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7 dic 2014

POR AMOR AL ARTE TAMBIÉN CUENTA


Entre las personalidades nominadas a competir por la “Distinción Jovellanos” que anualmente convoca la Federación de Asociaciones Asturianas y que yo ostento con orgullo desde el 2004, este año compite la compañera Mirta Yáñez, proposición que apoyo con los ojos cerrados por vínculos que sintéticamente describo a continuación.
Tal vez muchos no se expliquen en la actualidad algunas cosas del capitalismo en nuestro país. Tiempos de “tanto tienes, tanto vales”, con un abismo insalvable entre los poderosos y los miserables. Pero también existían seres extraños: Los románticos, los soñadores; esos que se consideraban: “Pobres, pero honrados”. En esta rara especie surgida de entre la fauna pequeño-burguesa a mediados del pasado siglo, ubico mis sueños de primavera. Sólo así se explica que durante más de quince años colaborara de forma gratuita con dibujos en la prensa nacional, por tal de ver mi obra reproducida. A esta rara especie se nos señalaba el defecto de que trabajábamos “Por amor al arte”.
La crónica de hoy aborda a uno de esos personajes que el destino puso en mi camino y me ganó por amplio margen, el sacrificio de dar a conocer su obra a despecho de los intereses económicos; Es decir, “Por amor al arte”.
Su nombre: Alberto Yáñez. Su edad: Unos diez años mayor que yo. Su profesión: Trabajador bancario. Su afición: Por el humorismo y las letras en general, o por el fútbol en particular. Su carácter: Bromista por excelencia. Su actitud: Cumplidor en extremo. Su defecto: Romántico en exceso.
Nos conocimos en la redacción del periódico EL MUNDO hace más de sesenta años, siendo yo operario de linotipo y colaborador gráfico del diario. Todas las semanas Yáñez iba a entregar la reseña de los partidos de balompié que dominicalmente se celebraban en el estadio de “La Polar”. La sección se titulaba “Rodando el Balón”, y aparecía calzada con la firma de Ernesto Azúa, titular de dicha página deportiva.
La vocación por el balompié, donde había hecho sus pininos el joven Alberto bajo el mote de “Tobita”, lo impulsaba a ese sacrificio Por amor al arte, compensado ampliamente con la íntima satisfacción de saber que el verdadero autor era él, aunque el mérito se lo adjudicara un aprovechado burócrata.
Su constante deseo de superación y su prodigiosa iniciativa hizo que me embullara a colaborar con él en el mejoramiento de dicha crónica.
--¿Cómo? Le pregunté.
–Tú me dibujas varios futbolistas en distintas posiciones y yo mando a hacer cuños para reproducirlos con un gomígrafo sobre el papel donde previamente esté impresa el área de la portería. De esta forma puedo reproducir gráficamente la jugada definitoria, es decir el gol.
Locuras artesanales como esa se le ocurría a menudo en medio de un periodismo altamente competitivo, pero falto de originalidad. Por eso cuando en octubre de 1961 se creó la revista deportiva L.P.V. Yáñez y yo, convocados por Pepe Llanusa, formamos parte del staff fundador. Entre otras cosas, creamos una sección fija de humorismo titulada “Garabatos Deportivos”, donde surgió mi primer y pretendido personaje “cómico” en la prensa llamado “Hiperbolo”, una especie de super-atleta, que de tanto exagerar hace ridiculeces. Él como escritor, y yo ilustrando sus trabajos formamos allí una química especial.
Ese mismo año entramos a PALANTE juntos. El de la mano de su hija quinceañera Mirtica, ya picada por el bichito de las letras; con la diferencia de que yo pertenecía a la nómina del semanario y él lo hacía de nuevo Por amor al arte.
Durante más de 25 años colaboró honoríficamente con variados aportes, tanto en los trabajos deportivos, fundando la sección “Palante en pelota” que la continuó el inolvidable Betán, como también con críticas y crónicas costumbristas. Pero si algún regalo nos dejó, fue su impronta reflejada durante años en la página de entretenimientos, y a pesar de sus compromisos laborales, jamás incumplió el cronograma de la publicación con carácter gratuito, es decir: Por amor al arte; expresión esta en proceso de extinción por las condiciones socio-económicas actuales.
En mi modesta opinión, allí—en dicha sección fija--también sentó pautas, pues tampoco utilizó los manidos Crucigramas, tan buscados en el resto de las publicaciones ilustradas; él se valió de otros atractivos más originales como: Charadas, adivinanzas, anagramas, problemas matemáticos, y hasta trucos de magia, lo que en cierta ocasión provocó una reprimenda de algún prestidigitador al verse desprestidigitado: Es decir descubierto pero—claro--siempre en son de broma.
Vaya aquí otra anécdota de su personalidad contada por él mismo:
“Nos habíamos mudado para uno de los apartamentos de la Habana del Este; yo trabajaba en un banco de la Habana Vieja, y diariamente iba a la hora del almuerzo a la casa. En una ocasión llamé por teléfono a Nena, mi esposa, para avisarle que saldría en ese momento para almorzar. Tras colgar el auricular ella se dirige a la cocina para preparar la comida, y antes de llegar recibe tremendo susto pues me le aparecí de repente. La había llamado desde la tienda de los bajos del edificio y subí las escaleras corriendo. ¡Tremendo susto que se llevó!”.
De Nena, de Albertico y Mirtica sus hijos, y de su perra Penélope tal vez se pudieran contar miles de anécdotas mucho más graciosas y quizá en otra ocasión pudiéramos darlas a conocer, pues constituían en su conjunto una familia sui géneris.
Recuerdo en cierta ocasión, meses antes de celebrarse en Cuba los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana-1981; yo en PALANTE y él en el Noticiero Deportivo de la Televisión, nos unimos una vez más para apoyar, también Por amor al arte la campaña “Mirando al Mar” lanzada por el Comandante en Jefe, debido a nuestra condición isleña y con la misión de rescatar aquellas piscinas olímpicas o no, que en ese momento ofrecían un pésimo estado ante el evento que se avecinaba.
Más tarde la prematura jubilación de Yáñez nos separó un tanto de aquellos arrestos juveniles, pero no los anímicos; pues era visita frecuente a su nuevo hogar, cerca de PALANTE en el Vedado, donde siempre estuve al tanto de las aventuras de Alberto, Albertico, Nena, Mirtica y Penélope…Pero, como diría Pánfilo…¡Eso seria otra historia...!
Lo cierto es que, hace apenas unos días, vibre de emoción durante los últimos Juegos Centroamericanos y del Caribe 2014, celebrados en Veracruz, por la magnífica actuación de todos nuestros atletas, al conquistar el primer lugar del certamen con 123 medallas de oro. Pero sobre todo, por el derroche de amor propio, arrojo y dignidad, con que participaron.
Sin embargo hubo un momento crucial en que vibré con emoción incomparable, y fue durante la actuación de nuestro aguerrido “once” de futbol que, contra todo pronóstico, se enfrentó a los mejores equipos del área—en mi criterio superándolos a todos—para obtener una medalla de bronce que supo a oro de 18 kilates y nada menos que contra pronósticos de expertos, anfitriones mexicanos, y árbitros afines.
En ese momento frente al televisor, la emoción acalló el grito que salía del alma y por mi mente pasó rauda la estampa de “Tobita” corriendo a todo meter tras el balón. Pero, como siempre, con alegría y…Por amor al arte, ya que el fútbol también lo es.
Yáñez era además, un coleccionista apasionado de todo lo que oliera a balompié y en cierta ocasión me obsequió una copia del cartel que presidía la Copa Mundial de Fútbol-1838, en Francia. Al reproducirlo aquí para ustedes, mis fieles vecinos, deseo rendir tributo al hermano que también--y con mucha más razón que yo--hubiera saltado de júbilo junto conmigo ante esta hazaña inolvidable pero; que en gloria esté.
En cuanto a su querida hija, puede contar con mi más ferviente apoyo para su nominación al Premio Jovellanos de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, no sólo con mi voto sino con los de todos aquellos que hayan vibrado con su prosa inigualable. ¿Y porqué no? También al benjamín de la familia, prematuramente desaparecido, pero que dejó una huella inolvidable con la increíble historia de Penélope—a la cual también conocí personalmente: iY que de haber nacido artista, hubiese dejado chiquitos a Rin Tin-Tin, Lassie y otros tantos héroes cinematográficos de cuatro patas!.

3 dic 2011

RODANDO EL BALÓN

Así se titulaba la sección dedicada al balompié del diario EL MUNDO que firmaba un paniaguado jefe de plana deportiva al triunfo de la Revolución. En realidad, quien la escribía magistralmente era un joven aficionado al deporte con aspiraciones periodísticas, que a fuerza de voluntad lo sobrecumplió ampliamente.

De eso escribimos en el trabajo titulado “Por amor al arte”

En estos días se cumplen precisamente cien años rodando el balón en nuestro país y no queríamos dejar pasar la bola sin tirar a puerta.

Alberto Yáñez, el joven aficionado del cuento y yo, fuimos convocados en 1961 por el INDER para formar parte del equipo que fundó la revista L.P.V. Juntos creamos allí la sección “Garabatos Deportivos” entre otras tareas, y juntos colaboramos con el team de PALANTE Y PALANTE desde sus comienzos. Alberto inventó allí “Palante en pelota” una sección magistralmente continuada por su sustituto Betán, cuando él pasó al frente de la página de “Entretenimientos” en la publicación.

La unión profesional fue tan estrecha que se extendió a la familia en general formando un gran equipo con por nuestras esposas Estela y Nena en la defensa; y por nuestros hijos volantes Albertico y Mirtha, con Paquito y Elsie en la delantera. En fin unidos por lazos indestructibles tal vez debido a nuestros orígenes: Él pichón de gallego y yo de asturiano, por algo dice el refrán que gallegos y asturianos son primos hermanos.

Me imagino que desde tiempos remotos los europeos y los peninsulares en particular, practicaban el balompié, porque según el propio Yáñez, --ducho en la materia--, aseguraba que el fútbol comenzó, cuando los soldados triunfadores en una batalla, jugaban entre ellos pateando los cráneos de los vencidos, para celebrar la victoria. Pero como, además de historiador del deporte él era humorista, nunca le hice mucho caso.

Pero dejemos a Yáñez descansar en paz, y volvamos al tema de este centenario que ha transcurrido a patada limpia.

Mucho antes de que nos “descubrieran” en 1492, ya en Cuba se practicaba un juego de pelota al que los taínos llamaban batos. Y me imagino que junto con los caballos que España introdujo hace 500 años, el fútbol también fue importado de la Madre Patria.

La rivalidad en la colonia subió de tono en la medida en que los criollos se sintieran más cubanos y los españoles más colonialistas. De ahí que ambas facciones utilizaran el color para diferenciarse en cualquier actividad, ya fuese en las modas, las controversias campesinas o las piezas teatrales. Moñas rojas para distinguir a las damas integristas y lazos azules para las separatistas.

Pasada la contienda independentista, en la República se mantuvo esa costumbre, de ahí que cuando se introdujo el beisbol en nuestro país a fines del siglo XIX también continuó esa preferencia cromática. Los parciales de los azules serían ahora los Alacranes del Almendares, mayoritariamente cubanos; mientras que los leones rojos del Habana por lo general españoles. El tiempo, siempre dialéctico, hoy nos muestra al equipo capitalino de los Industriales representado por un león, pero no rojo, sino azul.

Mi padre fue hasta su fallecimiento carrero de una firma de cigarros de lunes a sábados, pero el domingo era mío. Por eso me llevaba, según la temporada. SI de fútbol al terreno de “La Polar” para presenciar como Juventud Asturiana vencía al Centro Gallego, o si se dejaban ganar por “burros” que eran. Cuando empezaba la Liga Profesional de Beisbol, cambiaba entonces de rumbo hacia el estadio de “La Tropical”, donde habanistas y almendaristas se caían a batazos, según explicamos en el párrafo anterior.

Imaginémonos ahora en el estadio de “La Polar” situado en los jardines de la cervecería del mismo nombre, tras el descanso intermedio bajo los acordes de “Currito de la Cruz” y dando los toques finales a mi nutritiva Trimalta Polar.

El pitazo del árbitro en calzoncillos, igual que el resto de los atletas, da comienzo al segundo tiempo para recordarnos que, con este partido finaliza la temporada y pronto tendremos que cambiar el gusto, porque cuando empìece la Liga de béisbol en “La Tropical” solo dispondré de Maltina Tívoli Vitaminada. Así de sencilla era la cosa para un fiñe de la época. Mientras, el desafío sangriento entre dos firmas que se discutían la preferencia de un público mayoritariamente varonil y cervecero entre las gradas de sus respectivos estadios, se mantenía al rojo vivo.

Pero cuando el mal es de sembrar …No valen guayabas verdes.

A mediados de los años cincuenta surge una nueva marca, con una nueva promoción, y una nueva imagen, --la del indio Hatuey, en posición belicosa--. Pero sobre todo un nuevo terreno en el medio de la capital, con lo que prácticamente desplaza a sus antecesoras de la preferencia del público consumidor. De más está decir que en el del Cerro tuve que cambiar para Malta Hatuey, porque para mi edad aún no me había aficionado al láguer.

Esta larga reflexión no desmerita para nada la afición de nuestro pueblo por el deporte en todas sus manifestaciones, sino situarnos en el pasado y los mecanismos de promoción y rentabilidad que los negociantes utilizaban para lucrar antes de que el deporte fuera un derecho del pueblo.

Lo que se discutía a patadas en un terreno o a batazos en el otro, era estimulado por las dos marcas cerveceras más poderosas del país en un desafío financiero mucho más violento, donde una derrota podía llevar a otra peor: La bancarrota. Al auge de este deporte por aquella época, y al influjo de esa limitada popularidad Cuba pudo clasificar para la Copa Mundial de Fútbol de Francia en 1938.

Veintisiete años después de aquel memorable partido fundacional, el 11 de diciembre de 1911, Cuba fue el primer país del Caribe en lograrlo, y llegar a cuartos de final, y el segundo de la CONCACAF, solo antecedido por los Estados Unidos. Lo que más nunca se repitió. He aquí el afiche correspondiente a esa copa.

Tal vez esto explique la decadencia del balompié cubano durante un buen tiempo, entre otras razones, al desaparecer la rivalidad entre asturianos y gallegos, y surgir nuevas opciones con equipos representativos de zonas aledañas como Puentes Grandes, lugar de asentamiento de los terrenos afines al fútbol.

De que no está muerto ni mucho menos dio pruebas el equipo Cuba que nos representó este año en el último Panamericano de Guadalajara, al empatar a cero con el gigantesco Goliath sudamericano y multicampeón del mundo; así como igual desempeño con la otra potencia del área --Argentina--, que nos anotó un solitario y agónico gol en los finales del partido. Al cierre nuestro equipo acaba de clasificar en el área de la CONCACAF para la próxima etapa.

El futuro y nuestros atletas dirán la última palabra también en el terreno; porque no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

31 ene 2011

BENDITAS COINCIDENCIAS.

Coincidió la elaboración del resumen de este blog ¡Ay, Vecino! el pasado año con la decisión de que debíamos dar por terminada la sección de curiosidades deportivas que mantuvimos durante todo el 2010 titulada “Cualquier tiempo pasado fue… profesional”.

Concordó este hecho con que en la última muestra se descubriera la identidad del autor fantasma que veníamos incluyendo con las iniciales A. Y.

Resultó ser nuestro entrañable amigo Alberto Yáñez Arbesú, a quien dedicáramos el trabajo titulado “Por amor al arte” en nuestra propuesta anterior.

Simultáneamente del 10 al 20 de febrero próximo se celebrará en la La Habana la Feria Internacional del Libro 2011, y a continuación recorrerá toda la república.

Como si se tratara de su prólogo, a fines de enero en dos Sábados del Libro consecutivos se presentaron las obras de sus hijos Mirta y Albertico. Al primero de ellos, la novela “Sangra por la Herida” de la Editora Unión, pude participar recibiendo la inmensa alegría de ser premiado con su cariñosa dedicatoria que aquí les muestro.

Por el contrario, no pude asistir a la presentación del “Libro primero de las cosas raras” de su hermano Alberto, por coincidir con un impertinente aguacero. Aún así también puedo dar constancia de ello con una copia de la portada:

Pero para no alejarnos de esta curiosa simultaneidad, puedo aclarar que todo esto se corresponde con los noventa años del nacimiento de Alberto Yáñez Arbesú el 3 de febrero de 1921, y el anuncio de los 50 años de la creación del INDER, coincidiendo también con la celebración del centenario del fútbol en Cuba para el 11 de diciembre de este año, nada menos que construyendo en su emblemático estadio de La Polar, el primer terreno de superficie sintética en nuestro país, donado por la FIFA y prevista su inauguración para la fecha. Me imagino cómo se sentiría Yáñez en este momento con tan agradable coincidencia, sabiendo cómo la inclemencia del clima castiga en nuestro país el césped natural.

Como pudieron apreciar, desde pequeña Mirtica era inseparable de aquel que todos conocían como Alberto, pero para ella era simplemente Pipo.

Y en correspondencia con mi intención de darlo a conocer, ella tuvo la gentileza de proporcionarnos estas semblanzas que ofrecemos a continuación íntegramente. Me limitaré sólo a comentar algunas de las fotos que del archivo familiar me proporcionó su propia autora.

Algunos

recuerdos de Pipo

Mirta Yáñez

Unos días antes de que se fundara Palante, Alberto Yáñez, más conocido por mí como Pipo, me llevó a conocer al equipo de humoristas, entre quienes recuerdo a Blanquito, a Evora Tamayo (¡cómo no!), al director Bracho, al Loquito Nuez, a Arístides… Yo tenía unos trece años y en ese entonces quería ser caricaturista… y pretendía formar parte del “staff”. La tarea que me dieron fue “crear un archivo” y para ello me asignaron un cubículo, un montón de revistas, unas carpetas y una tijera. Debía recortar letras de distintos tamaños y colores, objetos, rostros, caras de políticos y de personajes famosos, y todo lo que se me ocurriera, luego clasificarlos en carpetas según mi leal saber y entender. Y así lo hice, de manera que me cabe la gloria olvidada (¡por fortuna!) de haber instituido el primer archivo de recortes para uso de los humoristas de Palante.

Por supuesto que además yo husmeaba por todo el local y sobre todo donde radicaban las mesas de dibujo. Allí participé de esa extraña emoción que es conformar la primera página de un periódico. En aquel entonces la libertad para el chiste era casi total.

La vida me llevó por otros caminos, pero Pipo se quedó estacionario en Palante donde no solo colaboraba con la página deportiva, sino también confeccionó pacientemente y sin cobrar retribución monetaria alguna, la página de entretenimientos, donde semana tras semana colocaba adivinanzas, crucigramas y otras quisicosas, además de responder a los lectores y darles solución. Simultaneaba sus labores en Palante con su trabajo de empleado bancario primero, en el INDER donde fue fundador (él también) del archivo, finalmente en el ICRT de dónde le hicieron jubilarse cuando ya fue considerado demasiado viejo.

Todos esos empeños siempre los hizo con una sonrisa. Porque fue, ante todo, un hombre bueno. Solo lo vi rabiar en una ocasión cuando se le traspapelaba una y otra vez, sin llegar a buen puerto editorial, lo que consideraba la obra de su vida: una historia sobre los mundiales de futbol.

Por cierto, mis padres se conocieron gracias al futbol. Alberto era un buen mozo futbolista y Nena era bella, bellísima, apasionada fanática de ese deporte. Eran adolescentes y pronto se hicieron novios. En ese entonces, Pipo todavía no era Pipo, y mucho menos Yáñez. Lo llamaban “Cachumba” porque siempre estaba dándole ánimo a su equipo (no recuerdo ahora si le pegaba al balón a cuenta de los asturianos o los gallegos, porque mi abuelo era gallego, pero mi abuela era asturiana) con un “bombochie” que rezaba: “¡cachín cachán cachumba… al equipo tal le zumba!” Después, Alberto empezó a trabajar en el City Bank. Siempre entusiasta, animaba las fiestas de los hijos de los empleados, los “citybankeritos”, asentó los proyectos para el nuevo club bancario en Santa María del Mar, ascendía desde ser un mero mensajero y cajero hasta el puesto más alto, de Oficial Inspector, sin perder su buen humor y colaborando al mismo tiempo con publicaciones como El Mundo.

En esa época comenzaron a llamarle Tobita, lo cual resultaba un misterio lingüístico para mi, hasta que Mima, Nena, ya esposa y madre, me explicó que por el apellido Yáñez hacían primero alusión a los “yáñez pinzón”, y de ahí derivó al nombre del Almirante Cristóbal, y del diminutivo afectuoso de Cristobita, se llegó por fin al “Tobita”. Mi mamá, por su parte, le decía Bertico cuando quería engatusarlo, que no hacía falta porque siempre Alberto fue su rendido enamorado. No puedo olvidar que al regreso del viaje de Mima para ver a su familia en USA y cuando ambos ya se acercaban a los setenta… mi papá llenó la escalera de arriba abajo de flores para el recibimiento de su eterna noviecita. Eso fue lo que nos dieron, Mima y Pipo, a mi hermano y a mí, en nuestra infancia: el espectáculo excepcional del amor verdadero, de la lealtad, del buen humor.

Y empecé contando lo de Palante porque Pipo siempre me llevó consigo a sus andanzas periodísticas, ya sea ir al stadium a apoyar a los rojos de La Habana, a las carreras automovilísticas, a las regatas, y, cómo no, a los partidos de futbol. Le debo, pues, el hecho de que se me inoculara ese bichito de la letra impresa a ese padre excepcional, Alberto, Bertico, Cachumba, Tobita, el Viejo Yáñez, a Pipo.

Nota: y acordándome de aquellos viejos tiempos, hice esta caricatura de mi Pipo.

Complementando la información brindada por su hija, no quisiéramos despedirnos sin incluir una pequeña muestra del talento paterno. Tanto ella y su hermano heredaron esa gracia que ya pugnaba por salir en sus respectivos y coincidentes ADN.

Quien nunca tuvo auto fue capaz de auto biografiarse en un excelente trabajo tirulado “Frente al espejo” publicado en la sección “Con Permiso de..” y reproducido posteriormente en el libro de Évora Tamayo “25 años de Palante” editado en 1986 por la Editora Abril. Allí él expresa lo siguiente:

“Nací y me recibieron con aplausos (impacto brutal de la comadrona sobre mis delicados glúteos), que me alentaron a dar mi primer y único do de pecho”…”Lugar del primer berrido: La Habana. Época: Entre la primera y segunda guerras mundiales, o sea, que nadie peleaba, ni siquiera con la suegra que ya es decir”…”Tuve acné juvenil después de pasar por el sarampión, la varicela, el coquelucho y otras peripecias de las que no había niño que se escapara en mi época”…”Imberbe aún tuve un ataque fulminante de fútbol que por poco me hace cisco las canillas y que, como secuela se me enquistó en el corazón”…”Siempre me gustaron las letras –nunca en la sopa—pero tuve que disgustarme con los números. Estuve rodeado de papeles bancarios y millones de billetes durante ¡20 años”!, pero resistí la tentación”…”Me gusta el chocolate, mientras el hígado no se interponga. Igual me deleita un vals que un twist, un danzón que una rapsodia. La única cuestión es que sea música y no ruido”…”En contraste con la gente, cuando duermo no puedo tomar café ¿Vicios? Sí, los de la cafeína y la nicotina, aunque de esta última acabo de divorciarme”,…” Escribo a máquina con ocho dedos, porque los otros dos, los pulgares, los uso para separar las palabras”…”Mi dictadura que es a la vez responsable de finanzas, de abastecimiento, de trabajo voluntario, y de la producción, me ha dado dos hijos, uno cada diez años: Una estudió la carrera de letras y llegó a la meta; el otro, está estudiando las letras a la carrera”…

He aquí la sagrada familia de que habla el autor. El ramo de flores en el regazo de la dama, a la que él llama “dictadura” estaba dedicado a la dulce y abnegada Nena.

”Estoy convencido de que mens sana in córpore sano es el mejor constituyente para mantener el esqueleto bien envuelto, y por ello no tengo automóvil”…”Sembré un árbol, contribuí a perpetuar la especie, y acabo de escribir un libro. Y si mañana me toca entregar el cuerpo a la tierra sin terminar de usarlo ---cosa que no me gusta nada--- lo haré con una sonrisa en los labios, aunque no pueda ver el año 2021, el de mi centenario”…”Porque fui optimista… porque fui humorista… y no fui egoísta.”

Como han podido apreciar por la separación de párrafos en puntos suspensivos, hemos querido ofrecer solo fragmentos de su trabajo, para degustarlo como ese delicioso postre, que por breve nos deja siempre con las ganas de repetir.

Por último, me gustaría dejar constancia de ese “bichito” que siempre picó a su hija por el humorismo gráfico.

¿Tal vez en los genes de familia se hallara presente esa vocación? Como una coincidencia más es este caso, resulta que el multipremiado caricaturista Rafael Valbona, (RAVAL) era tío suyo por parte de madre. Como constancia los dejamos con ambos apuntes de Alberto Yáñez, --a la izquierda el de Raval y el Mirtica a la derecha.

Además sobre esta asombrosa familia seguiremos hablando. Recuerden que nos falta aún Albertico--el benjamín de los Yáñez--. Y si de benditas coincidencias se trata, podemos reafirmar que… ”De tal palo surgieron tales astillas”.