__________________________

__________________________
Mostrando entradas con la etiqueta Poetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poetas. Mostrar todas las entradas

30 ago 2012

UN INDIO FIEL A SU CLASE


De Jesús Orta Ruiz, “El indio naborí” hemos escrito en varias ocasiones. La más reciente durante la pasada Jornada Cucalambeana, donde se le rindió homenaje por  arribar a su 90º. Aniversario el próximo 30 de septiembre.
El solo hecho de escoger ese seudónimo, Naborí-- nativo trabajador--cuando todos los poetas de su época querían ser príncipes o caciques del punto cubano, da la medida de nuestro héroe, fiel a su pueblo y sus raíces.
Y es que Jesusito, el hijo de Maya y Payo, nació en la finca “Los Zapotes”, próxima al río Luyanó, que daría nombre al barrio más cercano, donde ocho años más tarde nació este que está aquí.
En cierta ocasión él hablaba sobre la condición citadina o no, de esas zonas capitalinas que por su carácter suburbano eran consideradas antaño zonas rurales, y Juanelo era un buen ejemplo.
Aquel era un conglomerado de fincas pobladas por familias campesinas y obreras pobres, buena parte de ellas formada por emigrantes españoles y asiáticos, o sea, un típico barrio mestizo y marginal, caracterizado por el casi-río, la línea del férrea que lo atravesaba haciendo temblar la tierra al paso de los vagones, y hasta una plaza de toros por cuenta propia, --ya que desde la Intervención Yanqui, la fiesta brava estaba oficialmente prohibida en nuestro país.
De ahí que el pequeño Jesús, mucho antes de querer ser un “naborí”, soñó igualar las faenas de Manolete o Dominguin en aquel ruedo cercano, lo que reflejó en una de sus primeras composiciones poéticas “Fiesta Brava”.
Banderillero del día
se pone el verano un traje
de luces, y mi paisaje
se viste de Andalucía.
Coreo un ¡OLE! que truena
cuando el ruedo—luna llena-
vestida de plata y oro—
deslumbra con negro toro,
roja capa y banca arena.
Otras de aquellas primicias del imaginario infantil fueron dedicadas a la cercana ceiba--testigo de sus juegos -–o los miedos al jinete nocturno, la bola negra, o el jigüe y al pequeño río, hábitat de éste último.  
Con la urbanización del reparto San Miguel del Padrón, la finca de sus padres fue vendida y la familia Orta-Ruiz alquiló una casa a precio módico  en el callejón Castillo del propio reparto; así que de la finca “Los Zapotes” solo quedó  el sabor de esa aromática fruta.
Estos son algunos esbozos de sus comienzos, después vinieron los estudios, la primaria, la adolescencia… Si la ciudad crecía, el niño Jesús no podía quedar atrás, y sus sueños encerrados en la maleta del colegio pugnaban por salir al viento, junto a sus inquietudes políticas, su vocación periodística, o esa fuerza telúrica que se encerraba en sus versos.
Sólo una anécdota que lo caracteriza desde aquellos lejanos tiempos: El parque Tuma de la Cazada de Güines, en memoria de un destacado médico  guanabacoense, se inauguró precisamente en un acto público en presencia de las autoridades locales. Los oradores fueron el jovenzuelo Jesús Orta Ruiz y del Dr. Waldo Medina, el llamado “juez de los pobres”.
En cuanto a su vocación periodística, dejemos que sea él mismo quien lo cuente:
”…A caballo me llegó el periodismo. Mi  vinculación con el periodismo tiene un origen que pudiera parecer increíble… Mi padre era un montero iletrado, uno de esos hombres de campo de los cuales Martí dijo cuando entró por Playitas de Cajobabo: --¡Qué cultos son estos analfabetos!...”
Con estas palabras comienza Jesús Orta Ruiz un extenso análisis de esa sabiduría popular que caracteriza a nuestro pueblo, y que él sintetiza en su propio padre, quien reconocía sus deficiencias académicas, mientras inculcaba a su hijo la necesidad de  “Ser cultos para ser libes” como también nos enseñara el Maestro.
Es también poco conocida su participación hace  60 años en la confección del periódico clandestino de denuncia SON LOS MISMOS, junto a Fidel, Melba y colaboradores muy cercanos de la Generación del Centenario.
Entre sus muchos trabajos publicados por la revista BOHEMIA, recordamos  aquel del Primero de Enero de 1959, donde abordaba la precaria situación de los niños campesinos y los rústicos juguetes artesanales a que podían aspirar hasta ese momento en el Día de Reyes.
Son solo dos botones de muestra pues tanto en prosa como en verso, su obra puede considerarse colosal y sólo disponemos de un breve espacio.
Recomiendo pues, la lectura de los tres trabajos publicados en este mismo blog personal con motivo de la pasada Jornada Cucalambeana, cuyos títulos son: “Llegué con 81 y regreso con 18”Jornada por todo lo alto” y ”Dímelocantando en Las Tunas” 
No podemos terminar sin  agradecer y dar crédito a las compañeras Doreya Véliz Real, y Juana Caridad Fernández Pérez, a quienes no tengo el gusto de conocer personalmente; pero han escrito una joyita sobre la vida de Jesús Orta Ruiz para Ediciones Extramuros, 2004 titulada “Los Misterios de Naborí”. De esta esclarecedora obra hemos seleccionado los datos biográficos de sus comienzos, pues de su descomunal obra ustedes saben tanto o más que yo. Reitero pues las gracias a las fuentes, que en este caso sí se corresponden con la Fuente de la Juventud.

14 jul 2012

LLEGUÉ CON 81 Y ME VOY CON 18


Regresé a Las Tunas tres décadas después de aquel fabuloso Festival del Humor 26 de julio de 1981 organizado por PALANTE, que sirvió de marco apropiado para la 14º Jornada Cucalambeana; recuerdo haber sido arrollado o arrastrado más bien, por un bullicioso carnaval donde por primera vez pudimos degustar la deliciosa caldosa de Kike y Marina, (Enrique Pérez Rodríguez y Marina Zaldívar).
Vuelven ahora allí mis cinco sentidos incluyendo el del gusto, a recordar la guarachita popularizada entonces por el Jilguero de Cienfuegos con el Conjunto Yumurí.
La provincia de Las Tunas ya no es la misma—y yo, mucho menos—. Ella cada día más linda y rozagante y yo arrastrando mis 81 gracias al bastón del consuelo con  el cual me defiendo diciendo que me quiten lo bailado.
Si algo extrañé precisamente en esta XLV Jornada Cucalambeana fue aquella caldosa que levantaba los muertos y presidía las fiestas tuneras de entonces, hoy desaparecida por completo de las ofertas gastronómicas. Desconozco las causas, sólo sé que vine a tomar algo parecido al regreso; en una fugaz parada que hizo nuestro ómnibus en el vecino pueblo de Guáimaro. Estaba caliente y nutritiva, pero parecía más un ajiaco camagüeyano que una caldosa tunera.
Todo lo demás me resultó fabuloso. La alegría juvenil desbordada por sus calles, el incontenible movimiento cultural autóctono reflejado en galerías, museos y bibliotecas. El pujante impulso al humor gráfico, representado por nuestros anfitriones del Balcón del Humor en el periódico local. El resto de los humoristas gráficos, escénicos y hasta musicales a través de las controversias del guateque campesino. Así como sus abarcadoras dimensiones antes limitadas al entorno de El Cornito, que hoy desbordan calles, parques y plazas.
Recuerdo que mucho ha tenido que ver la voluntad política de un dirigente como Faure Chomón, quien apoyó entonces la resurrección de Blanquita Becerra, y la huella dejada allí por Rita Longa y sus seguidores de la escultura monumental (CODEMA) que aflora en cada uno de sus rincones urbanos o rurales donde se respira la cultura en todas sus manifestaciones.
Un lugar de referencia es el coquetón Café Bohemio, donde los humoristas gráficos se dan banquete con los usuarios, que van desde poetas, y artistas plásticos, hasta peloteros y público en general. Allí tuve que enfrentarme, --por suerte sin el bate por medio—con el “rompe-cercas” Danel Castro.
Precisamente tuve la oportunidad esta vez de contactar a una de esas figuras emblemáticas, --tunera, cubana y universal a la vez--: El maestro Rafael Ferrero, escultor, profesor de artes plásticas y una verdadera enciclopedia viviente, quien me recibió con la energía de un abrazo contenido por esos treinta años de ausencia.
El humor criollo afloró de inmediato, cuando refiriéndose a su edad y su especialidad artística de modelar con cualquier material, cierta persona lo calificara de “Chatarra” la respuesta de Ferrero no se hizo esperar: --Sí, pero de metal precioso.
Fue una controversia en prosa por más de cinco horas consecutivas hablando de lo humano y lo divino. De éxitos y desengaños, pero donde entre sorbo de ron o café afloraba el optimismo siempre presente en la herencia intelectual de nuestros respectivos nietos y bisnietos: Por su parte los milagros preescolares de la genial María Karla en una paradigmática controversia con mis talentosos Miranda y Brian. Que optamos por dejar tablas como siempre ocurría entre Chanito Isidrón y Angelito Valiente o entre Justo Vega y Adolfo Alfonso.
El me recordaba su imperecedera huella en San Antonio de los Baños cuando en 1979 dejó estampada su firma en la escultura del Bobo y el Loquito, durante la Primera Bienal Internacional de Humorismo Gráfico a la entrada de la Villa del Humor; o en el mural que ocupa el fondo de su Museo homónimo. Mientras yo le evocaba el evento competitivo que presencié bajo el título de ”Arena, Sol y Mar” en las arenas de la Playa de Varadero, donde los caricaturistas a pura línea compartimos protagonismo con las obras volumétricas de los “esculturosos”.
Para no extenderme mucho me limitaré a reflejar una tajante respuesta dada a una periodista local que insistía sobre mis impresiones en esta última visita a Las Tunas por la Jornada Cucalambeana.
Textualmente le contesté: --Imagínate vine con 81 años y regreso como si me mirara en el espejo: Con 18.
En el contaminado ambiente de artistas, poetas y similares, no me percate de cierta persona presente en la interviú. Un par de días después, cuando me despedía de los anfitriones para tomar el ómnibus de regreso a La Habana se me acercó entregándome un papelito. Se trataba de la compañera Reina Esperanza Ruiz Hernández, quien había participado por Puerto Padre como jurado de glosas en el Catauro de la Décima. Era una espinela que decía así:
BLANQUITO EN LAS TUNAS
Vine con ochenta y uno
y me voy con dieciocho
fresco como un bizcocho
en el siglo XXI.
No guardo rencor alguno,
y me voy más elegante,
más alegre, más galante.
A las Tunas volveré,
y en su Bohemio-café
Sigo PALANTE Y PALANTE