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3 dic 2011

RODANDO EL BALÓN

Así se titulaba la sección dedicada al balompié del diario EL MUNDO que firmaba un paniaguado jefe de plana deportiva al triunfo de la Revolución. En realidad, quien la escribía magistralmente era un joven aficionado al deporte con aspiraciones periodísticas, que a fuerza de voluntad lo sobrecumplió ampliamente.

De eso escribimos en el trabajo titulado “Por amor al arte”

En estos días se cumplen precisamente cien años rodando el balón en nuestro país y no queríamos dejar pasar la bola sin tirar a puerta.

Alberto Yáñez, el joven aficionado del cuento y yo, fuimos convocados en 1961 por el INDER para formar parte del equipo que fundó la revista L.P.V. Juntos creamos allí la sección “Garabatos Deportivos” entre otras tareas, y juntos colaboramos con el team de PALANTE Y PALANTE desde sus comienzos. Alberto inventó allí “Palante en pelota” una sección magistralmente continuada por su sustituto Betán, cuando él pasó al frente de la página de “Entretenimientos” en la publicación.

La unión profesional fue tan estrecha que se extendió a la familia en general formando un gran equipo con por nuestras esposas Estela y Nena en la defensa; y por nuestros hijos volantes Albertico y Mirtha, con Paquito y Elsie en la delantera. En fin unidos por lazos indestructibles tal vez debido a nuestros orígenes: Él pichón de gallego y yo de asturiano, por algo dice el refrán que gallegos y asturianos son primos hermanos.

Me imagino que desde tiempos remotos los europeos y los peninsulares en particular, practicaban el balompié, porque según el propio Yáñez, --ducho en la materia--, aseguraba que el fútbol comenzó, cuando los soldados triunfadores en una batalla, jugaban entre ellos pateando los cráneos de los vencidos, para celebrar la victoria. Pero como, además de historiador del deporte él era humorista, nunca le hice mucho caso.

Pero dejemos a Yáñez descansar en paz, y volvamos al tema de este centenario que ha transcurrido a patada limpia.

Mucho antes de que nos “descubrieran” en 1492, ya en Cuba se practicaba un juego de pelota al que los taínos llamaban batos. Y me imagino que junto con los caballos que España introdujo hace 500 años, el fútbol también fue importado de la Madre Patria.

La rivalidad en la colonia subió de tono en la medida en que los criollos se sintieran más cubanos y los españoles más colonialistas. De ahí que ambas facciones utilizaran el color para diferenciarse en cualquier actividad, ya fuese en las modas, las controversias campesinas o las piezas teatrales. Moñas rojas para distinguir a las damas integristas y lazos azules para las separatistas.

Pasada la contienda independentista, en la República se mantuvo esa costumbre, de ahí que cuando se introdujo el beisbol en nuestro país a fines del siglo XIX también continuó esa preferencia cromática. Los parciales de los azules serían ahora los Alacranes del Almendares, mayoritariamente cubanos; mientras que los leones rojos del Habana por lo general españoles. El tiempo, siempre dialéctico, hoy nos muestra al equipo capitalino de los Industriales representado por un león, pero no rojo, sino azul.

Mi padre fue hasta su fallecimiento carrero de una firma de cigarros de lunes a sábados, pero el domingo era mío. Por eso me llevaba, según la temporada. SI de fútbol al terreno de “La Polar” para presenciar como Juventud Asturiana vencía al Centro Gallego, o si se dejaban ganar por “burros” que eran. Cuando empezaba la Liga Profesional de Beisbol, cambiaba entonces de rumbo hacia el estadio de “La Tropical”, donde habanistas y almendaristas se caían a batazos, según explicamos en el párrafo anterior.

Imaginémonos ahora en el estadio de “La Polar” situado en los jardines de la cervecería del mismo nombre, tras el descanso intermedio bajo los acordes de “Currito de la Cruz” y dando los toques finales a mi nutritiva Trimalta Polar.

El pitazo del árbitro en calzoncillos, igual que el resto de los atletas, da comienzo al segundo tiempo para recordarnos que, con este partido finaliza la temporada y pronto tendremos que cambiar el gusto, porque cuando empìece la Liga de béisbol en “La Tropical” solo dispondré de Maltina Tívoli Vitaminada. Así de sencilla era la cosa para un fiñe de la época. Mientras, el desafío sangriento entre dos firmas que se discutían la preferencia de un público mayoritariamente varonil y cervecero entre las gradas de sus respectivos estadios, se mantenía al rojo vivo.

Pero cuando el mal es de sembrar …No valen guayabas verdes.

A mediados de los años cincuenta surge una nueva marca, con una nueva promoción, y una nueva imagen, --la del indio Hatuey, en posición belicosa--. Pero sobre todo un nuevo terreno en el medio de la capital, con lo que prácticamente desplaza a sus antecesoras de la preferencia del público consumidor. De más está decir que en el del Cerro tuve que cambiar para Malta Hatuey, porque para mi edad aún no me había aficionado al láguer.

Esta larga reflexión no desmerita para nada la afición de nuestro pueblo por el deporte en todas sus manifestaciones, sino situarnos en el pasado y los mecanismos de promoción y rentabilidad que los negociantes utilizaban para lucrar antes de que el deporte fuera un derecho del pueblo.

Lo que se discutía a patadas en un terreno o a batazos en el otro, era estimulado por las dos marcas cerveceras más poderosas del país en un desafío financiero mucho más violento, donde una derrota podía llevar a otra peor: La bancarrota. Al auge de este deporte por aquella época, y al influjo de esa limitada popularidad Cuba pudo clasificar para la Copa Mundial de Fútbol de Francia en 1938.

Veintisiete años después de aquel memorable partido fundacional, el 11 de diciembre de 1911, Cuba fue el primer país del Caribe en lograrlo, y llegar a cuartos de final, y el segundo de la CONCACAF, solo antecedido por los Estados Unidos. Lo que más nunca se repitió. He aquí el afiche correspondiente a esa copa.

Tal vez esto explique la decadencia del balompié cubano durante un buen tiempo, entre otras razones, al desaparecer la rivalidad entre asturianos y gallegos, y surgir nuevas opciones con equipos representativos de zonas aledañas como Puentes Grandes, lugar de asentamiento de los terrenos afines al fútbol.

De que no está muerto ni mucho menos dio pruebas el equipo Cuba que nos representó este año en el último Panamericano de Guadalajara, al empatar a cero con el gigantesco Goliath sudamericano y multicampeón del mundo; así como igual desempeño con la otra potencia del área --Argentina--, que nos anotó un solitario y agónico gol en los finales del partido. Al cierre nuestro equipo acaba de clasificar en el área de la CONCACAF para la próxima etapa.

El futuro y nuestros atletas dirán la última palabra también en el terreno; porque no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

31 ene 2011

BENDITAS COINCIDENCIAS.

Coincidió la elaboración del resumen de este blog ¡Ay, Vecino! el pasado año con la decisión de que debíamos dar por terminada la sección de curiosidades deportivas que mantuvimos durante todo el 2010 titulada “Cualquier tiempo pasado fue… profesional”.

Concordó este hecho con que en la última muestra se descubriera la identidad del autor fantasma que veníamos incluyendo con las iniciales A. Y.

Resultó ser nuestro entrañable amigo Alberto Yáñez Arbesú, a quien dedicáramos el trabajo titulado “Por amor al arte” en nuestra propuesta anterior.

Simultáneamente del 10 al 20 de febrero próximo se celebrará en la La Habana la Feria Internacional del Libro 2011, y a continuación recorrerá toda la república.

Como si se tratara de su prólogo, a fines de enero en dos Sábados del Libro consecutivos se presentaron las obras de sus hijos Mirta y Albertico. Al primero de ellos, la novela “Sangra por la Herida” de la Editora Unión, pude participar recibiendo la inmensa alegría de ser premiado con su cariñosa dedicatoria que aquí les muestro.

Por el contrario, no pude asistir a la presentación del “Libro primero de las cosas raras” de su hermano Alberto, por coincidir con un impertinente aguacero. Aún así también puedo dar constancia de ello con una copia de la portada:

Pero para no alejarnos de esta curiosa simultaneidad, puedo aclarar que todo esto se corresponde con los noventa años del nacimiento de Alberto Yáñez Arbesú el 3 de febrero de 1921, y el anuncio de los 50 años de la creación del INDER, coincidiendo también con la celebración del centenario del fútbol en Cuba para el 11 de diciembre de este año, nada menos que construyendo en su emblemático estadio de La Polar, el primer terreno de superficie sintética en nuestro país, donado por la FIFA y prevista su inauguración para la fecha. Me imagino cómo se sentiría Yáñez en este momento con tan agradable coincidencia, sabiendo cómo la inclemencia del clima castiga en nuestro país el césped natural.

Como pudieron apreciar, desde pequeña Mirtica era inseparable de aquel que todos conocían como Alberto, pero para ella era simplemente Pipo.

Y en correspondencia con mi intención de darlo a conocer, ella tuvo la gentileza de proporcionarnos estas semblanzas que ofrecemos a continuación íntegramente. Me limitaré sólo a comentar algunas de las fotos que del archivo familiar me proporcionó su propia autora.

Algunos

recuerdos de Pipo

Mirta Yáñez

Unos días antes de que se fundara Palante, Alberto Yáñez, más conocido por mí como Pipo, me llevó a conocer al equipo de humoristas, entre quienes recuerdo a Blanquito, a Evora Tamayo (¡cómo no!), al director Bracho, al Loquito Nuez, a Arístides… Yo tenía unos trece años y en ese entonces quería ser caricaturista… y pretendía formar parte del “staff”. La tarea que me dieron fue “crear un archivo” y para ello me asignaron un cubículo, un montón de revistas, unas carpetas y una tijera. Debía recortar letras de distintos tamaños y colores, objetos, rostros, caras de políticos y de personajes famosos, y todo lo que se me ocurriera, luego clasificarlos en carpetas según mi leal saber y entender. Y así lo hice, de manera que me cabe la gloria olvidada (¡por fortuna!) de haber instituido el primer archivo de recortes para uso de los humoristas de Palante.

Por supuesto que además yo husmeaba por todo el local y sobre todo donde radicaban las mesas de dibujo. Allí participé de esa extraña emoción que es conformar la primera página de un periódico. En aquel entonces la libertad para el chiste era casi total.

La vida me llevó por otros caminos, pero Pipo se quedó estacionario en Palante donde no solo colaboraba con la página deportiva, sino también confeccionó pacientemente y sin cobrar retribución monetaria alguna, la página de entretenimientos, donde semana tras semana colocaba adivinanzas, crucigramas y otras quisicosas, además de responder a los lectores y darles solución. Simultaneaba sus labores en Palante con su trabajo de empleado bancario primero, en el INDER donde fue fundador (él también) del archivo, finalmente en el ICRT de dónde le hicieron jubilarse cuando ya fue considerado demasiado viejo.

Todos esos empeños siempre los hizo con una sonrisa. Porque fue, ante todo, un hombre bueno. Solo lo vi rabiar en una ocasión cuando se le traspapelaba una y otra vez, sin llegar a buen puerto editorial, lo que consideraba la obra de su vida: una historia sobre los mundiales de futbol.

Por cierto, mis padres se conocieron gracias al futbol. Alberto era un buen mozo futbolista y Nena era bella, bellísima, apasionada fanática de ese deporte. Eran adolescentes y pronto se hicieron novios. En ese entonces, Pipo todavía no era Pipo, y mucho menos Yáñez. Lo llamaban “Cachumba” porque siempre estaba dándole ánimo a su equipo (no recuerdo ahora si le pegaba al balón a cuenta de los asturianos o los gallegos, porque mi abuelo era gallego, pero mi abuela era asturiana) con un “bombochie” que rezaba: “¡cachín cachán cachumba… al equipo tal le zumba!” Después, Alberto empezó a trabajar en el City Bank. Siempre entusiasta, animaba las fiestas de los hijos de los empleados, los “citybankeritos”, asentó los proyectos para el nuevo club bancario en Santa María del Mar, ascendía desde ser un mero mensajero y cajero hasta el puesto más alto, de Oficial Inspector, sin perder su buen humor y colaborando al mismo tiempo con publicaciones como El Mundo.

En esa época comenzaron a llamarle Tobita, lo cual resultaba un misterio lingüístico para mi, hasta que Mima, Nena, ya esposa y madre, me explicó que por el apellido Yáñez hacían primero alusión a los “yáñez pinzón”, y de ahí derivó al nombre del Almirante Cristóbal, y del diminutivo afectuoso de Cristobita, se llegó por fin al “Tobita”. Mi mamá, por su parte, le decía Bertico cuando quería engatusarlo, que no hacía falta porque siempre Alberto fue su rendido enamorado. No puedo olvidar que al regreso del viaje de Mima para ver a su familia en USA y cuando ambos ya se acercaban a los setenta… mi papá llenó la escalera de arriba abajo de flores para el recibimiento de su eterna noviecita. Eso fue lo que nos dieron, Mima y Pipo, a mi hermano y a mí, en nuestra infancia: el espectáculo excepcional del amor verdadero, de la lealtad, del buen humor.

Y empecé contando lo de Palante porque Pipo siempre me llevó consigo a sus andanzas periodísticas, ya sea ir al stadium a apoyar a los rojos de La Habana, a las carreras automovilísticas, a las regatas, y, cómo no, a los partidos de futbol. Le debo, pues, el hecho de que se me inoculara ese bichito de la letra impresa a ese padre excepcional, Alberto, Bertico, Cachumba, Tobita, el Viejo Yáñez, a Pipo.

Nota: y acordándome de aquellos viejos tiempos, hice esta caricatura de mi Pipo.

Complementando la información brindada por su hija, no quisiéramos despedirnos sin incluir una pequeña muestra del talento paterno. Tanto ella y su hermano heredaron esa gracia que ya pugnaba por salir en sus respectivos y coincidentes ADN.

Quien nunca tuvo auto fue capaz de auto biografiarse en un excelente trabajo tirulado “Frente al espejo” publicado en la sección “Con Permiso de..” y reproducido posteriormente en el libro de Évora Tamayo “25 años de Palante” editado en 1986 por la Editora Abril. Allí él expresa lo siguiente:

“Nací y me recibieron con aplausos (impacto brutal de la comadrona sobre mis delicados glúteos), que me alentaron a dar mi primer y único do de pecho”…”Lugar del primer berrido: La Habana. Época: Entre la primera y segunda guerras mundiales, o sea, que nadie peleaba, ni siquiera con la suegra que ya es decir”…”Tuve acné juvenil después de pasar por el sarampión, la varicela, el coquelucho y otras peripecias de las que no había niño que se escapara en mi época”…”Imberbe aún tuve un ataque fulminante de fútbol que por poco me hace cisco las canillas y que, como secuela se me enquistó en el corazón”…”Siempre me gustaron las letras –nunca en la sopa—pero tuve que disgustarme con los números. Estuve rodeado de papeles bancarios y millones de billetes durante ¡20 años”!, pero resistí la tentación”…”Me gusta el chocolate, mientras el hígado no se interponga. Igual me deleita un vals que un twist, un danzón que una rapsodia. La única cuestión es que sea música y no ruido”…”En contraste con la gente, cuando duermo no puedo tomar café ¿Vicios? Sí, los de la cafeína y la nicotina, aunque de esta última acabo de divorciarme”,…” Escribo a máquina con ocho dedos, porque los otros dos, los pulgares, los uso para separar las palabras”…”Mi dictadura que es a la vez responsable de finanzas, de abastecimiento, de trabajo voluntario, y de la producción, me ha dado dos hijos, uno cada diez años: Una estudió la carrera de letras y llegó a la meta; el otro, está estudiando las letras a la carrera”…

He aquí la sagrada familia de que habla el autor. El ramo de flores en el regazo de la dama, a la que él llama “dictadura” estaba dedicado a la dulce y abnegada Nena.

”Estoy convencido de que mens sana in córpore sano es el mejor constituyente para mantener el esqueleto bien envuelto, y por ello no tengo automóvil”…”Sembré un árbol, contribuí a perpetuar la especie, y acabo de escribir un libro. Y si mañana me toca entregar el cuerpo a la tierra sin terminar de usarlo ---cosa que no me gusta nada--- lo haré con una sonrisa en los labios, aunque no pueda ver el año 2021, el de mi centenario”…”Porque fui optimista… porque fui humorista… y no fui egoísta.”

Como han podido apreciar por la separación de párrafos en puntos suspensivos, hemos querido ofrecer solo fragmentos de su trabajo, para degustarlo como ese delicioso postre, que por breve nos deja siempre con las ganas de repetir.

Por último, me gustaría dejar constancia de ese “bichito” que siempre picó a su hija por el humorismo gráfico.

¿Tal vez en los genes de familia se hallara presente esa vocación? Como una coincidencia más es este caso, resulta que el multipremiado caricaturista Rafael Valbona, (RAVAL) era tío suyo por parte de madre. Como constancia los dejamos con ambos apuntes de Alberto Yáñez, --a la izquierda el de Raval y el Mirtica a la derecha.

Además sobre esta asombrosa familia seguiremos hablando. Recuerden que nos falta aún Albertico--el benjamín de los Yáñez--. Y si de benditas coincidencias se trata, podemos reafirmar que… ”De tal palo surgieron tales astillas”.

22 ene 2011

POR AMOR AL ARTE.

Tal vez muchos no se expliquen en la actualidad algunas cosas del capitalismo en nuestro país. Tiempos de “tanto tienes, tanto vales”, con un abismo insalvable entre los poderosos y los miserables.

Pero también existían seres extraños: Los románticos, los soñadores; esos que se consideraban: “Pobres, pero honrados”. Entre esta rara especie de la fauna capitalina a mediados del pasado siglo, ubico mis sueños de primavera.

Sólo así se explica que durante más de quince años dibujara de forma gratuita creyones deportivos en la prensa nacional, por tal de ver mi obra reproducida. A esta rara especie se nos señalaba como individuos que trabajábamos “por amor al arte”.

La crónica de hoy, aborda a uno de esos personajes que el destino puso en mi camino, y que me ganó por amplio margen el sacrificio de dar a conocer su obra a despecho de los intereses económicos. Es decir: “Por amor al arte”.

Su nombre: Alberto Yáñez.

Su edad: unos diez años mayor que yo.

Su afición: Por las letras en general, y el fútbol en particular.

Su carácter: Bromista por excelencia.

Su actitud: Cumplidor en extremo.

Su oficio: Trabajador bancario.

Su huella: Una familia a imitar.

¿Lo recuerdan? Escribimos de él en respuesta a la incógnita de las curiosidades deportivas que publicamos enmascaradas durante todo el pasado año, bajo la firma de (A.Y.)

Nos conocimos en la redacción del periódico “El Mundo” a mediados del pasado siglo, cuando yo era operario de linotipo y colaborador gráfico del diario. Todos los lunes Yáñez iba a entregar la reseña de los partidos de balompié que dominicalmente se celebraban en el estadio de “La Polar”. La sección se titulaba “Rodando el Balón”, pero aparecía calzada con la firma de Ernesto Azúa, titular de dicha página deportiva.

La vocación por el fútbol, donde había hecho sus pininos el joven Alberto --de donde le venía el apodo de “Tobita”, lo impelía a ese sacrifico,”por amor al arte del deporte” compensado ampliamente por la satisfacción de saber que el verdadero autor era él, aunque el mérito se lo adjudicara un aprovechado burócrata.

Su constante deseo de superación y su prodigiosa iniciativa lo impulsó a proponerme que colaborara en el mejoramiento de dicha crónica.

-¿Cómo? Le pregunté.

–Tú me dibujas varios futbolistas en distintas posiciones y yo mando a hacer cuños para reproducirlos con un gomígrafo sobre el papel donde previamente esté representada el área chica donde esté situada la portería. De esta forma puedo reproducir gráficamente el gol decisivo.

Tal vez en los archivos de nuestras hemerotecas quede constancia de esa propuesta, que hoy resultaría increíblemente artesanal con los actuales medios digitales disponibles. Que yo recuerde, nunca antes, ni después algún cronista utilizó método tan gráfico para reflejar la jugada decisiva del partido.

Locuras como esa se le ocurrían a menudo. Por eso cuando en 1961 se creó la revista deportiva “L.P.V.” Yáñez y yo formamos parte del staff fundador. Entre otras cosas creamos una sección fija de humorismo titulada “Garabatos Deportivos”, donde surgió mi primer personaje cómico “Hiperbolo”, --una especie de super atleta, que de tanto exagerar hace ridiculeces--. Él como escritor, y yo ilustrando sus trabajos formamos una química especial, que duró tanto como la propia publicación.

Entramos a “Palante y Palante” juntos. Con la diferencia de que yo pertenecía a la nómina del semanario y él lo hacía de nuevo “por amor al arte”. Durante más de 25 años colaboró gratuitamente con enjundiosos trabajos deportivos, críticas y crónicas costumbristas. Pero si algo dejó como un legado fue su impronta reflejada durante años en la página de entretenimientos. Soy testigo de primera mano en que jamás incumplió el cronograma de la publicación, ni percibió un centavo por ello.

En mi modesta opinión sentó pautas pues quiso distanciarse de los manidos Crucigramas tan buscados en el resto de las publicaciones. Se apoyó en otros atractivos más originales como: Charadas, adivinanzas, problemas matemáticos, y hasta trucos de magia, lo que provocó en cierta ocasión una reprimenda de algún que otro prestidigitador al verse desprestigiado.

Otra anécdota de su personalidad contada por él mismo:

“Nos habíamos mudado para uno de los apartamentos de la Habana del Este; yo trabajaba en un banco de la Habana Vieja, y diariamente iba a la hora del almuerzo a la casa. En una ocasión llamé por teléfono a Nena, mi esposa, para avisarle que saldría en ese momento para la casa. Tras colgar el auricular ella se dirige rápidamente a la cocina para preparar la comida, y antes de llegar recibe tremendo susto pues me le aparecí de repente. La había llamado desde la tienda en los bajos del edificio”.

Su jubilación primero, y la mía años después, separaron el vínculo profesional, pero no el personal pues era visita frecuente a su nuevo hogar en la calle 19 del Vedado, donde lo visitaba asiduamente.

Increíblemente jamás pude plasmar la imagen de Alberto Yáñez en una caricatura personal con la cual quedara satisfecho; sin embargo Alberto Enrique Rodríguez (Alben), quien por lo general ilustraba la sección de Évora Tamayo “Con Permiso de…”, plasmó este genial retrato del tocayo, como apoyatura a su autobiografía breve titulada “Frente al Espejo” y que se reprodujera en el libro “25 años de humor en Palante” de 1986.

De Nena, su esposa, de Albertico y Mirtica sus hijos, y de su perra Penélope les informaremos en la próxima edición, pues constituyen en su conjunto una familia para recordar.

Colocamos pues el balón de la incógnita en el centro del terreno, para que sean sus propios herederos-protagónicos, quienes hagan el saque en este nuevo partido, que promete ser mucho más interesante que el que acaba de concluir.

Por ello tampoco cobraremos nada: En honor a Yáñez también será, por amor al arte. …Como en los cómics… (Continuará).

31 dic 2010

PROMESAS DE AÑO NUEVO PARA EL 2011.

Estoy en deuda con ustedes, mis fieles vecinos:

Desde que inauguramos este blog, en octubre del 2008, jamás he respondido un comentario públicamente, sin embargo, hemos tomado buena nota de vuestras observaciones para enmendar las deficiencias que críticamente nos han hecho.

Solo les pido comprensión: A mis 80 añitos no se me debe pedir mucho más. Me ha resultado bastante difícil mantener esta rigurosa tensión de recopilar, investigar, redactar, dibujar --y hasta cacharrear en MI PC, --ése nuevo medio digital, totalmente equidistante de mi añejada cultura--.

Tal vez la embriaguez de lo novedoso sea la razón por la cual se me haya olvidado compartir este trago con ustedes, --el del estribo—según los mexicanos.

Pero, nunca es tarde, si el vecino es comprensible:

Para comenzar, acuso recibo de dos aclaraciones que me hiciera recientemente el colega José Francisco Delgado desde los Estados Unidos: Que la entrada del cantautor Silvio Rodríguez al servicio militar en Cuba se produjo en el año 1964 y no en 1962 como habíamos descrito en el trabajo “Confesiones de Grandes”.

La otra observación se corresponde con la edición donde dábamos al compañero Jorge Oliver como vicepresidente del ICRT, y el colega DELGA nos rectifica diciéndonos que en esa fecha, OLI lo que ocupaba era el cargo de Director del Canal 6 de nuestra televisión.

En cierta ocasión el también caricaturista VARELA desde Miami, nos felicitó por incluir la semblanza del inolvidable PECRUZ y su póstuma exposición durante el VI Congreso de la ANAP, lo cual puede verse en la edición de mayo de este año, con el título de "PECRUZ, EL ETERNO INCONFORME" http://ay-vecino.blogspot.com/2010/05/pecruz-el-eterno-inconforme.html

No podría olvidar tampoco a mis dos hijas adoptivas en Galicia, La “loitadora” Fina Senra y su carnal Charo por su permanente estímulo a este humilde servidor, y lo mismo digo del fraterno Víctor Manuel González desde “Bohemia” o del contemporáneo Marrero, vinculado a nosotros desde el sitio “Cubaperiodistas” de la UPEC.

Muchos otros se me quedan en el tintero, y serán rescatados poco a poco, con el reciclaje de mis neuronas. Por el momento, y con el permiso de ustedes, nos vemos obligados a responder al curioso vecino V. M. Falcón, quien indaga sobre las iniciales (A.Y.) que aparecen al pie de algunas de las curiosidades en la sección seriada “Cualquier tiempo pasado fue… profesional”. Se trata pues de Alberto Yáñez.

Aprovecho la inquietud para explicar además que dicho espacio, --el cual cubrió todo el pasado año--, desaparecerá para el 2011, pues con él quisimos reproducir algunos de los trabajos sobrevivientes del sabotaje que se le hiciera al diario “El Mundo” en el año 1968, el cual acabó con el rico archivo fotográfico del mismo y de paso, mis dibujos originales allí conservados. Da la casualidad de que en aquel tiempo, el colega Alberto Yáñez también colaboraba en la sección deportiva del periódico, y con posterioridad escribió un curioso bolsilibro titulado “Minideportivas”, de donde tomamos las notas para nuestro espacio.

Las ilustraciones del cuadernillo estuvieron a cargo del caricaturista PITÍN a quien también debemos una crónica. En cuanto al inolvidable Yáñez, --recio tronco de una estirpe de artistas-escritores- o viceversa, seguiremos hablando en próximas ediciones.

19 dic 2010

DEL TEOREMA DE PITÁGORAS A QTATA AL CUADRADO.

El problema matemático de origen griego que encabeza este trabajo, da seguimiento a otro referido a cierta persona de la cual habláramos en nuestra oferta anterior, y a quien podría calificar de “Mi personaje inolvidable”: El doctor Raúl Ferrer.

A partir del 22 de diciembre de 1961 Cuba celebra anualmente el Día del Maestro, al finalizar con éxito su Campaña de Alfabetización en esa fecha y declararse Territorio Libre de Analfabetismo.

No hay escuela, hogar, alumno, ni maestro que deje de festejar la ocasión.

Ilustro aquella época con estas dos caricaturas que publicamos en el diario “El Mundo” hace casi medio siglo sobre los esfuerzos de nuestro país por alfabetizar al analfabeto urbano y a su par el analfayuca rural, según el choteo criollo de entonces.

El pueblo todo, beneficiario de esa prédica martiana se suma a la festividad. Por algo nuestro país en la actualidad es referente a escala mundial en materia de alfabetización por el aporte del método “Yo si puedo” en no pocos países y variadas lenguas.

Cada vez que se acerca esa fecha pienso en la frase que encabeza este trabajo, y en la persona que la inspiró: El maestro, colega y amigo Raúl Ferrer.

Desde que asomaron los primeros indicios de mi incipiente bigotito, en la aventura del bachillerato, una de las cosas que más me impresionó fue descubrir que…

“el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de sus catetos”.

En mi relación con Raúl tropecé con su versión criolla:

“Que todo analfabeto tenga su alfabetizador y que todo alfabetizador tenga su analfabeto…”

O sea, QTATA al cuadrado.

Ecuación salida del ingenio de ese criollo rellollo convertido por obra y gracia de su trayectoria docente en uno de los principales colaboradores del entonces Ministro de Educación Doctor Armando Hart.

Desde su temprana y modesta aula rural monte adentro, donde compartía sueños y realidades con su bisoño colega Onelio Jorge Cardoso, Raúl Ferrer siempre soñó con algo por el estilo. Años más tarde entre estrofa y estrofa descubrió a otro fabulador excepcional con el que también compartió fantasías poéticas y objetivos políticos, el Indio Naborí.

Él era así: científico y soñador, ocurrente y reflexivo, imaginativo y profundo a la vez, con una agilidad mental inigualable. Un maestro en toda la extensión de la palabra. Su sentido de la pedagogía tenía un antecedente lúdico que podía resumirse en esta frase suya: “Lo que se aprende jugando, nunca se olvida”, de ahí el permanente combate que mantuvo contra viejos criterios medievales como ése de “la letra con la sangre entra”. O el permanente reproche a quienes mantenían el rígido concepto de que el niño iba al colegio a aprender. “No –decía-- el niño viene a la escuela a aprender a hacer cosas”.

También tuvo discrepancias con colegas que a menudo confundían el deporte con el entretenimiento, porque para este último no hacían falta estadios ni campos deportivos, cuando se practica de corazón, ambos se unen. En eso era también un educador.

En una oportunidad gané un premio en el Salón Nacional de Humorismo de la UPEC, con su caricatura. Lamentablemente no puedo mostrarla aquí, pues inmediatamente después se la obsequié y por muchos años presidió la sala de su hogar situado en una empinada calle de la Loma del Mazo de la Víbora.

A él se deben las iniciativas de transformar la página de pasatiempos en “Palante” con proposiciones más originales que el compañero Yáñez puso en práctica, así como la constante ayuda a la sección campesina “Dímelo Cantando” del semanario donde Raúl, --el poeta—también era un maestro. ¿Y qué me dicen los que lo conocieron jugando con los números en el pizarrón de fondo en su despacho del Ministerio de Educación, con el ejercicio del cero frío?

Sencillamente que Raúl había experimentado esto en carne propia desde los tiempos difíciles de la seudorrepública en su escuelita rural en el batey del central Narcisa allá en las proximidades de Yaguajay, y fue consecuente con ello. De sus románticas aventuras en el lugar les recomiendo acudir al libro de cuentos del colega Julio M. Yanes, precisamente por su condición de alumno en aquel plantel donde aprendió las primeras letras aquella “Niña Mala” que le da título a la obra, y que junto a la simpática “Vaquita Pijirigüa” popularizó musicalmente su sobrino Pedro Luis Ferrer. Paradójicamente, allá en la primera mitad del pasado siglo, época en que la palabra ¿futivarse? estaba de moda, a veces escapábamos del amodorramiento docente para refugiarnos en pitenes de pelota de goma y de trapo, o las mesas de billar aledañas al Instituto de la Víbora, a espaldas de nuestros padres y maestros. Mientras, allá en ese rinconcito de la campìña espirituana a menudo ocurrían cosas como la siguiente:

El maestro rural Raúl Ferrer, a caballo por el trillo que conduce a la escuela, ve a un padre doblado en el surco bajo el sol mañanero y le pregunta:

“--¡Fulano!” –se me olvidó el nombre—“ ¿Qué pasa que tu hijo no ha ido a clase esta semana?”

La respuesta no se hizo esperar:

“Lo tengo castigado por portarse mal”.

Increíble anécdota si no la hubiese oído de sus propios labios. Y es que las clases de Raúl y Onelio tenían ese sabor a caramelo lúdico que maravillaba a los niños, y que desgraciadamente, a golpes de solemnidad, retórica, y rigidez, pierden su encanto.

No sé si estas características estaban ya presentes en el ADN de ambos, o eran producto del ambiente familiar suyo, pues en el entorno hogareño crecían siete hermanos: Raúl. Rogelio, Rafael, Rodolfo, Raquel, etc., etc., –todos firmaban R.F.-- y todos dotados de las mismas virtudes: Alegría contagiosa, agilidad mental, mezcla de veta artística y rigurosidad científica. Es decir, todos ellos tenían algo de “músicos, poetas y locos”, en el mejor sentido de la palabra.

Raúl cultivaba además la amistad de forma bastante selectiva. Si exitosa y singular fue la yunta que lo unió en la escuelita montuna a su par Onelio Jorge Cardoso. Con posterioridad esas mismas afinidades, lo unieron al Indio Naborí.

Extrovertido hasta el cansancio, la explosividad de Raúl Ferrer lo diferenciaba de ambos, --más pausados, y medidos--, sin embargo a pesar de diferencias temperamentos, una química rara los unía, el amor a la docencia, el acercamiento a la ética martiana, la lucha por la justicia social, y la inclaudicable militancia revolucionaria, todo ello matizado por un optimismo contagioso e inagotable.

Para finalizar les cuento uno de los últimos episodios de su vida que me marcaron para siempre:

Raúl, septuagenario y enfermo, estuvo asesorando la Campaña de Alfabetización en Nicaragua durante casi dos años. Regresó al finalizar la misma, más o menos en el mes de septiembre, y bastante delicado de salud, a tal punto de que bajó del avión en una camilla y tuvo que ser ingresado en el Instituto de Cardiología, de Paseo y 17, en el Vedado. Allí fui a verlo varias veces y después, durante su convalecencia en su propio hogar de 10 de Octubre.

Dos meses después –principio de diciembre-- me llama por teléfono para invitarme una vez más a las Parrandas de Mayajigua y Yaguajay, adonde lo había acompañado en los últimos años. Me sorprendió esa imprevista cita teniendo en cuenta las condiciones físicas en que había regresado a Cuba, y decline la invitación con cierto reproche por tan temeraria aventura de fin de año.

Recibí un silencio sepulcral como respuesta… tras varios segundos de meditación me dice:

“--Blanco, últimamente te has vuelto un poco conservador”.

Al año siguiente el destacado poeta y pedagogo fallecía. Aquella frase escuchada a través del hilo telefónico, tal vez resuma la personalidad y la imagen que me quedó para siempre de la persona a la que nos hemos venido refiriendo y que yo, humildemente considero. “Mi personaje inolvidable: Raúl Ferrer.”