inolvidable Wichy Nogueras.(1944-1985).
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