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4 ago. 2016

MEU BRASIL OLÍMPICO




Unas pocas horas nos separan de la gran cita del deporte mundial en Río de Janeiro y en la medida en que la antorcha olímpica se acerca al pebetero, muchos recuerdos vienen a la mente, pues ese evento me traslada ochenta años atrás, cuando en Munich se celebraba otro similar: En ambas ocasiones presididos por autoridades tan detestables como el canciller alemán Adolfo Hitler, y el próximo viernes 5 por el actual Presidente de facto brasileño Michel Témer—palabra acentuada a propósito--pues este funcionario también resulta de temer.
En aquella ocasión la Olimpiada consistió en un mega-espectáculo para propagar la hegemonía nazi-fascista de Adolfo Hitler, antecedente de la Segunda Guerra Mundial que costó millones de vidas humanas, dando lugar también a la suspensión de tres Juegos Olímpicos consecutivos.
Cuando aquello--con solo seis años de edad--la imagen de Brasil me llegaba manipulada a través del cine musical y en technicolor Made in Hollywood, con las cimbreantes caderas de una provocativa Carmen Miranda al ritmo de la zamba o aquellos deliciosos y edulcorados “Tres Caballeros” de Disney: El Pato Donad, Pancho Pistolas, con el debut del ingenuo José Carioca.çLa realidad era mucho más trágica pues el gigante suramericano no era la excepción de un Panamericanismo signado por la pobreza de los “sin tierra”, la represión, la tortura y la muerte al estilo nazi, bajo la máscara democrática-representativa del Plan Cóndor y formado por depredadores de la talla de Trujillo, Batista, Somoza, Stroessner, Videla, y Pinochet entre otras aves de rapiña.
El ejemplo rebelde de Cuba a partir de 1959 nos trajo muestras solidarias de aquella América Nuestra soñada por Martí y fuimos testigos de no pocos ejemplos.

Es entonces que tuvimos el honor de recibir a fraternales humoristas gráficos de todo el continente, incluyendo en primer lugar a Ziraldo Alves Pinto de Minas Gerais y posteriormente a Waldomiro Santos Vergueiro de Sao Paulo, entre otros muchos colegas.
Precisamente quiero detenerme en el caso del caricaturista Ziraldo:
Cuando nos visitó por primera vez con una exposición personal invitado por la Casa de las Américas, en el fraternal intercambio nos dio una muy particular semblanza de nuestro carácter isleño comparándolo con el de su país. He aquí el simpático rostro que nos ofreció: 
Su territorio –Brasil--es tan inmenso que las víctimas de la pobreza, el hambre y los conflictos, pueden emigrar a pie durante años en busca de mejores horizontes. Mientras en nuestro caso, la distancia entre la costa norte y la del sur de Cuba es tan estrecha que ello no permite muchas opciones teniendo que atrincherarnos con firmeza para hacer frente al enemigo, de ahí el carácter “rebencúo” que nos caracterizaba.
Tal vez esto les de una muestra de ese humor tan profundo y singular de Ziraldo, con el cual ha obtenido numerosos reconocimientos tanto dentro como fuera de su país, contando entre ellos con el Premio Quevedos 2008 por toda la vida que le fuera otorgado en la Universidad de Alcalá de Henares, España; el mismo día en que el artista cumplía sus 77 años, con una cosecha de simpatiquísimos personajes como Pereré, Menino Maluquiño, Profe Macanuda, Jeremías el Bon, y la Supermae entre muchos más.
Otra anécdota: En marzo de 1991 visitó también nuestro país la estelar actriz brasileña Regina Duarte, quien había adquirido junto a Lima Duarte gran popularidad con el personaje de “Porcina” en la telenovela “Roque Santeiro”. En aquella ocasión tuve el honor de realizarle una caricatura personal al personaje del “Señorito Malta” y ella se comprometió en hacérsela llegar al destacado intérprete. De esto dio constancia en el periódico GRANMA la colega Sahily Tabares y la instantánea que ahora reproducimos para ustedes fue tomada en aquella ocasión por el foto reportero Pedro Beruvides.
Sólo ocho meses después, una nueva sorpresa: Entre el 7 y el 17 de noviembre de 1991, Orestes Suárez y yo, en representación de los historietistas cubanos fuimos invitados a participar en la Primera Bienal Internacional de Quadriños de Río de Janeiro. Dicha muestra se exhibió en la entonces famosa Fundición Progreso, cuya promoción y logotipo recayó en el pincel del hermano Ziraldo. Debo agradecer además que producto de dicho encuentro mis personajes--el gordo y el flaco--de “!Ay, Vecino!” tuvieron la oportunidad de ser traducidos al portugués en unas 100 tiras publicadas a partir de entonces en el diario carioca HORA DO POVO.
Por último, en la XIV Feria Internacional del Libro de La Habana dedicada a Brasil en el año 2005, la Editorial Pablo de la Torriente presentó un pequeño cuaderno titulado MEU BRASIL de la autoría del profesor Waldomiro Santos Vergueiro, especialista en Comunicación Social de la Universidad de Sao Paulo, y afamado investigador de la historieta y el humorismo gráfico mundial, con estampas ilustradas por mi hijo Francisco P. Blanco Hernández a propósito de la historia, costumbres, flora y fauna del gigante suramericano, pero con la caricatura personal del propio autor saltando alegremente de página en página. Lo que pudiera considerarse una original idea del inquieto Waldomiro al convertirse en protagonista cómico de su propia y bien documentada aventura.
En cuanto a los actuales Juegos Olímpicos, ojalá que sirvan para la PAZ y no para la GUERRA como lamentablemente sucedió en aquel triste evento de 1936.

19 jul. 2016

CUENTOS DE ISLEÑOS EN ESTE 26



Tal vez este título resulte raro a mis pacientes vecinos en fecha tan señalada.
Me explico: Como director del semanario PALANTE por más de quince años, tuve la colaboración honorífica y espontánea de humoristas espirituanos, tanto cuenteros, decimistas, como dibujantes de excelente calidad. Con citar solo los permanentes señalamientos que nos hacía entonces el maestro Raúl Ferrer, y la activa participación de poetas como Luis Compte Cruz y Amador (Nano) Yunes, todos ellos de Yaguajay; Chanito y Onelio, ambos de Calabazar de Sagua, o Samuel Feijoo nacido en San Juan de los Yeras, será suficiente.
Pero siempre me resultó curioso que la numerosa correspondencia recibida eran por lo general, Cuentos de Velorio o de Isleños, donde el canario tosco, rústico, e inculto quedaba muy mal parado, y en mi condición --citadina y habanera por los cuatro costados--me resultaba discriminatoria su divulgación a pesar de las carcajadas propias, por lo que desechaba la mayoría de dichas colaboraciones que pasaron a mejor vida en el cesto de los papeles.


Vino entonces en mi ayuda un espirituano de pura cepa, que comenzó sus colaboraciones en el semanario--también a distancia--bajo el seudónimo de “Cabaiguán” Rodríguez.
A él, fallecido hace cinco años (6-1-2011), a escasos 17 días de poder arribar a sus 80 años de edad, dedico estas sentidas líneas. Se trata de José Luis Rodríguez Alba, pichón de isleño, quien heredó de su terruño canario-espirituano el amor por la décima, las parrandas y el humorismo oral concentrado en los cuentos de velorio, donde ellos se ríen de sus propios “defectos” y que da sentido al verdadero humor, ese que no se burla o chotea al vecino, sino que se inspira en sus propias entrañas y por lo tanto, resulta más inteligente.
Pobre, pero honrado—como se decía en el pasado—Pepe, que así lo conocían por allá, fue despalillador de tabaco, mozo de limpieza, mecánico electricista, dependiente del comercio, vendedor ambulante, mecanógrafo. O sea que se anticipó al cuentapropismo, pero en el siglo pasado.
La pasión por la literatura en sus horas libres, especialmente la humorística, lo llevó a enviar por correo sus escritos al entonces semanario PALANTE y decidió hacerlo bajo el seudónimo de Cabaiguán Rodríguez en honor a su pueblo natal. Fue un asiduo colaborador honorífico durante toda la década del setenta, y parte del ochenta en el pasado siglo.
Su talento natural, constancia, y superación, le permitieron emigrar y trabajar directamente en La Habana como editor en el Instituto del Libro, y de esa etapa se consolidaron aún más sus aportes a nuestra publicación, pero bajo un nuevo seudónimo: GRAKO, con el cual firmaba asiduamente sus “Grakerías”. 
Sólo con un dominio total de la síntesis literaria podía lograrse esa obra paródica y homenaje a la vez de las famosas “Greguerías” de Don Ramón Gómez de la Serna. Pero no piensen que con ese aporte quedaba satisfecho.
Recuerdo aquella incursión crítica del Quijote de La Mancha que hiciera por las calles de la capital, escrita en un castellano tan antiguo como la propia obra de Cervantes, para “enderezar entuertos” negligencias y otros males circundantes en aquella circunstancia, aun presente.
Pasaron los años--junto con mi jubilación le llegó también la suya--pero ninguno de los dos nos rendimos.
Recuerdo que coincidimos de nuevo en los comienzos del presente siglo cuando presentó en Ediciones Extramuros una joyita literaria donde barría con la escoba del humor aquello que tituló “¡Palabras Sucias!” y que se dio el gusto de bautizar con el nuevo epíteto de—(Palabras malsonantes). Eso fue en el 2003; un año después bajo el mismo sello, Dulce María Sotolongo, la editora de la editora le encargó el prólogo del mi bolsi-libro “Pequeño Mataburros Humorístico-Ilustrado” al que parodió como PROTO-LOCO con su natural gracia.
Seguimos batallando, el por su lado y yo por el mío. Mucho aprendí de la idiosincrasia isleña para reírse de sus propias barbaridades. La “jiribilla” del humorismo seguía viva en ambos, y un buen día, sin intención alguna, comenzó a contarme sobre las leyendas, costumbres, y fantasías oriundas de Islas Canarias, así como del fácil aplatanamiento de sus hijos que emigraron— fundamentalmente a las áreas rurales--y dedicados por lo general al cultivo del tabaco.
El primer equívoco de aquellos primitivos isleños-–no peninsulares--fue la fundación de Viñales en las vegas del tabaco más famosas del mundo, Y de Hoyo en Hoyo, llegaron hasta el de Manicaragua, con sus chistes de velorio y graciosas tonadas campesinas.
Aquí me detengo, pues de esas narraciones nació un cuaderno de historietas con textos suyos e ilustraciones mías titulado “Cuentos de Isleños”, aún inédito.
El solo hecho de que el archipiélago mediterráneo cuente con siete islas reales y una virtual, era más que suficiente para enamorarme del proyecto. He aquí dos tiras de dicha publicación gráfica, aún inédita.
Hoy en el homenaje a Sancti Spíritus en el Día de la Rebeldía Nacional, no podía pasar por alto estas “riflexiones” como diría otro grande: Zumbado.
Así surgió el libro que cuenta con 28 páginas y 233 viñetas. La obra, terminada hace aproximadamente diez años, aún espera en el baúl de los recuerdos por algún editor sensato o in-sensato, que se sienta sensibilizado por el encanto de esas tradiciones: La fabulosa narración de príncipes encantados, brujas, fantasmas y costumbres autóctonas, para con ello fortalecer aún más los lazos indisolubles entre dos archipiélagos hermanados en la risa sana y el sudor rural: Cuba y Canarias.

NO SIEMPRE FUE JUSTA LA JUSTICIA



A veces veo a mis nietos y biznietos jugando frente a la computadora o su table y me sorprendo de los cambios que tan vertiginosamente ocurren en este mundo postmoderno de los drones, autos, y teléfonos inteligentes actuales, con la amenaza robótica de desplazar con androides a millones de obreros, que hipotética pero definitivamente  serán los futuros desempleados, y posibles consumidores de tanta pacotilla corporativa en el futuro.
A su edad, en mis tiempos—los mismos de Raúl y Fidel—era fanático de los muñequitos en colores que aparecían en los suplementos dominicales de los diarios de entonces. Uno de mis ídolos era el detective yanqui DICK TRACY, quien para perseguir a “los malos” dependía de un “ultramoderno” radio-reloj de pulsera donde se comunicaba con la jefatura para localizar a los delincuentes en medio de la “Ley Seca”, antecedente impensable en la actual Meca del narcotráfico.
Pero regresemos a Cubita la bella: Había otros “inventos” en casa de cualquier familia habanera, como la nevera de serpentín que orinaba por abajo igual que yo, pero con un líquido mucho más frío.
Se vivía al día y con susto. Pero se respetaba más aquella privacidad de la puerta de la calle solo protegida con un ganchito, o al mudarnos, dejar la llave al bodeguero de la esquina para que el futuro inquilino pudiera revisarla a gusto, además, nos fiara la mercancía y a fin de año hasta nos premiara con el “Aguinaldo” para que no permutáramos de bodega.
Se cocinaba con el carbón suministrado por un vendedor ambulante que halaba un mulo tan bruto como él. Hoy en día no se llora en el fogón producto del humo; sin embargo, gracias al hollín se podía correr a la puerta para tapar en la acera la caca del perro del vecino con la ceniza, y evitar con ello una multa del inspector que desde los tiempos de España, gravaba no al dueño de la mascota, sino a la víctima más cercana de eso tan maloliente, y que resultaba un gravamen injusto; es decir, lo que hoy conocemos como “una simple indisciplina social”.
Adoraba aquel detective chino que se las sabía todas gracias a su paciencia, pero que cada cual lo imaginaba a su manera pues se transmitía por radio, ya que la TV estaba en pañales antes de la Segunda Guerra Mundial y los televisores salieron al mercado tras la firma de la paz, cuando ya Chan Li Po había muerto.
Debo aclarar que todos esos cachivaches, eran producto del desarrollo industrial gracias a un cruel mecanismo que posteriormente se conoció como “obsolescencia programada”, para reducir la vida útil de los equipos, eternizar los adeudos y aumentar las utilidades con un consumismo galopante, pero volvamos a nuestro pasado personal.
 Vivíamos en un apartamento o casa alquilada del municipio 10 de Octubre, lo que daba derecho a disfrutarla hasta que el “viejo” quedara cesante y nos pusieran los muebles en la calle. Por suerte pudimos esquivar el desahucio y vivíamos en la capital, donde no depredaba la pareja de la guardia rural, ya que en esos predios lejanos el desalojo tiraba los trastes para la guardarraya a base del plan de machete.
Estamos hablando de leyes aplicables lo mismo a bienes raíces, bienes muebles, como bienes inmuebles; a tal punto que se puso de moda en la victrola de la esquina el bolero “Plazos traicioneros” Una melodía romántica y machista, pero bastante macabra de una realidad que castigaba a la mayoría, es decir los más indefensos. Precisamente en este aspecto quiero detenerme:
Fui vecino del Juzgado Municipal del Centro, situado en los altos de un moderno edificio casi frente al Cine del mismo nombre y que hoy arruina la vista de la Esquina de Toyo, donde ejercía el doctor Waldo Medina, popularmente conocido como “El Juez de los pobres”. cuya trayectoria se caracterizó precisamente por la defensa de las numerosas víctimas de un sistema que despojaba a los obreros cesantes de sus radios, sus lavadoras o sus televisores comprados a plazos, incluso faltándole solo una o dos mensualidades.
Más tarde, como linotipista del periódico EL MUNDO, tuve el placer de establecer amistad con él y de teclear algunos de sus artículos más urticantes sobre temas jurídicos. Debo aclarar que por aquellos días hacía mis “pininos” en el humor gráfico y le realice a Waldo una caricatura personal, muy de su agrado, pero que con el paso del tiempo se extravió entre las telarañas del baúl de mis recuerdos. Hoy hubiese podido digitalizara para el futuro.
Lo que no sabía entonces, me lo recordó el recientemente fallecido colega Juan Marrero, Vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba, en el número (septiembre-octubre del 2000) del boletín ENFOQUE de la UPEC bajo el título de “Vínculos de malversadores y directivos de un periódico” donde me aclaró un suceso increíble.
Esta historia se mantuvo oculta por más de 47 años en su expediente, y en ella Medina puso en juego su condición de periodista-colaborador al negarse a servir como juez a los intereses corruptos de los dueños del diario en una causa ilegal, haciendo dejación de sus artículos.
Este hecho ocurrió 25 días antes del ataque al Cuartel Moncada, y consta en la carta-protesta dirigida al Colegio Nacional de Periodistas con fecha 1º. de julio de 1953 aparecida en dicho artículo y que obviamos en aras de la brevedad.
Por tanto no resultaba ocioso, hallar de nuevo al doctor Waldo Medina, prestando servicios en el Departamento Legal del INRA tras el triunfo de la Revolución en 1959, donde laboró siempre fiel a su pueblo y a las causas más justas, hasta su deceso hace exactamente 30 años, el 25 de agosto de 1986.
Sean estas líneas para recordar al Dr. Waldo Medina, quien abrazó la jurisprudencia con la integridad, y sacrificio, tan necesarios hoy como ayer; pero sobre todo, como reafirmación de esos dignos valores de luchar por la justicia y la equidad, presentes siempre en aquel joven abogado rebelde del Moncada, y autor de “La Historia me absolverá”, en fin a Nuestro Invicto Comandante en Jefe: Fidel Castro Ruz en su 90º.Aniversario.