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29 ene. 2009

MIS DESMEMORIAS.-1

¿Qué niño o niña no ha pateado algún balón o lanzado una pelota de béisbol en su vida? Confieso que desde pequeño me gustó el deporte. Tal vez por ello mis primeros dibujos en la prensa fueron creyones de atletas para la revista FOTOS de ese extraordinario foto reportero que fue Pepe Agraz. Eso ocurrió durante 1948, y sólo he podido recuperar este dibujo, publicado en la edición del mes de agosto, a propósito del fallecimiento de ese jonronero norteamericano que fue Babe Ruth.
Como 60 años no se cumplen todos los días, he querido dejar constancia gráfica de mi debut artístico como simple aficionado, ya que el Colegio de Periodistas de entonces podía acusarme de intrusismo profesional si descubría que yo cobraba algún estipendio por mis colaboraciones. Así que once años más tarde, seguía trabajando como linotipista en el periódico EL MUNDO, mientras colaboraba gratis en las páginas deportivas de la época. Única forma de insertarse en el medio si no se contaba con alguna influencia.
Al triunfo de la Revolución surgió en 1959 la agencia de noticias PRENSA LATINA, donde acudí en breve a presentar mis dibujos de atletas latinoamericanos. Como respuesta recibí de su director argentino Jorge Ricardo Masetti, la proposición de una plaza como dibujante. Fue allí que recibí mi primer salario como periodista profesional, pero más importante era estar bajo la tutela de su Jefe de Servicios Especiales, el periodista y revolucionario argentino, Rodolfo Walsh.
Un año más tarde, durante la intervención revolucionaria de EL
MUNDO, la posición política tomada por su caricaturista Antonio Prohías, hizo que la dirección del diario me llamara al taller, --donde continuaba laborando,-- para sustituirlo en tan importante labor, pues los enfoques ideológicos de Prohías no se correspondían con la línea editorial de la publicación. Así el domingo 28 de febrero de 1960 apareció esta viñeta calzada con la firma del popular autor de la tira cómica “El Hombre Siniestro” que aparecía periódicamente en la revista BOHEMIA.
Tremenda tarea para quien, sin entrenamiento alguno en los temas de actualidad política, debía sustituir a un profesional de larga experiencia, con una caricatura diaria para el único periódico que circulaba entre suscriptores considerados nada adeptos al proceso de cambios en la nación. Por suerte, me toco trabajar bajo la dirección de otro grande del periodismo: Luis Gómez Wanguemert, a quien también tengo mucho que agradecer.

Al crearse el semanario PALANTE Y PALANTE, en octubre de 1961, pasé a formar parte de su equipo de redacción como caricaturista, mientras simultaneaba con EL MUNDO y hasta con la nueva revista deportiva L. P. V. ¿Qué cómo podía? Ni yo mismo podría responder en tiempos en que el entusiasmo revolucionario no se medía por horas ni por pesos, pues la mesa de dibujo debía compartirse con el fusil de las Milicias, las guardias nocturnas del Comité, o la atención a la familia en aumento.
Bajo la dirección de otro experimentado humorista, Gabriel Bracho Montiel, --éste venezolano— fui adquiriendo en PALANTE más dominio de la especialidad y puedo considerar al año 1967 definitorio para mi carrera, pues en abril publiqué por primera vez la tira cómica “¡Ay, Vecino!” inspirada en el popular mambo de Pérez Prado; y a mediados del año gané el Segundo Premio de Caricatura Política en el Salón internacional de Humorismo Gráfico de Montreal.
Tuve el privilegio de asistir a dicha Feria donde recibí el diploma acreditativo. A nuestro regreso decidimos donar el premio en metálico para la compra de armas en la lucha del pueblo vietnamita por su liberación. Esta deteriorada foto publicada en el periódico EL MUNDO del 25 de diciembre de 1967, dejó constancia gráfica del acto celebrado en la sede diplomática del hermano país asiático.

A fines de ese mismo 1967, junto a Betán y Val, comenzó otra inolvidable aventura editorial nuestra: La edición de una serie de historietas didácticas de gran repercusión pero… eso sería otra historia.

1 comentario:

  1. me gustaria hablar con usted acerca de mi abuelo, Luis Gomez Wanguemert. Gracias

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