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26 may 2012

BOHEMIA: PIONERA DEL COMIC

Desde mi niñez, en la década del treinta del pasado siglo, el logotipo de la revista BOHEMIA  --entonces semanal-- era éste que aquí presentamos y que se mantiene hasta el día de hoy. Pero no fue siempre el mismo: Cuando nació hace 104 años, otro era su aspecto.
La nueva publicación a tono con esos intereses particulares de comienzos de siglo, daba cabida a los movimientos político-sociales del momento, a la naciente publicidad, y en sus portadas e ilustraciones surgían como por arte de magia, las maravillas del art noveau o más tarde del art decó. Pero sobre todo su título, BOHEMIA, extraído de una famosa ópera de Puccini, y su impronta en esa vida superficialmente fácil nocturnal y licenciosa, que respondía también a ese nombre bohemio, con un perfil nada parecido al actual.
El nombre BOHEMIA --pese su halo romántico-- le iba muy a tono con los tiempos de cambio  republicano, con una segunda intervención norteamericana, el desplome de un régimen monárquico-colonial caduco, y como lastre, una burguesía adinerada tratando de pescar en río revuelto de un desarrollismo industrial típicamente yanqui.
Éstas y otras observaciones salieron a relucir en una reciente conversación con su actual dirección a propósito de solicitar los servicios de sus archivos.
Por este medio damos las gracias a esas gestiones que nos abrieron las puertas de su colosal memoria histórica; pero la motivación venía desde mucho antes, debido  al dato que me suministrara el maestro de la plástica Pedro Pablo Oliva con motivo de una visita que hiciéramos hace unos años a su coquetona casa-taller de Pinar del Río.
Fue entonces que el pintor me demostró ser también un febril coleccionista, además de un  fan, a los comics. Allí me enseñó algunos bien conservados volúmenes de la  revista para, a continuación, preguntarme quién era el dibujante estadounidense que realizó historietas en aquellas primeras décadas de Bohemia, mientras con el dedo índice me mostraba su firma al pie de una de las viñetas: Peter Relav.
Por entonces, bajo la influencia de los comic-strip yanquis, la historieta en Cuba era  una especialidad en pañales, con indecisos intentos por crear personajes y argumentos autóctonos, hasta entonces solo abordados políticamente en tiras sueltas a finales del siglo XIX  por Landaluze primero y Torriente después. Por eso aquella firma en una serie típicamente costumbrista, y personajes típicos de La Habana a comienzos del 1900, resultaba una incógnita para ambos.
Pude descubrir el misterio poco después gracias a una broma: Cumplía yo mis 75 años de edad y confesaba tener solo 57 cada vez que me miraba en el espejo. En esos “reflejos” recordé el seudónimo aparentemente extranjero de Peter Relav y surgió entonces la imagen de Pedro traducido al inglés, y Relav escrito a la inversa, es decir Valer.
Por tanto, se trataba sin lugar a dudas de Pedro Valer, pintor, dibujante, y fundador de la revista, en activo  por más de 50 años. A quien durante mucho tiempo se le decía allí cariñosamente Don Pedro hasta su fallecimiento a fines del pasado siglo.
Volvamos pues a los archivos para reconocer su extensa obra como caricaturista e historietista. En el grueso volumen en poder del pintor pinareño, correspondientes a las revistas  de 1916-17, aparecen a lo largo de sus 104 semanas, la serie de tiras cómicas que variaban en extensión y formato, como también en los enunciados, pues lo mismo se encabezaban con el título de “Buscando oficio a Pepito”, como “Aventuras de Pepito y Rocamora”, “Aventuras de Rocamora”, o individualizándolos,  en el caso de “Rocamora” a secas o “Pepito” igualmente.
Esa misma indefinición se nota en la extensión innecesaria de los textos, y en la línea del dibujo un tanto balbuceante aún, y hasta en el entintado, unas veces a plumilla, y otras intentando grises de fondo con aguadas.
Pero lo importante es que ambos personajes: Pepito, un niño blanco y precoz, actuaba como contrafigura cómica de Rocamora, el negro adulto que luchaba por la supervivencia en un escenario “habanero” hostil, quien por lo general, al final de cada episodio salía mal parado. A veces se incorporaba un perrito manchado al que llamaban Trivilín.
Continué ahora estas pesquisas en los archivos de BOHEMIA durante el año 1918. Las imágenes que ofrecemos corresponden pues, precisamente a esta etapa, donde vemos la presentación de los episodios, su extensión en seis cuadros por capítulo, que se desarrollan en dos páginas, menos ésta otra desplegada en una sola.
Como semblanzas de actualidad, frecuentemente se abordaba el tema del impacto que se reflejaba en Cuba sobre la guerra  ya agonizante, pues la política editorial de BOHEMIA estaba fuertemente ligada a la divulgación de la misma, incluso su director Miguel A. Quevedo (padre), encabezó una campaña por la adquisición de submarinos para la Marina de Guerra Cubana. Mis pesquisas sólo llegaron hasta ese año, y según presumo, continuó publicándose después aunque no me consta. Tal vez algún otro curioso investigador pueda contarnos en el futuro cual fue el final de “Pepito y Rocamora”…Perdón, y Trivilín, tú también.

DETRAS DE LA ANTORCHA (III PARTE)

Esta tercera entrega de nuestro recorrido tras las zancadas de aquel primer troglodita que salió de la cueva antorcha en mano en busca de su sustento, para descubrir que la lucha por la vida también podía considerarse un deporte, nos llevó al segundo capítulo incursionando por la Antigua Grecia y sus Olímpicos Juegos.
Fue una prehistórica marcha a través del tiempo --que por entonces era ficticio, no real— y por tanto habrá que perdonarme todas estas elucubraciones.
Otra que se atribuye su paternidad es Turquía, pues las estatuillas más antiguas de los atletas que participaban en los llamados Juegos Helénicos fueron halladas en Anatolia, de donde los tercos—perdón, los turcos—afirman que fueron importadas por los griegos.
Aquellos Primeros Juegos del año 776 a.C. sirvieron de base para establecer un nuevo calendario, por lo tanto la batalla de Maratón, que dio nombre a una de sus pruebas más importantes, no pudo acontecer antes del conflicto del mismo nombre, en el año (490 a.C.), o sea 284 años después de la inauguración.
Este dato me conduce a otra intriga: Dichas pruebas duraban una semana y en sus inicios consistían en una carrera simple o estadio (192 m), más tarde se incluyó la carrera doble o diaulos (384 m), y la de fondo que comprendía a 20 estadios (3,850 m); por tanto la nombrada prueba de la Maratón (42 kilómetros y pico), no tiene nada que ver con aquella primitiva de fondo.
Incluso, si nos acercamos a la figura de su inspirador, el heroico Filípides era, según la leyenda, no sólo un magnífico atleta, primero en correr 42 kilómetros sin descanso; un tremendo corresponsal de guerra capaz de divulgar la noticia del combate en dos agotadoras jornadas laborales; y por último, un valeroso soldado, que dio la vida al cumplir una importante misión bélica.
Hemos hecho una breve incursión en esos Juegos Panhelénicos para  llegar a la conclusión de que, en ellos hubo también mucho de Mitología griega; pues se les reconocía un origen religioso, de ahí que fueran prohibidas en tiempos de Roma con el auge del cristianismo.. No sabemos si por simple fanatismo o  como consecuencia del triunfo obtenido por el luchador armenio Varasdate en la Olimpiada del 385 (a.C.), cuando el emperador Teodosio prohibió los Juegos indefinidamente. Era la primera vez que un bárbaro vencía en las 21 oportunidades anteriores. Y transcurrió más de un milenio hasta que surgieran de nuevo.
Como terminamos con la narración de la  histórica batalla celebrada en la llanura de Maratón, que le dio origen a la disciplina del mismo nombre, proponemos retomarla mediante un salto en el tiempo y llegar a dichos eventos actuales, gracias a los esfuerzos del Barón de Coubertain, entusiasta noble francés, a quien le debemos que en 1896 se celebraran los Primeros Juegos de la Era Moderna en la propia Atenas.
Muchos han sido los cambios establecidos en cada disciplina a partir de entonces, pero esos son elementos a considerar más tarde. Concentrémonos ahora en las pruebas de fondo o Maratón, las cuales se corrieron a partir del nuevo siglo que asomaba ya por el horizonte.
II Olimpiada de París (1900). - Nuestra primera anécdota surge en los Segundos Juegos: A pesar de “La belle epoque” París no contaba por entonces con las instalaciones idóneas para celebrarlas, y tuvo que acudir a la ayuda del Racing Club de Francia, el cual prestó las suyas del bosque de Boloña. Resultado de ello, la mayoría de los participantes en la Maratón se extraviaron, y algunos ni siquiera pudieron terminar la prueba. Resultó ganador el francés Michel Theáto, quien conocía al dedillo el bosque de Boloña, pues era, nada menos que el jardinero del Racing. La foto que obtuvimos de esta carrera demuestra que por entonces, no existía tampoco el agua embotellada; de ahí que veamos como el corredor galo recibía un refrescante manguerazo al llegar a la meta.
III Olimpíada de St. Louis. (1904)
El protagonista de esta Maratón fue nada menos que el cubano Félix Carvajal, más conocido en nuestro país como (El Andarín), y tras su hazaña en esta prueba celebrada en los Estados Unidos pasó a la historia como Félix IV, o sea (Félix el cuarto). No les repetiremos la narración para no  aburrirlos, pues está ampliamente contada en la oferta titulada así mismo 
Lamentablemente no contamos con el foto-finish que nos muestre aquel trágico final; en su lugar hemos repetido la caricatura que realizamos al efecto.
En esa misma carrera surgió otra gran sorpresa: El norteamericano Fred Loy, resultó ser el primero en arribar a la meta más fresco que una lechuga. Fue recibido con besos, abrazos, flores, aplausos, y fotos; sólo faltó la banda de música del Ejército de Salvación.
En una de aquellas instantáneas se dice que, junto al corredor aparece la hija del presidente Roosevelt –el del “big stick” no Franklin Delano--, quien quiso retratarse junto al “héroe norteamericano”; --las comillas no están puestas por gusto--, la heroicidad del  astuto vencedor, consistía en haber hecho gran parte del trayecto en un confortable Ford tres patás de la época. Lamentablemente no contamos tampoco con dicha fotografía, pero el cuento no es de extrañar, tratándose de quienes se trata.

Aunque fue descalificado al descubrirse el fraude; el verdadero ganador –cuyo nombre se ha perdido también en la ignominia—llegó sin penas ni glorias, pues gran parte del público se había retirado, y el resto, o no lo sabía o se sintió totalmente estafado.
IV Olimpiada de Londres (1908)
Otro desenlace interesante puede verse en esta secuencia tomada por un camarógrafo indiscreto, quien logra captar el desfallecimiento del italiano Dorando Petri, a pocos pasos de la meta tras los 42 y pico kilómetros recorridos, así como el instante en que algunos espectadores y amigos, compadeciéndose por su estado físico, casi lo cargan en peso para que pudiera romper la cinta de llegada. El atleta fue inmediatamente descalificado, sin embargo… !Agárrense de sus asientos!... La reina de Inglaterra Alejandra, apenada por lo sucedido al fondista, le entregó una copa de oro especialmente confeccionada para él. Fue la única vez--que yo sepa—en que una descalificación olímpica haya sido premiada con una copa de oro.
XI Olimpíada de Helsinki (1952)
Tuvieron que pasar cincuenta años y dos guerras mundiales para que un nuevo  acontecimiento sensacional coloreara la competencia de los 42 kilómetros y pico.  Hasta entonces las naciones al este de Europa no habían descollado en el deporte olímpico. La URSS y los países socialistas habían salido fortalecidos de la contienda bélica contra los nazis, y aquello comenzaba a dar sus frutos. Veamos la sorpresa de estos Oncenos Juegos.
La estrella resultó ser esta vez, Emil Zatopek, más conocido como (La Locomotora Checa), quien batió records en, 500, 1000 y Maratón, a lo que sumó  la medalla de oro por outsanding perfomance, (rara modalidad desconocida para un lego como yo). La alegría llegó por partida doble porque su esposa --la Zapoteka--, obtuvo la de oro en jabalina, con lo cual dejaba bien claro que: Por mucho que su marido corriera con intención de  escapársele, ella podía ensartarlo de un solo disparo.
Para concluir este maratónico recorrido por la extenuante prueba atlética, aclaro que no por gusto hemos insistido varias veces en calificarla como de 42 kilómetros y pico.  Según datos obtenidos en nuestras pesquisas, todo parece indicar que en realidad la distancia es de 24 kilómetros más 267 metros; precisamente esos doscientos sesenta y siete, han sido casi siempre, los que han decidido la victoria o el fracaso de sus competidores.


DETRAS DE LA ANTORCHA (IV PARTE)

Culminado en la pasada edición el agotador recorrido por la maratónica iconografía de las primeras olimpiadas de los tiempos modernos, nos encontramos a este señor tan peculiarmente vestido en posición desafiante ante nuestra pifia por dejarlo abandonado en el fondo de la gaveta. Con razón,  Louis Spiridione, pastor griego, fue  el ganador de la primera carrera de fondo en Atenas, en 1896.
No podíamos comenzar esta nueva etapa sin reconocerle el mérito a él y pedir disculpas a ustedes, mis amables vecinos. Volvamos pues a nuestros puestos  para esperar el disparo de arrancada.
Debemos aclarar que aquellas primeras competencias de 1896 se celebraron gracias a los titánicos esfuerzos del barón francés Pierre de Coubertin, admirador de la civilización helénica y del deporte. Por tanto fue un convencido seguidor de sus principios, y se opuso a cualquier iniciativa que modificara sus regulaciones. Tal vez esa fuera la causa de que se negara repetidamente  a la participación femenina en dichos Juegos, y no el “machismo” o la violencia de género, tan vapuleada en los tiempos actuales.
Con estas necesarias premisas acometemos la tarea de abordar la cita deportiva inicial de 1896, que  se diferenciaba bastante de las actuales, pues  a ella solo asistieron 285 atletas de trece países; cifra comparable a la delegación cubana que posiblemente asista  a la  próxima cita pactada para Londres el próximo mes de julio-agosto.
En primer lugar, las competencias de natación tuvieron que realizarse en el mar, pues en Atenas no se habían construido piscinas adecuadas. No se otorgaron medallas de oro, --me imagino que de ningún color— porque sencillamente no existían. Ni   se continuaría ciñendo la corona del ramo de olivo a los triunfadores, por el aumento de la demanda del producto en todo el mundo que reclamaba: ¡Menos ramos y más ensaladas!
La competencia de la cuerda lisa—escalamiento vertical sólo con las manos—se arrugó totalmente en el Siglo XVIII, pues ya en la siguiente prueba de París en 1900 no compitió más. Sin embargo, la lucha de la soga, --que aún se practica como divertimento en muchas partes—, se mantuvo oficialmente por lo menos 16 años más, como puede apreciarse  por las fotos tomadas en ambos casos.
Si se tiene en cuenta el simbolismo griego del Discóbolo  de Myton, podemos afirmar que la gran decepción de aquella primera cita Olímpica ateniense fue la pérdida del lanzamiento del disco, pues lo obtuvo nada menos que el norteamericano Garret quien sin experiencia alguna se alzó con un disparo de 29.15 metros. A partir de ahí viene la fama de la industria disquera yanqui.
Otra rareza de estos comienzos fue la invención del  lanzamiento de la bala—por entonces un simple ladrillo-- como el de 56 libras que nos muestra su campeón canadiense Desmarteu en la de Saint Louis 1904. La pedrada llegó hasta los 10,46 metros. Cuarenta y cuatro años más tarde en Amberes, la cifra pudo redondearse  totalmente con  la bala de hierro.
En la misma sede de este año, pero en 1908, otro estadounidense F. C.  Smithson corrió los 110 metros  con vallas, y tal parece que ganó gracias su fe, pues lo hizo con una biblia en las manos.
Pero eso tiene su explicación: Resulta que su religión le prohibía competir los sábados y la carrera coincidió con ese día. El devoto atleta quiso quedar bien con Dios y con la competencia pagana de los griegos, y se dio el gran milagro.
Para los incrédulos, aquí va la foto, y por si se mantienen  en el agnosticismo, los invito  a visitar el museo del COI en Mon Pepos, Lausana, Suiza, para que lo comprueben personalmente.
Similares circunstancia ocurrieron durante los octavos juegos de París, cuando el favorito escocés Liddel no se presentó a la carrera de los 100 metros planos, pues la prueba cayó sábado y su culto se lo impedía. Esta penitencia también fue recompensada  pues al día siguiente se presentó en la de los 400 metros planos, donde no tenía el menor chance e inesperadamente, no sólo la ganó, sino que batió el record mundial de la prueba.
Nos hemos adelantado, pues el corte debimos hacerlo hasta el final de la llamada Tregua Sagrada, interrumpida con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y estos Juegos  de París fueron celebrados en 1924, pero los dos casos anteriores resultaron inseparables para mi. Espero vuestra comprensión, y les prometo a mis atentos vecinos de las gradas,  nuevas --¿viejas?-- sorpresas en esta carrera detrás de la antorcha.


ESPEJISMOS SIN EXAGERACIÓN

Dicen algunos por ahí que el cubano tiene fama de exagerado: --O se pasa, o no llega--.
La frase tal vez también peque de hiperbólica, pero no deja de tener razón. Como dice la canción,”…Así somos…aquí estamos…”
A tono con ello, tres de nosotros–humoristas a mucha honra—Lázaro Miranda, Antonio Mariño, y Francisco Blanco, --el burro al final--; a raíz del 14 de marzo, “Día de la Prensa”, nos pusimos de acuerdo para pagarle con la misma moneda a quienes tan desmesuradamente piensen de nosotros los cubanos, y demostrarles que no íbamos a quedarnos atrás. Surgió entonces la idea de exponer retratos humorísticos  de personalidades cubanas, la mayoría de ellas, periodistas destacados.
La muestra  titulada “Distorsión ante el espejo” contó con 30 obras de los referidos LAZ, ÑICO, y BLANCO, que repartidas entre tres, tocó a diez per cápita. Las  palabras de salutación  que nos engrandecen, estuvieron a cargo de  la compañera Bárbara Doval, Vicepresidenta a cargo de Personalidades y Círculos Especiales de la UPEC. En correspondencia a tantos elogios tuvimos que responderle por partida triple con igual o mayor ponderación.
Un nutrido grupo de colegas e invitados entre los que se hallaba el propio Presidente de la institución, --que no es segundo de nadie si de humorismo se trata--, el colega Tubal Páez, también puso lo suyo y nos elevó aún más. La muestra inaugurada el pasado jueves 17 de mayo podrá verse hasta el 17 del mes próximo en el vestíbulo de la Casa de la Prensa en 23 y H, Vedado.
En realidad, la intención de los expositores no es inflar la propuesta, sino dar un primer paso en la celebración del Cincuentenario de la querida Unión de Periodistas de Cuba, a celebrarse a mediados del próximo año con su IX Congreso.

Sabemos que de ahora a la fecha surgirán múltiples proyectos e iniciativas entre instituciones afines y  colegas del sector con motivo de la efeméride. Los felicitamos ahora, los apoyaremos después, y a lo mejor nos pasamos. Pero… ya nadie podrá acusarnos de que no llegamos.



LA SUPERLUNA Y EL AMOR

El pasado 5 de mayo, un fenómeno natural bautizado como “Superluna” en el mejor estilo del “Superman” nos sorprendió a todos cuando contemplamos a nuestro único satélite pasado de peso y en tiempo real a través de los medios informativos. Numerosas fueron las espectaculares fotos captadas esa noche alrededor del mundo. Me acojo junto  con ustedes, --mis crédulos vecinos--, al beneficio de la duda.
               
En esos mismos días circulaba la noticia de que nuevos hallazgos en asentamientos indígenas de Guatemala echaban por tierra la tesis maya del fin del mundo en este año; lo cual demuestra que en la actualidad vivimos de sorpresa en sorpresa y de sobresalto en sobresalto, no ya inventados como las guerras, los recortes, y los despidos; sino de todo lo que realmente pueda asombrarnos o ponernos la carne de gallina.
Desde mis adolescentes comienzos en el mundo de la gráfica hace más de sesenta años, me identifiqué con aquello de que…”Una imagen vale más que mil palabras…”, y a eso me dediqué en cuerpo y alma desde entonces; por lo tanto, hoy pretendo poner mi granito de arena, y brindarles a mis queridos vecinos, lo que milagrosamente captó mi ingenio digital esa misma noche de insomnio. Aquí está:

Nuestra humilde, subdesarrollada y tercermundista “Giraldilla”, símbolo de la Ciudad de La Habana, quedó muy bien silueteada por esa gigantesca luna cascabelera; comparativamente menos asombrosa que los otros colosos arquitectónicos como, la Estatua de la Libertad de Nueva York, la Eiffel de París, o el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro, pero con una historia más romántica que la de Romeo y Julieta, porque no tuvo nada de virtual. Por tanto creo que merece la pena contarla a mi manera, y espero que les guste:
En 1528, arriba a San Cristóbal de La Habana, Hernando de Soto, nuevo Gobernador General de la “Isla” de Cuba acompañado por su esposa Isabel de Bobadilla.
Tras exitosas campañas militares en la conquista de Nicaragua y Perú, llega con el propósito de frenar los continuos ataques de corsarios y piratas que asediaban nuestras costas, mediante la urgente fortificación de la villa. De ello dejó constancia pétrea. Sin embargo, por su condición de Adelantado de la Florida, once años más tarde se le encomienda la conquista de la península vecina.
Al mando de 900 hombres y 300 caballos apiñados todos en 9 barcos, desembarca en un lugar virgen conocido más tarde como Tampa, no Virginia.
Leyendas indígenas lo llevaron a adentrarse en el continente por el sur en dirección al oeste en busca de una hipotética Fuente de la Juventud en el norte, posiblemente ubicada en las márgenes del Mississippi. En su lugar Hernando de Soto encontró la muerte a los 43 años de edad, víctima de fiebres desconocidas.
Cuentan que, como una Penélope tropical, --su media naranja-- Doña Isabel, desde lo alto de su atalaya oteaba día a día el horizonte en espera del regreso de su castizo Odiseo, a tal punto que esta imagen se convirtió en leyenda.
Años después, el escultor y fundidor habanero Gerónimo Martín Pinzón, nacido en 1607, se inspiró y esculpió una figura femenina como recuerdo de dicho personaje símbolo del amor, la  fidelidad, y la esperanza.

En la década del treinta de ese siglo, el gobernador general Juan Bitrián Viamonte ordenó fundir la escultura en bronce y colocarla en forma de veleta de los vientos sobre la torrecilla de vigía del Castillo de la Fuerza frente a la entrada del puerto. Esta obra escultórica  se inspiró en la que remata la torre de la Giralda en Sevilla.
Ese fue el origen de la leyenda convertida en símbolo de nuestra querida capital, pero ahí no termina la historia.
Se sabe que el original fue derribado y dañado en la caída, por los fuertes vientos del ciclón del 26. Años más tarde se decidió preservarla de la acción del tiempo, por lo que aún se conserva  entre las piezas patrimoniales del  Museo de la Ciudad  en el Palacio de los Capitanes Generales.

En su lugar, en el Castillo de la Fuerza,  se colocó una reproducción  exacta que permanece alerta sobre la cúpula del torreón para que continúe vigilando el horizonte, y salude hospitalaria a todo viajero que arribe a puerto con buenas intenciones.
Tres siglos de leyenda la acompañan, y de ello me he valido para entretenerlos pero  como comprenderán, todo ha sido una broma por parte mía. Como hemos explicado, la imagen silueteada por la Superluna que brindamos al comienzo de este trabajo, tampoco es la Giraldilla original.

9 may 2012

CONFESIONES AL DESNUDO

Aclaración: En este trabajo ofrecemos  copias de caricaturas y viñetas de historietas realizadas por  tres conocidos artistas gráficos recién fallecidos: El cubano Betanzos, el francés Moebius, y el español Mingote. Con ello trato de ejemplificar la influencia que pudieran ejercer ellos en futuros  aficionados a esta especialidad, como el peso que tuvieron en el pasado, otros maestros del diseño gráfico en nuestro propio desarrollo.
En cierta ocasión alguien me dijo que el dibujante humorístico era un bicho raro. Yo me tomo la libertad de aclarar que eso se debe al carácter efímero del trabajo periodístico. Una caricatura dura tanto como la frecuencia de la publicación que le sirve de soporte. Por ejemplo la que sale en el diario tiene a lo sumo 24 horas de vida; al día siguiente es “refrito”, --término  netamente periodístico--. Lo mismo ocurre con las de frecuencia semanal, mensual, etc.
Tal vez en la actualidad esto no sea tan exacto; el desarrollo tecnológico, la categorización profesional, la digitalización, y otras especializaciones en la diversidad poligráfica de los tiempos modernos, nos alejan cada vez más del autodidactismo de antaño.
Recuerdo que hace aproximadamente 50 o 60 años, la mayoría de los dibujantes humorísticos comenzamos como simples aficionados copiando de los profesionales que dibujaban para los periódicos y revistas de la época. Les soy sincero, yo era un niño amante de los “muñequitos en colores”  que se publicaban dominicalmente como suplementos de los diarios cubanos, mediante el servicio de la industria del comic yanqui, conocidos como Syndicates.

Sin embargo, desde el  punto de vista profesional comencé “copiando” el estilo de Willard Mullin, maestro del trazo para SPORTING NEWS y otras publicaciones norteamericanas, pues fue el colega Pepe Agraz, quien me abrió las puertas de su revista “FOTOS” para colaborar con retratos a creyón  dedicados a atletas en Cuba, y viñetas de apoyo..
Ése era un dibujo humorístico más trabajado, con características especiales, pues me obligó a estudiar la anatomía humana para poder distorsionarla a mi gusto. Lo que ocurría en mi caso, podía extenderse al resto de los jóvenes que debutaban por entonces, cada uno con una influencia determinada.
El advenimiento de la Revolución Cubana como expresión cultural influyó en todos los jóvenes de entonces. El caso más típico en nuestra especialidad haya sido el de los llamados “pitirreros”:  Fornés, Muñoz Bach, Nuez, Chago, Fresquito, Posada, etc., quienes formaron el equipo de la publicación EL PITIRRE con una marcada influencia del grafismo con el rumano Steinberg, el estadounidense Thurber, o el argentino Fantasio. La presencia de Oski (Oscar Conti), durante una breve estancia en Cuba, invitado por Prensa Latina, también nos toco a todos, y sobretodo al colega Arístides, quien  no podría negar su legado.
Hoy, miles de dibujantes en todo el mundo han adoptado el estilo “Manga” de los japoneses, y nadie se ruboriza. Todo lo contrario. Así empezamos  nosotros, y con el tiempo, cada uno  fue tejiendo con  paciencia su sello particular.
Toda esta larga  introducción viene al caso de la noticia que me llegó a través de  “vecinos”  que padecen esta misma enfermedad crónica  desde entonces. Gracias al ciberespacio son asiduos a este blog, y podemos comunicarnos desde largas distancias. Particularmente me refiero a Delga y Évora, --así a secas--, quienes a cada rato me ponen al día de noticias que por otras vías no me llegan, por lo pronto en tiempo real.
Eso ocurrió  en marzo del 2012, cuando me informaron de tres inesperadas noticias relacionadas con colegas destacados en el género:
El lamentable y prematuro deceso,   del cubano Miguel Betanzos, quien durante no pocos años colaboró con  PALANTE, DEDETE y otras publicaciones del patio, destacándose sobre todo en la caricatura personal de artistas famosos, y activista del Centro Promotor del Humor.
Ahora les propongo dos caricaturas de Betanzos en sus inicios, cuando el avileño aún no había desarrollado sus habilidades para la caricatura personal, con la cual ganó varios premios y se destacó en la sección ¡Viendo las Estrellas” de PALANTE.
 Tuve el honor de tutorar su trabajo de curso en HIstoria del Arte. Últimamente BETANZOS residía en México, donde falleció el pasado 13 de marzo.
Tres días antes,  Jean Giraud (a) Cir, autor del Teniente Blueberry, héroe de papel y antecedente francés del “western spaghetti” también falleció a los 74 años de edad, pero en Fracia. Más conocido por Moebius, Giraud a partir de los años 80 del pasado siglo revolucionó  la “bande  desinée”  gala y europea con un estilo de ficción llamado de “mano blanca”. Ofrecemos a continuación dos ejemplos de esaa sorprendente capacidad de Moebius para lograr atmósferas y espacios cósmicos en pequeñas viñetas. Y otras dos como ejemplo de sus modelos de trajes espaciales con los que triunfo en el cine de ciencia-ficción.
Son antológicas sus series “El artefacto”,  “Las aventuras del mayor Grubert”  “Arzack, y “El garaje hermético” entre otras muchas. Pero tal vez, por el carácter universal y trascendencia del Séptimo Arte, los diseños para la película “Alien, el octavo pasajero”,  de Ridley Scott en 1979,  Thron, en 1982,  y el capítulo del  Imperio Contraataca para la  serie “La Guerra de las Galaxias”, fueron los que lo  catapultaron  a la fama. Estas ilustraciones que ofrecemos, las hemos tomado del libro “La memoria del futuro”, una recopilación de la obra futurista de Moebius, publicado por la Edizioni Orient Express de Italia.
Hemos dejado para el final, al artista español que también murió  el pasado mes de marzo, -el día 3 para ser exactos--, a la edad de 93 años. Se trata de Antonio Mingote (17-1-1919), quien comenzó su vida artística en LA CODORNIZ en 1946 y en junio del 53 pasó al diario ABC hasta su reciente fallecimiento. Pero compartió estas tareas con diversas actividades: Escritos humorísticos,  guiones cinematográficos, pinturas murales en el Metro de Madrid, y numerosas  ilustraciones, durante su extensa carrera que le ganaron no pocos galardones. A saber: En 1989, Miembro de la Real Academia Española; en 1996 la Real Medalla de Oro al Mérito del Trabajo; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Alcalá de Henares en el 2005, y en 2007, recibió del rey Juan Carlos el título de marqués de Daroca.
Mis informantes en el exterior sabían que, con  apenas  20 años en mis comienzos como caricaturista, cayó en mis manos, un libro suyo que me causó gran impacto. Su título “Historia de la Gente”, de TAURUS Ediciones, 1955; donde textos e imágenes se conjugaban para dar una visión del mundo llena de gracia y jocosidad.
A tal punto llegó su influencia, que una de mis primeras propuestas  de continuidad para el entonces semanario PALANTE Y PALANTE, fue la sección 4 Hitos en la Historia, que apareció en la década de los años 60 del pasado siglo, y que no continué por abordar otros temas más apremiantes, y de actualidad. Hoy me lamento de ello, por eso titulé este trabajo como confesiones al desnudo.
Hemos terminado con la ilustración con que Mingote comenzara  su libro de gran formato “Historia de la Gente” y  161 páginas después, la viñeta final, donde anuncia la era cósmica a mediados del pasado siglo.  

EN POCAS PALABRAS


EL MALECÓN  DE FIESTA
Al  frente del Hotel Inglaterra, sito en el Prado habanero existe una tarja que certifica el hospedaje allí del Lugarteniente General Antonio Maceo, en memoria de su regreso a la patria el 30 de enero de 1890
Lo que pocos saben es lo que dijo ante el abandono oficial y el insalubre panorama  contemplado en la capital de la Isla bajo la bota española: “…Aquella Covadonga chiquita que se llama La Habana, con sus calles estrechas y asquerosas, como el sentimiento de los españoles, que se proponen gobernar a Cuba, sin mejorar las condiciones de este desventurado país…”. Opinión coincidente con los esfuerzos del insigne Carlos J. Finlay y sus desvelos por hallar las causas de una epidemia que diezmaba la población urbana de la época. 
Ya desde 1881 nuestro investigador había descubierto al agente transmisor, --el mosquito aedes aegypty— pero poco o nada las autoridades españolas habían hecho para erradicarlo.Por eso no es de extrañar que finalizada la guerra, el gobierno interventor norteamericano, tomara desde sus inicios algunas medidas sanitarias basadas en las experiencias del científico cubano.
Correspondió al primer Gobernador General Brooke, algunas tareas beneficiosas como la de mejorar el abasto de agua, la red de alcantarillado, eléctrico, telefónico, de gas, y la recolección de la basura, así como levantar  un muro de contención en el litoral norte para prevenir la irrupción del mar durante los huracanes que frecuentemente nos azotaban, o eliminar los charcos que se formaban entre los arrecifes como focos del mortal vector, entre otras medidas igualmente higiénicas.
Al asumir esta actitud  acorde con el compromiso moral de su país para con Cuba, Brooke fue acusado  de simpatizar con la causa de los cubanos, lo cual no se correspondía con los planes imperialistas del gobierno de los Estados Unidos. 
No se  podía correr ese riesgo, y se optó por sustituirlo en diciembre de 1899, acudiendo al General Leonardo Wood --por entonces en Santiago de Cuba--  quien había demostrado con creces su fuerte inclinación anexionista.
Es por ello que correspondió a éste último el privilegio de inaugurar el primer tramo del Malecón habanero comprendido desde el Castillo de la Fuerza hasta Lealtad, coincidiendo el acto con el 20 de Mayo de 1920, y la proclamación a bombo y platillo de la República de Cuba, con su presidente de estreno, su bandera  tricolor, y su himno bayamés, pero totalmente mediatizados con el pesado rabo de la Enmienda Platt.
Sea este mi modesto homenaje en su 110º. Aniversario  a ese Malecón Habanero,  --el banco mas largo de Cuba--, con sus siete kilómetros de largo entre la Avenida del Puerto y La Chorrera; tantas veces cómplice en noches de juvenil canícula amorosa, o en jacarandosos paseos de Carnaval… ¡FELICIDADES VIEJUCO, QUE CUMPLAS 110 AÑOS MÁS!


SIN TRUCOS FOTOGRÁFICOS
Hoy tal vez estas imágenes sean comunes para ustedes mis actualizados vecinos, habituados a la digitalización, los efectos especiales, y el trucaje fotográfico, pero no se trata de eso. Es una selección de instantáneas tomadas de la revista EL CORREO  de la  Unesco, Año XLI, que con el título “La fotografía como memoria” publicó una serie de  imágenes antológicas realizadas por grandes maestros del cuarto oscuro. Hemos seleccionado sólo cuatro de ellas realizadas por grandes monstruos de la cámara.
1) Espléndida imagen del Taj Majal, esa maravilla arquitectónica erigida en el siglo XIX por el emperador mogol Shah Jahán para servir de mausoleo a su esposa. Lo extraordinario es que las aguas del Yamuna, contenidas en el estanque frontal sirven de espejo al esplendoroso edificio reflejado fantasmagóricamente.
2) A la izquierda, la foto titulada ”El fotógrafo” del alemán Ludwig Angerer, quien con ese título retrató un nuevo modelo de cámara fotográfica  presentada  en la ciudad austriaca de Viena en 1865. 
3) A la derecha  vemos la curiosa escena captada por Auguste León  el 14 de mayo de 1918, durante la Primer Guerra Mundial. Se trata de una montaña de sacos de arena, colocados de tal manera que protejan de las bombas enemigas el monumento “El triunfo de la República”.
  4)  Sebastiao Salgado, artista del lente brasileño, a partir de 1933 tomó varias escenas de trabajadores en diversos lugares del mundo, entre ellas ésta monumental panorámica  en la mina de oro de Sierra Pelada, a unos 400 al sur de Belém, estado de Ceará. Con una nitidez pasmosa captó a cientos, tal vez miles de mineros, laborando a cielo abierto, mientras suben por las escarpadas pendientes cargando al hombro sacas del dorado metal.

VIAJE A LA SEMILLA (SEGUNDA PARTE)

En la última entrega del pasado año, incluí un tema al que recurro ahora bajo el mismo título de “Viaje a la semilla”, en el cual abordé algunos aspectos de la obra artística del pintor y dibujante Víctor Patricio de Landaluze, posiblemente el primero que se expresó en secuencias gráficas a  partir de la segunda mitad del siglo xix en la Cuba colonial, y por ende, también en la península.
La modalidad bautizada más tarde en los Estados Unidos como “comic strip” o  tiras cómicas, con el desarrollo politécnico y las grandes tiradas en colores, se convirtió en el llamado Noveno Arte, por la trascendencia y popularidad que han adquirido sus protagonistas--tanto cómicos como de aventuras--hasta el día de hoy.
Lamentablemente los temas y personajes del artista vasco, representaban lo más reaccionario y discriminatorio de nuestra nacionalidad, en una época de reformas y otras “libertades” que el régimen monárquico se vio obligado a aceptar  en nuestro país.
“El libro en Cuba” obra de Ambrosio Fornet, publicado por Letras cubanas en 1994, ha proporcionado los datos que me propongo comentar, así como los dibujos satíricos que el ya nombrado Landaluze realizara sobre la formación de nuestra cultura y nacionalidad.
Corría el año 1834 cuando el Gobernador General Tacón prohibió la Academia Cubana de la Literatura, dando un espaldarazo más al despotismo en la Isla, que de ilustrado solo tenía el nombre.
El desarrollo de la industria tabacalera propició un respiro, con la modalidad de la lectura en las tabaquerías, señalada por el periódico “El Siglo” como “…la afición a oír leer…”  Pero vayamos al libro de Fornet:
“… La Lectura fue el primer intento de hacer “llegar” el libro a las masas con un propósito exclusivamente educativo y recreativo. Entre las clases privilegiadas el libro había sido siempre un objeto suntuario, y en última instancia, un instrumento  de dominio  o de lucro …”
Según el autor, surgió en diciembre de 1865 en la tabaquería “El Fígaro” donde trabajaban trescientos torcedores; en enero de 1866 lo hizo la fábrica de Jaime Partagás. De ahí pasó a otros talleres de La Habana, pueblos cercanos y hasta zonas rurales de Pinar del Río y Las Villas. La campaña contra la Lectura fue iniciada por EL DIARIO DE LA MARINA en febrero de ese mismo año, primero en forma solapada y luego en un tono despectivo y amenazador. (sic) “…El tabaquero, el sastre, y  sucesivamente los demás artesanos no deben leer, ni saber otra cosa que lo que puramente se roza con sus respectivos oficios, pues los periódicos políticos y de propaganda demagógica solo tratan de inocular la pasión política, cuando el pobre no debe tener otra que el pacífico oficio con que mantiene a su familia…”
En las fábricas en que los patronos aceptaban la Lectura a regañadientes y trataban de adecuarla al criterio oficial, sólo se leían La Prensa, LA MARINA, y el semanario de Landaluze DON JUNÍPERO.  En cuanto a los libros editados con los inicios del balbuceante proletariado, abundaban en LA AURORA las reseñas culturales del momento, ya libros, obras teatrales, etc., pero en las tabaquerías resultaba tabú la lectura de obras más profundas como el “Ensayo político “de Humboldt, o la “Cecilia Valdés” de Villaverde.
El 14 de mayo de ese mismo 1866 --dos años antes del Grito de Yara--, el gobierno tomó cartas en el asunto, al dictar un bando de Orden Publico, ratificado por Lersundi, en el cual se prohibía distraer a los operarios de tabaquerías, talleres, y establecimientos en general con la lectura de libros o periódicos calificados de subversivos.
Mientras esto ocurría en la “Isla”, el movimiento de torcedores en la emigración tomaba otro curso: “…En las tabaquerías de  Cayo Hueso se leían, además de la prensa cubana y extranjera, obras históricas, sociológicas y literarias. Se preferían las crónicas  y las novelas. Entre las primeras la guerra en Cuba, las Campañas de Bolívar, la Revolución Francesa, y las empresas de Garibaldi. Entre las segundas: El Quijote –-que en algunos talleres llegó a leerse hasta diez veces,-- y Los Miserables…”
Allí la ideología mambisa encontró un oído atento, que se extendió a otros sectores sociales. Por tanto no era de extrañar que sobre ese pedestal madurara el pensamiento martiano. En 1893 las dos terceras partes de los clubes revolucionarios en la emigración se repartieran entre Tampa y Cayo Hueso. De tal manera que según pronosticara el propio Martí, surgiría: “…Un pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan…”
Fue a 90 millas de nuestro país, donde en el Club San Carlos se proclamó la constitución del Partido Revolucionario Cubano; en sus talleres los jefes militares del 68 trabajaron como obreros y los intelectuales eran sus lectores; allí se leía con fuego en el corazón el último ejemplar de PATRIA, y la chaveta obrera estallaba  en aplausos al final de cada párrafo.
Muchos de sus seguidores más fervientes como el general Serafín Sánchez, el comandante Rogelio Castillo Poyo, y Diego Vicente Tejera, o Fernando Figueredo habían sido escogedores, tenedores de libros o lectores de tabaquería; por eso, ya antes de ir al Cayo el Apóstol había dicho: “…Anhelo una ocasión respetuosa de poner lo que me queda de corazón  junto al Cayo, de levantarlo ante los ojos de este mundo como prueba de lo que por sí, sin mano ajena y sin tiranía, pueda ser y habrá de ser nuestra República…”
El pasado año en mi visita a los Estados Unidos, no tuve oportunidad de ir a Tampa, pero sí a Cayo Hueso. Por mucho que lo cubanicemos, su oficial y verdadero nombre será siempre Key West. Lo  vi lindo, limpio, maquillado, alegre, bullicioso, pero tan falso como las caricaturas de Landaluze, a tal punto de crearse en esta población virtualmente llena de  efectos especiales  una  república de pacotilla y la oferta de “productos cubanos”, --café, ron, tabaco--. Pero principalmente al insistir más de una vez en visitar la casa donde vivió Martí y, recibir en todos lados la callada por respuesta.