En
el estercolero de la politiquería seudorrepublicana en Cuba, campeaban por sus
respetos generales y doctores de toda pelambre. Uno de ellos el Mayor General
Mario García Menocal –nuestro tercer presidente—fue tan impopular, que tuvo
varios apodos peyorativos: (El Káiser) sabe Dios porqué teutónicos ancestros;
pero más apropiado aún el de (Mayoral del Chaparra): con su coletilla de aquel popular
estribillo que decía: “Ahí viene el mayoral sonando el cuero…”
ya que, vinculado con los interventores yanquis, logró administrar los bienes
de la Cuban American Co. a latigazo limpio.
Más
tarde, al asumir la Presidencia el 20 de mayo de 1913, entre otras “hazañas” se
dedicó a privilegiar dichos “socios”, permitiendo la introducción de más de 150
mil braceros haitianos y jamaicanos indocumentados para el laboreo en las
plantaciones de caña y en condiciones semi esclavas. Peor aún; cuando terminada la zafra, las Companys pudieran
devolverlos, expulsarlos, o extraditarlos, como gustéis, a sus países de origen
durante el tiempo muerto.
Para
ello reforzó la temida guardia rural y otras medidas de coerción.
La
corrupción, el enriquecimiento ilícito y las “botellas” que heredó de sus
precursores intervencionistas fueron sus premisas. La Primera Guerra Mundial
hizo que se dispararan los precios del azúcar, y comenzaron las llamadas “vacas
gordas” pero solo algunos pocos “lecheros” pudieron disfrutar de su
lactancia.
No
crean que todo le marchó color de rosa: El “menocalato” sufrió la oposición de
los indignados de entonces. Huelgas de telegrafistas, ferrocarrileros,
albañiles, tranviarios y otros sectores, incluso una revuelta de sus opositores
del Partido Liberal, que también resultó un sainete del vernáculo que el pueblo
coreó al son de “La Chambelona”. Es decir el humorismo en todas sus
manifestaciones tuvo también protagonismo a pesar de los pesares.

Todo
esto lo recordamos porque precisamente el 7 de septiembre de 1941, Menocal se
convirtió en “Lo que el viento se llevó”, pues la parca impía cargó con él
para siempre.
Con
el triunfo de enero de 1959, el pueblo se creció junto con sus barbas para
esgrimir la escoba redentora de Chibás y barrer para siempre la herencia que
nos dejó este Kaiser criollo y sus adláteres, quien a título de mayoral de las
empresas yanquis, despilfarró las Vacas Gordas dejándonos las Ubres más Flacas que
nunca. Sino, que lo diga yo, que nací durante el “machadato” de harina con boniato.
OJO – Sigue en la próxima
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