Regresé a Las Tunas tres
décadas después de aquel fabuloso Festival del Humor 26 de julio de 1981
organizado por PALANTE, que sirvió de marco apropiado para la 14º Jornada
Cucalambeana; recuerdo haber sido arrollado o arrastrado más bien, por un
bullicioso carnaval donde por primera vez pudimos degustar la deliciosa caldosa
de Kike y Marina, (Enrique Pérez Rodríguez y Marina Zaldívar).
Vuelven ahora allí mis
cinco sentidos incluyendo el del gusto, a recordar la guarachita popularizada
entonces por el Jilguero de Cienfuegos con el Conjunto Yumurí.
La provincia de Las
Tunas ya no es la misma—y yo, mucho menos—. Ella cada día más linda y rozagante
y yo arrastrando mis 81 gracias al bastón del consuelo con el cual me defiendo diciendo que me quiten lo
bailado.

Todo lo demás me
resultó fabuloso. La alegría juvenil desbordada por sus calles, el incontenible
movimiento cultural autóctono reflejado en galerías, museos y bibliotecas. El
pujante impulso al humor gráfico, representado por nuestros anfitriones del
Balcón del Humor en el periódico local. El resto de los humoristas gráficos,
escénicos y hasta musicales a través de las controversias del guateque
campesino. Así como sus abarcadoras dimensiones antes limitadas al entorno de
El Cornito, que hoy desbordan calles, parques y plazas.
Recuerdo que mucho ha
tenido que ver la voluntad política de un dirigente como Faure Chomón, quien
apoyó entonces la resurrección de Blanquita Becerra, y la huella dejada allí
por Rita Longa y sus seguidores de la escultura monumental (CODEMA) que aflora
en cada uno de sus rincones urbanos o rurales donde se respira la cultura en
todas sus manifestaciones.

Precisamente tuve la
oportunidad esta vez de contactar a una de esas figuras emblemáticas, --tunera,
cubana y universal a la vez--: El maestro Rafael Ferrero, escultor, profesor de
artes plásticas y una verdadera enciclopedia viviente, quien me recibió con la
energía de un abrazo contenido por esos treinta años de ausencia.
El humor criollo
afloró de inmediato, cuando refiriéndose a su edad y su especialidad artística
de modelar con cualquier material, cierta persona lo calificara de “Chatarra” la
respuesta de Ferrero no se hizo esperar: --Sí, pero de metal precioso.
Fue una controversia en
prosa por más de cinco horas consecutivas hablando de lo humano y lo divino. De
éxitos y desengaños, pero donde entre sorbo de ron o café afloraba el optimismo
siempre presente en la herencia intelectual de nuestros respectivos nietos y
bisnietos: Por su parte los milagros preescolares de la genial María Karla en
una paradigmática controversia con mis talentosos Miranda y Brian. Que optamos
por dejar tablas como siempre ocurría entre Chanito Isidrón y Angelito Valiente
o entre Justo Vega y Adolfo Alfonso.
El me recordaba su
imperecedera huella en San Antonio de los Baños cuando en 1979 dejó estampada su
firma en la escultura del Bobo y el Loquito, durante la Primera Bienal
Internacional de Humorismo Gráfico a la entrada de la Villa del Humor; o en el
mural que ocupa el fondo de su Museo homónimo. Mientras yo le evocaba el evento
competitivo que presencié bajo el título de ”Arena, Sol y Mar” en las
arenas de la Playa de Varadero, donde los caricaturistas a pura línea
compartimos protagonismo con las obras volumétricas de los “esculturosos”.
Para no extenderme
mucho me limitaré a reflejar una tajante respuesta dada a una periodista local
que insistía sobre mis impresiones en esta última visita a Las Tunas por la
Jornada Cucalambeana.
Textualmente le contesté:
--Imagínate
vine con 81 años y regreso como si me mirara en el espejo: Con 18.
En el contaminado
ambiente de artistas, poetas y similares, no me percate de cierta persona
presente en la interviú. Un par de días después, cuando me despedía de los anfitriones
para tomar el ómnibus de regreso a La Habana se me acercó entregándome un papelito.
Se trataba de la compañera Reina Esperanza Ruiz Hernández, quien había participado
por Puerto Padre como jurado de glosas en el Catauro de la Décima. Era una
espinela que decía así:
BLANQUITO
EN LAS TUNAS
Vine con ochenta y
uno
y me voy con
dieciocho
fresco como un
bizcocho
en el siglo XXI.
No guardo rencor
alguno,
y me voy más
elegante,
más alegre, más
galante.
A las Tunas volveré,
y en su Bohemio-café
Sigo PALANTE Y
PALANTE
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