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11 ene 2015

LUTO POR PARTIDA DOBLE

Familiares, amigos y colegas asistentes a los funerales del maestro del humorismo cubano y universal, René de la Nuez Robaina en la mañana del pasado 7 de enero en La Habana, fuimos sorprendidos por la noticia del ataque terrorista al semanario satírico CHARLIE-HEBDO en París, causando la muerte a 12 personas, incluyendo a su director Stéphane Charbonnier y cuatro de sus colaboradores caricaturistas Wolinski, Cabu, Tignous y Bernard Maris.
El sanguinario hecho ha consternado al mundo entero y los medios masivos transnacionales se han encargado de transmitir las condolencias de personalidades, así como el seguimiento a las acciones policiales realizadas por las autoridades francesas en el esclarecimiento del hecho y el combate a los autores de la masacre.
Nosotros acá en Cuba, doblemente sentidos por los vínculos con uno de ellos--George Wolinski--quien nos visitara a fines de los años sesenta del pasado siglo, junto a su colega Siné, famoso por Francia por su SINÉ-MASSACRE en apoyo satírico a la lucha del pueblo argelino contra el colonialismo francés. Ambos eran invitados por el entonces semanario PALANTE, donde tanto Nuez como algunos de nosotros, tuvimos el privilegio de ser sus cicerones en La Habana.
A partir de entonces seguimos en contacto con ellos y no nos sorprendió que Wolinski fuera uno de los fundadores del semanario lL´HEBDO-HARA KIRI de 1967 a 1972, antecedente del CHARLIE-HEBDO actual. Como testimonio de estos vínculos les hemos mostrado copias de la portada de su libro “Il ni´ya pas que la politique dans la vie” de 1970 y la dedicatoria de su puño y letra en el mismo.
En la obra “Les Maitres du Dessin Humoristique en France” (1830-1970) del investigador y crítico de arte galo Pierre Horay, copio un párrafo que se refiere a: “…Aquellos caricaturistas que supieron elevar un aspecto de la actualidad más allá de la actualidad misma y también trascienden con su obra. Es el caso del título “Revé de l´inventor del fusil a guille” que popularizó Daumier, y numerosas ediciones de L´ASSIETTE AU BEURRE consideradas antológicas, así como podrían considerarse en el futuro las ediciones de SINÉ-MASSACRE y CHARLIE-HEBDO.
Más tarde, en la década del 90--ya jubilado de la prensa—formé parte del proyecto CARITUR y realizaba caricaturas al minuto en las instalaciones turísticas a los huéspedes, así como otras tareas compartiendo con brigadas de trabajo voluntario que se solidarizaban con Cuba, entre las cuales se destacaron los sindicatos de la prensa francesa y Wolinski se destacó como un entusiasta activista. De esa época es la caricatura que le hice in situ y ahora les mostramos.
Con la desaparición de la URSS y el Campo Socialista termina la llamada Guerra Fría bipolar y el fantasma del comunismo también se esfumó para dar paso a un nuevo milenio globalizado y traumatizado tras el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York. Esto dio paso a otra cacería de brujas más sutil y peligrosa llamada islamofobia. Espectro generalizado al que entonces se le bautizó como terrorismo.
Recuerdo que en aquellos tristes momentos Cuba brindó su ayuda a las víctimas de la catástrofe neoyorquina creando la brigada médica Henry Reeves, a la vez que Fidel sabiamente advertía que la violencia sólo podía acarrear más violencia.
El tiempo le ha dado la razón con las Guerras de Golfo y la llamada Primavera Árabe, una nueva piratería-siglo XXI que se ha extendido de manera peligrosa a países del Oriente Medio con sus patentes de corso. Ahora no se sabe quienes son los terroristas, dónde van a atacar, ni quién les paga
Hoy,. junto al dolor por la pérdida de personas inocentes y esos dos hermanos de lucha un mismo día—Nuez en Cuba y Wolinski en Francia—podemos decir que, unido al pesar por las víctimas del extremismo y la intolerancia… Los caricaturistas cubanos guardamos luto por partida doble.

5 ene 2015

TRIBUTO A PABLO ESTE AÑO


El pasado 22 de diciembre, al celebrarse el Día del Educador, me recordó aquella primera y única vez que me vi en un aula, mesa por medio, aconsejando más que dictando clases, sobre el guión y el dibujo de historietas ya que, tanto mi colega Manuel Pérez Alfaro como yo, aunque nos considerábamos sólo facilitadores en el Taller Permanente de Aficionados convocado por la UPEC en la década de los años 80 del pasado siglo, algo tuvimos que ver con la formación de la cantera de jóvenes historietistas surgida en esos cursos.
He aquí el origen:
Diez días antes--el 12 de diciembre--la Editorial Pablo de la Torriente, al cumplirse un aniversario más del periodista integral que dio nombre a la institución, anunció el comienzo de una Jornada Conmemorativa, con presentación de libros y otras actividades afines, que se extenderá hasta la misma fecha de 2015 en que el héroe de Majadahonda arribaría a su centenario.La creación de publicaciones especializadas para los periodistas cubanos, tanto en lo referido a las técnicas del sector, a sus diversos géneros y de obras literarias que por alguna razón escapaban a las habituales publicaciones de la prensa, tuvieron en la Editorial “Pablo de la Torriente” su objetivo.En este proyecto tan largamente soñado por el presidente histórico de los periodistas cubanos Ernesto Vera, y por contagio a todos nosotros, no podían quedar ausentes algunas
especialidades del humorismo gráfico como la caricatura y la historieta de tanto arraigo en la población; pero cuya especialización no estaba contemplada en nuestras Escuelas de Arte.

De ahí que la Editorial Pablo—como cariñosamente la llamáramos—apadrinó los esfuerzos por rescatar este género gráfico desde sus inicios el mismo 12 de diciembre de 1985, con la publicación de dos revistas: CÓMICOS en cuyo logotipo--original del maestro Virgilio Martínez--se ofrecía una doble lectura, pues podía leerse también COMICS en alusión al término en inglés de dicho género, tan difundido internacionalmente por la industria del entretenimiento yanqui.
La cosa funcionó, e inmediatamente surgió otra publicación periódica, la PABLO—esta trimestral--con igual formato y técnica, pero utilizando argumentos más conceptuales, entre los que se incluía la versión gráfico-secuencial de algunos de los cuentos escritos cincuenta años atrás por el propio Pablo de la Torriente Brau.
Dicha tendencia venía siendo aplicada por no pocos virtuosos del género a partir de los años setenta en Europa y otras partes del mundo como obra de autor, a diferencia de las ofertas de puro escapismo y divertimento, provenientes de la industria del entretenimiento yanqui; algo que ya venía preconizando la agencia Prensa Latina con la distribución de la revista de estudio C-LÏNEA y otra de carácter alternativo: ANTI-COMICS.
Aclaro: Dicha situación no tenía nada que ver con ciertas tendencias extremistas surgidas por aquellos tiempos, al calor de criterios obsoletos copiados del inmovilismo sovietizante, donde la historieta era considerada como “arte imperialista”.
Ese nuevo y audaz proyecto de la bisoña editorial chocó en los primeros momentos con otro escollo: La precariedad profesional existente en los cuadros alejados por otras causas; entre ellas el carácter cíclico de nuestras publicaciones periódicas especializadas en tiras cómicas, o por la reducción de los espacios en el periodismo cotidiano al desaparecer la publicidad, y con ella la lógica disminución de páginas en cada edición, si lo comparamos con las ofrecidas por la prensa burguesa de antaño sustentada en la promoción del consumismo suntuario.
El caso de la historieta era más grave aún, porque ocupaba un mayor espacio--varias viñetas en vez de la caricatura editorial con una sola imagen--esto provocó durante algún tiempo el éxodo de sus especialistas hacia otras actividades graficas más remunerativas.
Un buen ejemplo se produjo con la inmediata captación para este nuevo empeño de firmas tan prestigiosas y consagradas en la gráfica y el diseño como René Mederos, Rafael Morante, Muñoz Bachs; Jesús de Armas, y Francisco Blanco (hijo), entre otros muchos que “debutaron” entonces como historietistas.
Pero esto tampoco cubría el déficit, pues el hecho de poder contar historias de forma periódica y amena resultaba muy atractivo y necesario. Como editores, llegamos a la conclusión de que, para poder llevar a la práctica publicaciones con frecuencia semanal o quincenal y llenar sus espacios con material idóneo—conocido en el argot profesional como colchón editorial--requería mucho más esfuerzo y debíamos proporcionarle a los jóvenes talentos, la técnica idónea. Así surgió dicho taller dos años más tarde.
La aparición quincenal del tabloide EL MUÑE en 1987 fue el instrumento idóneo para dar a conocer aquellas firmas—hasta entonces desconocidas—pero que ya mostraban las uñas en un espacio altamente codiciado y competitivo, debido a la popularidad del género en nuestra población y la larga espera por el reencuentro.
En aquellos balbuceantes inicios tuvimos la suerte de que algunas personalidades de la cultura nos apoyaran, entre ellos el maestro Dr. Raúl Ferrer, avalado por su trayectoria indiscutible como pedagogo y poeta, quien fuera además vice coordinador de la Campaña de Alfabetización, Viceministro de Educación, y Presidente de la Campaña Nacional por la Lectura.
Pues bien, dejemos que sea él mismo quien nos hable de aquel Taller de Historietistas Aficionados que funcionó en la Casa de la Prensa a partir de aquellos años en una entrevista que le hiciéramos en 1988 en la Edición número uno del quincenario EL MUÑE, y cuyo título nos sirvió para encabezar precisamente esta semblanza.
En aras de la brevedad, solo publicaremos algunos aspectos de la misma:
 “…Creo una necesidad utilizar la historieta por su fuerza didáctica y por el gusto que despierta en la niñez y la juventud…Completa más la formación científica, técnica, y pedagógica; y proporciona cierta diversidad que la saca un poco de la monotonía de los mismos temas de la aventura por la aventura…”
--Al preguntársele sobre nuestras deficiencias, dijo:
“…No debo ser yo, sino ustedes los que la deben tener en cuenta, sobre la marcha, en un trabajo colectivo y crítico, donde vayan lavándose toda una serie de deficiencias pequeñas; por ejemplo, el recargamiento de las figuras, que en una historieta siempre es negativo por lo confuso… Pero para eso hay tiempo. Está la vida por delante. La historieta donde no debe ser defectuosa es en los contenidos, y ahí es donde ustedes están bastante bien…”
--¿Y desde el punto de vista estético?
“…La historieta, con su aparente liviandad y ligereza tiene una gracia que no puede soslayarse. Por ejemplo, a mi me preocupa mucho dónde está el texto, ¿en qué lugar se coloca el texto o el diálogo? Pero no sabría decir, porque hay toda una experiencia de parte de ustedes que saben hasta dónde va sicológicamente situado… Recientemente tomé no sé cual de las que ustedes publican, compré unas cuántas, las repartí y. ¿saben cuál fue la experiencia que tuve?... pues que a todo el mundo le gustó aquello y que no hubo nadie que me las devolviera. A todos le gustó, como si fuera un merengue…”
¿Qué le aconsejaría a un autor que se dedique a hacer historietas?
“…Un autor de historieta no puede ser solo el que haga unos muñequitos muy bonitos, sino que acompañando eso, completando eso, tiene que tener todo un sentido imaginativo, de verdad trascendente en cuanto a las opiniones que expresa, debe tener la virtud de saber narrar…Y el que está leyendo, supongo yo, tiene la obligación de mirar y leer, de leer y a a vez mirar la imagen. Y esa condición dual tiene que estar de tal manera preparada para que el interés no decaiga, pasando del dibujo al texto y del texto al dibujo. O sea, que exista entre ellas un equilibrio..”.
¿En qué manera la historieta puede ayudar a formar hábitos de lectura?
“…La lectura de historietas debe pretender, y creo que lo logra, que las imágenes no dañen el hábito de lectura, sino que lo estimulen, y pienso además, que la imagen es una forma de aprovechar una manifestación del arte para introducir las motivaciones en las cosas… La historieta tiene otra condición; esa de llegar, de popularizarse después que el artista trabaja en ella. Eso le da también a la historieta un alcance que no tiene el libro. Es más popular, es más penetrante, llega más al pueblo… Recuerden que nunca una obra de arte es ella sola. La obra de arte es ella más el que la contempla o disfruta. Entonces el hábito crítico sobre la obra de arte, da calidad al sujeto que la disfruta, para a su vez, percibirla mejor. No tengo dudas en lo que estoy diciendo…”
Hasta aquí una sucinta reproducción de aquella histórica entrevista que titulamos “Un maestro habla  de la historieta” para este mismo blog y en la cual calzamos el trabajo con la caricatura personal de Raúl Ferrer, a quien rendimos tributo este 12 de enero con motivo de su desaparición física hace exactamente 22 años: ¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE!

1 ago 2012

UN PILLO QUE NO PILLABA.

 












A veces sin proponérselo uno encuentra cada sorpresa que para qué contar. Con frecuencia recorro las páginas de mi incompleta colección de la revista SIGNOS, pues Feijoó siempre me depara alguna maravilla.
En el número septiembre-diciembre, 1980 leo: “…Dueñas nos envía una breve serie inédita de sus humorosos célebres presos. Nos avisa que el primer preso no tenía aún la bola,--de hierro encadenado, digo yo--  que apareció en EL SABLE. (agosto de 1967) Después, con bola siguió publicándose en BOHEMIA (Década del 1969-70) en la cual salieron alrededor de cien presos dueñísticos…”
He aquí algunos de ellos:
Un año antes, en el propio SIGNOS (enero-agosto,1979) nos anunciaba una especie de concursuelo honorífico de portadas para la revista, entre ellas estas dos, --una firmada por R.F.Retamar y la otra por el citado Dueñas,-- ahora proponiendo a un nuevo personaje débil-visual pero con tremenda luz larga. 
Por aquella época, al primero de esos personajes humorísticos tras las rejas, BOHEMIA le dio libertad condicional, para comenzar con el segundo, que adoptó el seudónimo de “No-Pilla”.
 
Afortunadamente para mí y los lectores de la revista, “No-Pilla” padeció esa enfermedad durante 14 años en su páginas porque aún no contábamos con la Operación Milagro, ni la cirugía de mínimo acceso
Aparte de estas identificaciones con el colega-caricaturista, también lo recordaba de vista por las actividades que celebraba en sus salones del Prado, la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, compartiendo charlas y cotorreos etílicos con el historiador, periodista y podólogo Rolando Aniceto.
Sin embargo, tuve que esperar hasta 1999 para que en el libro de éste último “Primeros en La Habana” publicado por Ediciones Nave de Papel, Quintana Roo, encontrarlos reunidos de nuevo, pero en otras circunstancias.
En el capitulo titulado “Primer Pintor” Aniceto lo comienza de la forma siguiente:
“…José Nicolás de la Escalera, ése fue el primer pintor conocido de La Habana y de Cuba. (…) Así me respondió el pintor y caricaturista Manuel de Dueñas. --Toma nota que te voy a hablar de Escalera y su obra--. (…) Son muy pocos los datos que han llegado de este primer pintor, sabemos que vivió entre 1734 y 1804. (…) Lo más importante A este artista se debe la primera obra plástica cubana en que aparece la representación de un hombre negro. (…) A mediados del siglo XVIII, un esclavo curó las dolencias de su amo con aguas medicinales del manantial de Santa María del Rosario, feudo de la familia Bayona. (…) En agradecimiento el hacendado se hizo pintar por Escalona, en unión de su familia y del esclavo. Este lienzo se utilizó como una de las pechinas de la Iglesia de Santa María del Rosario, conocida como la Catedral de los Campos…”

El interpelado reveló otras informaciones al autor del libro sobre los distintos lugares en que pueden encontrarse expuestas algunas de sus poquísimas obras, pero de inmediato agrega una curiosidad:
“…Si vas a escribir sobre el primer pintor cubano, creo que debes decir algo también de nuestro primer pintor de importancia: Vicente Escobar. (ambos afrodescendientes). De él se dijo que nació negro y murió blanco. (…) Creo que Cirilo Villaverde escribe sobre él en su “Cecilia Valdés. (…) El hecho de mencionarlo en la novela nos da la sólida reputación de que gozaba este pintor en la sociedad de su tiempo. Se ha dicho que Escobar pintaba a las personas de memoria y que le bastaba verlas una sola vez. De esta forma pintó a varios Capitanes Generales que pasaron por La Habana.(…) Su arte le permitió destacarse sobre la población de los llamados pardos libres de los que procedía. (...) Llegó a tener esclavos y se dice que fue el primer pintor cubano en viajar al extranjero y fue alumno de la Academia de San Fernando en Madrid. (…) Él conoció una época de desarrollo económico en el país y de la acelerada prosperidad de la burguesía criolla enriquecida con el ingenio y el cafetal…”
La fluída exposición fue interrumpida por Aniceto quien agrega:
“…Ahora recuerdo haber visto algunos cuadros de Escobar en el Museo Nacional de Bellas Artes. ¿Recuerdas la fecha en que nació?
--El cinco de abril de 1762. Responde de inmediato Dueñas y finaliza la entrevista agregando que falleció en la capital cubana en 1833, a la edad de 71 años, víctima del cólera. En cuanto al rumor de que nació negro y murió blanco, agrega:
“…Resulta que al morir, por estar casado con mujer blanca y ser pintor de la Real Cámara—como lo fue Goya--su defunción se inscribe en el Libro de Blancos...”
Tras la lectura de estos datos, yo me pregunto: ¿Quién es más historiador, si el conocido Rolando Aniceto o el autor de No-Pilla? El primero de ellos gentilmente me facilita el teléfono del segundo, y tras breve presentación comienza el interrogatorio telefónico:
--Dueñas, te llama Blanquito el caricaturista. Tengo 81 años y se me dificulta trasladarme hacia allá, por lo que te ruego me respondas algunas preguntas por esta vía.
--Sí, recuerdo haberte conocido, y te comprendo, porque si con 81 años tienes ese problema. ¡Qué diré yo con 83!
--De tu obra humorística, tengo suficiente información, pero esta nueva faceta tuya de historiador me sorprende.
--Pues no debía asombrarte, durante años colaboré con la sección “Perfilitos plásticos” en la revista BOHEMIA, de ahí que mis dos personajes  caricaturescos, fueran conocidos y publicados en la propia revista.
Sin embargo, mi supina ignorancia aún tenía dudas, pues de esos dos pioneros--ni de José Nicolás de la Escalera, ni de Vicente Escobar--se habla en la bien documentada y voluminosa obra  “La pintura y la escultura en Cuba” Impresa en nuestro país y publicada en tres idiomas como homenaje al 50º. Aniversario de la República (1902.1952).
Tal vez la omisión se deba al enfoque que en la obra se realiza a partir de la fundación de la Academia de Artes Plásticas “San Alejandro” en enero 11 de 1818, con un amplio despliegue a la obra de su fundador y primer director Juan Bautista Vermay; y las gestiones para su creación que corrieron a cargo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, destacando la importante labor docente y académica de la institución a lo largo de estos cerca de doscientos años.
Desprejuiciado de toda sutileza acudí a otras fuentes, y en mi ayuda acudieron algunos colegas y críticos que habían escrito en la prensa sobre estos pintores.
Por ejemplo. Luis Hernández Serrano, apoyándose en la entrevista al historiador de Santa María del Rosario Rogelio Hernández Pérez, bajo el título de “El renacer de la Santa María” había publicado en JUVENTUD REBELDE (3-2-2002), una simpática anécdota de la caída que sufrió el Obispo de Espada en 1804 al bajar del coche en una visita que hiciera a la fabulosa iglesia que él, deslumbrado, bautizó como “Catedral de los Campos de Cuba” y de la cual elogiara las cuatro pechinas de su cúpula, obra de José Nicolás de la Escalera.
Recordaba también el análisis hecho años atrás por Loló de la Torriente para BOHEMIA titulado “El trazo pictórico indígena y la expresión colonial” donde  se refiere al inicio de la escuela de pintura española en nuestro continente, y dice:
“… Estéticamente surgió bajo la influencia flamenco-italiana. Hay descuido en los tratamientos, contornos duros, dibujo indeciso, otros sin energía, y figuras vagamente destacadas en los claro-oscuros, sin luz, secos, y a ratos desvanecidos. Así los dibujos del primer artesano-decorador cubano (José Nicolás de la Escalera, fines del siglo XVIII y comienzos del XIX), o los retablos muy antiguos de la Iglesia de San Juan de los Remedios, y la galería que nos legó Vicente Escobar…”
Por fin hemos dado con la clave: No se trata de algún epíteto peyorativo ni discriminatorio, es el análisis de una manifestación cultural aún balbuceante, que recibió elogios, pero --según los críticos—no pasaba de ser artesanía-decorativa.
He aquí un buen tema para los estudiosos e investigadores.

26 may 2012

BOHEMIA: PIONERA DEL COMIC

Desde mi niñez, en la década del treinta del pasado siglo, el logotipo de la revista BOHEMIA  --entonces semanal-- era éste que aquí presentamos y que se mantiene hasta el día de hoy. Pero no fue siempre el mismo: Cuando nació hace 104 años, otro era su aspecto.
La nueva publicación a tono con esos intereses particulares de comienzos de siglo, daba cabida a los movimientos político-sociales del momento, a la naciente publicidad, y en sus portadas e ilustraciones surgían como por arte de magia, las maravillas del art noveau o más tarde del art decó. Pero sobre todo su título, BOHEMIA, extraído de una famosa ópera de Puccini, y su impronta en esa vida superficialmente fácil nocturnal y licenciosa, que respondía también a ese nombre bohemio, con un perfil nada parecido al actual.
El nombre BOHEMIA --pese su halo romántico-- le iba muy a tono con los tiempos de cambio  republicano, con una segunda intervención norteamericana, el desplome de un régimen monárquico-colonial caduco, y como lastre, una burguesía adinerada tratando de pescar en río revuelto de un desarrollismo industrial típicamente yanqui.
Éstas y otras observaciones salieron a relucir en una reciente conversación con su actual dirección a propósito de solicitar los servicios de sus archivos.
Por este medio damos las gracias a esas gestiones que nos abrieron las puertas de su colosal memoria histórica; pero la motivación venía desde mucho antes, debido  al dato que me suministrara el maestro de la plástica Pedro Pablo Oliva con motivo de una visita que hiciéramos hace unos años a su coquetona casa-taller de Pinar del Río.
Fue entonces que el pintor me demostró ser también un febril coleccionista, además de un  fan, a los comics. Allí me enseñó algunos bien conservados volúmenes de la  revista para, a continuación, preguntarme quién era el dibujante estadounidense que realizó historietas en aquellas primeras décadas de Bohemia, mientras con el dedo índice me mostraba su firma al pie de una de las viñetas: Peter Relav.
Por entonces, bajo la influencia de los comic-strip yanquis, la historieta en Cuba era  una especialidad en pañales, con indecisos intentos por crear personajes y argumentos autóctonos, hasta entonces solo abordados políticamente en tiras sueltas a finales del siglo XIX  por Landaluze primero y Torriente después. Por eso aquella firma en una serie típicamente costumbrista, y personajes típicos de La Habana a comienzos del 1900, resultaba una incógnita para ambos.
Pude descubrir el misterio poco después gracias a una broma: Cumplía yo mis 75 años de edad y confesaba tener solo 57 cada vez que me miraba en el espejo. En esos “reflejos” recordé el seudónimo aparentemente extranjero de Peter Relav y surgió entonces la imagen de Pedro traducido al inglés, y Relav escrito a la inversa, es decir Valer.
Por tanto, se trataba sin lugar a dudas de Pedro Valer, pintor, dibujante, y fundador de la revista, en activo  por más de 50 años. A quien durante mucho tiempo se le decía allí cariñosamente Don Pedro hasta su fallecimiento a fines del pasado siglo.
Volvamos pues a los archivos para reconocer su extensa obra como caricaturista e historietista. En el grueso volumen en poder del pintor pinareño, correspondientes a las revistas  de 1916-17, aparecen a lo largo de sus 104 semanas, la serie de tiras cómicas que variaban en extensión y formato, como también en los enunciados, pues lo mismo se encabezaban con el título de “Buscando oficio a Pepito”, como “Aventuras de Pepito y Rocamora”, “Aventuras de Rocamora”, o individualizándolos,  en el caso de “Rocamora” a secas o “Pepito” igualmente.
Esa misma indefinición se nota en la extensión innecesaria de los textos, y en la línea del dibujo un tanto balbuceante aún, y hasta en el entintado, unas veces a plumilla, y otras intentando grises de fondo con aguadas.
Pero lo importante es que ambos personajes: Pepito, un niño blanco y precoz, actuaba como contrafigura cómica de Rocamora, el negro adulto que luchaba por la supervivencia en un escenario “habanero” hostil, quien por lo general, al final de cada episodio salía mal parado. A veces se incorporaba un perrito manchado al que llamaban Trivilín.
Continué ahora estas pesquisas en los archivos de BOHEMIA durante el año 1918. Las imágenes que ofrecemos corresponden pues, precisamente a esta etapa, donde vemos la presentación de los episodios, su extensión en seis cuadros por capítulo, que se desarrollan en dos páginas, menos ésta otra desplegada en una sola.
Como semblanzas de actualidad, frecuentemente se abordaba el tema del impacto que se reflejaba en Cuba sobre la guerra  ya agonizante, pues la política editorial de BOHEMIA estaba fuertemente ligada a la divulgación de la misma, incluso su director Miguel A. Quevedo (padre), encabezó una campaña por la adquisición de submarinos para la Marina de Guerra Cubana. Mis pesquisas sólo llegaron hasta ese año, y según presumo, continuó publicándose después aunque no me consta. Tal vez algún otro curioso investigador pueda contarnos en el futuro cual fue el final de “Pepito y Rocamora”…Perdón, y Trivilín, tú también.