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15 ene. 2017

AUTOCRÍTICA PÓSTUMA

Con dicho título y la caricatura que acompaña este trabajo traté de justificarme en este mismo espacio con el maestro José Antonio Portuondo en la fecha de su centenario.
Mucho habían publicado los medios cubanos de ese ilustre cubano nacido el 10 de noviembre de 1911, por tanto no repetiré los merecidos elogios, ni su indiscutible trayectoria humanística, política, y cultural. Pero junto a dicha caricatura, ahora repito una anécdota de mi vida vinculada a ese gran santiaguero, cubano y universal a la vez.
Lo traté desde los tiempos en que acudía con frecuencia a consultarlo en el Instituto de Literatura y Lingüística en busca de algún dato, o de una orientación, lo que siguió siendo una costumbre para mí con su actual directora la Dra. Nuria Gregory.
Vayamos pues al incidente que motiva esta introspección:
No recuerdo la fecha exacta—aproximadamente mediados de la década del 70 del pasado siglo--lo que sé es que fui invitado al Primer Encuentro de la Crítica Literaria en Cuba, celebrado en una de las instalaciones turístico-culturales de la playa Santa María del Mar.
Las conclusiones del acto le estaban reservadas a él, y en su alocución Portuondo se refirió casi por completo a la primera crítica de arte publicada en Cuba, que resultó ser un ensayo sobre “La Caricatura Contemporánea” firmado por Bernardo González Barros en 1916. Ese estudio en dos tomos abarca primero, la importante obra de los caricaturistas europeos--Francia y Alemania--pasando en el segundo tomo a--Italia, España, Portugal, Inglaterra, y otras naciones de América--donde finalizaba incluyendo a Cuba.
Mientras la concurrencia ovacionaba aquellas palabras, algo inquietante dentro de mí quería salir a flote. En un aparte me dirigí respetuosamente a él y--tras los saludos de rigor--saque fuerzas para decirle algo que resumo en su esencia:
“…Maestro, ese ensayo en dos tomos del periodista González Barros, se ha convertido en un libro de cabecera para mí desde que abracé la profesión. Dicha obra ha trascendido por la profundidad de la investigación como legado a nuestros tiempo y los futuros, pero… Pienso que le faltó un aspecto a analizar y es que dicho trabajo no cuenta con ilustraciones de los artistas señalados—la mayoría de ellos extranjeros--a casi un siglo de su publicación. Es decir: Falta una apoyatura gráfica para la comprensión del mensaje, ya que en el mismo se aborda la importancia del dibujo humorístico y el cartel moderno en la vanguardia de la plástica cubana, pues ya en sus artículos para EL FÍGARO entre 1910 y 1912, el autor elogiaba a dichos artistas gráficos junto a algunas muestras del cartel comercial.
Esta teoría chocaba con cierta incomprensión existente, pues para algunos críticos de entonces era común afirmar que nuestra vanguardia comenzaba en el Salón de Arte Moderno de 1927--y seguí--esto resulta también útil para las nuevas generaciones como nosotros, debido a la poca o casi nula información gráfica existente. Además en uno de sus capítulos se refiere críticamente a algunas tendencias en los dibujantes del comic-norteamericano a principios del siglo XX, cuando el género estaba aún en pañales. Esa manifestación de la historieta se ha convertido en algo reconocido ya como soporte en el celuloide para los dibujos animados y en los story-boards del cine, especialidad reconocida mundialmente como el Noveno Arte.
--Hoy agregaría: Con mucha mayor presencia en la industria del video-juego, la tercera dimensión y los audio-visuales. Pero volvamos a la entrevista:
“…Cuando terminé mi improvisado discurso, temblaba de miedo previendo la reacción del maestro. Su respuesta fue aun más sorprendente:
--Claro, Blanquito: ¿Cuenta usted con esos ejemplos?
--Doctor, a recopilarlos he dedicado gran parte de mi tiempo libre.
Fue entonces cuando Portuondo me noqueó hasta el día de hoy:
__¿Y qué esperas para publicarlo en una nueva edición corregida y ampliada?
Mi respuesta fue tan apologética como puede ser aquello que Agramonte definiera como: “La justificación es la prostitución del espíritu”, por tanto pasaré por alto toda excusa que como lastre ha pesado en mi conciencia, siempre escudándome en el denominador común de la falta de tiempo.
No considero haberlo perdido totalmente al ocuparlo siguiendo mi vocación de caricaturista, de escribir lo que estimo legítimo y necesario dentro de mis posibilidades; de ayudar al proceso de construir un mundo mejor en una sociedad cada día más insegura y violenta, dedicando además especial interés en las nuevas generaciones. En fin, podríamos estar justificándonos hasta el año próximo, pero no dejaría de ser un excusado más. Son tiempos de baños intercalados y wátercloth, o como dirían en España, simplemente Váter.
Lo cierto es que, el tiempo le ha dado la razón a él y si de algo me lamento es de no haber acometido en su momento esos sabios consejos.
Pero el bichito de la jiribilla, quedó sembrado y se hizo realidad a partir de septiembre del 2014 cuando por casualidad cayó en mis manos el cuaderno “La línea” editado en 1975 por la Casa de las Américas con la propuesta gráfico-lúdica de los autores Beatriz Doumerk y Ayax Barnes, dedicándole el primer episodio de la serie a dicha obra bajo el título de “La grandeza de la línea” (1) y en el segundo capítulo abordé la influencia internacional de Saul Steinberg en la generación nuestra al final de la Segunda Guerra Mundial, parodiando el título de su famoso libro “Todo a línea” (2). Ambos como preámbulo a la obra crítica de González Barros que comenté a partir de la tercera entrega titulada “Seguimos en línea” (3) el 27 del mismo mes.
En un año la saga contó con veinte capítulos entre septiembre de 2014 y el mismo mes del 2015, cuando bajo el título de “La línea definitoria” abordé la trayectoria de esos tres grandes caricaturistas cubanos citados por Barros—Rafael Blanco, Conrado W. Massaguer y Jaime Valls--con cuya opinión según González Barros, comienza en Cuba la verdadera crítica literaria hace exactamente un siglo, pues dicho estudio publicado en dos tomos por la Biblioteca Andrés Bello (Editorial América) en Madrid, aparece al final firmado por el autor en (La Habana, octubre de 1916).
Fue mi modesto homenaje a Portuondo en su centenario, pero han pasado casi dos años de aquellos intentos, queda mucho por aclarar y pocas fuerzas de mi parte.
Dejo pues en manos de quien más pudiera aportar en ese sentido y es el colega y amigo Jorge R. Bermúdez, investigador y prologuista villaclareño, Dr. en Ciencias de la Información, Presidente de la Cátedra de Gráfica (Conrado W, Massaguer) y profesor de Arte y Comunicación en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana--con una extensa obra especializada en el tema--sobre todo por la selección y prólogo que éste le hiciera al libro de ensayo “Caricatura y crítica de arte” del propio Bernardo G. Barros para Letras Cubanas en el 2008, cuya cubierta acompaña estas palabras, con una caricatura personal del autor, debida al genial Massaguer.

Al arribar a mis 86 años de edad, y sus lógicas limitaciones, en este nuevo año, me veo en la disyuntiva de invitar al colega Bermúdez y a mis fieles vecinos del blog a unir esfuerzos para—de ser posible--continuar la valiosa obra de investigación y esclarecimiento en tan atractivo propósito. Pueden contar con la modesta iconografía en mi poder. Gracias.

4 ene. 2017

UN DESAFÍO NOBEL EN EXTRA-INNINGS



A propósito del revuelo que se formó a raíz del otorgamiento anticipado del Premio Nobel de la Paz a BARACK OBAMA en el 2009, la decisión se quedó pálida ante la decisión del 2012, que no recayó en una sola persona sino en una colectividad de millones: Es decir en la UNIÓN EUROPEA que se marea, tambalea y estropea; por lo que a veces denota bancarrota y pudiera ser incluida entre los llamados Premios Ignobel, que según la revista de crítica científica Annals of Improbable Research se otorgan a las más descabellados propuestas que se presentan ante la institución para aspirar al Premio.
Tal vez en otro trabajo pondremos algunos ejemplos de esta absurda modalidad. Ahora me inclino a escarbar en la biografía del gran inventor sueco. He aquí un acercamiento endoscópico a tan profunda experiencia. 
1.)       DE TAL PALO… 
Alfredo Bernardo Nobel, nacido el 21 de octubre de 1833, muere a los 63 años de edad el 10 de diciembre del 1896, por lo que en el pasado mes se cumplieron 120 años exactos de su fallecimiento. Nativo de un barrio pobre en Estocolmo. Era el tercero de los cuatro hijos de Manuel y Andrietta. El cabeza de familia resultaba un cabeza-dura, obsesionado por sus experimentos nada pacifistas que incluían hasta la fabricación de minas submarinas.
De casta le viene al galgo: Mientras otros niños construían muñecos de nieve en el invierno o de plastilina el resto del año, los hermanos Nobel, como cuatro jinetes el Apocalipsis, jugaban peligrosamente con probetas y otros productos químicos en el laboratorio de su progenitor. 
2.)       EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS 
De ahí que el empecinado Manuel propusiera sus servicios a tirios y troyanos con tal de levantar su fábrica de explosivos. Al fin logró tumbarle la plata al Zar de todas las Rusias Nicolás I, no así a su heredero al trono Alejandro II. Si a la tercera va la vencida--en este caso la ruleta no era rusa sino francesa—lo logró gracias a otro gran “pacifista” de la época imperial, Napoleón III: Internacionalista que era el viejo Manuel. 
A la misma edad de Cristo--33 años--su hijo Alfredo ya competía con él en los proyectos investigativos superándolo con creces, a tal punto que logró instalar un laboratorio en Heleneborg, villa cerca de Estocolmo, por lo que el bichito de la envidia se apoderó de viejo, acusando al vejigo de robarle sus secretos. 
3.)       TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE… 
La manipulación de dichas sustancias químicas es riesgosa y la desgracia tocó tan fuerte a su puerta que la tumbó junto con el resto de la instalación. Una violenta explosión había destruido el laboratorio y junto con el local volaron su hermano menor Emilio con otros tres ayudantes. El suceso provocó una campaña de protestas, no sólo en la capital sino en todas las provincias al grito sueco de: “¡Abajo los Nobel!”.
Alfredo tuvo que levantar un nuevo taller flotante en el lago Melar, fuera de la vista de los pobladores, y hasta los pescadores huían del peligroso lanchón hacia aguas más profundas y tranquilas. Sin embargo mientras más éste se alejaba de la orilla, más se acercaba el éxito de la empresa:
Un nuevo material detonante vulgarmente conocido como Aceite de Nobel dio lugar a la “Nitroglycerine Company”, pero las protestas continuaban y tuvieron que someterse a una prueba decisiva: Perforar una montaña en la región dando paso así al ferrocarril sueco. Sólo una hazaña como ésta lograba encarrilar por el momento el grito de indignación mientras él se hacía el sueco. 
4.)       DEBUTA EN CASA 
En 1864 se inauguró la primera fábrica en su país natal, la “Alfred Nobel & Co.”, seguidamente se levantaron otras tantas, con la desgracia de sufrir fatales accidentes en las de Noruega, y Nueva York… (Estalla otra barraca con explosivos en San Francisco, donde perecen 18 personas…Vuela una carga en el vapor “European” frente a las costas de Panamá… Y le siguen otras desgracias similares en Australia y Alemania). El eco de los estruendos rebotan de nuevo, pero ahora internacionalmente al reclamo de: ¡Basta ya de locuras explosivas!
5.)       Entre alfredos anda la cosa
Por entonces residía en Francia y aunque algunos gobiernos continuaron apoyándolo, otros no quisieron correr riesgos. La perseverancia y la suerte vino de nuevo en su auxilio: Otro accidente –éste milagroso—dio lugar a una mezcla que era pura dinamita y de ésta a la balística o pólvora sin humo, sólo medió un paso.
En 1879 otro Alfredo--éste alemán de apellido Krupp--patentizó dicho invento haciendo más mortíferos sus ya temibles cañones. Llovieron contratos y bombas en casi toda Europa excepto Francia, que pagó cara su reticencia en la guerra franco-prusiana.
El año 1888 fue terrible para él: Al poner en manos de su archi-enemiga Alemania tamaño poderío, se escucharon nuevos reclamos pidiendo su cabeza, ahora en francés como antes lo fueran en su propio idioma: --¡Hay que echar al sueco! ¡Regresa a tu país!-- Fue entonces que se declaró “ciudadano del mundo”.
6.)       AMOR CON AMOR SE PAGA
Un desengaño amoroso casi adolescente selló su carácter. Teresa, la francesita de sus sueños, había muerto prematuramente de tuberculosis. La melancolía lo envuelve y él se refugia en los dos amores de toda la vida: Su madre y el laboratorio.
Sin embargo, la fortuna le sonríe y decide comprar una finca solariega en la lujosa Avenida Malakoff de París aislándose del mundanal ruido.
Es entonces que al solicitar una persona de confianza para delegar otras tareas redacta un anuncio en la prensa con términos un tanto ambiguos y con sorpresa recibe una certera respuesta, donde se le plantea que aclare la solicitud: -¿Desea usted una secretaria o una “acompañante?”.
El desliz había sido puesto en evidencia por una inteligente dama que reunía los requisitos para la plaza: Berta Kinsky: Austríaca de abolengo, y arruinada debido a los excesos paternos, acumulaba suficientes horas de vuelo en la vida y en amores, como para mantenerse digna y respetable.
Era pues la persona indicada para el cargo. Desde que llegó como secretaria del Sr. Nobel se convirtió también en el hada madrina que llenó de luz y alegría aquella fría mansión parisina.
7.)       EL VUELO DE LA PALOMA
En los tres años que estuvo a su servicio—los más venturosos para él—se le hizo imprescindible. No sólo lo aconsejaba, sino que lo sacó al fresco, frecuentando juntos los parques de diversiones, y merendaban en los famosos cafés al aire libre de la Ciudad Luz. Pero también mantenían extensas discusiones sobre asuntos de carácter ético-social. Ella, una pacifista consecuente le argumentaba que “las guerras eran la antítesis del amor”, y por tanto “solo el amor unía”. Él jamás pudo comprenderla, pues estaba aferrado al criterio utilitario y estrecho de que sólo creaba riquezas y las vendía para el desarrollo de la sociedad, desentendiéndose del uso que se les daba.
Es probable que Alfredo Nobel se enamorase de nuevo; lo cierto es que si su antiguo amor quedó en el olvido—Berta--esta última paloma--también voló del nido, dejando la noble casona y su no menos Nobel dueño tan triste como antes, precisamente cuando él cumplía un compromiso financiero en Estocolmo con el rey de Suecia Oscar II. 
8.)       GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA 
Alfredo no le guardó rencor, por el contrario gracias a su ayuda financiera es que pudo salir a la luz en 1890, el libro “Abajo las Armas” escrito por Berta Kinsky, quien ahora firmaría Berta Suttner tras un nuevo matrimonio con quien la flechó para siempre.
Veinticuatro años más tarde, la dura realidad de la Primera Guerra Mundial, echó por tierra todos aquellos esfuerzos pacifistas y Alfredo Nobel en tanto que apoyaba la “noble causa” de Berta, engrosaba cada vez más sus abultados bolsillos gracias al conflicto.
Era tal su ingenuidad que declaraba “Crearé un explosivo de tanta eficacia que las guerras ya no serán posibles”. Si resucitara ahora tras el cataclismo atómico, se vuelve a meter de cabeza en la tumba. 
9.)       LA AVARICIA ROMPE EL SACO 
Volviendo a los inicios de la historia: A partir de la separación familiar, los hermanos de Alfredo--Luis y Roberto--habían consolidado su situación en Rusia con los ricos yacimientos petrolíferos de Bakú, y llegaron a convertirse en los segundos proveedores del mundo, sólo superados multimillonariamente (Octosílaba palabrita tan extensa como los propios ingresos del yanqui Rockefeller.).
120 años más tarde--al testar el 27 de noviembre de 1896--Alfredo Nobel consideró que la riqueza acumulada por sus sobrinos era tal que, en su decisión primaron los consejos de Berta y otros amigos: Otorgar el premio a la persona que hubiera trabajado más y con mayor provecho por la paz.
Empezó la puja en los tribunales. Los hijos de sus hermanos llegaron a acusarlo de no estar mentalmente facultado para ejercer su voluntad. Los alegatos amenazaban con extenderse cuando un hecho inesperado inclinó la balanza: La opinión pública que tantas veces lo había condenado, ahora se volcaba a su favor ante gente tan mezquinamente adinerada. Las autoridades de Estocolmo rechazaron la impugnación y declararon válido el documento que creó el Premio Nobel de la Paz. 
10.)    La bola pica y se extiende 
Pero aquí no termina esta historia: Como resultado de la Primera Guerra Mundial cayó el Imperio Zarista ante los embates de la Revolución Bolchevique, y junto con él, los intereses de la familia Nobel en Bakú. La bancarrota les hizo volver los ojos de nuevo hacia Estocolmo y la posibilidad de reabrir el caso 30 años después.
Los sobrinos del Rico MacPato sueco planteaban estar en la ruina y que no reclamaban toda la herencia, sólo parte de los réditos. El reglamento de la Fundación era explícito y el Parlamento sueco dictaminó sin lugar la nueva reclamación. Como ven, el origen del Premio Nobel de la Paz que se le otorgó prematuramente a Obama y después a la UE no es digno de estos personajes.
Aunque en mi modesta opinión, partiendo de sus verdaderas intenciones, el tan publicitado PREMIO NOBEL DE LA PAZ, debía ser un tributo a quien más se lo merecía y por tanto debía llamarse mejor PREMIO BERTA DE LA PAZ.