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14 jul. 2012

JUANÍN Y BEDOYA

Durante la Semana Negra de Gijón, en julio de 2008, fui invitado por su director, el mexicano-cubano-asturiano Paco Ignacio Taibo II, a presentar una pequeña muestra de mi tira “!Ay, vecino!”, en una de las improvisadas carpas de la playa-balneario en dicha ciudad asturiana, y allí por primera vez oí de las hazañas de Juanín y Bedoya, populares personajes en la región norteña de los Picos de Europa.
Pocos días después manos amigas me invitaron a visitar la Cueva del “Soplao”, una maravilla geográfica de Cantabria, y de nuevo –esta vez con más insistencia—me sorprendió la vigencia de tales narraciones, incluso aún se recuerda allá el disco  “La Leyenda de Juan Bedoya”, un corrido que llegó de México en las voces de “Los Alegres de Tirán”, que ganó gran popularidad en la radio de los años 60 en toda aquella zona montañesa.
La fantasía era tal que en dicha pieza musical se lograba la integración de ambos héroes, pues en realidad eran dos los protagonistas:  Juan Fernández Ayala (Juanín)  muerto en el valle de Vega de Liébano, en la Semana Santa de 1957 y Francisco Bedoya, ocho meses después en Castro de Urdiales.
En el lugar de los hechos, mi curiosidad aumentó y llegaron a mis manos  dos  libros “Juanín (El último emboscado de la postguerra española)” del autor Pedro Álvarez, y “Los que se echaron al monte” de Isidro Cícero.
Este último comienza así la narración: “…El día que mataron a Juanín, ese miércoles 24 de abril de 1957. Dos días antes, como todos los lunes del año había sido mercado en Potes, el correspondiente al lunes de Pascua…”
A partir de esos datos se teje la increíble aventura de un grupo de alzados que venciendo la tragedia moral y el fracaso de la guerra civil española, se lanzaron durante años a una desigual resistencia al franquismo, partiendo del apoyo popular, y a veces de la extorsión a los poderosos para mantener viva la llama redentora.
Eran pequeños grupos armados, miembros de la “Brigada Machado” formados por militantes del PSOE y del PCE. Su característica fue la astucia demostrada frente a un enemigo muy superior, la extensión del  conflicto por largo tiempo en condiciones desiguales, y la heroicidad de los combates que rebasaron los  detalles de la anécdota para convertirse en leyenda viva.
Para mi resultaba muy curioso que estos últimos emboscados de la guerrilla anti-franquista durante el transcurso de toda la Segunda Guerra Mundial, coincidieran al final con los primeros alzados cubanos de la Generación del Centenario, que tras cruenta lucha urbana, persecuciones y exilio, lograron arribar a las costas cubanas y organizar la lucha armada en la Sierra Maestra.
He aquí textualmente parte de lo que describe dicho libro:
“…Son las diez de la mañana del lunes 2 de diciembre de 1957. El último emboscado de la posguerra cantábrica es arrastrado hasta la carretera… Ya hay allí muchos curiosos esperando... Todo el mundo comenta la corpulencia de Bedoya, el mozo de Serdio... La hazaña de haber trepado la roca viva, con toda la muerte a cuestas---había aguantado ocho horas con sus heridas fatales; llevaba cinco balas incrustadas en el vientre--lo que nos ha dicho el forense que le hizo la autopsia…” 
Este trágico acontecimiento de los desfiladeros de Islares en los Picos de Europa, ocurre cuando ya las tropas rebeldes cubanas han tomado la iniciativa y han parado en seco la rimbombante  Ofensiva de Invierno, donde brilló el Che para desbaratar los planes con los cuales el régimen de Batista se ufanaba en predecir el fin de la guerrilla.
En circunstancias similares había sido asesinado ocho meses antes su compañero Juanín. Pero ahí no terminan las curiosidades. Tal vez hayamos pasado por alto otros detalles. En el libro de “Juanín, el último emboscado…”, cuya portada refleja una imagen de la comarca  Levaniega, y la villa de Potes, lugar que da origen a la leyenda. Concluímos con estas dos fotos del libro:

En la primera: La casa  de la Plazuela del Llano, en Potes, donde nació Juan Fernández Ayala (Juanín), el 23 de noviembre de 1917, y en la segunda: La única foto que pudo burlar la vigilancia de sus asesinos, tomada subrepticiamente el 24 de abril de 1957, en el cementerio de Potes por un lebaniego que la ocultó durante años.
Sin embargo, quisiera destacar en la obra, un capítulo singular; que se refiere al indiano de Piedras Luengas, y comienza de esta manera:
“…Don Benigno Ferreiro, que contaba con 57 años de edad, era soltero y había nacido en Vivero, villa costera de la provincia de Lugo, de donde en su juventud había salido para Cuba, y al cabo de los tiempos estableció un negocio junto con sus hermanos en la calle de Muralla, labrando una brillante situación económica. Una familia cubana lo había nombrado su representante en España para que liquidara una gran herencia cuyos bienes les pertenecían y radicaban en el término municipal de la villa santanderina de Reinosa. Allí se dirigió el 16 de julio de 1954 en compañía del abogado Martínez de Diego, alojándose en el Hotel Balenciaga.…”
Un asterisco a pie de página indicaba que se trataba del artículo firmado por José Quílez Vicente para la revista BOHEMIA del 21 de noviembre de 1954. En el mismo se narra la odisea del comerciante gallego que por aquellas circunstancias imprevisibles salió de Cuba hace exactamente 58 años para no volver, víctima de las trampas que nos pone el destino.
A mis gentiles vecinos interesados en este trágico episodio, les recomiendo hurgar en los archivos de nuestras hemerotecas, pues no es éste nuestro propósito, ni el perfil del blog.

GUAYABITOS EN LA AZOTEA

Tal vez esta frase no diga mucho a los más jóvenes, pues data de los tiempos de mi infancia en la década de los años treinta del pasado siglo. Habían desfilado ya por nuestro país las vacas gordas y también las flacas. Las comadronas ayudaban al crecimiento demográfico, y La Habana, mucho antes de lo cantado por Formel, tampoco aguantaba más.
Con la roedora y locuaz expresión del título, el gracejo popular definía a las personas idas, anormales, o simplemente dementes, también tachados vulgarmente de quendes o quemados.
El país, mono-productor de azúcar durante tres meses, se des-ruralizaba de forma acelerada y comenzó una emigración temporal hacia zonas urbanas. Aquellos bohíos de dos aguas daban paso a edificios rectangulares, entonces provistos de radio-receptores por dentro y chimeneas exteriores por fuera, donde se expulsaba el humo mientras la ceniza servía para tapar en la acera, la caca perruna del vecino.
En general aquellas azoteas habaneras, además de servir como sombreros o paraguas para las casas, se utilizaban para criar palomas o tender ropa, pues no existía aún la televisión, que de inmediato dio paso a la era de los bigotes anteníferos.
En temporada ciclónica los adultos subían para destupir los tragantes, y en vientos de Cuaresma, nosotros lo hacíamos a empinar papalotes o chiringas, pero siempre con adultos custodios.
Las antenas --parabólicas o no-- sustituyeron a los famosos guayabitos de antaño, que tuvieron que mudarse para las cloacas, y así hasta hoy, a pocos días de la quinta Olimpiada del Tercer Milenio, que se celebrará en Londres a fines de este mes.
A partir de ahora no tendremos más guayabitos en la azotea, ni tendederas, ni palomares, ni chimeneas, ni antenas bigotudas, ni para-bólicas, ni para-nada.
Los XXX Juegos Olímpicos en el Reino Unido del próximo 27 de julio, inauguran una nueva era—que deja de ser “era” en pasado--para clonarse en el futuro.
Si no recuerdo mal, los antiguos griegos crearon estos eventos deportivos durante las llamadas Treguas Sagradas cada cuatro años. De ahí que la Primera y la Segunda Guerras Mundiales se quedaron sin Olimpiadas en el siglo XX, pues la cosa no estaba para juego.
Hoy, gracias a este mundo patas arriba, los organizadores del fraternal encuentro echan por tierra lo más puro de dichas tradiciones, para subir a los tejados De Scotland Yard emplazamientos coheteriles en un Londres famoso por sus brumas--y por tanto débil visual según el Dr. Watson-- con lo que se corre el doble riesgo de una fatal equivocación –nuclear o no—y se produzcan peligrosos daños colaterales, no ya en campos de batalla sino en los propios campos de juego.
No hay que ser ningún Sherlock Holmes para descubrir por qué los irritados londinenses se suman a ese 99% de indignados del mundo entero que se han visto sin empleos, hipotecas y esperanzas, al sumárseles ahora la pérdida de la privacidad en sus propios hogares.
Lamento pues no complacer a los vecinos lectores que me han felicitado por la serie “Detrás de la Antorcha” en los momentos en que me disponía a abordar  hazañas y curiosidades con la destacada presencia cubana a partir de Tokío 1964. Fue un enorme esfuerzo de desapolillar archivos y seleccionar antiguas imágenes y fotos curiosas del magno evento deportivo. Todo ello realizado con infinito placer, y recibido por ustedes con igual reconocimiento.
Lamento no haber podido reflejar las hazañas de nuestros atletas al ejercer el derecho del pueblo en estos casi cincuenta años de fructíferos resultados.
Lamento no hacerme eco de tanta  hombrada – realizada por hombres y mujeres-- que han sabido ganar las medallas de la dignidad antes que las otras, como Juantorena y Stevenson, por poner sólo dos ejemplos masculinos.
Lamento que el patrón impuesto por el actual colonialismo inglés, “dueño y señor” de las Malvinas, paradigma del armamentismo urbano, y promotor de estos Primeros Juegos Artillados, no resulten la adecuada inspiración para seguir curioseando en los  pacíficos archivos de las Olimpiadas.
Si hace 20 años en Barcelona, --Antonio Rebollo-- un arquero paralímpico inflamó el alma de todo el mundo con aquel certero flechazo al corazón del pebetero olímpico. Hoy todos pueden quedar hecho cenizas de un solo dedazo apocalíptico, desde cualquier tranquila azotea inglesa.
Si alguien tiene guayabitos en la azotea, son ésos que hoy quieren empañar la secular Tregua Sagrada de los Juegos Helénicos, con un terrorismo inventado por ellos mismos en el presente siglo.
Así veo yo esta situación porque, el “horno no está para pastelitos”.

JORNADA, POR TODO LO ALTO

Apenas silenciados los tambores del San Juan camagüeyano el pasado 27 de junio, el jolgorio de las tradiciones campesinas se apoderó del vecino territorio de Las Tunas con la celebración de la XLV Jornada Cucalambeana; un gigantesco guateque digno de recordar, pues hoy más que nunca reverdece el homenaje al bardo Juan Cristóbal Nápoles Fajardo “El Cucalambé”, lo cual coincide con los noventa del inspirador de dicha celebración, Jesús Orta Ruiz, EL indio Naborí, y los cincuenta de la salida al aire del programa más añejo de la Televisión Cubana “Palmas y Cañas”. 
Como si todas estas joyas de la antigüedad fueran pocas. Recientemente--hace apenas dos meses--el internacionalismo Cubadisco 2012 dedicado este año a la guitarra se declaró al repentismo cubano como patrimonio intangible de la nación.
Acudimos pues a una fiesta bien grande y tangible que salió del bucólico sitial de El  Cornito para extenderse como un tsunami de pueblo por calles, y plazas de la ciudad en un adelanto a las Olimpiadas de Londres con un maratón cultural de 44 actividades en solo cinco días.
Y como en la variedad está el gusto, ellas se repartieron entre peñas, coloquios, exposiciones, debates, audiovisuales, cabalgatas, concursos, ferias, espectáculos infantiles, bailables, canturías --y risas, muchas risas--, para finalizar con la gala en el gran guatecazo del Cornito donde a las doce de la noche de este primero de julio se recordó una vez más la llegada al mundo del bardo tunero.
Debemos aclarar que la página campesina nuestra fue bautizada “Dímelo Cantando” también por el propio Naborí desde sus primeras ediciones en el otoño de 1961, --es decir hermana mayor-- cinco años antes que la Cucalambeana.
El humorismo gráfico, también hermano gemelo de la décima desde las raíces mismas de nuestra idiosincracia, estuvo representado en esta semana tunera por exposiciones de los palanteros invitados, que comenzó con “El Cafetazo Especial” de Narciso y Blady en los abarrotados portales del Café Bohemio.
Al día siguiente la pareja de los Blanco (padre e hijo) dio pollona con la titulada “Doble Blanco” en la Casa de la Prensa, y con posterioridad, el trinitario Ramsés, reverdeció una vez más la caricatura desde el vestíbulo de Radio Venceremos con su propuesta “El que a buen árbol se arrima”. El meneo del trazo juguetón concluyó con una muestra colectiva, nada menos que en la acogedora heladería “Las Copas” La originalidad del evento vino en barquillo pues el brindis se hizo con una ensalada de fresa y chocolate.
Inolvidables resultaron estas actividades, matizadas por jocosas controversias entre artistas de gran pegada como Tomasita Quiala y Emiliano Sardiñas. Si la sangre no llegó al río fue gracias a que el Primo (Víctor Rojas) los separó, para que el Cabo Pantera (Angel Rémy) o Flores --el policía-caricaturista o viceversa--, no tuvieran que llevárselos presos.
También de lujo fue el soporte musical con grupos como el Quinteto Criollo, que nos hizo recordar a nuestros hermanos villareños Pedro Méndez y los colegas del MELAÍTO o a Chaflán, cuando éste último iba del chiste a la muela o viceversa, con solo quitarse o ponerse el sombrero. 
A propósito, los sombreros de yarey con que coronaron a los participantes, debemos quitárnoslos ante el esfuerzo, la voluntad y los éxitos alcanzados por los jóvenes anfitriones del “Balcón del Humor”,--grafi-sección fija del periódico local—encabezados por Antonio Medina Segura (Antoms) y su compañera María Sao Rodríguez (MdA). Quienes promocionan a un entusiasta grupo de artistas noveles con indiscutible calidad, entre los que se hallan futuros diamantes en bruto del pincel, pero aún alumnos de educación primaria.
Regresamos a la capital con los bultos repletos de recuerdos y entusiasmo en un Yutong refrigerado donde se improvisó la controversia humorística más larga del mundo--no en su dimensión temporal, sino espacial--pues se extendió por más de 400 kilómetros.


En ella participaron voluntariamente los trovadores Orestes Pérez, Arnaldo Figueredo, Víctor Rojas Hernández, y Tomasita Quiala, entre otros a quienes pedimos disculpas, pues sus respectivos nombres se nos escaparon por las ventanillas abiertas de nuestra senectud.

LLEGUÉ CON 81 Y ME VOY CON 18


Regresé a Las Tunas tres décadas después de aquel fabuloso Festival del Humor 26 de julio de 1981 organizado por PALANTE, que sirvió de marco apropiado para la 14º Jornada Cucalambeana; recuerdo haber sido arrollado o arrastrado más bien, por un bullicioso carnaval donde por primera vez pudimos degustar la deliciosa caldosa de Kike y Marina, (Enrique Pérez Rodríguez y Marina Zaldívar).
Vuelven ahora allí mis cinco sentidos incluyendo el del gusto, a recordar la guarachita popularizada entonces por el Jilguero de Cienfuegos con el Conjunto Yumurí.
La provincia de Las Tunas ya no es la misma—y yo, mucho menos—. Ella cada día más linda y rozagante y yo arrastrando mis 81 gracias al bastón del consuelo con  el cual me defiendo diciendo que me quiten lo bailado.
Si algo extrañé precisamente en esta XLV Jornada Cucalambeana fue aquella caldosa que levantaba los muertos y presidía las fiestas tuneras de entonces, hoy desaparecida por completo de las ofertas gastronómicas. Desconozco las causas, sólo sé que vine a tomar algo parecido al regreso; en una fugaz parada que hizo nuestro ómnibus en el vecino pueblo de Guáimaro. Estaba caliente y nutritiva, pero parecía más un ajiaco camagüeyano que una caldosa tunera.
Todo lo demás me resultó fabuloso. La alegría juvenil desbordada por sus calles, el incontenible movimiento cultural autóctono reflejado en galerías, museos y bibliotecas. El pujante impulso al humor gráfico, representado por nuestros anfitriones del Balcón del Humor en el periódico local. El resto de los humoristas gráficos, escénicos y hasta musicales a través de las controversias del guateque campesino. Así como sus abarcadoras dimensiones antes limitadas al entorno de El Cornito, que hoy desbordan calles, parques y plazas.
Recuerdo que mucho ha tenido que ver la voluntad política de un dirigente como Faure Chomón, quien apoyó entonces la resurrección de Blanquita Becerra, y la huella dejada allí por Rita Longa y sus seguidores de la escultura monumental (CODEMA) que aflora en cada uno de sus rincones urbanos o rurales donde se respira la cultura en todas sus manifestaciones.
Un lugar de referencia es el coquetón Café Bohemio, donde los humoristas gráficos se dan banquete con los usuarios, que van desde poetas, y artistas plásticos, hasta peloteros y público en general. Allí tuve que enfrentarme, --por suerte sin el bate por medio—con el “rompe-cercas” Danel Castro.
Precisamente tuve la oportunidad esta vez de contactar a una de esas figuras emblemáticas, --tunera, cubana y universal a la vez--: El maestro Rafael Ferrero, escultor, profesor de artes plásticas y una verdadera enciclopedia viviente, quien me recibió con la energía de un abrazo contenido por esos treinta años de ausencia.
El humor criollo afloró de inmediato, cuando refiriéndose a su edad y su especialidad artística de modelar con cualquier material, cierta persona lo calificara de “Chatarra” la respuesta de Ferrero no se hizo esperar: --Sí, pero de metal precioso.
Fue una controversia en prosa por más de cinco horas consecutivas hablando de lo humano y lo divino. De éxitos y desengaños, pero donde entre sorbo de ron o café afloraba el optimismo siempre presente en la herencia intelectual de nuestros respectivos nietos y bisnietos: Por su parte los milagros preescolares de la genial María Karla en una paradigmática controversia con mis talentosos Miranda y Brian. Que optamos por dejar tablas como siempre ocurría entre Chanito Isidrón y Angelito Valiente o entre Justo Vega y Adolfo Alfonso.
El me recordaba su imperecedera huella en San Antonio de los Baños cuando en 1979 dejó estampada su firma en la escultura del Bobo y el Loquito, durante la Primera Bienal Internacional de Humorismo Gráfico a la entrada de la Villa del Humor; o en el mural que ocupa el fondo de su Museo homónimo. Mientras yo le evocaba el evento competitivo que presencié bajo el título de ”Arena, Sol y Mar” en las arenas de la Playa de Varadero, donde los caricaturistas a pura línea compartimos protagonismo con las obras volumétricas de los “esculturosos”.
Para no extenderme mucho me limitaré a reflejar una tajante respuesta dada a una periodista local que insistía sobre mis impresiones en esta última visita a Las Tunas por la Jornada Cucalambeana.
Textualmente le contesté: --Imagínate vine con 81 años y regreso como si me mirara en el espejo: Con 18.
En el contaminado ambiente de artistas, poetas y similares, no me percate de cierta persona presente en la interviú. Un par de días después, cuando me despedía de los anfitriones para tomar el ómnibus de regreso a La Habana se me acercó entregándome un papelito. Se trataba de la compañera Reina Esperanza Ruiz Hernández, quien había participado por Puerto Padre como jurado de glosas en el Catauro de la Décima. Era una espinela que decía así:
BLANQUITO EN LAS TUNAS
Vine con ochenta y uno
y me voy con dieciocho
fresco como un bizcocho
en el siglo XXI.
No guardo rencor alguno,
y me voy más elegante,
más alegre, más galante.
A las Tunas volveré,
y en su Bohemio-café
Sigo PALANTE Y PALANTE











DÍMELO CANTANDO EN LAS TUNAS

Desde el mismo inicio del semanario PALANTE Y PALANTE, el 16 de octubre de 1961, se le prestó un especial interés al tema campesino y su más raigal expresión, la décima; en este caso la humorística, de larga tradición desde los tiempos de “gorriones y bijiritas”. Nadie más indicado para ello que sumar a Jesús Orta Ruiz, “El indio Naborí”, quien había labrado una fructífera labor poética y revolucionaria a lo largo de toda su vida.
La primer vez  que surge el nombre de “Dímelo Cantando” encabezando dicho espacio fue en el número 8  de (11-12-1961), donde Naborí logró aglutinar firmas tan reconocidas como Justo Vega, Chanito Isidrón, Marcelino Ortiz y Rodolfo Díaz Moya. Pero ese fue sólo el inicio; el objetivo era el de lograr la participación popular, y las puertas del tabloide se abrieron a decenas de decimistas desconocidos, surgidos de las entrañas del pueblo.
Recordamos algunos de aquellos colaboradores a partir de ese año y todo el 1962: No sabemos si eran repentistas, pero si repitentes como Gustavo Marrero, un chofer de guaguas convertido en el “Pintor de Jacomino”, Rogelio Alba Jinoria, y Aurelio Acuña del central Australia, por citar solo tres nombres.
La sección campesina, en la misma tónica del semanario, buscó siempre no repetirse, y Naborí logró impregnarle ese aire de renovación constante:.La transformación más radical surgió durante el año 1964, cuando agregó a la exclusividad del ”Dímelo Cantando” sus cuentos montunos, donde dio a conocer algunos tan simpáticos como “El viejo baldado”, “El caimán”, “La lavandera gratuita”, “El majá”,  “Matusalén guajiro”, ”La muela de Julián” etc..
Como si todos esos aportes fueran pocos, inició una nueva  sección titulada “Vivimos en Campo Alegre” donde incluía las controversias que bajo ese nombre Radio Rebelde  proponía a reconocidos bardos como Cecilio Pérez y Eugenio Morales con el acompañamiento del Dúo Espirituano,
o“El jabuco del Saber” cuestionando el origen de las palabras. Una de ellas que tocó dilucidar a la pareja de repentistas Orlando Vasallo y Fortín del Sol (Colorín). Ahí no pararon las iniciativas del mentor del “Dímelo Cantando”, recordemos que también se apoyó en el programa “Patria Guajira” de Justo Vega en Radio cadena Habana, para enfrentar al matrimonio de Minerva y Martín en disputas de género.
Hubo un tiempo en que sus múltiples obligaciones, tanto políticas como culturales lo alejan momentáneamente de su querido “Dímelo Cantando” palantero, razón por la cual el entonces director de la publicación, Joaquín G, Santana me encarga hacer contacto con el investigador y folklorista villareño Samuel Feijóo –ambos también poetas--. Y convencerlo para que asumiera la responsabilidad de mantener vivo el popularísimo y especializado perfil campesino de dicha página.
Mucho ayudó su especial sentido del humor; y la página, al cambiar de facilitador también lo hizo de título, pues a partir de la edición No.22  (23-3-1967) tomó el nombre de “Saber Guajiro”, más didáctica que la anterior, pero sin perder sus rurales raíces.
Lamentablemente Feijóo sólo pudo mantenerla durante seis meses, pues desde el mes de agosto de ese año dejó de publicarse.
De ahí que, durante unos años tuvimos que prescindir de la valiosa colaboración de ambos e irremplazables maestros. Por suerte nos había caído no del cielo, sino de Guanajay,  Leopoldo Rivero  Martínez, un modesto y desconocido bardo  que tras su sencilla y noble apariencia, escondía un talento exquisito y una voluntad férrea, pues contra viento y marea mantuvo viva la llama de la decima en el semanario bajo el supuesto nombre de Martín Proletario.
Se caracterizó por mantener también una voluminosa correspondencia gracias a sus habilidades para escudriñar en el conocimiento humano y proponer en espinelas preguntas de todo tipo. Recordemos su primera pregunta en serie “¿Dónde está el error?”  a la que siguió “Sea usted  Sherlock Holmes”; cuando se le perdió la lupa y se le encendió la pipa se le ocurrió “Captúrelo usted mismo”, y por último, otra saga en el colmo del desatino, cuando le preguntaba al lector “¿Dónde está el disparate?” Veamos una de estas incógnitas::
El crimen fue la razón
de su imperio lujurioso
Fue un cobarde, fue un tramposo
Y un idiota de ocasión.
Este monstruo fue Nerón,
El hijo de Mesalina,
Que fue también asesina,
Coqueta, ruín y chismosa;
Una intrigante ardorosa
Con la embriaguez de la inquina.
Incendiario y avariento,
Rapaz, inculto y odioso;
Fue siempre cruel, envidioso,
Y un criminal cien por ciento.
Aquí termina este cuento
Al vuelo de una paloma;
Anota, lector y toma
Esta historia denigrante,
Porque ya escribí bastante
De aquella bestia de Roma.
Martín Proletario
Para los que hayan quedado en la duda, le aclaramos que el disparate reside en que la madre de Nerón era Agripina no Mesalina.
Al asumir la dirección de la publicación en el verano de 1970 una de mis mayores preocupaciones era la de revivir el “Dímelo Cantando”, y providencialmente una llamada telefónica de larga distancia  me renovó las esperanzas.
Desde Santa Clara  el colega Aldo Isidrón del Valle, visiblemente preocupado me planteaba la situación de su tío Chanito Isidrón, quien en su tiempo fuera el Príncipe del Punto Cubano, estaba jubilado desde hacía varios años, pero más lúcido que nunca, y esperando .por alguna propuesta reivindicadora de su arte inagotable.
Inmediatamente me puse en contacto con Chanito. Conté también con la anuencia del propio Indio Naborí y  del entonces Viceministro de Educación Dr. Raúl Ferrer, tres que cojeaban del mismo pie forzado..
Fueron años inolvidables en los cuales coordinamos las acciones con la  dirección de la ANAP. A los desvelos de Pepe Ramírez, su Presidente-fundador por mantener ese entusiasmo, se debe el lanzamiento de la convocatoria al Concurso anual “La Transformación en el Campo”. La presidencia del jurado siempre recayó en el joven-octogenario Chanito Isidrón.
Fuimos invitados a participar en la Jornada Cucalambeana  para dar a conocer los tres  primeros premios del certamen, y cuando la  delegación de PALANTE junto con Chanito pisó  por primera vez  El Cornito de Las Tunas, en julio de ese año. Fui entonces testigo presencial de un fenómeno increíble:
Todos iban a la cabaña que ocupábamos el poeta y yo, a cualquier hora del día o de la noche para saber si era verdad que no se había muerto; otros habían oído decir que estaba en el Norte, así como muchos más cuentos de camino. No pocas décimas salidas de su extraordinario sentido del humor, surgieron como consecuencia de estas muestras de cariño y desinformación.
Una pareja que impuso su calidad poética en aquellos tiempos fue la formada por los espirituanos  Bernardo Amador Yunes (Nano), y Luis Compte Cruz, asiduos colaboradores. Sería injusto no mencionarlos.
Cada año se repetían dichos encuentros, pero algo especial ocurrió durante la Jornada Cucalambeana en el verano de 1978. Se celebraba el 35º. Aniversario de la primera transmisión de la emisora MIL DIEZ que contaba con el programa de radio más popular del momento “Dímelo Cantando” el cual se transmitía diariamente hasta su brutal clausura por el régimen de facto.
A partir de entonces más nunca se oyeron las populares propuestas del folclor rural que difundía la emisora. Pues bien, treinta y cinco años después, durante aquellos cuatro días inolvidables, en el parque Vicente García, y por las ondas de radio VICTORIA, los protagonistas de aquellas antológicas transmisiones hicieron las delicias del pueblo tunero.
En esta tira aparecen algunos de aquellos veteranos poetas y músicos de  ése típico programa campesino:.
Pero nadie más autorizado que Jesús Orta Ruiz, uno de aquellos protagonistas podía rememorar tan memorable acontecimiento. A continuación reproducimos las palabras. del Indio Naborí, también tomadas del PALANTE No. 41 publicado el 21 de julio de 1978.
“…En el 35º. Aniversario de la Radio Emisora MIL DIEZ, heraldo de las legítimas demandas populares, hay que reconocer cómo los orientadores marxistas de su programación se interesaban por mantener y desarrollar las manifestaciones de la cultura popular, donde tienen, innegablemente un sitio la música y la poesía de nuestros campos, así como esa  inagotable veta de buen humor que caracteriza a nuestro pueblo. (…) Ambas expresiones del genio de nuestras masas se mancomunaban en aquel famoso programa campesino que la MIL DIEZ presentaba en su horario estelar nocturno, bajo el gracioso y verbal título “Dímelo Cantando”. A éste, el locutor añadía los siguientes gustos y atributos: “…el programa nacional que instruye mientras deleita…(…) Las secciones del espacio se dividían en motivos de ingenio como los pies forzados y las adivinanzas, motivos didácticos (respuestas cantadas a preguntas de los oyentes) y motivos humorísticos como los “Sordos de cañón”, interpretados por Chanito y Eloy Romero, así como la pareja matrimonial “Pantaleón y Dorotea” protagonizada por Isidrón y Radeunda Lima. (…) La variedad del programa consistía en ligar estas expresiones de buen humor, con elementos líricos que se ofrecían especialmente en las controversias, donde no faltaban como salpicaduras necesarias las notas de protesta social. (…) De ahí que el semanario PALANTE haya querido perpetuar el recuerdo de aquel programa, uno de los más escuchados y queridos en la historia de nuestra radiodifusión, creando una sección con el mismo nombre y objetivos de “…instruir y divertir a través de la décima criolla…” con sus características tradicionales, especialmente aquellas que coinciden con el espíritu humorístico de esta publicación..”.
Al acercarnos al nonagésimo aniversario del nacimiento de Jesús Orta Ruiz, el próximo 30 de septiembre, hemos querido recopilar estas memorias de su paso por nuestra publicación, que solo es una ínfima parte de su obra lírica dedicada al  humorismo criollo. Su monumental herencia artística es tan abarcadora que sería imposible encasillarlo en un solo género.
 (Estas notas pertenecen a un  trabajo mucho más amplio que le fue entregado a la hija del, “Indio Naborí” Alba Orta Pérez,.durante el coloquio interactivo celebrado en Las Tunas con motivo de celebrarse el próximo 30 de septiembre el 90º. aniversario de su nacimiento).