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21 nov. 2010

EL SÍNDROME DE LA COLETILLA.

Cuando preparábamos los materiales para esta edición, un titular del diario “Granma” el pasado 8 de noviembre me sorprendía, y de paso me obligaba a cambiar los planes. Decía así:

“Falleció el destacado periodista Baldomero Alvarez Ríos”.

La nota, por escueta, no podía suponer la trascendencia de la pérdida. Me remontaré a mediados del pasado siglo, cuando apenas bajaba letras como linotipista en el taller del diario “El Mundo” cuando ya Baldomero era una figura destacada al frente del Colegio Provincial de Periodistas, perseguido por el régimen de facto, y clave en la depuración hecha a quienes faltando a la ética, se “bañaron” durante la dictadura batistiana, mediante la obtención de “botellas”, versión criolla de las sinecuras oficiales: Una de las más solapadas prebendas del sector.

Corrían los primeros días del 1960. Aquellos corruptos eran los mismos mercenarios que fraguaban bolas contra la Revolución naciente en la prensa todavía en manos de la burguesía. La lucha ideológica nos unió. Obreros de los talleres gráficos, junto a los locutores nos sumamos a una campaña periodística inédita hasta entonces, y que fue dirigida por la mano maestra de Baldomero bajo el nombre de “La coletilla”. http://www.cubaperiodistas.cu/noticias/noviembre10/08/03.htm

¿En qué consistía dicha coletilla?

Veamos cómo la describe en ese mismo trabajo su compañero de luchas Ernesto Vera:

“Cada artículo en que se difamaba a la Revolución era publicado, pero al final del mismo salía una coletilla declarando que la anterior información era divulgada en nombre de la libertad de prensa existente en el país, y decisión del director del periódico, pero que los periodistas y gráficos de la publicación la consideraban falsa, por tanto no estaban de acuerdo con la misma. Este método fue puesto en práctica también en la radio, y Baldomero fue su principal impulsor…”

Si usted acude en estos momentos a cualquier hemeroteca donde se conserven publicaciones cubanas de la época, hallará algo muy curioso: Algunos espacios en blanco, que debían estar cubiertos por editoriales o comentarios de opinión, pues los directores prefirieron dejar esas lagunas antes de que se publicaran criterios ajenos a sus intereses de clase, o dirigidos a contrarrestar sus falacias, casi siempre en contra de los intereses de los más humildes. En plena Revolución el pueblo seguía siendo “ninguneado” por los poderosos.

El coletillazo resultó demoledor a pesar de la intervención de un nuevo y solapado agente encubierto del Tío Sam, la SIP (Sociedad Internacional de Prensa) y su representante: Un tortuoso personaje identificado como “La oreja peluda de la CIA”.

Los accionistas y directores de los medios tomaron la decisión de declararse víctimas, tras siglos como victimarios. La salida lógica era el “auto-exilio”… y… ¿Dónde si no?

Precisamente la intervención revolucionaria de “El Mundo”, al finalizar el primer trimestre de 1960 me llevó del linotipo a la mesa de dibujo El primer sorprendido fui yo, al substituir casi de sopetón al titular Antonio Prohías, quien había tomado partido por los ex-propietarios en su periplo hacia el “Sueño Americano”.

Un año antes había vuelto a encontrarme con Baldomero Álvarez Ríos, esta vez en la recién inaugurada Agencia de Noticias “Prensa Latina” fundada por el Che, donde él fungía como vice-director. Acudí en mi condición de dibujante, y gané allí mi primer salario como dibujante profesional de la prensa.

En aquellos días inolvidables, mi lápiz juguetón dejó constancia gráfica de algunos de los compañeros de entonces, entre ellos el propio Baldomero. Sea pues éste mi modesto homenaje póstumo a quien por sus indiscutibles méritos revolucionarios, profesionalidad, sencillez, honradez y enseñanzas, merece ser recordado por siempre.

El caso de la “coletilla” no se ha repetido jamás en nuestro continente. Más bien, todo lo contrario.

Cuando la piedra en el zapato del gigante de las Siete Leguas le molesta, por muy democrática que sea, debe ser eliminada, pero de forma podóloga: Que la víctima parezca victimario, y para ello nada mejor que el terrorismo mediático de la gran prensa, que ha sido utilizado no siempre con igual éxito contra sistemas legalmente constituidos: Recordemos sin salirnos de su “patio trasero” los casos cercanos en tiempo o espacio de República Dominicana, Chile, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Honduras, y últimamente Ecuador. Detrás de cada gorila siempre habrá “botelleros” a sueldo.

Los tiempos cambian; tal vez ya no hagan falta nuevas coletillas, sino saber utilizar los medios alternativos que surgen del propio desarrollo científico-técnico en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Deseos, conocimientos, y voluntad, deben unirse para vencer al Imperio y Baldomero nos señala el camino.

20 nov. 2010

LA HABANA: OMBLIGO DEL MUNDO.

Concuerdo con Fayad Jamís, ese cubano-mexicano y ciudadano del mundo. Poeta, pintor y periodista cuando dijo:

Qué sería de mi si no existieras

mi ciudad de La Habana.

Si no existieras, mi ciudad de sueño

en claridad y espuma edificada,

qué sería de mi sin tus portales,

tus columnas, tus besos, tus ventanas.

Cuando erré por el mundo ibas conmigo,

eras una canción en mi garganta

un poco de azul en mi camisa,

un amuleto contra la nostalgia.

Y ahora te camino toda entera,

te vivo toda hasta la madrugada,

soy el viento en tus parques y rincones,

soy ese sol que te acaricia el alma.

Ciudad de mis amores en el polvo

bella ciudad de podredumbre y alas,

en ti naci, realmente un mes de enero

cuando golpeó en tu pecho la esperanza.

Si viví un gran amor fue entre tus calles,

si vivo un gran amor tiene tu cara,

ciudad de los amores de mi vida,

mi mujer para siempre sin distancia.

Si no existieses yo te inventaría,

mi ciudad de La Habana.

Los humoristas tenemos fama de exagerados, de no tomar las cosas en serio, y esto que acabo de señalar puede parecer una petulancia, pero no es ése mi propósito.

Si usted busca en el mapamundi, no a La Habana, sino a todo nuestro archipiélago, tal vez éste haya desaparecido bajo una cagarruta de mosca. Así de pequeña es mi Cuba. Por lo tanto trataré de demostrar esta increíble tesis umbilical:

Según la cultura occidental, llegamos tarde al festín de la humanidad. Octubre de 1492: Al señor Cristóbal Colón se le ocurre demostrar la redondez de La Tierra, echándole tierra a la hipótesis de que la Mar Océano se extendía horizontalmente hasta el infinito. De plano --sin proponérselo porque en realidad salió buscando la India-- el Adelantado acababa de adelantarse a los tanques pensantes del imperio al inventar la globalización.

A poco, en mil quinientos y un piquito, el Conquistador Don Diego Velázquez, fundó la primera villa en Cuba, a la que bautizó Baracoa, en el extremo más oriental de la Isla, y siguiendo el mismo rumbo de Colón, pero por tierra, --siempre hacia el poniente--, ordenó levantar un poblado tras otro hasta llegar a La Habana.

Fue la sexta por su orden, encargada a Don Pánfilo de Narváez, y éste lo hizo al sur de la actual provincia. El lugar no reunía las condiciones requeridas y se optó por trasladar el poblado a la costa norte, en la desembocadura del río Onicaxinal, --hoy Almendares--, y perteneciente al territorio del cacique Habaguanex, de donde tomó su nombre.

Por tanto no sabemos a ciencia cierta si ésta última es la séptima villa o una simple mudada de la anterior. En mi modesta opinión, en este lugar el Adelantado se cansó, o se convenció de que, había llegado al ombligo del mundo.

Detengámonos aquí un minuto para releer algunos datos del libro ”La Habana, Ciudad Antigua” del doctor Eusebio Leal, prestigioso Director de la Oficina del Historiador:

“…Es pues claro que la ciudad de La Habana tuvo tres asentamientos entre 1514 y 1519, año en que debió predominar definitivamente el núcleo establecido junto al puerto, que fue llamado Carenas, donde hallaron reposo las dañadas naves del marino Sebastián de Ocampo en el año de 1508, empeñado en concluir el bojeo que estableciese al fin la condición de Cuba, puesta en duda, en el último viaje a sus costas, por el Almirante de la mar Océana, Cristóbal Colón...”

Según el propio Leal, los descubrimientos en el Golfo, el surgimiento de la Nueva España sobre las ruinas aztecas, y la presunción de que en la llamada península de la Florida existiese la Fuente de la Eterna Juventud, determinaron el futuro de la ciudad a partir de 1519. Veamos lo que dice a continuación la obra citada:

“…San Cristóbal de La Habana, cuyas fiestas conmemorativas se han celebrado, desde el ya lejano siglo XVII, el 16 de noviembre, cuando La Habana, particular y excepcionalmente, rendía culto al legendario San Cristóbal, el gigante bíblico que caminó sobre las aguas, apoyando su increíble corpulencia en una palma real, la cual devino un mágico bastión de plata, según la interpretación del andaluz Juan de Andújar en la imagen que esculpiera para la iglesia de La Habana, y que llegara a ésta en 1633…”

Modestia aparte, una vez más queda demostrada mi teoría Habanacéntrica.

Corría la mitad del siglo XVIII. Durante la Guerra de los Siete Años, España y Francia, se unieron para salirle al paso al empuje británico por el dominio de los mares. Este conflicto trajo por consecuencia la Toma de la Habana por los ingleses.

Lo que resulta paradójico es que el pabellón inglés se limitó a ondear en las fortalezas del puerto, pues no les interesó el resto de Cuba, sólo La Habana, y la vinieron a abandonar en julio de 1763, cuando la corona española le entregó a cambio toda la península de la Florida, incluyendo sus cayos adyacentes. Parece que, desde entonces ya esta pequeña ciudadela se había convertido en el ombligo del mundo; por lo pronto era en ese momento mayor y más poblada que Boston y Nueva York juntas.

Unos cien años después, en La Demajagua, se dio el grito de Yara, dando inicio a las tres guerras de independencia que agotaron las tropas y las arcas del Imperio. Casi agonizando la Metrópoli, el Tío Sam decide intervenir en el conflicto y coger los mangos bajitos. Es decir, poner en práctica la teoría “monroísta” de la fruta madura.

En febrero de 1898 se les ocurre volar al crucero “Maine” fondeado en la bahía de La Habana con todos sus daños colaterales dentro. Fue la excusa para declarar la guerra preventiva a España, con dos objetivos bien claros. Primero: intervenir en la guerra contra la Madre Patria desconociendo más de 30 años de lucha nuestra, y después, de capitalizar la victoria, intervenirnos también a nosotros con la Enmienda Platt. (Cuidado con la ortografía, enmienda se escribe con dos enes no con una sola).

Así que La Habana, --situada en el ombligo del mundo-- también sirvió en esa ocasión de conejillo de Indias para el parto y la lactancia de un Imperio que no ha dejado de mamar, crecer, y desarrollarse hasta convertirse en el Gigante de las Siete Leguas a costa de los demás, utilizando siempre los mismos métodos.

Pero, no se vayan, que no hemos terminado:

A partir de 1902, ya teníamos un himno, un escudo, una bandera, y una democracia –cogida con pinzas, pero democracia al fin—

Quién nos iba a decir que cinco décadas después, un golpe de estado traidor provocaría en cinco años, cinco meses, cinco días y apenas cinco horas, la respuesta liberadora del Primero de Enero que había bajado de la Sierra con la estrella de cinco puntas vestida de verde olivo, para quedarse: Los cinco también volverán.

Y les digo más: En abril de 1961, después del cobarde bombardeo a nuestros aeropuertos por aviones yanquis enmascarados con los colores patrios, y tras el multitudinario entierro de sus víctimas en el cementerio de Colón, al día siguiente ya se combatía en toda la Ciénaga de Zapata contra cocineros de infantería, pinches artilleros y hasta hicimos sancocho de aviadores. Fue allí donde el pequeño David le proporcionó la primera derrota en América al Goliat Imperialista del Norte revuelto y brutal, y nada menos que sin careta; porque en esta ocasión lo hicimos defendiendo las banderas del Socialismo.

Nosotros triunfamos en tierra firme, ellos se hundieron en la cochiquera de la Bahía homónima.

Eso sólo podía ocurrir en el ombligo del mundo, por eso un año después trataron de amedrentarnos con la amenaza nuclear, provocando la crisis de los misiles foráneos frente a los cinco puntos criollos. Como consecuencia se agudizó el bloqueo que traducido a “su inglés” quiere dar a entender embargo, por demás inexistente, pues solo se embarga al deudor, y --que yo sepa-- nada debemos saldar. En tal caso deberíamos cobrar las doblemente impagables pérdidas de vidas y haciendas en estos cincuenta años; primero porque ese crimen no tiene precio, y segundo, sencillamente porque dinero les sobra, pero voluntad les falta.

Han pasado unos 491 años de la fundación de la ciudad, que se engalana y viste de fiesta para recordar la efeméride. Es precisamente en este momento, --apenas 48 horas antes de arribar a la fecha, que nos llega la noticia través de la red de redes por un amigo que aunque firma con el seudónimo de “El Duende”, todos sabemos quien es.

Según dicho mensajero de ultratumba, alguien intencionadamente se ha lanzado a difamar y lanzar a los cuatro vientos por correo electrónico, la infamia y la calumnia sobre el Dr. Eusebio Leal, ---a quien habíamos citado en este mismo trabajo--. Pero el mejor antídoto contra la falsedad es una contundente respuesta, y el propio Eusebio Leal lo hizo, sin proponérselo, en la entrevista que para la televisión cubana le hiciera Amaury Pérez Vidal en su estelar programa “Con dos que se quieran…” una magnífica exposición que el Historiador de la Ciudad de La Habana, hiciera esa semana y que recomendamos a nuestros vecinos.

Desconozco el contenido de la diatriba, ni me interesan los chismes enmascarados. Desde que tengo uso de razón firmo mis trabajos, caricaturescos o no. En aproximadamente año y medio de realizar este blog personal, jamás hemos contestado a un autor encubierto, y mucho menos cuando su mensaje viene cargado de veneno. Sólo la cobardía se esconde en el anonimato,--palabra que además en Cuba tiene pega--. Por tanto me resbala ese alegato—lo cual también tiene pega--.

Termino pues recordándole a ustedes, mis fieles vecinos y a ese, o esa, -¿quién lo sabe?—que mantengo el criterio de que mi Habana, la capital de todos los cubanos, sigue siendo el ombligo del mundo¸que en la madrugada del 15 le di tres vueltas a la ceiba, pidiéndole tres deseos, no solo para mí, sino para todos, incluyendo a ese ignorante que la envidia, la venganza, o el odio, lo impulsaron a tamaño desacato, recordándole que por tercera vez lo pego. Mientras tanto, mi hijo F. Blanco se me aparece con una bella estampa de felicitación que deseamos compartir con todos mis vecinos...

LUYANÓ DE MIS ENTRETELAS.

Por esta fecha del pasado año les gaste una broma, que les juro, no fue de mal gusto. El trabajo se tituló “El hotel y yo”, http://ay-vecino.blogspot.com/2009/11/vidas-paralelas.html donde pretendía emular en el tiempo con el Hotel Nacional, dado que habíamos nacido con un mes de diferencia y, sin embargo, él se mantenía mucho mejor que yo.
Pero, dejémonos de chanza y vayamos al grano: Ese día vine al mundo de forma dramática. Mis padres vivían en una curvita que hace la calle Marqués de la Torre, entre San Nicolás y la Esquina de Toyo. Fue un parto difícil –casi 24 horas—y la comadrona no daba pie con bola. Gracias a que mi hogar estaba al fondo de la desaparecida Clínica Casuso, mis familiares lograron llevarme a ese centro asistenciario particular. No se cómo pudieron pagar el servicio más, lo cierto es que estoy aquí. Yo no me acuerdo porque estaba muy pequeño, pero los datos se los agradezco a mi hermana, Olga, unos cinco años mayor que yo.
Según ella, dicha Clínica daba a la Calzada de 10 de Octubre Núm. 429 donde se levanta actualmente el Hogar de Ancianos ”24 de febrero” casi frente al Cine Apolo, que hoy ni es cine ni Apolo, sino sede del proyecto “Sueños Mágicos” perteneciente al Centro de Te
atros de la Habana, con espectáculos de magos y payasos. Tal vez por esa razón de joven tuve que hacer juegos malabares para darme a conocer como caricaturista en la prensa de la época.
Por entonces, Luyanó era un pequeño “ghetto” de obreros, vendedores ambulantes, y pequeños “chinchales” de producción o servicios, limítrofe con la calzada de Concha al norte
y la de Jesús del Monte al sur, Inserto además en el municipio más poblado de Cuba no por gusto, ya que ese barrio obrero fue siempre bastante productivo.
Aquel era el Luyanó de “Bigote de Gato”, de mis sueños, de la aventura, de las bromas inocen
tes, del pitén del barrio, y de empinar papalotes en la Loma del Burro, con el vecino y folclórico barrio de indigentes de Las Yaguas.
En la esquina de Toyo, el pan siempre estaba acabadito de hornear,
y los cines de barrio ofrecían matinées infantiles a níckel per cápita. Son inolvidables las tandas del Dora, Ritz, Fénix, Moderno, Apolo y Santos Suárez, que pasaron a mejor vida, hoy reciclados por la televisión de cuatro canales en colores.
Por entonces, el mayor peligro consistía en el suicidio de tener que torear un tranvía Luyanó-Malecón en sus nueve puntos, bajando por la calzada homónima. Aquel era tambi
én el debut del incipiente bigotito o descubrir el misterio del sexo, encontrado a escondidas en las imágenes de un apócrifo e “ilegal” Kamasutra, que vendían a precios módicos en la entrada del teatro “Shangai” de la calle Zanja. Vana ilusión de amor adolescente, con caricias de alquiler en el Barrio de Colón, es decir, la zona rosa de mayor tolerancia en la capital.
Cuando me casé pasé la frontera del deber, es decir crucé la Vía Blanca, y me mudé para el barrio del Cerro, allí asenté mi nido de amor adulto, el de verdad, ése que da placer pero también frutos. Donde el sexo se transformó en amor del bueno.
Fue allí que me di a conocer como artista, donde nacieron mis hijos, mis nietos, mi biznieto y mis putativos vecinos de papel --El gordo y el flaco--, quienes quedaron sin bautizar a propósito. También Stan Laurel y Oliver Hardy lo fueron, y quedaron para la historia como el gordo y el flaco.
Sin embargo, al paso de los años, el bichito de la añoranza no ha abandonado ese rincón del corazón donde se alojó desde niño la barriada de Luyanó.
Y ahora les cuento la conversación que en cierto momento sostuve con Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí al respecto: http://ay-vecino.blogspot.com/2010/10/el-principe-del-punto-cubano.html
Llevaba bastante tiempo al frente del semanario “Palante” y todos los años tenía la obligación y el placer de firmar autorizaciones, para que el personal artístico se ausentara y pudiera participar en las festividades por la Semana del nativo ausente.
Figúrense: Wilson-Guantánamo, Évora-Guisa, Alexis-Baire, Pitín-Campechuela, Alben-Caibarién, Mitjans y Pecruz-Consolación del Sur, Felo-Manzanillo, Val-San Nicolás de Bari, Betán-Matanzas, etc., etc…y yo en la luna de Valencia, o más bien el eclipse de Luyanó... Jamás me llegaba una invitación similar. La respuesta del Indio vino acompañada de una estruendosa risotada:
--Te pusiste fatal, mi hermano… Yo también nací en la capital pero… Todos los años me invitan a la Semana del Guanabacoense ausente. Y eso pasaba también con Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Bola de Nieve, y otros tantos privilegiados.
Cosas del Babalao, pensé para mis adentros: Nada más equivocado. Yo no salía de mi asombro hasta que socarronamente me aclaró:
--Resulta que cuando yo nací, el poblado no se consideraba parte de la ciudad, sino de la zona rural limítrofe. Con el desarrollo urbano y las siguientes divisiones político-administrativas Guanabacoa pasó a formar parte de la Ciudad de la Habana, pero las tradiciones se mantuvieron intactas.
Esta anécdota me viene a la mente ahora que se están aplicando nuevas medidas territoriales, bastante parecidas en aras de organizar más eficientemente las provincias limítrofes de la capital. Alerto sobre este sencillo sentido de pertenencia frustrado.
A tal punto llegó mi inquietud en aquel momento que, un poco más tarde, al fundarse la Bienal del Humor de San Antonio de los Baños de 1979, y en reciprocidad por los reconocimientos que allí se hacía a todo lo que oliera a humorismo, ya gráfico, literario, o teatral. Rogué a las autoridades del Museo del Humor que se me considerara hijo adoptivo de la Villa del Ariguanabo. La aceptación no tuvo una respuesta oficial, ni consta en documento alguno, pero la aclamación unánime de los allí presentes fue suficiente para sentirme satisfecho.
A ese Luyanó de mis recuerdos, a ese mundo que quedó grabado para siempre en mis tiernas neuronas infantiles, prometo dedicarle próximas crónicas y compartirlas con mis vecinos de aquí y de allá, por lejos que se encuentren de Luyanó.

EN JAQUE PERMANENTE.

Aunque en un arranque juvenil aprendí a mover malamente las piezas de ajedrez, mi temperamento hiperquinético fue el peor enemigo que tuve que enfrentar tablero de por medio, y me dio jaque mate tantas veces que opté por rendir el rey ante mimismo, como diría Lindoro, el personaje del programa “Deja que yo te cuente”.

Sin embargo, me quito el sombrero ante el juego ciencia y sus maestros, ya sean grandes, nacionales o internacionales. Precisamente de un ser excepcional quiero referirme al acercarnos al 19 de noviembre de 1888, fecha en que naciera en la ciudad de la Habana, José Raúl Capablanca, hace 122 años.

Reconocido como un ajedrecista fuera de serie en todo el mundo. Desde muy temprano demostró sus cualidades pues aprendió a jugar con su padre y en una ocasión en que Don José movió el caballo de forma incorrecta, le demostró el error, con lo cual dejó sorprendidos a todos los presentes; tenía entonces solo 4 años. Al cumplir los cinco su progenitor comenzó a llevarlo al Club de Ajedrez de La Habana, y derrotó a los mejores jugadores de allí. Desde ese momento se le conoció como el Mozart del ajedrez.

A los doce se coronó campeón nacional.

A los 33 años le arrebató la corona mundial al alemán Emanuel Lasker y reinó durante los siete años siguientes hasta ceder ante el ruso Alexander Alekhine. Lo que apenas se conoce es que dicha partida se extendió por tres meses.

Sus más memorables partidas fueron las que enfrentó a Marshall, Kostic, Lasker y Euwe.

Participó en los Campeonatos de San Sebastián, 1911; Nueva York, 1927; Moscú, 1937; y Nortinghan, 1938; y nunca quedó por debajo del tercer lugar excepto en la última de ellas. Pero lo más significativo es que cuenta en su record diez años consecutivos sin perder una partida; y la simultánea contra 350 tableros.

Según algunos estudiosos del juego ciencia, era un ajedrecista intuitivo, capaz de echar por tierra las variantes más famosas producto de años de estudios, gracias a su intuición o golpe de vista. Eso que él mismo llamó “limpiar el tablero de hojarascas”. Tal vez eso forme parte de su misterio, de su leyenda. Como lo fue también que Capablanca, naciera en un castillo sin ser rey, y tampoco estuvo preso aunque la fortaleza fuera el Castillo del Príncipe, cárcel habanera en la primera mitad del siglo XX

A 68 años de su fallecimiento, el maestro Capablanca, --donde quiera que se encuentre-- deberá estar celebrando con júbilo el éxito por primera vez en la historia, del equipo femenino cubano de ajedrez, que quedó en cuarto lugar en la XXXIX Olimpiada Mundial de Kanthy Mansiysk.

El doble mérito de quedar en cuarto lugar entre las mejores del mundo y medalla de oro para el tercer tablero Yumari González en un deporte relegado prácticamente al sexo masculino, merece un reconocimiento especial.

No quisiera pues, despedirme sin ofrecer un modesto homenaje a esas compañeritas, y por tanto aquí van cinco caricaturas mías dedicadas a cada una de ellas.

Dibujos tomados del libro “PEÓN 4 REY” de los autores Pitín y Blanco para la colección Bolsilibros PALANTE y dedicado a la XVII Olimpiada de Ajedrez celebrada en La Habana en 1966.

EN POCAS PALABRAS.

un curioso estreno mundial en el tacón.

Más que un teatro, el Tacón fue un chicharronazo vigueta del empresario Pancho Marty al nuevo capitán general Don Miguel Tacón asignado a la “Isla” en 1835. Ese mismo año, por razones diversas, arribaba también el italiano Antonio Meucci en busca de fortuna, como se le llamaba entonces a la emigración europea hacia el Nuevo Mundo.

Tras intentar levantar cabeza en varios trabajos, logró una plaza de mecánico en el recién inaugurado Teatro Tacón, pronto se destacó en el oficio de instalar, dirigir, y asegurar el funcionamiento de la tramoya, el atrezzo y la utilería. Un verdadero especialista del multioficio, y puso tal empeño que pronto ganó fama con sus fantásticas y secas tempestades de rayos y truenos, o batallas sin bajas, pero con gran desplegué de fuegos de artificio.

Pero Meucci hizo mucho más: Enamorado de las ciencias, y especialmente en la electricidad y el telégrafo,--por entonces en pañales--, “el bello e industrioso Antonio”, entre 1849 y 1850, logró trasmitir voces desde bambalinas al proscenio a través de un alambre conductor unido a varias baterías para producir electricidad. Le puso a su invento, Teletro-phone o Telégrafo parlante.

Mientras esto ocurría en estas latitudes, más al norte otro “mechado” científico-técnico de nombre Graham Bell también hacía de las suyas, y se estableció un pleito entre ambos por la patente del invento, con la mejor parte para el norteño, apadrinado por empresas yanquis que al final se llevaron el gato al agua.

Tal novedad para el italiano no pasaba de ser un experimento científico, un ingenio teatral; para los yanquis, el traslado de la voz a largas distancias representaba un negocio fabuloso a escala mundial.

Así las cosas, en La Habana se vino a instalar localmente el primer servicio telefónico, treinta y un años después, en septiembre de 1881. No sabemos si el propio Antonio Meuccci, pudo disfrutarlo pues para entonces ya tenía 73 años en las costillas.

grandioso debut de película en el tacón.

Otro exitoso estreno de carácter mundial en el teatro Tacón fue cuando el francés Gabriel Veyré, entusiasmado con el invento de los hermanos Lumiére, el cual presenció en el Grand Café de París el 28 de diciembre de 1895, logró la representación del Cinematógrafo para traerlo a Cuba dos años después.

Logró arrendar un local en la Acera del Louvre, contiguo al Teatro Tacón, con capacidad para unas 80 personas.

El 24 de enero de 1897 el “Diario de la Marina” anunciaba lo siguiente:

“Esta noche abre el Cinematógrafo Lumiére en el Parque central, al lado del Teatro Tacón…Anoche en la prueba del mencionado espectáculo se exhibieron preciosas vistas de movimiento, siendo entre las más celebradas, el desfile de un escuadrón de coraceros, la tempestad en el mar, la Puerta del Sol en Madrid, y la que representa la llegada del zar a París…”

Sin embargo, los cortos que promocionó el diario no fueron los más comentados. Se cuenta que el mayor impacto resultó “La salida del tren” con la salida en estampìda del público... Era la primera vez que se enfrentaban a una pantalla donde la imagen ampliada de ese monstruo de acero se precipitaba sobre ellos con la intención de arrollarlos.

Tres meses después, no sabemos si accidental o voluntariamente se produjo un incendio que destruyó parte del mobiliario. Por entonces el exitoso empresario se había embolsillado alrededor de 20 mil pesos de ganancia, y prefirió irse con la música a otra parte. Perdón, todavía el cine era silente, aunque –como diría Fina G. Marrúz—tiene el silencio.

Al galo Veyré le debemos sin embargo, que nos legara un documento inapreciable: El pequeño corto cinematográfico de un minuto de duración titulado “Simulacro de Incendio”, filmado allí mismo, pues el Cuartel de Bomberos estaba situado al lado del famoso teatro. La primera película hecha en Cuba.


PIONERO, ONOMÁSTICO Y BICENTENARIO A LA VEZ.

El semanario infantil “Pionero” cumple 49 años este 25 de noviembre, sin perder la tierna alegría de cuando andaba en pañales.

Muchos de nuestros actuales héroes de papel debutaron en sus páginas, pero quisiera hablarles brevemente de una historieta que me impactó de inmediato por un tema apenas abordado hasta entonces en nuestro país, y sus desconocidos autores. Se trata de “Benjo” un personaje del Alto Perú allá por el 1820. Sus jóvenes autores eran los venezolanos Pili y Claudio,--quienes firmaban así, a secas—acrecentando el encanto por lo desconocido.

Pues bien, en la serie se abordaba de forma amena la lucha independentista de los pueblos indoamericanos, desde la revuelta de Tupac Atari contra el colonialismo español (1709); --baño de sangre que se extendió por todo el Altiplano,-- hasta el levantamiento de Tupac Amaru el 4 de noviembre de 1780, hace nada más y nada menos que 220 años.

El tema ha tomado tremenda vigencia en los últimos tiempos con los resplandores del alba que alumbra el porvenir de los pueblos autóctonos de América frente a la agresión renovada de otro Imperio, tal vez más sofisticado, pero tan opresor como el anterior.

Les dejo pues, con esta breve presentación de las aventuras de “Benjo”, en las primeras viñetas del capítulo titulado “El Brujo”. Si mis bien informados vecinos pueden ofrecerme algunos datos actualizados de este héroe indígena y sus autores, se los gradezco de todo corazón.


CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE… PROFESIONAL.

En 1924 el poderoso Juez Landis, Comisionado de Beisbol de las Grandes Ligas, prohibió jugar en Cuba a tres luminarias de nuestro beisbol, por sus respectivos contratos profesionales: Armando Marsans, Adolfo Luque y Miguel Ángel González, quienes burlaron la prohibición adoptando nombres apócrifos. Luque que jugó bajo el apellido Cabada; cuando regresó a Cincinnatti, fue acosado a preguntas por la prensa: --¿Por qué no recomienda usted al pitcher Cabada para las Grandes Ligas, cuando fue quien llevo al Almendares a la corona? Recibiendo la callada por respuesta.

ENTRE BICHOS ESTÁ LA COSA

El pelotero profesional cubano conocido como Bicho Pedroso, fue contratado por la estación de radio portorriqueña WAPA como cantante para un programa diario de tangos. Lo curioso es que en otra ocasión de estancia en Venezuela, un murciélago le arrebató un cigarro de la boca.

SIN FALTAS DE ORTOGRAFÍA.

Un curioso libro se publicó en alemán bajo el título de “Aviso a los espectadores de los torneos de ajedrez”. Todas sus páginas estaban en blanco, excepto una que decía: HALT´S MAUL que significa: “Mantenga la boca cerrada”. (A. Y.)

10 nov. 2010

NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON...(V)

Las peticiones continúan y las colaboraciones también.
En nombre de mis amables vecinos debo agradecer el aporte espontáneo de amigos y amigas que se han brindado a sugerir nombres y datos de personalidades que de alguna manera han incursionado ocasionalmente en el arte del humorismo y la caricatura. Entre estos colaboradores y colaboradoras mencionamos a los colegas: Paquita Armas, René de la Nuez, Víctor Manuel González, y otros anónimos.
Quisiera comenzar con alguien que nació el mismo día que yo, pero ciento diez años antes y con una trayectoria para respetar. Su vida y su obra han trascendido por los aportes al desarrollo de la especie humana en su devenir histórico.
Resulta que Federico Engels, de familia acomodada y protestante, vino al mundo un 28 de noviembre de 1820 en la ciudad alemana de Barmen, actualmente Wuppartal.
Trabajó de joven en la empresa de tejidos de la familia y a los 19 años ya escribía artículos literarios y filosóficos.
Admirador de la obra de Hegel y Heine, en 1842 abraza la causa comunista y ese mismo año conoce a Carlos Marx. Aunque por caminos distintos coinciden en un mismo fin: La lucha del proletariado por su emancipación. Pero no es hasta dos años después que, en su visita a París, lo conoce personalmente y comienzan a trabajar mancomunadamente..
El resto de esta historia corre junto a “El Capital”, por tanto, es harto conocida, debatida, discutida e insoslayable para seguidores y detractores. Lo que muchos capitalistas no saben es que, en todo ese tiempo Engels capitalizó la literatura científica junto con el dibujo satírico, y dejó capitales muestras de su punzante calidad artística, corriendo el riesgo de que tribunales reaccionarios le aplicaran la pena capital. Pero nunca capituló, y esa es la razón capital por la cual les ofrecemos estos ejemplos:Otra figura descollante en el siglo XIX es Víctor Hugo: Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista, y crítico. Se considera la principal figura del romanticismo francés.
Nace en 1802 y desde pequeño se le considera un niño precoz, Cuando escribe “Bug Jargal” con 22 años, ya contaba con una copiosa obra literaria.
Hugo es quien incorpora al teatro francés lo feo y lo grotesco, mezclando lo cómico con lo trágico. Sus numerosos escritos pueden considerarse, verdaderas obras maestras, pero no es hasta su exilio y deportación por el régimen de Napoleón III, que surgen sus principales aportes. Con solo realizar “Los Miserables” en 1862, Víctor Hugo ya tenía asegurada la inmortalidad.
Pero no es en este aspecto que queríamos presentárselo a ustedes.
Según sus biógrafos, hasta nuestro José Martí, cambió correspondencia con el polifacético escritor francés considerándose uno de sus más fervientes admiradores. Incluso tuvo conocimiento de su obra pictórica donde descollaba el dibujo, las acuarelas y hasta las caricaturas, como podrán ver a la izquierda.
El que traemos ahora a vuestra consideración es un contemporáneo que comenzó a tejer su cadena de reconocimientos en nuestro país. Se trata de Luis Britto García, venezolano nacido en Caracas en 1940.
Ganador del Premio Casa de las Américas en 1969 con “Abrapalabra”, y un año después en el mismo certamen con “Rajatabla”, Luis Britto García tejió una cadena de galardones hasta el día de hoy, contándose entre ellos: El Premio Latinoamericano de Dramaturgia “Andrés Bello”; el Premio de Teatro “Juana Soto”, el Premio Municipal de Teatro; así como el de Literatura Humorística “Pedro León Zapata”, el Premio “Ezequiel Martínez Estrada” y el de Ensayo, hasta el año 2002 en que obtiene el Premio Nacional de Literatura en su país de origen, Venezuela.
En su curriculum aparece Britto como narrador, dramaturgo, dibujante, y explorador submarino. De él habíamos leído algunos trabajos suyos, no solo de estos temas sino también sobre el “comic” o la historieta; pero lo que no sabíamos era el tronco de caricaturista que se gastaba el colega Luis Britto hasta que nos cayó en las manos un cuaderno tan pequeño que cabía en un bolsillo de la camisa, pero con unos dibujos humorísticos como para chuparse los dedos.
He aquí la constancia gráfica de ello:Franz Kafka, Karel Capec y Jaroslav Hasek, todos ellos en el Siglo XX, conforman el trío de escritores checos más destacados de su historia, aunque los dos primeros solo lo hicieran en idioma alemán.
De Kafka podemos decir que nace en Praga en 1883, y desde la niñez sufrió una incomprensión paterna que lo marcó para toda la vida. De esos años dejó amargos e inéditos escritos que se publicaron tras su muerte en 1924. Entre ellos se cuentan las antológicas novelas “Metamorfosis”, “El Proceso”, “El Castillo” y “América”.
Aunque Kafka estudió derecho en su ciudad natal, solo encontró trabajo en una oficina de seguros, que le sirvió de inspiración para algunos de sus escritos. Allí contrajo la tuberculosis que le minó los pulmones hasta su prematuro fallecimiento a los 41 años de edad. Vean a continuación una muestra de dibujos humorísticos hechos por este maestro del surrealismo y el existencialismoHasta aquí hemos recorrido un largo camino en busca de esos que son caricaturistas pero no están entre ellos. En el periplo investigativo pasamos por Alemania, Checoslovaquia, Francia, y Venezuela. Vayamos ahora a España para encontrarnos con otro que está pero no es.
Se trata nada menos que de Federico García Lorca, poeta y dramaturgo granadino, quien llegara a convertirse en el escritor más famoso del siglo XX en la península. En su agitada existencia entabló amistad con otros españoles de pura cepa como Salvadór Dalí, Luis Buñuel, o Rafael Alberti. Es de destacar que García Lorca dejó su impronta también en su visita a Cuba y Estados Unidos entre 1929 y 1930.
Seis años más tarde al comienzo de la Guerra Civil es fusilado por el franquismo, dejando una numerosísima obra poética y teatral. En la primera de esas categorías destaca “El poema del cante jondo”, “El primer romancero gitano”, “Tierra y Luna”, “Diván de Tamarit”, “Poeta en Nueva York”, “Los poemas en prosa”, “Sonetos del amor oscuro”, “Los seis poemas galegos” y “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”; pero igualmente impactante fue su dramaturgia, donde sobresale “La zapatera prodigiosa”, “Amor de don Perlimpimpin con Belisa en su jardín”, “Bodas de Sangre”, “Yerma”, “Doña Rosita la Soltera” y su última puesta en escena de 1936 “La casa de Bernarda Alba”… Y todo esto en solo 36 años de existencia.Pero Lorca además, nos dejó simpáticos dibujos con los que concluimos esta entrega.
Les prometo seguir indagando para nuevas propuestas de caricaturistas ocasionales.