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4 oct. 2015

LOS DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO (Primera Parte)



Nacido en Portland Oregón en 1887, y años más tarde graduado en Harvard, el joven periodista John Reed abordó entre otros reportajes la huelga de los mineros de Colorado y los textileros en Paterson. Más tarde trabajó para el “Metropolitan Magazine” y cabalgó junto a los soldados de Pancho Villa durante la revolución mexicana donde reunió el material idóneo para su libro “México Insurgente” editado muchos años después. Por estas y otras  hazañas había ganado fama de rebelde y peligroso en su propia tierra.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914 su inquieta personalidad lo llevó a cubrir la contienda en Alemania, Francia, los Balcanes, Rusia y Turquía.
Aproximadamente tres años después, los Estados Unidos se unieron a la contienda frente al expansionismo teutón y con motivo de un artículo donde denunciaba los horrores de la guerra fue acusado de traición en su propia tierra, pero sus contundentes argumentos pudieron más que la campaña de desprestigio y fue absuelto por el tribunal empañado en lágrimas.
Por tanto no resulta ilógico que en ese mismo 1917 tomara de nuevo rumbo a Rusia donde cubrió de manera insuperable la caída del imperio zarista de Nicolás II en Petrogrado y el gobierno burgués que lo sustituyó, así como el movimiento popular que tomó por asalto el Palacio de Invierno, las barricadas proletarias, y el recibimiento al líder bolchevique Vladimir Ilich Lenin, para dar paso a la primera Revolución Socialista de la historia.
De regreso a Nueva York reunió todo ese material en un libro que tituló “Diez días que estremecieron  al mundo”. Increíblemente Reed es acusado entonces de espionaje y escapa a la URSS, contrae el tifus en Crimea, pero no abandona sus afanes revolucionarios y muere en Moscú víctima de dicha enfermedad. Pero parece ligado por el destino al décimo mes del año pues nacido un 22 de octubre, su obra cumbre es el testimonio sobre la Revolución de Octubre del 1917 y muere de tifus en la capital soviética el 17 de octubre tres años después.
Aquí hago un corte para narrar la sorpresa que siendo un niño de primaria—en la segunda mitad de la década del treinta en el siglo pasado—y adicto a las historietas por la conquista del cosmos con héroes de papel como BRICK BRADFORD y FLASH GORDON—Roldán el Temerario en su traducción al español--así como a las novelas de anticipación creadas por el genio de Julio Verne; ese título me llevó a pensar que se trataba de otra aventura más de ciencia-ficción.
Craso error producto de la ingenuidad infantil. Dicha obra me abrió los ojos a una realidad mucho más emocionante que cualquier fantasía espacial por sus consecuencias tangibles y reales.
Mucho ha cambiado el mundo desde entonces—a veces para bien, a veces para mal—lo cierto es que, a 43 años exactos de aquella experiencia, la historia se repitió.
LOS DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO (Segunda Parte)
Fui testigo excepcional de este nuevo terremoto y nada menos en mi estreno como caricaturista-editorialista del periódico EL MUNDO durante su nacionalización en la primavera de 1960. Este incidente coincidió con el criminal sabotaje en la bahía de la Habana al buque “La Coubre” y sus numerosas víctimas.
De aquellos acontecimientos telúricos ocurridos en el primer decenio del siglo, no tengo constancia visual, pero de esta segunda etapa hace 55 años, les ofrezco varias copias de aquellas caricaturas donde se nota la mano del novato, pero también el entusiasmo de un joven en desarrollo.


Observen en la tercera de ellas, la ingenua interpretación gráfica del cónclave costarricense con el Tío Sam tratando de romper el bloque latinoamericano, que inmediatamente reprodujo el NEW YORK TIMES enviando a vuelta de correo un cheque por 10 dólares, que de inmediato se endosó a la Campaña de Recaudación de Fondos para la Defensa que presidía el Comandante Juan Almeida, tras aquel criminal sabotaje del 3 de marzo en la bahía habanera. Estas viñetas corresponden a los días entre el 10 y el 27 de agosto de 1960:
Y me explico: En esos meses se agudizó la campaña de acoso contra nuestro país como respuesta a la Ley de Reforma Agraria y otras similares a partir del triunfo revolucionario de 1959. Todo ello trajo como consecuencia la intervención de numerosas empresas norteamericanas o afines, como el propio diario EL MUNDO al cual he hecho referencia.
Uno de esos acontecimientos fue la Ley Puñal dictada por el gobierno de EE.UU. con la cual se reducía en extremo la cuota azucarera cubana para estrangular nuestra economía de monocultivo, así como la negación a refinar el petróleo soviético por las corporaciones radicadas en el país (ESSO, TEXACO y SHELL) bajo el pretexto de lo que ellos llamarían embargo. Observen al final de esta segunda tira, la simbólica interpretación del cónclave de la OEA, como una expo-venta donde el arte de la política imperial en nuestro continente se convierte en un gran negocio para los lacayos. Y fueron publicadas los días: 25, 26 y 30 de agosto del mismo año.


Por tanto, el cerco regional a Cuba se materializó a partir de junio de ese año con la reunión de la OEA en Costa Rica, dando lugar a la Primera Declaración de la Habana donde nuestro Comandante en Jefe expuso la posición cubana al respecto. Es en este clima de confrontación que se producen los diez días que de nuevo estremecerían al mundo. He aquí un acercamiento a los sucesos:
El domingo 18 de septiembre de 1960 el líder de la Revolución arriba a Nueva York al frente de la delegación cubana que participaría en el XV periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU. El gobierno de Eisenhower--el mismo que nos impusiera el fatídico bloqueo--adoptó un conjunto de medidas extremas como situar a 500 policías y similar numero de agentes encubiertos quienes recibieron en el aeropuerto a nuestros representantes para limitar el contacto directo de nuestra delegación con el pueblo estadounidense, aunque en el último piso del Empire State, ondeara una gigantesca tela  de bienvenida a Fidel como respuesta a dichas intimidaciones.
Lo mismo ocurrió al llegar al hotel asignado, el Shelburne de 37 y Avenida Lexington, donde se produjeron lamentables incidentes contra el público que allí se congregó para dar la bienvenida a los cubanos. A la mañana siguiente la gerencia del hotel le notifica a la delegación que debía abandonar el inmueble de inmediato sin devolver los 5000 dólares que se habían depositado como garantía de pago. El resto de los lujosos hoteles neoyorquinos imitaron estas actitudes, lo cual fue expuesto con objetividad al entonces secretario de la ONU, así como la firme posición nuestra de convertir los jardines de la ONU en una nueva Sierra Maestra y acampar al descubierto si se nos obligaba a ello. Incidente que aprovechó nuestro Comandante en Jefe para preguntar al danés Dag Hammarskjold--entonces anfitrión de la cita--si no creía que había llegado el momento de trasladar la sede de las Naciones Unidas para otro país.
Mientras esto ocurría en la Gran Manzana, el pueblo de la capital, indignado por estos acontecimientos se reunió frente al palacio Presidencial para escuchar las palabras del comandante Raúl Castro –devenido Primer Ministro por ausencia de Fidel—portando cartelones donde se leía “Con hotel y sin hotel, tendrán que oír a Fidel”.
Y como si lo estuvieran viendo, la comunidad negra de Nueva York, coincidió con el llamado y proporcionó la invitación para alojar a la delegación en el hotel Theresa de Harlem, con la condición de las garantías correspondientes por parte del gobierno norteamericano. Un curioso hecho envolvió estas negociaciones y fue la personal intervención del líder afroamericano por los derechos humanos, Malcolm X en las mismas.
Así, de provocación en provocación transcurrió aquella semana, lo que culminó  varios días después con la presencia de Fidel en el foro mundialista y su lapidaria frase aún vigente de… “Cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra”.
Pero ahí no terminaron esos diez días que estremecieron al mundo por segunda vez en la historia; pues al regreso de nuestra delegación el 28 de septiembre de 1960 y en el mismo escenario donde los capitalinos protestaron por el tratamiento que se nos diera en la sede mundial de la ONU, el propio Fidel, ante la intencionada provocación de algunos carcamales que creyeron estar aún en tiempos de la trompetilla y el choteo neocolonial, hicieron estallar varios petardos con el fin de amedrentarnos, resultando todo lo contrario, pues como respuesta el Comandante en Jefe propuso la creación de un sistema de vigilancia colectiva manzana por manzana, aprobándose por aclamación: Los Comités de Defensa de la Revolución, convertidos de inmediato por voluntad popular en la organización de masas más grande de nuestro país.
Por su extensión hemos dejado para una nueva emisión la tercera parte de este estremecedor material que incluirá la visita del Papa Francisco a Cuba y los Estados Unidos: Especie de terremoto social y ético fuerza 10 en la escala Richter y la intensidad de sus réplicas universales seguirán sintiéndose mientras no se cumplan las metas del milenio pactadas para el 2030 en esta Asamblea General de la ONU celebrada con motivo de su 70º. Aniversario.
Por tanto allá nos vemos…..

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