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16 oct 2011

TARROS EN LA TORRE DE UN MORROCOTUDO CASTILLO

La farola del Morro es a La Habana lo que la estatua de la Libertad a Nueva York; con la diferencia de que esta última es más fotogénica; pero la nuestra, por vieja tiene más historia y menos histeria.

Coqueta habanera que le guiña un ojo cada 15 segundos al viajero, 33 millas náuticas antes de entrar por la boca del Morro. La fortaleza fue bautizada rimbombantemente como el Castillo de los Tres Reyes del Morro en los estertores del siglo XVI. Entre el salitre y la erosión del idioma quedó, como Morro a secas. Morro es también el hocico de un perro, o la cabeza dura de un tío al que han dado un mamporrazo en la cocorotina; en este caso significa roca, peñasco, o protuberancia redondeada.

La Real Orden de su construcción partió de Felipe II,--el rey, no el coñac—y el encargado de ejecutarla fue el ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli. Se cuenta que, en cierta ocasión éste visitó el cerro de la Cabaña y sentenció:

“…El que fuere dueño de esta loma, lo será de La Habana…”

Setenta y tres años más tarde su predicción se cumplió, cuando los 10,000 cañones de la flota británica del almirante Sir George Pocock, abrieron el hueco por donde penetraron los soldados que tomaron la fortaleza y con ella a San Cristóbal de La Havana.

Pero nos hemos alejado del tema central que es la farola, no el castillo. La función básica de éste último fue, defender la ciudad y los navíos de la flota de los ataques piratas frecuentes en el siglo XVI; no la de alertar a la navegación, por lo que la señal lumínica se limitaba a una simple fogata de leña; de ahí que los ingleses en 1762, le cayeran a leña a los españoles haciéndolos también leña, pero no se arriesgaron más allá del Vedado o Guanabacoa, y duraron menos aquí que un merengue en la puerta del colegio.

La gran perdedora de aquella contienda bélica fue sin lugar la pérfida Albión, producto del cambalache nombrado Tratado de París, (1763). Con el fin a la Guerra de los Siete Años, Francia salió por la puerta ancha, al quedarse con la tajada de Canadá y todos los territorios al este del Mississippi, indemnizando a su aliada España con la Luisiana. Mientras los ingleses cedían San Cristóbal de La Habana a cambio de toda la península de la Florida con la Fuente de la Juventud incluida. Poco después, al enterarse Ponce de León se le atravesó un rugido y murió de rabia en Cuba.

Al ser recuperada La Habana por España en 1763, aún se encendían hogueras en el morro, pues la torre vino a aparecer en 1845 durante el gobierno del Gral. Leopoldo O´Donell.

Cosa curiosa: Sobre la torre del Castillo del Morro han ondeado cuatro banderas, a saber: La española desde 1630 hasta agosto de 1672. Fue sustituida por la inglesa hasta julio de 1763 en que nuevamente ondeó la española. La intervención norteamericana izó la de las barras y las estrellas de 1899 a 1902. Desde entonces y definitivamente la enseña cubana ha flotado hasta el día de hoy. Pero ninguno de estos países dieron luz al faro del Castillo. Fue la tecnología de “La Ciudad Luz”, la que en definitiva iluminó el camino a los navegantes cuando en diciembre de 1844 arribó a La Habana la fragata francesa “Staonell”, con 76 cajas del aparato óptico más la linterna, y el 24 de julio del año siguiente, por primera vez los resplandores intermitentes señalaron el camino a los navegantes.

Como hemos visto, faroleros siempre los hubo en nuestra capital, pero los fanales linternas y faros tardaron bastante en aparecer. Veamos qué ocurrió después de instalados: Al pie del Castillo del Morro se acometió la construcción de un local destinado a almacén, taller-escuela y alojamiento de los aprendices de torreros. Todo iba a pedir de boca hasta que un buen día, la soledad de la noche, y los ímpetus juveniles, dieron lugar a un uso inapropiado del local, tan grave como repetitivo, creando según las autoridades coloniales una situación vergonzante. Algo que por aquellos tiempos era conocido como fornicar. La Real Orden dictada por el Capitán General de la “Isla” el 20 de noviembre de 1861, hace exactamente 150 años, decía textualmente:

“…Con objeto de evitar los escándalos a que ha dado lugar el abuso cometido por los torreros al introducir en los faros mujeres de mala nota, viviendo amancebadamente con ellos, el Excmo. Sr. Gobernador Superior se ha servido disponer que los torreros hagan constar su estado en esta Dirección y que se les prohiba terminantemente vivir con mujer alguna no estando legítimamente autorizado a ello…”

Morrocotuda disposición real: Evitar que le pusieran rabo, en la rada habanera, y evitar de raíz las rameras y los tarros de los torreros en el Morro.

8 oct 2011

“LA DISCUSIÓN” NECESARIA

Una vez más, durante el coloquio sobre la publicación PALANTE en la pasada Feria del Libro, celebrado el 19 de febrero en los predios de La Cabaña, el colega René de la Nuez reiteró que la historia de Cuba puede contarse en caricaturas.
Es cierto, aunque entre el poder y el hacer exista un trecho muy largo, pues factores de otra índole pueden interponerse. Pongamos un solo ejemplo: La centenaria revista BOHEMIA es una fuente inagotable del diario acontecer nacional e internacional; sin embargo, las ediciones de la primera mitad del siglo XX se conservan mucho mejor que las tiradas de los últimos cincuenta años, debido a la calidad del papel empleado. Por tanto se corre el peligro de perder la memoria gráfica de la etapa más reciente de nuestra prensa; si no se toman medidas urgentes de digitalización.
Otro tanto ocurre con el cubano Cristóbal Torriente y su personaje “Liborio”, que desde el punto de vista formal simbolizó al pueblo cubano de la época como un campesino de largas patillas y machete al cinto, pero incapaz de desenvainarlo ante las vicisitudes.
Si a esto le agregamos su productividad, con cientos o miles de caricaturas, incluso en una publicación donde era dueño y director Don Ricardo, ya tenemos el limitadísimo cuadro comparativo con el resto de los autores más comprometidos e identificados con las luchas de su época.
Nos remitimos pues al libro “La caricatura: Tiempos y hombres”, (Colección Majadahonda) del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2002, donde Juan David nos habla de cuando la caricatura fue por primera vez cubana, y se remonta a los tiempos en que, tras la caída del coloniaje español, el pueblo ve cercenada sus ansias de libertad por “el corsé plattista que permitía constitución, himno, bandera y escudo para exhibir los domingos y días de fiesta, en fin: Una republiquita de medio pelo”.
En su capítulo “Una pelea de la caricatura contra la Enmienda Platt” señala que, por entonces EL ANEXIONISTA, diario protegido por las autoridades intervencionistas a principios del siglo XX, vio como los propios voceadores callejeros quemaban unos tres mil ejemplares en medio de la vía pública al grito de ¡Viva Cuba Libre!. Y continúa:
“…Con entusiasmo parejo, esos mismos vendedores voceaban las ediciones de LA LUCHA y LA DISCUSIÓN, diarios que reflejaban y exaltaban la rebeldía popular… ”Juan Guialbero Gómez, ligado de modo tan íntimo a Martí y una de las figuras claves de la insurgencia del 95, fue por años redactor de LA LUCHA… ”Y aquello de proclamarse “Diario cubano para el pueblo cubano”, incrementaría la tirria del elemento integrista contra LA DISCUSIÓN…”En esas dos publicaciones, la caricatura, después de casi medio siglo al servicio del más rancio colonialismo, comenzó una nueva vida: Fue por primera vez cubana a cara descubierta, y sin percatarse de ello, antiimperialista… “Sus poquísimos cultivadores cubanos, entre los cuales se destacaron el experimentado Ricardo de la Torriente y Jesús Castellanos, joven neófito surgido al calor de los acontecimientos…”
Del “Liborio” de Torriente, ya hablamos con anterioridad. Castellanos también lo utilizó, pero lo dotó de un carácter más combativo, más rebelde, al estilo del guerrillero mambí, aunque desarmado.
“…Así estaban las cosas cuando el 5 de abril de 1901 la tirada de “LA DISCUSIÓN” se vendió como pan caliente al precio nunca visto de a peso el ejemplar. Tal denuncia la provocaba una caricatura de Jesús Castellanos titulada “El Calvario Cubano” en la que el dibujante actualizaba la bíblica escena de la crucifixión: Clavaba al pueblo como a Cristo en la cruz, flanqueado por los dos ladrones, personificados nada menos que por Wood y el propio presidente McKinley.”
De inmediato el interventor ordenó la detención del caricaturista y del director de la publicación Manuel María Coronado, quien había regresado de la manigua redentora con los grados de coronel.
“…Temprano en la mañana del día 6 fueron conducidos ante el juez de instrucción…”Coronado como editor responsable, se encargó de refutar los cargos…”El administrador de la justicia ratificó la prisión de los acusados con exclusión de fianza…”
En eso le llegó al director de LA DISCUSIÓN una citación para presentarse en la residencia gubernamental, mientras el caricaturista quedaba de retén. Lo que sucedió en el encuentro, no tengo referencias; lo cierto es que ambos fueron liberados, y la respuesta más alta la daba el propio director Coronado en la tirada vespertina del día siguiente:
“…En sus páginas, un editorial titulado “Dos fechas”, establecía de entrada un siniestro paralelo. “Suspendido por Weyler el 26 de octubre de 1896. Suspendido por Wood el 6 de abril de 1901…”
Habría mucho más que agregar, pero me parece que con solo este ejemplo basta para ratificar lo planteado por Nuez de que la historia de Cuba puede muy bien contarse en caricaturas, siempre que se haga antes que el implacable Cronos destruya las huellas de tinta en el papel, que con tanto ingenio, sacrificio y voluntad, han dejado los artistas de la sátira y el humor para reflejar la lucha de nuestro pueblo en todas sus manifestaciones.

EL AUTOR Y SU OBRA: GRIFFY Y ZIPPY

Mis queridos vecinos, en esta ocasión abordaremos uno de los casos más curiosos de la historiografía del comic norteamericano, y tal vez mundial; el de la pareja formada por Griffy y Zippy, pero vayamos por partes:

EL AUTOR: Bill Griffith, como se identifica en los medios, caricaturista nacido en Brooklyn, Nueva York, el 20 de enero de 1944, firma sus trabajos bajo el seudónimo de Griffy, pero su verdadera identidad responde a William Henry Jackson Griffith, nombre de pila que tomó de su bisabuelo, famoso fotógrafo del far west en el siglo diecinueve. Desde niño tuvo raras preferencias, pues se inclinó más por los comics surrealistas de Krazy Cat (La Gata Loca) creado por George Herriman y el caricaturesco detectfive Dick Tracy” de Chester Gould; que por los tradicionales superhéroes de la Marvel, o los edulcorados “ratones-patos” de Disney.

Debutó profesionalmente en el cómic en 1969, inspirado en su propio padre, con “Mr. Toad”, un sapo egocéntrico y autosuficiente. Como personaje secundario, aparecía el payaso Zippy, un fricky que con el tiempo logró independizarse desplazando al batracio paterno de la tira. En la década de los años 70 Bill Griffith se desplazó de la ciudad de los rascacielos hacia San Francisco, sumándose al movimiento underground inspirado por el legendario Robert Crumb. Un grupo de publicaciones alternativas que circulaban de forma “subterránea” en el entramado mediático oficial. El destape sexual, el pacifismo, la drogadicción como escape social, la sátira política y de costumbres fueron sus principales armas.

Es entonces, 1970, que Zippy debuta semanalmente en REAL PULP No. 1, y va escalando posiciones protagónicas en publicaciones locales como Pasquín, hasta pasar en 1984 a The Citizen de San Francisco. En 1990 el King Feature Syndicate adquiere los derechos reservados para publicar una tira diaria de “Zippy”. En la actualidad 200 periódicos reproducen su personaje en toda la nación.

LA OBRA:

Zippy, viene del término Zip, que en inglés significa zumbido instantáneo como el silbar de una bala, por tanto Zippy representa, la rapidez o la fuerza, que el propio autor bautiza como “El Enérgico”. En realidad Zippy es un payaso microcefálico, (pin head o cabeza de alfiler), rara enfermedad infantiloide mezclada con agilidad mental, o de “tiro rápido”, de ahí lo de Zippy.

En la tira cómica, su autor --de carne y hueso--, se autorretrata en el personaje Griffy, que interactúa con el protagonista --de papel--Zippy, en un diálogo permanente; utilizando ciertas muletillas populares como: “¿Nos estamos divirtiendo?” Esta singular característica le permitió a Griffith comentar la actualidad con diálogos incisivos, donde mezcla el surrealismo con la cotidianidad, algo que él definió como el inusitado estilo de historieta-reportaje.

Lo más extraordinario viene ahora: Griffy, desconocía que el verdadero Zippy existió en la realidad con sus mismos nombres, Guillermo Henry Jackson, y vino a descubrirlo por casualidad en 1975, cinco años después de creado el personaje de ficción. Aquí vemos una fotografía del payaso cuando actuaba como una rareza de circo para P:T: Barnum entre 1864 y 1926. También existía como antecedente el film de horror clásico que Tod Browning realizó en 1932 bajo el título de “Monstruos” donde aparece Zippy entre otros frickies tan insólitos como él.

El éxito que obtuvo con su personaje Zippy hizo de Bill Griffith un investigador de otros “freaks” que se exhibían como rarezas de circo. He aquí una muestra de Schlitzie una payasa nacida en Simon Metz (1892), quien actuó en dos películas: La mentada “Freaks” de 1932, y como la Princesa Betsy en “Meet Boston Blackie” (1941).El público la reconocía indistintamente como El Eslabón Perdido, La Mona, o El último de los Incas. Tenía buen carácter, pero cuando el público la molestaba formaba una soberana pataleta difícil de controlar. Actuó hasta 1969 y falleció un par de años después.

Lo que tal vez mis curiosos vecinos no sepan es que Griffy y Zippy estuvieron en Cuba durante dos semanas en 1994

La ficha personal de Bill Griffith, en internet describe así su visita: “…En octubre de 1994 Griffith recorrió Cuba durante dos semanas, viajando por un visado de intercambio cultural, uno de los únicos modos legales de burlar la prohibición de los Estados Unidos del comercio con aquella nación. Él llegó durante los días finales de un éxodo de masas, cuando miles aprovecharon la decisión de Castro de permitir la emigración por un tiempo limitado y dejaron la isla en balsas. Las observaciones detalladas de Griffith de la cultura cubana y política fueron publicadas en una serie de seis semanas de tiras durante los primeros meses de 1995. En las historietas, --en un estilo que Griffith ha llamado "cartoon-journalism"-- las originales observaciones de Zippy fueron combinadas con transcripciones textuales de conversaciones que Griffith había mantenido con varios cubanos, incluso artistas, funcionarios del gobierno, y una sacerdotisa de Yoruba…”

A partir de aquella visita a mi casa –tamales por medio—mantuvimos con Bill Griffirh una fraternal correspondencia, y me envió a vuelta de correos, el cuaderno de Zippy que tituló “Cuba uncovered” (1995), en él aparecen las tiras de marras, que se publicaron diariamente.

En la novena entrega, la pareja se adentra en una cueva sepultada por la nieve cerca del lago Tahoe, y según avanzan dentro de la caverna sienten como la temperatura se hace más cálida a los acordes de música salsa. De pronto aparece en el túnel un personaje cubano que los conduce hacia el exterior.

A partir de esa tira, en una parodia aduanal titulada “Nada que declarar” los encabezamientos están en español y ambos comienzan su aventura recorriendo en 38 propuestas todo nuestro país, hasta el capítulo “Sierra Nevada”, donde regresan al territorio norteamericano por un pueblo situado a 23 millas al sur de Peoria, Illinois, también llamado Havana.

Acostumbrados como estamos por experiencia, a desconfiar de todo lo que provenga del gobierno yanqui; si la autorización para que Bill Griffith realizara ese trabajo en Cuba, durante la llamada “crisis de los balseros”, tenía algún fin diversionista; el tiro les salió por la culata pues a partir de entonces, y fiel a su postura de otrora militante underground, el destacado humorista gráfico norteamericano siente aún más admiración y respeto por Cuba que antes.

Me enorgullezco pues de contar con la amistad de Griffy y Zippy.

CICLONES COLOSALES Y CICLONES CAPRICHOSOS

La temporada ciclónica nuestra abarca la mitad del año: Desde junio 1 a noviembre 30. Octubre se considera el mes más peligroso, porque en él han coincidido los más frecuentes y poderosos desde que tengamos noticia. No quisiéramos ser absolutos, en nuestros casi cinco siglos de historia, sólo dos han podido ser considerados Superpotentes, si de historietas se pudieran identificar como en los casos de Superman o Superratón. Además con la disyuntiva del progresivo calentamiento solar: ¿Chi lo sá?
Afortunadamente Cuba ha desarrollado una buena experiencia en el combate de estos fenómenos atmosféricos no sólo en su etapa informativa y de alerta, sino también tomando medidas de evacuación y movilizaciones solidarias en la recuperación. O sea, que nadie quede desamparado. Científicamente son 37 los huracanes que con mayor intensidad nos han azotado en los últimos doscientos años, y sólo dos de ellos con categoría cinco en la escala Saffir-Simpson: La Tormenta de San Francisco de Borja (916 hP), que azotó a La Habana del 10 al 11 de octubre de 1846, con rachas de más de 250 kilómetros por hora. Sus vientos se sintieron hasta los límites de las provincias orientales. En cuanto a los daños, deben haber sido enormes aunque no hayan trascendido cifras de muertos o desaparecidos por desconocimientos demográficos. Lo que sí se supo es que no quedó un solo barco a flote en el puerto, y recuérdese que San Cristóbal de La Habana siempre fue “La Llave del Golfo”.
El otro huracán categoría 5, cruzó el extremo más occidental de Pinar del Río el 19 de octubre de 1924. Por tratarse de una región bastante despoblada no produjo grandes pérdidas humanas, y mucho menos de barcos surtos en puerto, porque no encontró ninguno en su camino. Tenía 917 hP, con velocidad similar a la del cercano Mitch (1998). Sin embargo, éste cobró 11,000 víctimas fatales en Centroamérica.
Ninguno de los dos: El de Pinar y el de La Habana, causó tanta desgracia como otros menos poderosos pero más letales. A saber, el que penetró por las inmediaciones de Santa Cruz del Sur, Camagüey el 9 de noviembre de 1932, provocando olas de 6.5 metros y la muerte a más de tres mil personas, considerándose la mayor catástrofe natural ocurrida en Cuba.
El segundo en mortalidad, fue categóricamente menos poderoso, sólo 3 hP, de categoría pero por su lentitud de traslación y torrenciales lluvias, prácticamente inundó todo el territorio oriental y parte de Camagüey durante cuatro días, del 4 al 8 de octubre de 1963. Se llamó Flora, y fui testigo presencial de sus estragos. La lluvia registró hasta 1500 milímetros en algunas zonas, y no pocas ciudades como Mayarí quedaron bajo sus aguas. Causó millonarias pérdidas en bienes y animales, dejando a su paso enlutados 1,500 hogares cubanos, pero el Flora además de mortal resultó ser también un ciclón caprichoso, pues su inusual comportamiento fue una de las causas de su peligrosidad. Al desplazarse lentamente en la zona montañosa, quedó encerrado entre ellas sin encontrar salida al mar y formó un lazo en su ruta solo comparable a otro fenómeno tan arbitrario como él, medio siglo antes en el otro extremo de la isla.
Fue el ciclón de Los Cinco Días que cruzó a Pinar del Río de norte a sur entre el 8 y el 12 de octubre de 1910. Este fenómeno trazó un lazo en la zona marítima tangente a la costa norte más occidental del país y entró a su territorio cerca de Cayo Jutía, para salir por el sur de Pinar del Río y azotar Isla de Pinos el día 14.
Lo curioso de este caprichoso huracán no fueron sus vientos ni sus víctimas, sino la encendida polémica que suscitó entre los científicos de la época, donde la meteorología a comienzos del siglo XX y en medio de la segunda intervención norteamericana, estaba aún en pañales. Los pronósticos se los repartían las dos instituciones más prestigiosas del país. El observatorio del Colegio de Belén y el Observatorio Nacional. El primero sostenía que habían sido dos ciclones, uno que cruzó por los mares del Estrecho de la Florida y el otro atravesando la provincia pinareña de norte a sur. La tesis de un solo ciclón en forma de lazo fue defendida por la institución laica.
El debate tomo categoría 5 en la escala de las hipótesis y duró casi un cuarto de siglo, pues aún en 1934 el padre Mariano Gutiérrez Lanza del colegio de Belén se mantenía en sus trece. Tocó a José Carlos Millás, del Observatorio Nacional poner punto final a una controversia demasiado extensa y que no tenía nada de musical.
Su tesis del antojadizo ciclón de 1910 demostró definitivamente que se trataba de una recurva en forma de lazo, provocada por influencias de ciertos fenómenos atmosféricos.
Hasta aquí la descarga. Con permiso, me despido porque ya estamos en octubre, y tengo que asegurar puertas y ventanas.

DESDE EL DIARIO DE COLON HASTA LA RADIO EN CUBA

Últimamente el bichito de la curiosidad me ha picado para unir fechas, personajes, o acontecimientos, partiendo de la creencia que todo se enlaza en el devenir histórico. Repasando una vez más el libro “Primeros en La Habana” del colega Rolando Aniceto me tropiezo con que el mes de octubre siempre nos ha deparado alguna sorpresa.

Comienzo con el descubrimiento mismo, porque no tenemos testimonios anteriores de los siboneyes ni los taínos: Cristóbal Colón, ya el 21 de octubre de 1492, por primera vez se refiere a Cuba al salir de una de las islas de las Bahamas, tres días antes de calificarla como “…La Tierra más fermosa que ojos humanos han visto…”

Copia textual del libro: “…y después partir para otra isla grande mucho, que creo debe ser Cipango, según las señas que me dan estos indios que yo traigo, a la cual ellos llaman Coiba…” Dos días más tarde escribe correctamente Cuba, sin embargo el 5 de diciembre de ese mismo año cambia para Juana, como guataquería hacia el príncipe de Castiilla, hijo de los Reyes Católicos. Colón murió el 20 de mayo de 1506 asegurando que había llegado a Cipango, a pesar de las pruebas presentadas por Juan de la Cosa. Cosa que resultó imposible; pero si de coba se tratara habría que darle el premio de auto-bombo al propio monarca Don Fernando quien por Real Cédula del 28 de febrero de 1515 la bautizó como Fernandina.

El primer censo poblacional de San Cristóbal de La Habana bajo el gobierno de don Luis de las Casas daba 51,307 habitantes entre vecinos, según fueran residentes permanentes, tuvieran hacienda y familia; moradores, aspirantes a serlo; o ESTANTES, los que constituían la población flotante. Los datos recopilados por Emilio Roig de Leuchsering datan de 1791 hace exactamente 220 años. Sin embargo, la ciudad arribó al siglo XX con 242,055 habaneros, Hoy, La Habana no aguanta más.

En otro trabajo de esta entrega a nuestros vecinos del blog, hablamos de los ciclones en Cuba señalando al del 10 de octubre de 1846 como uno de los más destructivos. Lo que no aclaramos en él es que, el “Teatro Principal”, levantado en 1803 por el Marqués de Someruelos e inspirado en su homónimo de Madrid, fue víctima de las rachas huracanadas y se convirtió en “Lo que el viento se llevó”. Por suerte ya existía el “Teatro Tacón”.

Recuerden que en una entrada anterior les di un paseo en el primer tren que circuló en Cuba en noviembre de 1837, primero también en las posesiones coloniales de España, y séptimo en el mundo. Sin embargo, fue gracias a la gestión del Conde de Villanueva, y de la Real Orden firmada el 12 de octubre de 1834 que el proyecto se llevó a cabo. Lo cierto es que esta obra, monumental para los recursos de la época, se realizó con técnica norteamericana pero también con sudor esclavo. Solo en la parroquia del Cerro fueron enterrados 340 de ellos.

Hace 206 años, llegó a Cuba por primera vez el hielo. Fue en septiembre de 1805 a bordo del buque “Favorito” con un cargamento de 240 toneladas de peso; me imagino que esa piedra transparente que sudaba frío, haya causado estupor y que para el mes de octubre quedaran todavía muchos incrédulos. Otros tantos ni se enteraron, porque el hielo se derrite rápido, y las noticias entonces iban a caballo. Cinco años más tarde Federico Tudor, conocido como el “Rey del Hielo” obtuvo el monopolio de esa mercancía; a partir de entonces surgió la primera nevería la de Juan Antonio Montes. Junto con el hielo me imagino haya nacido el granizado. Lo que sí es cierto es que La Habana cambió a partir de entonces, surgieron a troche y moche establecimientos como “La Columnata Egipciana”, “Las Rejas Verdes”, “La Fuente de Ricla”, “La Bolsa” y “La Piña de Plata”, más tarde rebautizada como “El Floridita” (La cuna del daiquirí).

El primer periódico literario de La Habana fue fundado el domingo 24 de octubre de 1790. Su nombre EL PAPEL PERIÓDICO DE LA HAVANA por tanto este invento daría pie para el dato que viene a continuación: Lo primero que retrató el artista francés Antonio Razzonico en Cuba fue la Fuente de la India, y quedó constancia gracias a que la publicó en 1841 el ALBUM (Periódico de la Isla de Cuba Pintoresca).

Sin embargo, en esa época hubo otra foto mucho más significativa para nosotros y es la que se tomó el 8 de agosto de 1863 cuando se comenzaba la demolición de la muralla. En la placa aparece el Capitán General Domingo Dulce presenciando el acto. Una situación similar se produce en otro acto público 96 años después, cuando el Comandante Camilo Cienfuegos, mandarria en mano --el 10 de marzo de 1959--, también ejecuta el primer golpe al muro del pasado en el antiguo Campamento de Columbia, haciendo efectiva la promesa de Fidel: “…Convertiremos los cuarteles en escuelas...”

Coincidiendo con la fecha patria del 10 de octubre, se produce en 1922 la primera transmisión oficial de la radio en Cuba por la señal PWX de la Cuban Telephone Company, filial de la ITT yanqui. El locutor también oficial de la planta era Raúl P. Falcón a quien popularmente se le identificaba como “la voz de plata”. Para ser sincero el calificativo debió dársele con más propiedad al Presidente Zayas, quien inauguró la emisora con un mensaje al pueblo norteamericano leído en inglés. El chicharronazo de 500 watts emitido en una onda de 400 metros, seguro representó una buena cantidad del vil metal al mandatario.

Lo cierto es que Cuba ya tenía radio mes y medio antes, aunque de manera experimental: La pionera de todas las emisoras surgió el 22 de agosto de ese mismo año, la 2LC —(2 por ciudad de La Habana y LC por su creador, Luis Casas Romero)--, flautista compositor y director de bandas musicales--. La radioemisora abría poco antes de las nueve de la noche con un toque de atención dando comienzo a la transmisión seguido de un tic tac imitando el sonido del reloj con los dedos golpeando la trompeta, y a continuación se dejaba escuchar el cañonazo de las nueve disparado desde La Cabaña. El propio Casas Romero leía el parte del tiempo en lo que fue el nacimiento de nuestros noticiarios radiales. Luego se le adicionaron los resultados de los deportes que se celebraban en La Habana y los números musicales que presentaba su hija Zoila, resultando ser también la primera locutora cubana.

Cuba fue el primer país de América Latina que estableció la radio, la primera que implantó la costumbre de transmitir radionovelas, siendo mundialmente reconocido en esa especialidad el autor cubano Félix B. Caignet, y en consecuencia, ser un referente obligado en los actuales culebrones televisivos brasileños que tanto gustan.

Por todo ello: ¡Gracias octubre!

EN POCAS PALABRAS

ENTRE BORRACHOS ANDA LA COSA

En el pasado nuestro, muchos slogans publicitarios descansaban en frases cortas e imaginativas como remedo a los refranes que tanto enseñan y gustan. Uno de ellos era aquel que decía: “El secreto del highball está en la liga… ¡Y ya no es un secreto, qué caray!”, a continuación la marca del ron aparecía en pantalla o era musicalizada en un jingle radial.

No siempre esto resultaba así, pues a veces el mensaje no respondía a la realidad; como aquella Liga que endulzó a todo el mundo durante gran parte de la primera mitad del siglo XX --La Liga de las Naciones-- hasta que surgió otra mezcla nada sabrosa y mucho más tóxica: El eje Berlín-Roma-Tokío, preferida por borrachos de poder como Hitler, Mussolini e Hirohito, pero resultó el trago más amargo jamás inventado, entre cuyas víctimas estuvieron millones de judíos.

Hablando de este pueblo: Recuerdo también en mi niñez –católica a la fuerza, no por la iglesia, sino por las costumbres familiares—que los judíos eran los malos de la película, pues habían crucificado a Jesús en Jerusalén, tierra Palestina. Hoy la gran prensa habla de antisemitismo, ¿Y no son igualmente semitas todos los árabes incluyendo a los palestinos? Es una nueva semántica hegemónica y unilateral, donde demokracia se escribe con K.

Pero no nos dejemos mediatizar; volvamos al bar:

Tras la Segunda Guerra Mundial hubo que inventar otro coctel y surgió la ONU (Organización de las Naciones Unidas) que tenía la ventaja de unir a todas las naciones si se miraba a través del espejo, pues al revés se leería UNO. Es decir un solo pueblo multinacional bajo el criterio de la democrática frase: “Un país, un voto”.

Pero una cosa piensa el borracho y otra el cantinero; la organización tuvo hijos espurios. El primogénito Consejo de Inseguridad creó una nueva fórmula tóxica: --Un país, un veto.— Y ya sabemos lo demokrática que resulta esta práctica.

Pero el más pequeño es igualito de belicoso a su hermano. Lo bautizaron OTAN en español, pero en inglés resulta lo contrario, NATO. Por eso no nos entendemos.

La OTAN defensora de la paz, organiza guerras, que ya no son mortales sino humanitarias con daños colaterales incluidos como la última inventada contra Libia. En su embriaguez selecciona zonas de exclusión aérea para que los civiles no sean víctimas inocentes, sin embargo miles mueren en las ciudades bajo sus bombas inteligentes, de racimo, y tal vez de uranio empobrecido financiadas por millonarios.

A todas luces el “delirium tremens” de la OTAN parece como un plan piloto para aplicar en el futuro; por cierto, ya no usan ni pilotos. Sus drones, son como “la gatica de María Ramos”. Tiran las bombas y esconden la mano: Del verdugo, claro.

Parece como que aquel otro lema publicitario de “Ron Matusalén…Hoy alegre, mañana bien…” los hubiera embriagado. Lo cierto es que el Tío Sam, en el papel de Mandrake el Mago, --con la ayuda de su asistente la NATO-- disfrazada de Lotario; se sacó de la manga la carta trucada del terrorismo independientemente que la gente --es decir-- los pacientes espectadores en sus propios circos desarrollados, les haya descubierto el truco y les respondan “indignados”.

“Siembra vientos y recogerás tempestades” reza otro viejo refrán. Y quien siembra bases militares en todos los rincones del mundo sólo recogerá más “indignados” locales; pero “Guerra avisada no mata soldado”.

Vivimos en plena dipsomanía: El mundo más irracional de toda la historia, en nombre de la razón. ¿No hubo una guerra fría entre dos potencias nucleares?... Mientras ésta se mantuvo a fuego lento, la gente estaba preocupada pero en equilibrio. Si una de ellas se desmerengó a sí misma desapareciendo el fantasma del comunismo: ¿Por qué Estados Unidos inventa el nuevo espectro del terrorismo? ¿Estará curda?... No, si acaso está borracho de poder y quiere meter miedo a los demás con sus duendes y alucinaciones. En su borrachera de terror vaticinó la guerra contra el terrorismo, amenaza que pende como un espectro sobre sesenta o más oscuros países del mundo. Lo peor es que nos haya incluído a nosotros que no creemos en fantasmas.

DOS DESCUBRIMIENTOS: AFRICA Y AMÉRICA

1961: Con solo 28 años Ana Núñez Machín publica en Cuba su primer poemario “Sangre Insurrecta” dedicado a los brigadistas alfabetizadores “Conrado Benítez”. Hasta entonces la joven maestra había compartido su profesión con la de reportera en el diario “Noticias de Hoy”. Las condiciones mostradas en el volumen hizo que el inolvidable Manuel Navarro Luna, le sugiriera escribir la biografía de Rubén Martínez Villena, y ella, inspirada en el revolucionario cubano, acometió la tarea con todas sus fuerzas. Por esta época contábamos en PALANTE con la amistad de Ana, y su padre, el destacado fotoreportero Carlos Núñez.

1971: Como resultado de esos años de desvelos, Ediciones Unión presenta al mercado en 1971 el libro titulado “El Joven Villena” de Ana Núñez, a instancias de otro grande de la profesión --Francisco (el gallego) Mota-- quien estimuló los esfuerzos de la joven. Dicha obra por sus indiscutibles méritos había obtenido el premio de biografía “Enrique Piñeyro” de la propia institución el año anterior. Todos en la UNEAC y en la prensa reconocíamos el abnegado trabajo y la dedicación que ponía en cada una de sus obras, pero ahora nos sorprendía en su poética juventud como investigadora de la figura de Villena.

1988: Al fundarse la Editorial Pablo de la Torriente, en diciembre de 1985 y pasar del semanario PALANTE a formar parte de su staff, me seguía dando vueltas en la cabeza la idea de revivir aquellas postalitas en colores de nuestra niñez, no solo por el hecho de coleccionarlas, sino también de utilizarlas como barajas en nuestros juegos infantiles. Lo más difícil sería encontrar un método de distribución, que antes se resolvía comercializándolas como agregado a galleticas o caramelos vendidos al menudeo. Gracias al financiamiento de la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas en 1988 se pudo llevar a cabo la idea de editarlas.

1989: Este año, auspiciada por dicha Unión por fin salió al mercado la colección de cien postales en colores en forma de encartes de la revista mensual “COMICOS”. Fue un bello recuerdo al “Señor de la Vanguardia” en el 30 aniversario de su desaparición física. ¿Y quien mejor podía escribir los textos para el álbum “Camilo” que la experimentada investigadora Ana Núñez Machín? Fue también escogido el afamado pintor y diseñador René Mederos para las ilustraciones. Lo que no sabíamos en ese momento, es que Ana firmaría el trabajo bajo el seudónimo de ÁFRICA, utilizado a veces por ella con anterioridad, pero desconocido para la mayoría.

1990: El anuncio de los XVI Juegos Panamericanos de Guadalajara, a celebrarse del 14 al 30 de octubre en la ciudad azteca, nos remonta casi veinte años atrás, cuando se firmó aquel convenio por tres años con una unión empresarial dedicada al reciclaje de materias en desuso, y que además, nos apoyaba en tan loable y lúdica iniciativa. Durante todo ese año se trabajó sin descanso en la confección de las nuevas postalitas como saludo a los XIII Juegos Deportivos Panamericanos que se celebrarían en 1991, y otra proposición similar prevista para el año siguiente que se dedicaría al Quinto Centenario del Descubrimiento de América a celebrarse en 1992.

1991: Aunque esas postalitas jamás llegaron a publicarse debido a que comenzaban las dificultades del periodo especial, han dado pie al cintillo que encabeza este trabajo relacionando con el descubrimiento de África, la escritora, y América el continente. Muchos fueron los planes, ilusiones y objetivos de la editorial que se nos vinieron abajo. Lo de nuestra institución fue un pálido reflejo de lo ocurrido con todo el país. Pero aquí estamos aún, renovándonos día a día, y luchando por nuestra causa contra viento y marea en la convicción de que como dijeron hace exactamente dos décadas nuestros dirigentes históricos ante las dificultades: ¡Sí se puede!... ¡SEGURO QUE SÍ SE PUEDE!

EL MARAÑÓN (VII PARTE): El parque: abierto las 24 horas

Cuando yo era chiquitico y del mamey…La cosa era distinta y diferente…

Si hoy la vida gira alrededor de los celulares, las computadoras, el teatro, la radio, y la televisión; antaño el que no disponía de un radiorreceptor tenía que botarse para el fresco, con lo que no solo se recreaba sino que también se refrescaba.

No sabemos cuándo, dónde, y quién, puso la primera piedra del primer parque, de la historia --ya fuera Jurásico o no—.

El parque es ese lugar sagrado donde acude tanta gente: Los de la tercera edad, se desayunan con el sol mañanero, hacen calistenia o intercambian mentiras de tiempos idos; los de la primera edad -los niños- mataperrean en el recreo vespertino tras la salida del colegio; y en la noche queda montado el escenario para el plato fuerte: Un espectáculo sólo para mayores y entrada por parejas. Más tarde al caer la madrugada también otros caen en sus brazos, --perdón-- bancos; son borrachos sin amparo filial y también duermen en pareja, pero con la mona.

Hasta la más humilde aldea cuenta con su parque correspondiente, y como vimos antes tiene numerosas aplicaciones.

Sirve de brújula: --¿La farmacia?, Ahí, a la derecha, tras el parque.

De velódromo: --¡No es nada mami! Me caí patinando en el parque.

De citas: --Chini, nos vemos esta noche a las ocho en el banco frente a la barbería.

De evacuación: --¡Vámonos… Otra vez el dichoso pajarito me hizo la gracia!

Y así podemos citar otros ejemplos del multioficio que desempeña el parque.

Toda esta actividad de solaz y esparcimiento tenía un fondo musical llamado retreta. Consistía ella en un popurrí de piezas musicales instrumentadas por uniformados de la Banda Municipal que era también militar, pues la dirigía un general.

Sin embargo, el parque no pudo evadirse de la discriminación en aquellos tiempos de vacas gordas y premios flacos.

El parque era como el astro rey, pero hasta el sol tiene sus manchas, --negras por añadidura--, y ese jardín no siempre resultaba un edén. Por las noches los jóvenes acudían a marearse dando vueltas y más vueltas, las hembras en un sentido, y los varones en otro, hasta que chocaban de frente e intencionalmente, para palabrearse. Palabrearse significaba dejar de dar vueltas en el parque y sacar boleto para la entrada, --con suerte--, dos veces por semana a la casa, bajo la mirada protectora de la chaperona. De esa trampa solo se salía casados, o con un par de sillones desfondados.

Pero, volvamos al parque… Habíamos dicho cómo las parejas paseaban en sentido contrario, pero no aclaramos que los blancos no podían mezclarse con los negros. Era una especie de ritual coreográfico respetado por ambos grupos danzarios. En ese apartheid criollo, los más claritos circulaban por el centro de la instalación casi pegaditos a la glorieta…

Perdón, se me había olvidado…

La glorieta era la única casa sin paredes, que se levantaba en el centro del parque, con una cúpula protectora de las “gracias” avícolas; como refugio en días de lluvia; o miradas indiscretas en noches de amor.

Regresemos al desfile nocturno…

El espacio exterior del parque estaba reservado para los más prietecitos y las mulatísimas que debían circunvalar la zona con mucho cuidado, por si algún despistado fotingo trespatás perdía el control y se subía a la acera. Aunque la verdadera razón era la de quedar al alcance del policía de turno --tolete en mano--, quien acudía raudo para imponer el orden si se producía algún percance.

Ese era el parque que me contaba mi abuelo, porque a mi me tocó otra época; la de Chan Li Po y su proverbial paciencia. Pues en cuando terminaba el episodio en vez de ir al parque me metían en la cama, y a dormir para llegar a tiempo al colegio.

En un próximo capítulo pensamos aclarar algunas otras cosas de ese negro pasado.