El 17 de febrero de 1894 el Teatro Apolo de Madrid estrenó “La verbena de la paloma”, que desde ese mismo momento marcó un hito en la producción del musical español. Tal vez el éxito de la pieza se deba al estribillo que aún en la actualidad sigue tarareándose, y que dice así: “¿Dónde vas con mantón de manila?” Si se fijan bien, la palabra manila está escrita con M minúscula aunque se refiera a la capital de Filipinas.
La piña no se conocíaantes del descubrimiento del Nuevo Mundo. Dicen algunos historiadores que la fruta fue hallada casualmentedurante la colonización de Centroamérica por una patrulla de reconocimiento a caballo la cual al atravesar la maleza sufrió unos pinchazos, y abriéndose paso con sus espadas un embriagador aroma los envolvió entonces invitándolos a degustar la vistosa fruta. Fueasí como la identificaron en la actual Costa Rica, y conocidos sus efectos la encontraron también en territorios aztecas, mayas y antillanos:
“…Los galeones españoles cargaron en 1580 los primeros ejemplares de este fruto rumbo alas Islas Filipinas, lo cual propició allí la introducción de un nuevo renglón económico favorable al enriquecimiento de la Metrópolis, pues los aborígenes empezaron a venderla en el Medio Oriente, Malasia y la India gracias a la habilidad de los nativos de las islas del Mar Meridional de China en Oceanía, para tejer finos lienzos con las fibras de la Reina de las Frutas…”
La paloma del cuplet no sólo voló más tarde a las Antillas, sino que vino cubierta conel dichoso mantón (Made in Filipinas) en una época en que el teatro era la principal actividad cultural de la capitalhabanera.
Coliseos como el Irijoa donde se celebró la Asamblea Constituyente de 1901, y diez años más tarde tomara el nombre de nuestro apóstol Martí, el Tacón, y el Payret, entre otros. En uno de ellos, elMolino Rojo, de la calle Galiano, donde después se construyera el Radio-Cine, debutó por entonces una cupletista de cara linda, llamada Consuelo Portela. A falta de otras cualidades artísticas,Consuelo se consolabacon un cuerpo fenomenal el cual cubría con un lujoso mantón de manila, mientras lanzaba al aire, a veces ingenuos y a veces picantes cuplets.
El repertorio de la Chelito –nombre de guerra de la vedette—no era muy extenso, pero generalmente lo terminaba con unagraciosa tonadilla, mientras buscaba una pulga que la atormentabaa la hora de dormir, y lahacía saltar de su confortable lecho en deshabillé.
Una noche, acaso por casualidad, o por encargo del empresario hambrientode taquilla, unade las cintas que sujetaban la prenda de dormir se zafó. A partirde ese momento, aquel detalle fortuito o no, quedó adherido alcuplet como un apéndice, y la pulga ganó en protagonismo.
A fines del siglo XX, en ese mismo teatro de la calle Galiano, que hubo de tomar el nombre de Radio-Cine, pudimos apreciar a una de las más famosas artistas del séptimo arte español, la sin parSarita Montiel, nada menos que en la cinta “El Último Cuplet”, a la salida delcine pasó por mi lado un perro callejero que imitando a la Chelito, trataba de librarse de otra pulga, tan molestacomo la que se convirtió en estrella del género bufo a comienzos del SigloXX.
De ahí el título de esta crónica. LA ÚLTIMA PULGA Y EL ÚLTIMO CUPLET.
Tal vez muchos no se expliquen en la actualidad algunas cosas del capitalismo en nuestro país. Tiempos de “tanto tienes, tanto vales”, con un abismo insalvable entre los poderosos y los miserables.
Pero también existían seres extraños: Los románticos, los soñadores; esos que se consideraban: “Pobres, pero honrados”. Entre esta rara especie de la fauna capitalina a mediados del pasado siglo, ubico mis sueños de primavera.
Sólo así se explica que durante más de quince años dibujara de forma gratuita creyones deportivos en la prensa nacional, por tal de ver mi obra reproducida. A esta rara especie se nos señalaba como individuos que trabajábamos “por amor al arte”.
La crónica de hoy, aborda a uno de esos personajes que el destino puso en mi camino, y que me ganó por amplio margen el sacrificio de dar a conocer su obra a despecho de los intereses económicos. Es decir: “Por amor al arte”.
Su nombre: Alberto Yáñez.
Su edad: unos diez años mayor que yo.
Su afición: Por las letras en general, y el fútbol en particular.
Su carácter: Bromista por excelencia.
Su actitud: Cumplidor en extremo.
Su oficio: Trabajador bancario.
Su huella: Una familia a imitar.
¿Lo recuerdan? Escribimos de él en respuesta a la incógnita de las curiosidades deportivas que publicamos enmascaradas durante todo el pasado año, bajo la firma de (A.Y.)
Nos conocimos en la redacción del periódico “El Mundo” a mediados del pasado siglo, cuando yo era operario de linotipo y colaborador gráfico del diario. Todos los lunes Yáñez iba a entregar la reseña de los partidos de balompié que dominicalmente se celebraban en el estadio de “La Polar”. La sección se titulaba “Rodando el Balón”, pero aparecía calzada con la firma de Ernesto Azúa, titular de dicha página deportiva.
La vocación por el fútbol, donde había hecho sus pininos el joven Alberto --de donde le venía el apodo de “Tobita”, lo impelía a ese sacrifico,”por amor al arte del deporte” compensado ampliamente por la satisfacción de saber que el verdadero autor era él, aunque el mérito se lo adjudicara un aprovechado burócrata.
Su constante deseo de superación y su prodigiosa iniciativa lo impulsó a proponerme que colaborara en el mejoramiento de dicha crónica.
-¿Cómo? Le pregunté.
–Tú me dibujas varios futbolistas en distintas posiciones y yo mando a hacer cuños para reproducirlos con un gomígrafo sobre el papel donde previamente esté representada el área chica donde esté situada la portería. De esta forma puedo reproducir gráficamente el gol decisivo.
Tal vez en los archivos de nuestras hemerotecas quede constancia de esa propuesta, que hoy resultaría increíblemente artesanal con los actuales medios digitales disponibles. Que yo recuerde, nunca antes, ni después algún cronista utilizó método tan gráfico para reflejar la jugada decisiva del partido.
Locuras como esa se le ocurrían a menudo. Por eso cuando en 1961 se creó la revista deportiva “L.P.V.” Yáñez y yo formamos parte del staff fundador. Entre otras cosas creamos una sección fija de humorismo titulada “Garabatos Deportivos”, donde surgió mi primer personaje cómico “Hiperbolo”, --una especie de super atleta, que de tanto exagerar hace ridiculeces--. Él como escritor, y yo ilustrando sus trabajos formamos una química especial, que duró tanto como la propia publicación.
Entramos a “Palante y Palante” juntos. Con la diferencia de que yo pertenecía a la nómina del semanario y él lo hacía de nuevo “por amor al arte”. Durante más de 25 años colaboró gratuitamente con enjundiosos trabajos deportivos, críticas y crónicas costumbristas. Pero si algo dejó como un legado fue su impronta reflejada durante años en la página de entretenimientos. Soy testigo de primera mano en que jamás incumplió el cronograma de la publicación, ni percibió un centavo por ello.
En mi modesta opinión sentó pautas pues quiso distanciarse de los manidos Crucigramas tan buscados en el resto de las publicaciones. Se apoyó en otros atractivos más originales como: Charadas, adivinanzas, problemas matemáticos, y hasta trucos de magia, lo que provocó en cierta ocasión una reprimenda de algún que otro prestidigitador al verse desprestigiado.
Otra anécdota de su personalidad contada por él mismo:
“Nos habíamos mudado para uno de los apartamentos de la Habana del Este; yo trabajaba en un banco de la Habana Vieja, y diariamente iba a la hora del almuerzo a la casa. En una ocasión llamé por teléfono a Nena, mi esposa, para avisarle que saldría en ese momento para la casa. Tras colgar el auricular ella se dirige rápidamente a la cocina para preparar la comida, y antes de llegar recibe tremendo susto pues me le aparecí de repente. La había llamado desde la tienda en los bajos del edificio”.
Su jubilación primero, y la mía años después, separaron el vínculo profesional, pero no el personal pues era visita frecuente a su nuevo hogar en la calle 19 del Vedado, donde lo visitaba asiduamente.
Increíblemente jamás pude plasmar la imagen de Alberto Yáñez en una caricatura personal con la cual quedara satisfecho; sin embargo Alberto Enrique Rodríguez (Alben), quien por lo general ilustraba la sección de Évora Tamayo “Con Permiso de…”, plasmó este genial retrato del tocayo, como apoyatura a su autobiografía breve titulada “Frente al Espejo” y que se reprodujera en el libro “25 años de humor en Palante” de 1986.
De Nena, su esposa, de Albertico y Mirtica sus hijos, y de su perra Penélope les informaremos en la próxima edición, pues constituyen en su conjunto una familia para recordar.
Colocamos pues el balón de la incógnita en el centro del terreno, para que sean sus propios herederos-protagónicos, quienes hagan el saque en este nuevo partido, que promete ser mucho más interesante que el que acaba de concluir.
Por ello tampoco cobraremos nada: En honor a Yáñez también será, por amoral arte. …Como en los cómics… (Continuará).
Tras las felicitaciones por la celebración de las fiestas de Fin de Año, y rebasar la barrera de la tercera edad, para este bebito 2011 que acaba de nacer, he prometido corregir mis pecados, --que es tanto como decir--, mis errores. Uno de ellos es la supina ignorancia alimentada a diario por la lectura de quienes sabían más que yo, como el viejo Sócrates. De ahí que el primer tema sea el de los gitanos, el cual presento a ustedes, con el ruego de que todas las lagunas que hallen por el camino, me sean rellenadas con el chapapote de la sabiduría colectiva, que es la viable.
Entre las noticias que ocuparon cintillos de los diarios durante los últimos meses del pasado año,--muy pocas agradables—me sorprendió una por lo inusitada. Decía más o menos como sigue:
“Persecución y deportación masiva de gitanos a sus países de origen por el gobierno francés”.
¿Pertenece o no el país galo a la UE --Comunidad de naciones con moneda única, que permite el libre movimiento de sus ciudadanos entre ellas, respetando idiomas, credos, costumbres y símbolos patrios en igualdad de condiciones?
Ante las dudas, acudo a mi viejo diccionario de origen francés “Pequeño Larousse Ilustrado” editado por B.A.B.E.L. de Buenos Aires, hace aproximadamente unos 60 años, y choco allí con la siguiente definición:
“GITANOS: Raza de vagabundos que parecen proceder del norte de Italia y se han esparcido por toda Europa…”
Calificativo un tanto peyorativo muy acorde a los lineamientos de la actual política del gobierno galo con tufo a nacional-socialismo europeo de aquella época. Recordemos que durante la Segunda Guerra Mundial, las comunidades gitanas del protectorado nazi recibieron igual tratamiento que las hebreas, y el exterminio lo compartieron por igual, bajo el odio a sus dos símbolos aquí representados:
“La Estrella de Judea, y el Triángulo Marrón gitano invertido, y cosido a su ropa con que millones desfilaron hacia los crematorios del holocausto.”
Parece que la persecución étnica de unos y otros se pierde en las tinieblas de la historia. El pueblo de Judea por lo menos pudo contar la suya en el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero los gitanos no tienen siquiera Biblia que los bendiga. Dicen, y no son mentiras mías, que aquellos primitivos parias de tez oscura fueron rechazados de la antigua India por impuros o intocables. Así era de exclusivista el Brahmanismo hindú.
Aunque entonces no explotaban bombas inteligentes ni los atacaran aviones sin piloto, el pueblo gitano tuvo que pasar lo suyo al atravesar todo el Medio Oriente en un éxodo tan penoso como el de sus iguales hebreos, con el inconveniente de que no se les abrieran las aguas del Mar Rojo. No sabemos tampoco si sufrieron las siete plagas de Egipto, pero de que estuvieron allí no hay duda alguna porque:
“Cuando llegaron aquellos indocumentados a Europa, fueron identificados por una pigmentación un poco más oscura que lo permisible para la época. En Grecia se les calificó de “negros como los etíopes”, --por tanto egipcianos, gypsies o gitanos—“.
Con ese nombrete a cuestas llegaron a España, donde un rey benévolo y unas leyes tolerantes les permitieron no ser molestados durante algún tiempo, sobre todo al sur, en las calientes tierras andaluzas. Pero la dicha dura poco en tiendas de campaña, y aquellos peregrinos famosos por su vida nómada siempre a caballo o en carromatos, viviendo de oficios artesanales, y capaces de adivinarle el futuro a cualquiera, no pudieron vislumbrar el suyo propio, y tras implantar una especial sabiduría al son de la jota y el fandango, tuvieron que irse con la música a otra parte.
De ahí que se esparcieran por Europa, esa cultura echó raíces en Flandes (el norte franco-belga), y se extendió como la verdolaga a todo el continente. Es en su parte más oriental y eslava donde se ha mantenido por más tiempo, Bulgaria, Hungría, Eslovaquia, etc., pero a cada país le tocó su cuota, por eso no me extrañase la intolerancia aria de los nazis, o la intolerancia actual en la Europa moderna.
En cuanto a Francia, el estatuto jurídico de los gitanos data del 3 de junio de 1960:
“Por ley se crea una libreta especial de circulación para quienes ejercen regularmente una actividad profesional, y un carnet de circulación para quienes –franceses o extranjeros--, no ejerzan regularmente una actividad comercial, artesanal, o industrial, y no pueda justificar unos recursos normales. Este documento requiere un visado mensual”.
Tal vez esta regulación explique un tanto, las irregularidades en la actual situación migratoria de los gitanos en el área euro.
Esperamos pues que en este 2011 no haya que acudir a cartomántico, oráculo, horóscopo, acertijo, adivinanza, o pitonisa, que les eche las cartas, o les lea la buenaventura a los gitanos en sus propias narices, y que les permitan ejercer el multioficio donde mejor les convenga, que lo hagan dentro de lo permisible por la ley, y que juntos podamos –como se estila en Cuba--, pedir una bullita flamenca ¡oleeeeeeeeeé!
Hasta aquí mi descarga.
¿Es compleja o no esa indescifrable mezcolanza étnico-cultural de pitonisas, caldereros, nómadas, gitanos, flamencos, ciudadanos del mundo, afro-descendientes, mulatos, mestizos, en fin, la suma de todos los emigrantes que en el mundo han sido?
Al calor de este trabajo, hemos podido aclarar algunos aspectos:
A) El holocausto ejecutado por los nazis, aunque mayoritariamente judío, --seis millones--, cayeron también 800,000 gitanos, --considerados impuros--, junto con homosexuales, enfermos, discapacitados, dementes, etc.
B) El 3 de agosto de 1944 –conocido como el zigeunernach, todos los gitanos que quedaban en el campo de concentración de Auchslizt, en Polonia, fueron llevados a las cámaras de gas.
C) Otra clasificación nazifascista regulaba que la mezcla de alemanes arios y otras etnias, fueran atendidos según el grado de parentesco, de ahí que fuesen considerados de primero o segundo grado de consanguinidad. Reinhardt Heydrich el dirigente de las SS conocido como “El Carnicero de Praga” era un mischlinge en segundo grado, dossier que fue celosamente ocultado por sus superiores nazis.
Acepto sugerencias: Suena el silbato y el balón está en el centro el terreno. Corresponde a ustedes el saque inicial para anotarse el primer gol contra mi ignorancia.
En lo particular, el año que estrenamos no podía ser más promisorio desde el punto de vista profesional. Abre el almanaque del 2011 con una exposición de mi autoría que titulé “Bohemios de Bohemia”, en el vestíbulo mismo de la publicación.http://bohemia.cu/2011/01/05/cultura/exposicion-blanquito.html Para una revista, centenaria por su edad, y antológica por sus contenidos y firmas, nombrar la muestra de esa manera puede parecer ridículo de mi parte, pues solo cuenta con 19 caricaturas en un solo trazo, cuando las personalidades que aportaron su talento a raudales en ella suman cientos o tal vez miles.
La instantánea que acabamos de ofrecerles, tomada por el fotoreportero de la publicación Rafael Torres Escobar, una vez terminada la presentación de la muestra por el colega Víctor Manuel González, éste se dobla desmollejado de la risa por la jocosa felicitación del director de Bohemia José Fernández mientras se funde en un fraternal abrazo con el autor de la exposición.
En esta otra secuencia hemos querido ofrecer a nuestros vecinos cubanos que no pudieron estar presentes, y a los que comparten este blog por Internet, todas y cada una de las caricaturas allí presentadas:
Pero hay un caso en especial al que me siento deudor. En primer lugar porque la persona omitida compartió conmigo muchos años de bregar por las sendas del humorismo criollo, ya en Bohemia, donde durante mucho tiempo escribió la sección “Brochazos” como en Palante donde era asiduo colaborador.
Pues bien, tal vez el nombre Ramón Guerra González, no les diga mucho a ustedes, pero si agregamos que se trata del periodista, costumbrista y humorista Mongo P. ya es otra cosa.
Nació en la Villa Roja, o del Humor de San Antonio de los Baños hace más de 90 años, sin embargo, este humorista de pura cepa recibió el título de Primer Hijo Adoptivo de Bauta, por residir casi la mitad de su vida en Playa Baracoa.
Confieso que la sección “En Pocas Palabras” de este blog particular, debe haber heredado algo de su impronta pues así se llamaba también la saga que periódicamente publicaba para la Bohemia con materiales de entretenimientos dirigido a todas las edades.
Mongo P. abandonó este valle de lágrimas en su querida Bauta el 13 de enero, hace un par de años, y en la nota de despedida que el colega Héctor Arturo le dispensara en Palante días después cuenta:
“…Tuvo el privilegio de ser uno de los fundadores de la Bodeguita del Medio y conocer allí a cientos de personalidades de medio mundo, entre otros a Salvador Allende, Nicolás Guillén, Ernest Hemingway, Bola de Nieve, Víctor Manuel, y varios más… La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, por parte de su director, Eusebio Leal entregó a Mongo P. el título honorífico de El Último Bohemio...”
Indagando sobre el caso, recientemente dirigí mis pasos a “La Bodeguita del Medio”, en la calle Empedrado y al revisar las instantáneas que cuelgan de sus paredes hasta el techo, constaté que no estaba la que yo requería. Entonces fui gentilmente atendido por los compañeros Sonia, Manolito y de turno ese día. Por ellos supe que en las bodegas de la “Bodeguita” se acumula un archivo de fotos enorme, y me aseguraron de haber visto en él la fotografía tomada a sus fundadores Mongo P. y Martínez, --muy jóvenes ambos--, hace cincuenta años por lo menos.
De aparecer el documento, prometo ofrecérselo en el futuro a ustedes.
Esa es la deuda a que aludíamos en el encabezamiento del trabajo. Si alguien debía haber estado incluido en la exposición “Bohemios de Bohemia” era el último de los mohicanos, nuestro querido Mongo P.
Siempre consideré a José Guadalupe Posada un artista incomparable. Hace 80 años se editó un libro sobre la obra del destacado creador, considerada como la primera presentación del pintor y grabador ante el mundo artístico. Acompañaba el volumen, un texto del muralista Diego Rivera, del cual extraemos unos breves párrafos:
“…Posada. La muerte que se volvió calavera, que pelea, se emborracha, llora y baila… La muerte como caramelo de azúcar, la muerte que engolosina a los niños, mientras los grandes pelean y caen fusilados, o ahorcados penden de una cuerda… La muerte parrandera que baila en los fandangos y nos acompaña a llorar el hueso en los cementerios… La muerte que es, en todo caso, un excelente tema para producir masas contrastadas de blanco y negro… Seguramente ninguna burguesía ha tenido tan mala suerte como la mexicana, por haber tenido como relator justiciero de sus modos, acciones y andanzas, al grabador genial e incomparable: José Guadalupe Posada…”
La interpretación satírica de la muerte en el país azteca por José Guadalupe Posada lo llevó a planos estelares en la gráfica y el costumbrismo de su país y del mundo. Nace el artista en Aguascalientes el 2 de febrero de 1852, y un primero de enero, seis años más tarde, otro grande del humor azteca, Daniel Cabrera, ligado con él por la historia y la afición, ve la luz en Zacatlán:
En cierta ocasión ambos coinciden en la revista satírica “El Ahuizote”.
Pero dejemos que hablen los que más saben:
Según el colega Eduardo del Río, en su libro “Un siglo de caricatura mexicana”, esa especialidad gráfica en su país es tan antigua como el Bicentenario de nuestras luchas independentistas. En ella RIUS manifiesta que aunque en 1812 ya se editaban en México la revista satírica “El Juguetillo” y en 1826 el periódico “El Iris”, no existen copias de esas publicaciones.
Posada por entonces ya se había consagrado como grabador ilustrando corridos, adivinanzas, anuncios y hojas volantes críticas o publicitarias de todo tipo para el editor Vanegas Arroyo con sus calaveritas, y hasta con “Don Chepito Mariguano” –un viejo loco, calvo y hasta medio cegato— considerado el primer personaje de historietas autóctonas, aunque desde el punto de vista formal eran solo ilustraciones, no viñetas secuenciales.
Pues bien, durante aquella convulsa época de la revolución mexicana con sus altas y bajas surgían publicaciones donde primaba la crítica político-social. Todo parece indicar que el personaje ahuizote viene del náhualt (agua-espina), y así se nombra la nutria o perro de agua, pero en lenguaje figurado, el pueblo identifica al ahuizote como un personaje que molesta continuamente. Lo que el cubano definiría como una jejendilla –mitad jején, mitad ladilla--.
Dicen, y no son mentiras más –como diría cierto comentarista de nuestra televisión---, que la primera publicación con ese nombre “El Ahuizote” tuvo el apoyo de Porfirio Díaz contra la intención reeleccionista de Lerdo de Tejada, pero en cuento ascendió al poder, el propio dictador lo clausuró por “rezongón”.
Veamos que nos dicen Juan Manuel Aurrecoeche y Armando Bartra, autores del libro “La Historia de la historieta en México” (1974-1934).
“…Desde la guerra de independencia y hasta el segundo gobierno de Porfirio Díaz, la prensa política es un manifiesto perpetuo, un eterno llamado a la ciudadanía en nombre de los más diversos proyectos de nación. La crítica se apoyó en numerosos personajes satíricos. El Ahuizote es quizá el más consistente de ellos. Desde 1874 la publicación “El Ahuizote”, se ensaña con Lerdo y más tarde apoya el Plan de Tuxtepec animado por Porfirio Díaz. Pero once años después, su heredero “El Hijo del Ahuizote” de Cabrera, se constituye en el azote del incipiente dictador. La represión porfirista obliga a cambiar los nombres y sustituir a los responsables. Pero el espíritu de los ahuizotes se mantiene y surge de nuevo de la mano de Cabrera “El Ahuizote Jacobino…”
“El hijo del Ahuizote” de 1885 según el machón, se calificaba como:Semanario de oposición feroz e intransigente con todo lo malo. Fundador, director, y propietario: Daniel Cabrera. Calle de Cocheras No. 3. Apartado 421.
La osadía de este Daniel el Travieso le costó cara pues cayó preso más de cien veces, hasta que Don Porfirio Díaz no aguantó más y en 1903 el dictador ordenó la destrucción de dichos talleres, y claro, metiendo de nuevo al dueño en la cárcel.
Cabrera cumplió la condena con dignidad, y al salir en libertad, funda junto con su equipo otra revista llamada “El Colmillo Público”, clausurada también por el porfiriato. Perro huevero, el humorista crea otra peor: “El Ahuizote Jacobino” que le valió nuevas prisiones al dueño y a su personal.
Pero informaciones recientes me indican que el ahuizote pica y se extiende porque en el transcurso de toda esta época existieron publicaciones similares no solo con el título de hijo del ahuizote, sino también hubo padre, el nieto, ý el biznieto del ahuizote.
Como ven, la genialidad de Guadalupe Posada, demostrada desde su debut en “El Jicote” de Aguascalientes, la posterior colaboración con “Gil Blas Cómico”, “El diablito rojo”, el ya nombrado “El Ahuizote””, y con sus antológicas calaveritas, incluyendo a la Catrina o calavera de la cucaracha, puede emular perfectamente con la persistencia revolucionaria de su coetáneo, el tozudo Daniel Cabrera.
Como nota curiosa podemos agregar que en este afamado taller, se publicaron los Manifiestos No. 1 y No. 2 del 26 de julio durante el exilio en México del Dr. Fidel Castro y sus compañeros que un año después vinieron a Cuba en el yate “Granma”.
José Guadalupe Posada falleció en la Ciudad de México hace exactamente 98 años en este 20 de enero de 2011.
Pero parece que el tal Ahuizote es inmortal porque buscando información en internet, nos tropezamos con el sitio http://www.elahuizote.com.mx/ por lo que parece que habrá Auhizote
En la pasada edición prometimos la sustitución de la serie “Cualquier tiempo pasado fue…” por una nueva que tratara facetas del costumbrismo cubano desde la óptica astigmática de un octogenario. De ahí que proponemos titularla “Cuando yo era chiquitico y del mamey”, en memoria de una vieja guarachita que me aprendí por la radio siendo niño, pues por entonces no teníamos tele. La pieza se titula “El Marañón” y dice así:
“Cuando yo era chiquitico y del mamey,
Y del mango me chupaba la semilla.
Ahora que soy marañón.
Marañón aprieta la boca…
El tiempo de los bobos se acabó…”
Pegajoso y curioso estribillo por lo absurdo, según mi criterio de primaria. Pero… ¿Conocíamos bien qué era el marañón?... ¿Lo saben las nuevas generaciones?...¿Y de mis queridos vecinos del viejo continente, qué?...
Según el vulgo, se trata de una fruta que tiene la semilla por fuera.
Según la definición del sabio naturalista cubano Juan Tomás Roig en su diccionario “Plantas medicinales, aromáticas o venenosas deCuba”. – Editado por la Editorial Científico Técnica, Tercera Edición, 1989: El marañón es otra cosa:
En primer lugar, lo que vulgarmente se conoce como semilla es precisamente el fruto. Un pedúnculo que produce aceite de cardol, de uso medicinal como gran parte de la planta, pero peligroso para los ojos y la cara al calentarse en su cocción.
En cuanto a su origen: Es tan autóctona como los taínos y siboneyes, pues presenció la llegada de los conquistadores desde los bosques orientales. El marañón también vive en las Antillas y parte del subcontinente, pero con distintos nombres. A saber, Canjil en Venezuela, Pajuil en Puerto Rico, Jacote en Guatemala, Merey en Colombia, Cacahuil en República Dominicana, Cajueiro en Brasil, y hasta en otros idiomas como Cashew nut en Antillas inglesas y Noix d´acajou en Antillas Francesas.
Hecha la aclaración, pasemos a ofrecerles el primer trabajo titulado:
TRENES SIN RIELES Y POMPAS SIN JABÓN.
Desde que el primer tren cubano traqueteara entre La Habana y Bejucal, el 19 de noviembre de 1837, --once años antes que en la Metrópoli--, miles de ellos han circulado sobre rieles en nuestro país hasta el día de hoy.
De ahí que, siendo niño, allá por el machadato, empecé a extrañarme de que hubiera otros trenes bien distintos. Pondremos solo tres ejemplos. El tren de lavado, el de pompas fúnebres, y el tren de cantina. Como verán se trata de trenes sin rieles y pompas sin jabón.
En primer lugar abordaremos los trenes de pompas fúnebres:
Lo que hoy es un servicio gratuito, entonces era un buen negocio,a tal punto que no pocos libretistas del “Alambra” bautizaron sus establecimientos funerarios como “La Bien Pagá”.
La cosa no era tan tajante: En la vida real todas las funerarias, contaban desde el más modesto servicio funeral hasta capillas de lujo, donde se sacaba pasaje para el más allá al compás de marchas fúnebres y aire acondicionado en el sarcófago.En época de la corneta era peor, pues los magnates de cuello duro, leontina y guanajita echada, alquilaban lloronas y plañideras, con las que el velorio se convertía en teatro.
Pasemos pues, a otro tren, más nutritivo:
Se trata del tren de cantina: Por lo general eran “paladares” ambulantes. O sea, te llevaban la fonda a la puerta de tu casa. Estos trenes eran tripulados por amas de casa, con muchos vejigos que alimentar. Su único defecto era que se excedían con la sal, porque en la bodega te la daban como ñapa.
Sin embargo, hay que reconocer que hacían maravillas con los fogones de carbón. Además, reciclaban la ceniza para la caca del perro del vecino, que le hacían –y todavía hacen-- la gracia en la puerta de la casa, lo cual era funesto para un establecimiento gastronómico que se respetara.
La dueña del negocio, cuando no tenía un familiar joven a mano,alquilaba un mensajero, capaz de resistir la infantería diaria bajo el sol. Este servicio debía respetar los horarios de almuerzo y comida, competiendo en exactitud con los itinerarios de los otros trenes. Es decir: los que salían de la Estación Terminal.
El condumio era trasladado en cantinas consistentes en una percha de donde se colgaban tresdepósitos metálicos, precursores del actual “microwave”, donde viajaban calienticos, por orden de llegada: El entrante, el plato fuerte y el postre. La sopa casi siempre aguada, el arroz casi siempre blanco y los frijoles: ¡Cuidado con algunos clientes que cuando se le hablaba de frijoles respondían!:
--¿Negros?...NI los zapatos.
Hemos dejado para el final al tren de lavado. Un invento asiático, capaz de competir en precios y eficiencia con la más sofisticada tintorería del patio. Se establecían en casas de puntal alto con varios cuartos donde se apiñaban decenas de jóvenes que saludaban con una reverencia y –un:
--¡Bueno lías! ¿Qué tu quiele pa mi?
Sin lugar a dudas eran emigrantes del Lejano Oriente a los que todo el mundo llamabaChino Manila, y ninguno era filipino.
Aquello funcionaba como una cooperativa de solteros sin hora de apertura, de almuerzo, cambio de turno, o cerrado por inventario. La atmósfera del local siempre estaba impregnada de olor a lejía, y el vapor que emanaba de las planchas de carbón. Tal vez por esa razón, se preservaban entre semana para salir el domingo en pandilla hacia la zona de tolerancia del barrio chino, donde condonar tanto vapor acumulado.
Nadie cobraba tan barato el servicio, ni dejaba la ropa tan blanca como ellos. Eran expertos en planchar las guayaberas de hilo y dejar los cuellos de la camisa bien almidonados. Hoy morirían de hambre con tanto pullover negro, a pesar del calentamiento global.
No se les perdía una pieza entre cientos de ellas. Imagínense identificar los calzoncillos matapasiones, todos iguales, todos blancos, todos de hilo. Y es que su método era infalible: Utilizaban caracteres indescifrables chinos,con tinta china, en lugares tan íntimos y remotos como la propia China. Todavía debe haber alguno por ahí con la marca del Zorro.
Otro método infalible para que no se les extraviara una pieza, era ponérsela difícil a los cacos, porque la ropa en el tren de lavado era colgada en sus respectivos percheros, por lo menos a tres metros del piso. Las varas que ellos utilizaban de día eran escondidas de noche, y siempre había un perro cuidando para que no las utilizaran.
A veces añoro el comercio chino de antaño como la fonda o el puesto de frutas del barrio, donde la vianda se beneficiaba en horario extracurricular para amanecer flamante en el viandero, las crujientes chicharritas y las majúas náufragas en aceite hirviente, los bollitos de carita, los helados naturales sin leche, que se reciclaban antes de que se echaran a perder, hechos in situ con sorbeteras. Como ven, son muchos los servicios que se han perdido, y con el auge del trabajo por cuenta propia, tal vez podamos resucitar algunos. Siempre que sean para abaratar costos, mejorar ofertas, y desinflar plantillas… ¡Bienvenidos sean!.