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14 ago. 2009

EXPERIMENTO VERANIEGO

A veces un cargo es una carga, para mi nunca lo fue: Llevaba 25 años en el semanario PALANTE y los últimos quince como su director hasta que al fundarse la Editorial Pablo de la Torriente en 1985 pasé a formar parte de su staff. Aquí el trabajo se me multiplicó pues participamos en la creación de tres publicaciones periódicas: CÓMICOS, PABLO, y EL MUÑE, esta última en forma de tabloide. Además, de otras cuatro colecciones de cuadernos gráficos: HISTORIETAS, HUMOR, PASATIEMPOS Y LIBROS PARA COLOREAR. Todo ello con el apoyo de un equipo que podía contarse con los dedos de la mano
La satisfacción fue grande: Los estanquillos se llenaron de alegre colorido, los niños y los no tanto agradecían la propuesta, las ediciones se agotaban por miles en horas, los colaboradores no daban a basto y hubo que acudir a artistas que nunca habían incursionado en el género como René Mederos o Muñoz Bachs, hasta tuvimos que crear un taller permanente de guionistas. Aquello se convirtió en un fenómeno de masas…
La motivación era tal que, a pesar del enorme esfuerzo como editor y atender junto al colega Manolo Pérez el Taller Permanente de Historietas en la UPEC, se me ocurrió la idea de realizar una serie de tiras cómicas adaptando dos telenovelas cubanas de mucho éxito en el momento: “Sol de Batey” y “Médico de Guardia” fundiéndolas en una sola parodia titulada “Médico de Batey”.
Gracias a Juan Ayús, director artístico de “Juventud Rebelde” se me abrieron sus puertas en el verano de 1987, y el éxito fue tal que el periódico me contrató al año siguiente para repetir el proyecto. Esta vez se trataba de un culebrón brasileño: “Doña Bella”, pero debía abarcar los tres meses del periodo vacacional, o sea unas 35 ediciones. Para ello necesitaba el apoyo del colega Jorge Oliver, por entonces funcionario del ICRT, ya que debía visionar anticipadamente todos los capítulos y poder adaptarlos, sin que mi versión paródica en el diario se adelantara a la programación de cada episodio televisivo.
Fue una agotadora tarea de meses, pero altamente gratificante, sobre todo cuando se reconoce el esfuerzo. A tal punto que durante dos años consecutivos (1987-1988) gané el Premio Nacional de Historietas de la UPEC “Fidel Morales”, creado en honor al colega prematuramente desaparecido, a quien debo una crónica futura por sus indiscutibles aportes al género.
A pesar de los años transcurridos, muchos de mis vecinos cubanos quisieran recrearse de nuevo con la lectura de esas adaptaciones, precisamente por la repercusión que tuvieron las telenovelas originales hace más de 20 años; pero nos vemos imposibilitados de ofrecerlas por su extensión. Nos limitamos pues a reproducir como muestra, solo la primera tira de cada serie.

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