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21 jul. 2009

TEMAS DE JULIO

El 26 de Julio es la Fiesta Nacional de Cuba. Para mis vecinos del ciberespacio que no conocen la historia. Corría el año 1953 y era noche de carnaval en la capital oriental. Jóvenes de la Generación del Centenario capitaneados por el doctor Fidel Castro Ruz, aprovechando el bullicio, asaltan al amanecer de ese día la segunda fortaleza del país, disfrazados con los uniformes del ejército batistiano, pero con grados de sargento para identificarse entre sí.
El intento fracasó por un golpe de mala suerte, lo que desató una sangrienta represión del régimen de facto en lo que más tarde Fidel llamaría…”el motor chico que echó a andar el motor grande de la Revolución”…Su alegato conocido por “La Historia me Absolverá” en el juicio celebrado en la propis Santiago de Cuba, así lo confirmó.
Aquel mismo 26 de julio, otro santiaguero cumplía 29 años. Era el ya famoso Luis Carbonell, quien aparece junto a mí en esta foto que nos tomaran hace algunos años. Conocido mundialmente como “El acuarelista de la poesía antillana”, Carbonell fue homenajeado en el Centenario del Centro Cultural Eduardo León Jiménez de Santiago de los Caballeros en República Dominicana.
La ocasión sirvió para editar en el año 2003 un álbum de lujo en formato digital titulado “La mulata, ñáñigo al cielo y otros poemas”. En esa ocasión Carbonell tuvo la delicadeza de escoger una caricatura mía para encabezar el catálogo de dicho DVD. Sirva pues la reproducción de dicha obra para enviarle un fraterno abrazo de felicitación por sus 83 añitos. ¡Gracias Maestro!
LOS DOS CABALLEROS
El Canal Cubavisión de la Televisión Nacional, a partir de este mes vacacional, viene presentando la serie de aventuras “Los Tres Villalobos”. Esto resulta muy especial para mí, pues me recordaba la versión radial de la saga en que tres hermanos: Rolando, Machito y Miguel, vengaban la muerte de su padre luchaban a diario contra el mal, cuando ni siquiera se soñaba con la televisión en blanco y negro. Por primera vez veré ahora los rostros de esos míticos personajes impresos en la memoria sólo de oídas, con aquel pegajoso tema musical que rezaba:
“Tres eran tres, los tres Villalobos… Tres eran tres, y ninguno era bobo”.
Por esa época también protagonizaban sus hazañas, pero en el papel impreso “Los Tres Mosqueteros”,-- en realidad eran cuatro,-- batiéndose a capa y espada en aquel grueso libro que escondía celosamente bajo la almohada para que ningún Cardenal Richeliu, viniera a incautarlo en nombre del Rey.
El otro territorio, donde los “fiñes” dábamos rienda suelta a la imaginación, eran las matinées del cine da barrio, donde a veces el sonido del bombardeo o la balacera era ahogada por los gritos frenéticos de la muchachada. Y allí surgieron también “Los Tres Caballeros”, esta vez con dibujos animados en tecnicolor, debido al genio de Walt Disney.
Lo cortés no quita lo valiente y hoy no pienso igual de aquella representación folclóricamente edulcorada de Nuestra América, cuadro idealista de una época plagada de gorilas y dictaduras sangrientas.
Como habrán apreciado, los héroes infantiles y juveniles de aquellos tiempos nos los vendían de tres en tres como un estuche de caramelos, o mejor, con esas tres tazas de caldo ingeridas a la fuerza.
Sin embargo, entrando en la adolescencia, la realidad se impuso con sólo salir a la calle y toparnos con personajes de carne y hueso, que simbolizaron lo mejor del folclore capitalino de la época. Lo único que en vez de tres, eran sólo dos caballeros.
Emparentados por la procedencia. Recordemos aquello de “Gallegos y asturianos, primos hermanos”. Ambos llegaron en busca de fortuna, los dos en principio fueron dependientes del comercio, con la diferencia de sólo unos diez años. José María López Lledín, El Caballero de París, nacido en Vila Seca, Galicia. Y Manuel Pérez Rodríguez, Bigote de Gato, natural de Candamo en Asturias.
Ambos reunían cualidades especiales para el oficio, y se “aplatanaron” tanto que, con oportunidades para ello, ninguno quiso irse de Cuba y murieron octogenarios.
Pero vayamos a las diferencias: El primer caballero trabajó con éxito en los mejores hoteles de entonces “Telégrafo”, “Inglaterra” y “Sevilla”. Joven, apuesto y con una bien cimentada cultura iba en ascenso cuando una conjura –no se sabe si por celos o por dinero-- lo llevó a guardar prisión injustamente, lo que le trastornó la mente y salió de la cárcel transformado en una especie de caminante sin rumbo, que dormía en los portales y vivía de la caridad pública sin pedir un centavo de limosna. Todo ello gracias a sus finos modales, su agradable conversación y la gentileza con las damas.
Si a todo ello agregamos su estrafalaria figura, desgreñado, barbudo y cubierto por una capa al estilo de los Mosqueteros del Rey, se completará el cuadro con que el pueblo lo bautizó.
Su descendencia y el origen de su enfermedad quedaron en el misterio; convirtiéndolo en lo que él mismo describió como “La Leyenda que Camina”. Sus amores, que de seguro los tuvo, se mantuvieron en secreto hasta su último aliento y solo reconoció amar a su novia, La Habana, a la que nombró su Dulcinea, en alusión al Quijote.
Era el símbolo de la libertad más absoluta, no sometido a nada y a nadie. Todo el mundo lo quiso, todos lo ayudaban, y el respondía con su caballerosidad, su trato y la lisonja más poética ante la belleza femenina. Ya octogenario pasó los últimos días de su vida en el Hospital Psiquiátrico de la Habana.
El otro caballero como él emigró desde Asturias en busca de fortuna. Y también tras el mostrador del bar “Hatuey” fue abriéndose paso a base de ahorros, amabilidad e imaginación, logrando un préstamo con el que fundó en el Casco Histórico, el bar “Bigote de Gato”, único en su tipo, pues lo atendía el con su familia las 24 horas del día. Servía platos típicos de Cuba y Asturias, y hasta se dio el lujo de fundar allí el “Club de los Noctámbulos”, donde acudía la selecta bohemia de la época.
Esto no le impedía disfrutar la alegría de vivir, pues confesaba tener especial atracción por las mulatas, por el baile cubano y por los tragos, inventando no pocos cocteles en su propio establecimiento y basó su publicidad en mensajes humorísticos que encargaba a caricaturistas de moda como Felo Díaz, Val y Gibert (a) Chaquetón. Aún conservo carteles diseñados por ellos y fotos del Chevy descapotable con el cual participó en carreras de autos con los que nunca ganó más que los aplausos de su público.
No hubo desfile de Carnaval en que Bigote no causara envidia de sus semejantes al manejar rodeado de las mujeres más bellas de La Habana, mientras daba vueltas al Paseo del Prado.
Y si al Caballero de París, Antonio María Romeu dedicó un danzón interpretado por Barbarito Diez. Bigote de Gato no se quedó atrás, porque el boricua Daniel Santos lo inmortalizó interpretando dos populares guarachas, una de ellas decía:
Bigote de gato es un gran sujeto
Que vive allá por el Luyanó,
Y tiene el pícaro unos bigotes
Que son de todos la admiración

Sin Intención de Provocar.
No ha existido ningún acontecimiento en nuestro continente, ni existirá en que la SIP no haya participado abierta o solapadamente en contra de la América Nuestra de la que habló Martí. A propósito del golpe de estado en Honduras, ahora asoma de nuevo su oreja peluda para solidarizarse con los gorilas como fiel aliada del Imperio.
La institución SIP tiene varias lecturas según el tipo de receptor. Para los que hablan en inglés—yanqui por supuesto—es la SOCIETY INTERNATIONAL OF PRESS.
Para nosotros sus siglas tienen otros significados. A saber:
Satánica Institución Parasitaria.

Servil Instrumento de Poder.
Sucia Indigna y Patética.
Soborna Intimida y Provoca.
Sombría e Inútil Pitonisa.
Solapada, Instigadora de Pamplinas.
Sepulcro Institucional Preconcebido
Sólo Interviene Prevaricando.
Sabuesa Imperial y Paramilitar.
Subterfugio e Intransigente Periódico.
Sangría Interna Perpetua.
Salación Intolerante y Prejuiciada.

Pudiéramos seguir ejemplificando, pero lo dejamos ahí: ¡Más barato por docena!

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