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18 nov 2018

UNA JOVENCITA DE 500 AÑOS


Este 16 de noviembre a un año exacto del gran festejo habanero, se anunció oficialmente la celebración por todo lo alto del medio milenio capitalino. La novia de Cuba se ha ganado por virtudes propias dicho festejo, al abrirle sus acogedores brazos no solo al resto de los hermanos de nuestro archipiélago, sino a primos hermanos de todo el mundo—no solo turistas que son siempre bienvenidos--sino amigos, colaboradores, perseguidos políticos, emigrantes, entre otros muchos seres humanos.
Estaremos presentes cuando se cumpla el 500 aniversario de la fundación de la Ciudad de Habana, capital de todos los cubanos, considerada entre las 7 ciudades maravillas del mundo moderno y como buen capitalino, autor de la habanerísima tira cómica también “Ay-Vecino” que dio lugar a este citadino blog personal. Espero pues romper dicha piñata y soplar el cake de esas 500 velitas junto a ustedes mis fieles vecinos del blog, de La Habana, de Cuba y del Mundo.
Pero, antes de continuar quiero referirme a otro trabajo que sobre este mismo tema publiqué hace ocho años en este mismo blog. En él abordamos algunos aspectos de nuestra capital, partiendo de un poema escrito por Fayad Jamis--ése cubano-mexicano y ciudadano del mundo--en relación con la capital de todos los cubanos, que sumado a mis propias vivencias, ahora recuerdo con cariño. El trabajo se puede localizar bajo el título “La Habana: ombligo del mundo”.
Los humoristas--de ayer y de hoy--tenemos fama de exagerados, de no tomar las cosas en serio, y el título que utilizamos en aquella oportunidad puede parecer una petulancia, pero no era ése mi propósito, ni antes ni ahora.
Si usted busca en el mapamundi, no ya a La Habana, sino a todo nuestro archipiélago completo, tal vez éste haya desaparecido bajo una cagarruta de mosca. Así de pequeña es mi Cubita la bella. ¿Podríamos entonces magnificar a nuestra querida Capital de todos los cubanos? Trataré pues de justificar esta exagerada tesis umbilical.
Según consta en la cultura occidental, llegamos tarde al festín de la humanidad: Finalizaba la Edad Media y al señor Cristóbal Colón se le ocurrió demostrar la redondez de La Tierra, echándole aún más tierra a la hipótesis de que la Mar Océano se extendía horizontalmente hasta el infinito.
De plano--sin proponérselo porque en realidad salió buscando la India—el Adelantado acababa de adelantarse a los tanques pensantes del Viejo Mundo, y de paso inaugurar la Edad Moderna. Ese paso dio inicio a la globalización actual y equivocadamente bautizada como el “Día de la Raza”. Esto ocurrió tras abrirse paso por el Mar de los Sargazos el 12 de octubre de 1492, pero tuvo su verdadero desenlace 12 días más tarde al descubrir “La tierra más fermosa que ojos humanos hayan visto…”
A poco--en mil quinientos y piquito--el Conquistador Don Diego Velázquez, fundó la primera villa en Cuba, a la que bautizó Baracoa en el extremo más oriental de la Isla, y siguiendo el mismo rumbo de Colón---siempre hacia el poniente pero por tierra-- ordenó levantar un poblado tras otro hasta llegar a “La Habana”.
El entrecomillado es nuestro, ya que fue la sexta villa por su orden, encargada a Don Pánfilo de Narváez, y éste lo hizo al sur de nuestra actual provincia. El lugar no reunía las condiciones requeridas y se optó por trasladar el poblado a la costa norte, en la desembocadura del río Onicaxinal, --hoy Almendares--, y perteneciente al territorio del cacique Habaguanex, de donde tomó su habanero nombre.
Por tanto no sabemos a ciencia cierta si eran taínos o siboneyes, pero que todos fumaban ya el más famoso tabaco del mundo el “Cohiba”—no hay dudas--con la diferencia de que lo hacían por la nariz.
Sin embargo seguía el misterio de que se tratara de la séptima villa o una simple mudada de la anterior. En mi modesta opinión, en este lugar el Adelantado se atrasó o se cansó, lo cierto es que, en aquella época de navegación a vela--habían arribado al ombligo del mundo gracias a Dios y a la Corriente del Golfo, empujados además por sus famosos vientos alisios.
Detengámonos aquí un minuto para bajar el ancla y releer algunos datos del libro ”La Habana, Ciudad Viva” publicado hace algunos años por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Dr. Eusebio Leal Spengler.
“…Es pues claro que La Habana tuvo tres asentamientos entre 1514 y 1519, año en que debió predominar definitivamente el núcleo establecido junto al puerto, que fue llamado Carenas, donde habían encontrado reposo las dañadas naves del marino Sebastián de Ocampo en el año de 1508, empeñado en concluir el bojeo que estableciese--al fin--la condición isleña de  Cuba--la Mayor de las Antillas,--aún en duda durante el último viaje del Almirante de la mar Océana, Cristóbal Colón...”
Según el propio Leal, los descubrimientos de dicho mar y el actual Golfo de México, propiciaron el surgimiento de la Nueva España sobre las ruinas aztecas, y la presunción de que en la llamada península de la Florida existiese la Fuente de la Eterna Juventud. Todo ello determinó el futuro de la villa a partir de noviembre de 1519. Veamos lo que decía al respecto nuestro insigne historiador de la Capital:
 “…San Cristóbal de La Habana, cuyas fiestas conmemorativas se han celebrado, desde el 16 de noviembre, del ya lejano siglo XVII, cuando La Habana, particular y excepcionalmente, rendía culto al legendario San Cristóbal, aquel gigante bíblico que caminó sobre las aguas, apoyando su increíble corpulencia en una palma real, la cual devino un mágico bastión de plata, según la interpretación del andaluz Juan de Andújar en la imagen que esculpiera para la iglesia de La Habana, y que llegara años después a ésta en 1633…”
Modestia aparte, desde entonces quedaba demostrada la teoría de La Habana céntrica y umbilical, pero hay más…
Corría la mitad del siglo XVIII. Durante la Guerra de los Siete Años, España y Francia, se unieron para salirle al paso al empuje británico por el dominio de los mares. Este conflicto trajo por consecuencia la Toma de la Habana por los ingleses, a cuya hazaña el choteo criollo la calificó como “la Hora de los mameyes”, por el color rojo de los uniformes británicos.
Lo que resulta paradójico es que el pabellón inglés se limitó sólo a ondear en las fortalezas del puerto, pues no les interesó el resto de Cuba, sólo La Habana y sus alrededores, y la vinieron a abandonar apenas un año después--en julio de 1763--cuando la corona española le entregó a cambio nada menos que: ¡Toda la península de la Florida!, incluyendo sus humedales y cayos adyacentes!.
Parece que, desde entonces ya ésta pequeña ciudadela amurallada de la siempre “Fiel Isla de Cuba” se había convertido en el ombligo del mundo; por lo pronto era--en ese momento--mayor y más poblada que Boston y Nueva York juntas.
Unos cien años después, a pocos días de ”La Demajagua”, se escuchó el grito de Yara, dando inicio a las tres guerras de independencia que agotaron las tropas y las arcas del Imperio. Casi agonizando la Metrópoli, el hábil Tío Sam decide intervenir en el conflicto –(Maine por medio)-- y coger los mangos bajitos. Es decir, poner en práctica su ególatra teoría “monroísta” de la fruta madura.
En esa misma cuerda--febrero de 1898--se les ocurre volar al “Maine” fondeado en la bahía de La Habana con todos sus daños colaterales dentro y fuera del crucero. Fue este cobarde REMEMBER--ya exitoso antes en el “Álamo” de Texas--la imperial excusa para declarar la guerra a España, con dos objetivos bien claros. PRIMERO: intervenir con fines expansionistas en el conflicto contra la supuesta Madre Patria, aprovechando además, el desgaste de más de 30 años de lucha in situ, y… SEGUNDO: De alcanzar la victoria, intervenirnos de nuevo pero mediante la Enmienda Platt. (Cuidado con la ortografía, enmienda se escribe con dos enes y que yo sepa, no lleva erre alguna).
Así que La Habana--situada en el ombligo del mundo--también sirvió en esa ocasión de conejillo de Indias para el parto y lactancia de un Imperio que no ha dejado de mamar, crecer, y desarrollarse sin quitarse el antifaz ni las botas
hasta convertirse en el actual Gigante de las Siete Leguas, siempre a costa de los demás, utilizando los mismos voraces métodos de la “fruta madura” y su Destino Manifiesto.
Pero, no se vayan, que no hemos terminado: A partir de 1902, ya teníamos un himno, un escudo, una bandera, y una democracia representativa –claro-- (Made in USA) pero democracia al fin.
¿Quién nos iba a decir que CINCO décadas después un madrugador golpe de estado despertara la conciencia nacional provocando la valiente respuesta juvenil de la Generación del Centenario y su aguerrido Movimiento 26 de Julio? Pero, sobre todo que en solo CINCO años, CINCO meses CINCO días, lograran la hazaña liberadora del Primero de Enero de 1959 que había bajado de la Sierra con su estrella de CINCO puntas vestida de verde olivo.
Y les digo más: En abril de 1961, tras el cobarde bombardeo a nuestros aeropuertos por aviones yanquis enmascarados con los colores patrios, y el multitudinario desfile de sus víctimas en La Habana rumbo al cementerio de Colón. Al día siguiente, ya se anunciaba y hasta combatía en toda la Ciénaga de Zapata bajo la real consigna socialista contra falsos cocineros, sus pinches tanquistas y hasta hicimos sancocho de aviadores. Fue allí donde el pequeño David le proporcionó la primera Gran Derrota en América al Goliat Imperialista del Norte revuelto y brutal, y nada menos que sin careta alguna; porque en esta ocasión lo hicimos defendiendo las banderas del Socialismo.
Mientras nosotros triunfamos en la tierra firme de Playa Girón, ellos se hundieron en la cochiquera de la Bahía homónima.
Eso sólo podía ocurrir en el ombligo del mundo, por eso un año después trataron de amedrentarnos con la amenaza nuclear, provocando la crisis de los misiles. Cuya solución se definió con el retiro de dichas instalaciones por los soviéticos, pero sin tener en cuenta los CINCO PUNTOS cubanos que aún nos deben.
Por tanto, aquel episodio sólo agudizó el real BLOQUEO en español, aunque bajo el cartelito de (Made in USA) se enmascarase un falso: EMBARGO por demás inexistente, pues solo se embarga al deudor mediante requisa, incautación, secuestro, o decomiso; todo este subrayado es nuestro, cuando no hay nada que reembolsar; en tal caso deberíamos cobrarles doblemente las impagables pérdidas de vidas y haciendas sufridas en estos más de medio siglo de asedio; primero porque ese crimen no tiene precio, y segundo porque dinero les sobra, pero voluntad les falta.
Volviendo a nuestra querida ciudad de La Habana: A 365 días exactos de sus 500 años de existencia, de nuevo se engalana y viste de fiesta para recordar su medio milenio.
Recuerdo que en aquel primer trabajo sobre nuestra querida capital, publicado el 22 de noviembre del 2010, comentamos cierto infundio que los cobardes de siempre, bajo el antifaz del anonimato hicieron correr contra nuestro fiel historiador de La Habana.
Han pasado ocho años de aquel exagerado calificativo umbilical que le diera a mi querida Habana. En aquella ocasión el propio aludido—Dr. Eusebio Leal-le salió al paso a la cobardía ajena en el programa de la televisión “Con dos que se quieran dos” de Amaury Pérez Vidal.
Desconozco el contenido de aquella diatriba--ni me interesan las intrigas de los miserables de ayer y de hoy.
Sólo la cobardía se esconde en el anonimato. Por tanto me resbala ese alegato, lo cual también tiene pega con el criollísimo te mato.
Como hijo de gato caza ratón, en estos días nuestra televisión nos regala un nuevo espacio con las incisivas entrevistas del multifacético Amaury. Esta vez con el titulado y aumentado espacio:“Con dos que se quieran tres...
Hoy podemos anunciarle a Eusebio, que su viejo sueño de reeditar nuestro libro “La Leyenda que camina”, de la Editorial Pablo de la Torriente”, ahora incluyendo a nuevos dibujantes que en aquella ocasión no tuvieron la oportunidad de participar. El cuaderno, actualmente en proceso de impresión, se anuncia su presentación oficial para la próxima Feria del Libro en marzo del próximo año.
Termino pues recordándoles a ustedes, mis fieles vecinos que La Habana--la capital de todos los cubanos--arribara a su medio siglo el próximo 16 de noviembre del 2019. Que sigue siendo para mí el ombligo del mundo. Y que para entonces, si Dios quiere y la salud me acompaña, mentalmente  encenderé 500 velitas en su honor junto a mis hijos, nietos y bisnietos naturales, además de esos dos vecinos putativos “El gordo y el flaco” que ustedes siguen habitualmente en este blog.
Incluso con los mejores deseos también para ese ignorante que una década atrás cometiera la infamia de ofender al más erudito y cabal de mis hermanos.
Tan DIGNO y LEAL como su propio apellido.

6 ene 2013

CURIOSAS PINCELADAS DE GUANAJAY


Vínculos familiares con Pinar del Río me hicieron viajar frecuentemente a la parte más occidental del país. El ómnibus interprovincial solo paraba oficialmente en la ciudad de Guanajay para bajar o subir pasajeros cuando contábamos solo con la Carretera Central; al construirse la Vía Monumental, ni siquiera pasábamos frente al poblado.
La pulcra y simpática villa, a pesar de la tierra colorá—como se le calificaba por entonces--era sólo eso; parte del paisaje. Desentrañar sus misterios surgió para mí como una deuda pendiente, lo que se agudizó al leer cierta confesión que hiciera el Dr. Eusebio Leal, durante el 350º. Aniversario del Municipio:
”…Allí conocí la naturaleza, a la gente buena y noble de la villa del primer pueblo pinareño. En el humilde camposanto descansan mis abuelos y antepasados. En el Teatro Vicente Mora, en El Niágara, en las veredas del río y en la iglesia parroquial de San Hilarión, están las bases de mi propia historia…”
Precisamente una de las curiosidades se corresponde con su ubicación en la división político administrativa que ha sufrido la región. Guanajay, como dice Leal, primero fue parte de Pinar del Río, más tarde pasó a la provincia Habana y en la actualidad pertenece a Artemisa.
De ahí que la amistad con el colega Pablo Noa vecino de la localidad, y dinámico propagandista como responsable de Relaciones Públicas de la Editorial Pablo de la Torriente, permitieron adentrarme en sus secretos y sin más preámbulos aquí van estas  curiosas estampas capturadas al azar.
Se cuenta que cuando llegó Colón a Cuba ya existían allí asentamientos indígenas avalados por el reciente trabajo del Grupo Espeleo-Arqueológico Guamuhaya que confirmó la hipótesis de tres sitios precolombinos existentes cerca de Chacón y Ojo de Agua.
A propósito, de la abundancia del líquido elemento en el territorio le viene el nombre de Guanajay—apelativo con el cual lo identificaba la población autóctona. Sin embargo, a pesar de esas condiciones, con abundantes sistemas cavernarios, casimbas, dientes de perro, y hoyos, ninguno de sus ríos desemboca en el mar debido a  que se pierden en las cuevas para formar sumideros.
Su situación geográfica explica el por qué la obligada presencia del pueblo en cada uno de mis viajes a Pinar del Río: Para trasladarse a la parte más occidental del país hay que pasar  por Guanajay dada su ubicación en el sitio más estrecho de la Isla, donde el colonialismo español trazó la histórica trocha entre Mariel y Majana.
El propio Noa narra la presencia del Andarín Carvajal por estos predios y la necesidad que tenía de sufragarse el viaje a las Olimpiadas de Saint Louis en los EE.UU., dado que no se recibía financiamiento estatal como ahora. Por aquella época eran populares los “hombres sándwich” que anunciaban tiendas y comercios con carteles colgados al cuerpo. Era la forma acostumbrada por el modesto-atleta para recaudar fondos, mientras demostraba sus aptitudes como fondista en las calles de Cuba.
Pues bien, a cierto Guardia Rural de la localidad, se le ocurrió que eso era ilegal y le prohibió que corriera en esas condiciones so pena de ir a la cárcel. No le quedó más remedio al “Andarín” que devolver lo recaudado y de ahí surgió la popular frase “Chencha por chencha, Guanajay por tierra”, lo cual podía traducirse como “Toma lo tuyo y dame lo mío, estamos parejos”.
Otro acontecimiento deportivo de importancia--que sí se pudo realizar--fue la primera carrera de autos efectuada fuera del marco de la capital, pues se largó desde el puente de La Lisa hasta el Parque de Guanajay—33 kilómetros--y ganó la prueba el francés Dámaso Lainé utilizando solo 37 minutos, un récord para la época. Lamento no poder darles la fecha de la hazaña, porque yo no estaba allí y creo que ni siquiera había nacido.
Seguimos con curiosidades automovilísticas: María Constancia Caraza Valdés, conocida como la Macorina, nació en Guanajay (14-3-1892) y falleció en La Habana (16-5-1977). Llegó a poseer nueve autos y tuvo como chofer durante tres años a Fernando López de Mendoza, popular gallego del teatro vernáculo de la época.
En 1798 visitó Guanajay el duque Luis Felipe de Orleans, quien más tarde fuera coronado rey de Francia. Su anfitriona en esa ocasión fue Doña Leonor Espinoza de Contreras y Justiz, sin embargo nunca ostentó el título de condesa de Gibacoa, nobleza sí reconocida a su padre, su hermano y su propia hija.
Hablando de visitantes. Allá por 1848 las rebeliones indígenas en México provocaron el éxodo a Guanajay de muchos yucatecos, quienes fueron contratados para las plantaciones cañeras en condiciones semi-esclavas.
Para 1860 ya existía una dotación de 2000 yucatecos en el laboreo de la zafra. En sus horas libres se dedicaban al arte de la pesca y fue tal su pericia que pasaron a la historia local como Los Reyes del Charco, la leyenda se mantuvo con el tiempo pero bajo el título de El Charco de los Reyes.
Hemos dejado para el final la más increíble de todas sus leyendas, que se vincula nada menos que con el Descubridor del Nuevo Mundo y Adelantado de la Mar Océano.
En 1815 nace en México José María Gómez Colón y llega a Cuba a los 17 años de edad, comentándose su parentesco con el navegante genovés. Ocupó en Cuba varios cargos militares, además profesor de matemática y ciencias agrícolas. En 1850 fue jefe de regimiento en San Antonio de los Baños. Era Maestro Mayor de Filosofía, poseía la Cruz de Distinción y las dos cruces de la Orden de San Fernando, le fue otorgado el voto de gracia en el Congreso de Diputados, fue Benemérito de la Patria y en 1863 Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica. Ocupó altos cargos en España y a su regreso a Cuba fue designado teniente Gobernador de Guanajay. Por suerte la nave en que regresaba no naufragó porque con tantas medallas en el pecho imposible que pudiese flotar y salvarse nadando.

3 dic 2011

UN GESTO CABALLEROSO

El insigne escritor gallego Xosé Neira Vilas, de quien nos hemos referido anteriormente , publicó en el libro “Presencia Gallega en Cuba”, un capítulo referido al Caballero de París, personaje de nuestro folclor capitalino, que este 30 de diciembre arribaría a su 122º. aniversario.

De esa obra hemos escogido algunos párrafos que estimamos necesario darlos a conocer, independientemente de repetir algunos aspectos ya abordados por nosotros.

Según Neira Vilas:

José López Lledín fue conocido en la Habana a lo largo de más de 40 años como el Caballero de Paris.

Nació en una aldea del municipio gallego de Fonsagrada en 1899. Fue un niño soñador, escribía versos, emigro a Cuba en 1920, era timido y muy sensible, siguió estudios de comercio e inglés.

Un día comenzó a trastornarse, abandonó su trabajo en el Hotel Sevilla, se dejó crecer el pelo y la barba, vistióse con una capa de mosquetero. Entonces dijo que era el Caballero de Paris, (tambien se autonominó Conde de Montecristo Vizconde de las Américas, pero eso de “caballero" le gusto más, y los habaneros así lo llamarón de por vida.

Sobre él se publicaron cientos de artículos en la prensa habanera, decenas de entrevistas, la mayoria apócrifas. Se convierte en personaje literario, que aparece en una novela de Rolando López del Amo, una pieza teatral de José Triana, “Medea en el espejo,” en un poemario de Mirta Yáñez titulado “Memoria del Caballero de Paris”, y en otras obras. Sobre él existen canciones y estatuas: Una en el Museo de la Ciudad y otra en la acera del Convento de San Francisco de Asís, (la primera del escultor Héctor Martinez Catá, y la segunda de José Villa Soberón).

Sobre la paranoia que padecía, el psiquiatra que lo atendió en todo momento, el doctor Luis Calzadilla Fierro, presento un relatorio en un Congreso Internacional celebrado en 2006. El riguroso trabajo del especialista fue analizado en un encuentro de psiquiatras que se celebra anualmente en Trasalba, (Casa Museo de Otero Pedarayo) en Ourense.

Lledín murió el 12 de julio de 1989. Tenía 86 años. Los medios de comunicación dieron la noticia. Los habaneros lamentaron la muerte de aquel ilustre, emigrante gallego y símbolo popular de la ciudad.

El 30 de diciembre de 1898, fecha en que el Caballero de Paris cumplía 90 años, sus restos fueron trasladados desde el cementerio de Calabazar, donde fuera enterrado, a una sepultura en el cementerio de Santiago de Compostela de las Vegas, en el museo municipal santiaguero. Con su cabellera intacta, numerosas fotografías, una de sus capas y otros objetos El musicólogo Helio Orovio organizó la ceremonia.

Había mucha gente en torno a la lápida en que se gravara su nombre y el epitafio pertinente. Sonaron guitarras y laúdes, se cantaron boleros, y unos poetas repentistas improvisaron decimas guajiras.

Un tiempo después por iniciativa del Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, los restos del personaje fueron trasladados al convento de San Francisco de Asís en el casco histórico de La Habana, y se leyó una descripción biográfica de José López Lledín y varios poemas dedicados al Caballero, que más allá de la locura, amó al pueblo del país que lo acogió.

El prestigioso dibujante cubano Francisco Blanco publicó un libro titulado “La leyenda que camina” en el que aparecen 24 caricaturas del Caballero de otros tantos artistas de la isla, además del correspondiente texto aclaratorio.

Blanco vino a Galicia en el verano de 2008, estuvo en la aldea de Vilaseca, donde nació López Lledín, e inaguró una exposición homenaje en Fonsagrada.

(Esto que acaban de leer, es una síntesis del escrito que el colega Xosé Neira Vilas publicara, y más o menos aquel viaje a que se refiere resultó ser el motor impulsor de este sitio web personal, ¡AY; VECINO! que debutó bajo el título de “El regreso del Caballero” en agosto de 2008, pero quisiéramos agregar algo mas reciente).

A mediados del mes de noviembre, durante el cumpleaños colectivo que celebra la Peña del humor “Bigote de Gato” en la Agrupación Castropol, al arribar a mis 81 abriles, recibí una grata sorpresa.

El colega Bruno Javier Machado me hizo entrega de un valiosísimo presente, el libro “Demencia y clavel. (Un gallego habanero, caballero de París)”, publicado en el 2004 por Mercie Ediciones S.A.

Si valioso era el obsequio, más aún su dedicatoria: “…Para Blanquito, ícono de humoristas. Porque contigo. publiqué por primera vez en PALANTE, un día 8 de marzo de 1979. Felicidades colega en tus perpetuos quince…”

Cierto, el joven Bruno formaba parte de una valiosa hornada de humoristas que encaminaban sus pasos en el difícil arte de hacer pensar con la sonrisa en los labios en nuestro semanario. Pero 32 años después, aquel escritor bisoño ya había tejido una larga cadena de éxitos editoriales que comenzó con la semblanza del ultramarino pueblo de “Casablanca y su oscura luz”, que tanto me recordaba aquel otro de la costa africana inmortalizado en el celuloide por los amores de Humprey Bogart y Lauren Bacall. Acababa Bruno de recibir en el 2011 el Premio “Miguel de Cervantes Saavedra, que otorga anualmente la (FSEC) Federtación de Sociedades Españolas de Cuba, entre otros méritos por la publicación de su último libro “Asturias en Cuba”.

En la otra obra, --referida al Caballero--, es una noveleta de apenas 80 páginas, que me tocaba en lo más profundo, pues entre hechos reales, y personajes imaginarios o paródicos, me remontó a la época y enclave de mis vivencias.

Pues la acción comienza en la Casa de la Prensa, y muy particularmente en su Sala del Té, con las tertulias que desarrollábamos de forma espontánea un grupo de periodistas durante los años 80 y 90 del pasado siglo.

Regularmente íbamos a “caernos a mentiras” entre sorbo y sorbo del delicioso “chácata”, (especie de granizado de té, bautizado con un ron doble o sencillo según el gusto de cada cual). Chácata es la onomatopeya del sonido producido por el instrumento metálico al raspar la superficie del hielo para formar el granizo que al ser saborizado, tanto gusta durante el caluroso verano.

Nos sentíamos orgullosos de degustar ese trago fantasma en la carta de la coctelería internacional, inventado por nosotros mismos, y propiciador de charlas amenas en tardes de canícula tropical.

En ese marco, un ejemplar del periódico Tribuna de La Habana había quedado olvidado en una de las butacas y los protagonistas de la narración: El gordo Roberto y Gonzalito, futuro camarógrafo de la televisión, leían la noticia real que daría pie a la trama:

Decía así: “…A las nueve de la mañana de ayer sábado partió de la funeraria de Santiago de las Vegas el cadáver del Caballero de París. El cortejo fúnebre se detuvo unos minutos para que un grupo de compañeros del sectorial de cultura de Boyeros le depositara un cojín de flores, que le acompañaría en su viaje definitivo…”

Más tarde intervienen y comentan la noticia otros actores cuyos nombres, sospechosa y curiosamente nos recuerdan a figuras conocidísimas del medio como: El musicólogo Nelio Oroz, el escritor costumbrista Loreño, o el historiador Eugenio Lial.

Si la vida en general del famoso hidalgo gallego-parisino, estuvo marcada por el misterio y las contradicciones. La muerte del Caballero estuvo también signada por imprevistos. De eso da cuenta la narración de Bruno Javier. Incluso me aporta datos que a mi regreso de Galicia a mediados del 2008, no pude comprobar pues el personaje real que da pie para el relato: Helio Orovio falleció precisamente días después de mi llegada a fines del 2008 y no pude entrevistarlo como tenía previsto.

La intriga se desarrolla también en tierras del noroeste español, describiendo lugares y costumbres muy cercanas al hombre que mantuvo hasta su muerte en estado virgen su afamada cabellera. Por último se describe el luctuoso peregrinar hasta su definitiva morada entre adelantados, nobles, y personalidades que descansan en los sarcófagos del Convento de San Francisco de Asís en La Habana Vieja.

En su eterno peregrinar por las calles de La Habana, el Caballero frecuentemente iba al Cementerio de Colón a poner alguna flor o charlar con sus ficticios antepasados de abolengo.

Otro aporte del libro que en lo personal me emocionó, es lo referido a la lápida que se le improvisó durante su breve morada en el cementerio de Santiago de las Vegas, donde se leía: “José María López Lledín. Caballero de París. 1889-1989. NO YACE, ANDA.”

Epitafio que se corresponde con la frase con la que él mismo se definiera durante una entrevista casi medio siglo antes, y que más tarde yo tomara para darle título a mi libro: “La Leyenda que Camina”.

¡Ultima hora!

Mensaje recibido vía correo electrónico desde Galicia:

Grazias polo traballo tan lindo do querido Blanquito. Envialle por favor esta menxaje de parte miña.

Querido Blanquito

Muy tierno, muy evocador tu artículo “Mi hermano gallego”. También yo te considero un hermano desde hace muchos años, las reuniones de la calle Manrique y de La Rampa, los reportajes que tú y yo hicimos en Pinar del Río con los desmochadores de palmiche y otros temas. Tantos compañeros que se nos fueron Mitjans, Cardi, Bracho, Wilson.

Llevo a Cuba en mi corazón de por vida, (pronto comenzaré a escribir un libro de memorias cubanas en las que aparecerá por supuesto PALANTE y toda su tribu, Cuba no es mi segunda patria sino mi patria paralela.

Ahora la siento más porque me falta Anisia, mi referencia cubana cotidiana. Mientras quiero que sepas que eres uno de mis mejores recuerdos en esa Isla tan amada.

Gracias por todo.

Un fuerte abrazo.

Pepe Neira Vilas