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19 jun. 2009

SIGUEN DOBLANDO POR TI.

Del 18 al 21 de junio, investigadores cubanos y norteamericanos de la vida y obra de Ernest Hemingway se reunirán en el Encuentro Internacional para celebrar el 110 Aniversario de su nacimiento, el 80 de la publicación de “Adiós a las Armas” y a 70 años de residir permanentemente en Cuba hasta 1960.
Varios lugares en La Habana servirán de escenario para tan interesante encuentro, una de cuyas principales actividades es la restauración total del yate “Pilar”, con el que persiguió submarinos nazis en los cayeríos y esteros cercanos a nuestras costas durante la Segunda Guerra Mundial.
Este episodio quedó reflejado por mi en la
historieta publicada en la revista “Mar y Pesca” No. 319 (diciembre-enero de 1999), cuyo original en colores desapareció, por lo que la propia publicación repitió la entrega en su edición No. 356 (enero-febrero de 2006), pero en blanco y negro, la cual tenemos el gusto de proporcionarla a nuestros vecinos de blog.
Volviendo al título, recordemos que fue “Por
quien doblan las campanas” la novela que él escribió en una habitación del hotel “Ambos Mundos” donde residía, antes de rentar la finca “Vigía” en el cercano poblado de San Francisco de Paula, hoy “Museo Hemingway”.
La narración se publicó en 1927, el mismo año en que saliera a la luz otra obra suya: La antológica “Hombres sin mujeres” donde aparece el
cuento “Los Asesinos”, también llevado al cine.
Como considero a Hemingway el más cinematográfico de todos los escritores contemporáneos, esta versión me resultó particularmente impactante, no solo por los aportes al propio género, sino por demostrar lo que él había descrito como “el iceberg”, presente en toda su literatura. Es decir: dejar ver sólo la punta del témpano, cuando la información, es decir, el cuerpo de los acontecimientos es muchísimo mayor. Y “Los Asesinos” --donde debutó magistralmente Burt Lancaster--, comienza precisamente en el instante en que termina el cuento original.
Como todo joven, las aventuras me fascinaban y el Papa, no sólo las escribía sino que también las protagonizaba, en su carácter de pescador, cazador, boxeador, torero, chofer de ambulancia en la Primera Guerra Mundial y corresponsal de guerra en la Primera y la Segunda.
Varias veces estuvo a punto de morir en el empeño y yo, -sólo podía seguirlo sin peligro alguno página a página a través de “Las Nieves del Kilimanjaro” o de “París es una fiesta” o la otra “Fiesta”, la taurina española, cuyo tema repitió en “Muerte en la tarde”. Con él me acostumbré a “Tener o no tener” sus “Poemas completos” desde estas “Islas en el Golfo” hasta convertirme yo mismo en “El Viejo y el Mar”.
En esta última etapa comencé a experimentar con caricaturas personales en un solo trazo,
y la primera de mis víctimas que salió sin levantar el lápiz, fue precisamente Hemingway en 1994. Esporádicamente sigo realizando algunas, y en este momento cuento con cerca de medio centenar de personalidades elaboradas en una sola línea.
Cuatro años más tarde, la gerencia canadiense del hotel “El Viejo y el Mar”, situado en la Marina Hemingway, se interesó en adquirir los derechos de ese dibujo para utilizarlo como promoción y sello distintivo del mismo. Con ese propósito se confeccionó una escultura lumínica de varios metros, situada en el frente de la instalación turística situada a orillas del mar. Allí estuvo algunos años saludando a los huéspedes cubanos y extranjeros hasta que los efectos del salitre costero obligaron a retirarla.
Hasta el momento no he podido conseguir una foto testimonial de dicha reproducción, por tanto me conformo con brindarles una copia del original que sirvió de modelo a la obra escultórica de “El Viejo y el Mar”agregándole de fondo, un fondedero de yates como seguro el hubiera querido verse. Aunque físicamente no estén ambos presentes: ni la escultura y ni su modelo. Las campanas seguirán doblando por ellos en este aniversario.

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