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22 ene. 2011

POR AMOR AL ARTE.

Tal vez muchos no se expliquen en la actualidad algunas cosas del capitalismo en nuestro país. Tiempos de “tanto tienes, tanto vales”, con un abismo insalvable entre los poderosos y los miserables.

Pero también existían seres extraños: Los románticos, los soñadores; esos que se consideraban: “Pobres, pero honrados”. Entre esta rara especie de la fauna capitalina a mediados del pasado siglo, ubico mis sueños de primavera.

Sólo así se explica que durante más de quince años dibujara de forma gratuita creyones deportivos en la prensa nacional, por tal de ver mi obra reproducida. A esta rara especie se nos señalaba como individuos que trabajábamos “por amor al arte”.

La crónica de hoy, aborda a uno de esos personajes que el destino puso en mi camino, y que me ganó por amplio margen el sacrificio de dar a conocer su obra a despecho de los intereses económicos. Es decir: “Por amor al arte”.

Su nombre: Alberto Yáñez.

Su edad: unos diez años mayor que yo.

Su afición: Por las letras en general, y el fútbol en particular.

Su carácter: Bromista por excelencia.

Su actitud: Cumplidor en extremo.

Su oficio: Trabajador bancario.

Su huella: Una familia a imitar.

¿Lo recuerdan? Escribimos de él en respuesta a la incógnita de las curiosidades deportivas que publicamos enmascaradas durante todo el pasado año, bajo la firma de (A.Y.)

Nos conocimos en la redacción del periódico “El Mundo” a mediados del pasado siglo, cuando yo era operario de linotipo y colaborador gráfico del diario. Todos los lunes Yáñez iba a entregar la reseña de los partidos de balompié que dominicalmente se celebraban en el estadio de “La Polar”. La sección se titulaba “Rodando el Balón”, pero aparecía calzada con la firma de Ernesto Azúa, titular de dicha página deportiva.

La vocación por el fútbol, donde había hecho sus pininos el joven Alberto --de donde le venía el apodo de “Tobita”, lo impelía a ese sacrifico,”por amor al arte del deporte” compensado ampliamente por la satisfacción de saber que el verdadero autor era él, aunque el mérito se lo adjudicara un aprovechado burócrata.

Su constante deseo de superación y su prodigiosa iniciativa lo impulsó a proponerme que colaborara en el mejoramiento de dicha crónica.

-¿Cómo? Le pregunté.

–Tú me dibujas varios futbolistas en distintas posiciones y yo mando a hacer cuños para reproducirlos con un gomígrafo sobre el papel donde previamente esté representada el área chica donde esté situada la portería. De esta forma puedo reproducir gráficamente el gol decisivo.

Tal vez en los archivos de nuestras hemerotecas quede constancia de esa propuesta, que hoy resultaría increíblemente artesanal con los actuales medios digitales disponibles. Que yo recuerde, nunca antes, ni después algún cronista utilizó método tan gráfico para reflejar la jugada decisiva del partido.

Locuras como esa se le ocurrían a menudo. Por eso cuando en 1961 se creó la revista deportiva “L.P.V.” Yáñez y yo formamos parte del staff fundador. Entre otras cosas creamos una sección fija de humorismo titulada “Garabatos Deportivos”, donde surgió mi primer personaje cómico “Hiperbolo”, --una especie de super atleta, que de tanto exagerar hace ridiculeces--. Él como escritor, y yo ilustrando sus trabajos formamos una química especial, que duró tanto como la propia publicación.

Entramos a Palante y Palante juntos. Con la diferencia de que yo pertenecía a la nómina del semanario y él lo hacía de nuevo “por amor al arte”. Durante más de 25 años colaboró gratuitamente con enjundiosos trabajos deportivos, críticas y crónicas costumbristas. Pero si algo dejó como un legado fue su impronta reflejada durante años en la página de entretenimientos. Soy testigo de primera mano en que jamás incumplió el cronograma de la publicación, ni percibió un centavo por ello.

En mi modesta opinión sentó pautas pues quiso distanciarse de los manidos Crucigramas tan buscados en el resto de las publicaciones. Se apoyó en otros atractivos más originales como: Charadas, adivinanzas, problemas matemáticos, y hasta trucos de magia, lo que provocó en cierta ocasión una reprimenda de algún que otro prestidigitador al verse desprestigiado.

Otra anécdota de su personalidad contada por él mismo:

“Nos habíamos mudado para uno de los apartamentos de la Habana del Este; yo trabajaba en un banco de la Habana Vieja, y diariamente iba a la hora del almuerzo a la casa. En una ocasión llamé por teléfono a Nena, mi esposa, para avisarle que saldría en ese momento para la casa. Tras colgar el auricular ella se dirige rápidamente a la cocina para preparar la comida, y antes de llegar recibe tremendo susto pues me le aparecí de repente. La había llamado desde la tienda en los bajos del edificio”.

Su jubilación primero, y la mía años después, separaron el vínculo profesional, pero no el personal pues era visita frecuente a su nuevo hogar en la calle 19 del Vedado, donde lo visitaba asiduamente.

Increíblemente jamás pude plasmar la imagen de Alberto Yáñez en una caricatura personal con la cual quedara satisfecho; sin embargo Alberto Enrique Rodríguez (Alben), quien por lo general ilustraba la sección de Évora TamayoCon Permiso de…”, plasmó este genial retrato del tocayo, como apoyatura a su autobiografía breve titulada “Frente al Espejo” y que se reprodujera en el libro “25 años de humor en Palante” de 1986.

De Nena, su esposa, de Albertico y Mirtica sus hijos, y de su perra Penélope les informaremos en la próxima edición, pues constituyen en su conjunto una familia para recordar.

Colocamos pues el balón de la incógnita en el centro del terreno, para que sean sus propios herederos-protagónicos, quienes hagan el saque en este nuevo partido, que promete ser mucho más interesante que el que acaba de concluir.

Por ello tampoco cobraremos nada: En honor a Yáñez también será, por amor al arte. …Como en los cómics… (Continuará).

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