
No
pasaron de siete las ediciones de MI BARRIO y además fueron milagrosas, porque salieron
solo cuando Dios quiso, pero también gracias a los esfuerzos combinados de las
instituciones que apadrinaban el proyecto y sus dirigentes de entonces: Abel
Prieto y Juan Contino.
La
revista abarcaba temas candentes como: las indisciplinas sociales de entonces,
las campañas anticubanas, las costumbres de la época, el transporte, la
producción y sus dificultades; así como el destaque a las tareas cederistas. Y
entre sus colaboradores intervinieron reconocidas firmas como Virgilio, Tulio
Raggi, Nuez, Enrique Núñez Rodríguez, Wilson, Betán, Zumbado, Luberta, Arístide,
Juan Padrón, entre otros muchos que recuerdo ahora y merecen nuestro
reconocimiento.

Personalmente
lo considero un barrio bendito pues es conocido como Santos Suárez y pertenece a
La Habana--capital de todos los cubanos—su municipio más poblado, y por tanto
el que más agua consume y derrocha, o el que debiera seleccionar mejor sus
desechos sólidos para convertirlos en materias primas reciclables. Es decir
valor agregado en vez de tanta basura.
Pero
aparte de estas consideraciones, quizás el parque Santos Suárez sea la locación
más emblemática del barrio.
Esto
viene a propósito de que el 29 de marzo comenzó la Semana Santa, con más de
siete días como cantaba Manzanero, pues abre el Domingo de Ramos y culmina el 5
de abril con el de Resurrección.
Hace
poco regresé al terruño por reunificación familiar y actualmente vivo a media
cuadra de dicho parque por lo que hablo con propiedad, pues Santos Suárez está
rodeado de otras beneméritas arterias: San Benigno, San Indalecio, y Santa
Emilia, con la sola excepción de Zapote, rica fruta tropical, la cual
debiéramos proponer también su próxima canonización para completar la divina manzana.
En
su entorno reparten el pan de la enseñanza escuelas tan emblemáticas como las Primarias
“Sergio González”, (el Curita), “Raúl Ferrer”, y “Raúl Gómez García”, el poeta de
la Generación del Centenario, así como la ESBU “César Escalante”. Durante mi
niñez hace setenta años allí solo existía un solo colegio particular, el
Instituto Urquiza.

Dicen
que el mejor hermano es el vecino más cercano, ambos viven y conviven en la
zona, fraternalmente intercambian experiencias, comparten alegrías y sufren
idénticos desencantos como la indolencia, la indisciplina, el abuso, el
vandalismo y el maltrato—fíjense que hablo en singular, pues todos estos males
tienen sus respectivos autores aunque se disfracen con la máscara del anonimato
colectivo. Todos somos iguales ante la ley, pero no nos comportamos igualmente
ante los problemas y sus soluciones.
Pondré
unos pocos ejemplos pecaminosos de MI BARRIO: Precisamente en Santa Emilia,
calle preferencial por donde pasan las rutas 37 y 15, los peatones y viandantes
se disputan la preferencial de transitarla diariamente a pie de arriba a abajo,
tanto de día como de noche, con la excusa del mal estado en que se hallan las
aceras por falta de manteni-miento. (Fíjense, esta palabra también está separada
por guión no por gusto): A buen entendedor, pocas palabras, pues si nos
fijamos bien y seguimos “Tras la Huella” no necesitamos
revivir a Sherlock Holmes o a Chan-Li-Po para descubrir a simple vista el o los
culpables que abren zanjas de desahogo en sus aceras hacia la calle o realizan
acometidas sin cubrirlas debidamente.
Entre
todos los dolientes debiéramos predicar o acometer la tarea de descubrir dichas
obras públicas por cuenta propia, con el fin
de ayudar a las instituciones que tienen el deber, capacidad y
obligación de subsanarlas.
Si
vamos a votar por el—NUESTRO DELEGADO—debemos apoyarlo en todo lo que esté a
nuestro alcance para poder exigir después. Recordemos un solo caso: Hace
algunos años existía un llamado Plan Tareco, por medio del cual los cederistas
coordinaban la limpieza de escombros con su recogida y difícilmente se acumulaban
estos en las calles.
Actualmente
con una simple licencia, la población—cada ciudadano--puede acometer trabajos
de mantenimiento y construcción por medios propios en sus viviendas. Sin
embargo sus escombros se acumulan indiscriminadamente en cualquier esquina formando
junto con las podas masivas verdaderas montañas donde con ellos pernoctan
envases, hojas y troncos de árboles, desechos de comidas y bebidas, y hasta
animales muertos que necesitan la intervención de equipos pesados para evacuar
tanta contaminación. Esto crea un mal mayor: La destrucción de contenes y
aceras con las palas mecánicas y equipos pesados.
Ahora,
con la llegada de la primavera y la Semana Santa aumenta la temperatura y
debemos rezar para que los Vientos de Cuaresma se lleven tanta desgracia
acumulada pues sólo con la intervención de una deidad milagrosa podríamos
librarnos de los ejércitos de moscas mosquitos y otras alimañas que nos rodean
y que
yo sepa, San Hipoclorito no existe.
Los
que aún duden de estos testimonios que acudan a los archivos fotográficos de
TRIBUNA DE LA HABANA, colega que en múltiples ocasiones se ha dado banquete con
estas imágenes insólitas.
Y
no sigo porque en boca cerrada no entran vectores y llegaron las papas. Amén.
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