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8 dic. 2015

EL PAN NUESTRO DE CADA LUNES



Enero: Comienza un nuevo año. Es temprano en la mañana. No hace frío, pero amanece con el cielo encapotado. El PANORAMA no pinta bien y PÁNFILO aún en PANTUFLAS pone el noticiero para enterarse qué PANEDEMONIUM anuncia para hoy Radio-Reloj: ¡Qué suerte… Ninguna PAMPRINGRADA!.
Duda si ponerse el abrigo negro de PANA y el viejo sombrero de pajilla tipo PANAMÁ con los cuales asistió a los PANAMERICANOS de Brasil en el 2007; pero vacila, porque le recordaba aquellos tiempos donde eran mal vistas las jóvenes que cubrían su cabeza con PAMELAS de tejido mientras se destapaban las PANTORRILLAS y algo más al norte del Ecuador con minifaldas, cosa que también él vacilaba.
Por tanto se viste de PANTALÓN y saco, coge la libreta de abastecimientos y sale rumbo a la PANADERÍA en busca del PAN nuestro de cada día.
Por el camino se tropieza con el PAMPLINERO Chequera, detenido ante una PANCARTA publicitaria. Seguidamente su yunta le comenta la reposición en PANTALLA del dibujo animado PETER-PAN en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Pero al verlo con la libreta en la mano el PANIAGUADO le dice: --Si vas a la PANADERÍA de PANCHO. ¿Me podías comprar una de sus PANACEAS?
El PANARRO de PÁNFILO como siempre—más bueno que el PAN—acepta la PAMPLINA del encargo y al llegar, a la PANERA se detiene de golpe pues un PANELITO, más parecido a una PANOPLIA medieval que a un carro de distribución del PAN y sus derivados, sale del establecimiento y por huirle a un bache, se PANDEA a tal punto que por poco su doble Luis Silva no hace el cuento.
Tras el susto y de nuevo en su papel de octogenario, nuestro héroe--más pálido que un PÁMPANO de nieve--entra a la tienda. Al frente de la misma colgaba un cartel PANCROMÁTICO que más bien parecía un PANFLETO aumentado a golpe de PANTÓGRAFO; mientras la vidriera mostraba las ofertas del día que disputaban su protagonismo con una docena de moscas más golosas que indiscretas.
Aún así se podían distinguir otros apetecibles manjares sonriendo sus bondades como: PANES DE GLORIA, PANQUEQUES, PANECILLOS de variados tipos, PANETELAS unas borrachas y otras abstemias endulzadas con rica miel. Y pensó: ¿De qué PANAL las habrán sacado? ¿Del PANTANO en que se convirtió la colmena tras aquel PANDEMONIUM del mes pasado? ¡PAMPLINAS! el PANORAMA que dejó el Frente Frío no era ni siquiera parecido a las cumbres nevadas de la PAMPA argentina, pero sí el precio del MAZAPÁN, ahora también por las nubes…Perdón…por cuenta propia.
La calderilla que tenía en el bolsillo no alcanzaba para los dos pedidos, así que tarareó aquello que dice: “…Con dos que se quieran…dos…” y a continuación recordó también aquel personaje del Zorro conocido por El sargento García y se dijo: --¡Qué no cunda el PÁNICO!
Pensaba: El banquete que me voy a dar no es una PANTOMIMA, pero tampoco tremenda PANZADA: ¡Eso de seguro no me resultará un banquete PANTAGRUÉLICO! Sin embargo, hoy mi  salud no es la misma ni las ofertas tampoco. ¿Quién se acuerda de aquellos tiempos de la famosa “Esquina de Toyo”, La antigua chiquita” o el “Pan de París”: Existía entonces tal variedad, que lo mismo te tropezabas con  un pan de maní como otro de ajonjolí, de mantequilla o de queso, y ajo; existían de flauta, redondos, de piquitos, retorcidos de puro gusto, rellenos con los más exquisitos sabores y variadas formas: ¡Como para desmayarte! Hoy el que se desmaya es un nuevo modelo de pan a tres pesos.
Lo que no pensó PÁNFILO al regreso a su casa, surgió en el camino con un inesperado terremoto estomacal y varias réplicas en el PÁNCREAS. Tembló al pensar en una ingesta a su edad, y las posibles consecuencias. Incluso imaginar el PANEGÍRICO que le harían en el PANTEÓN camino al reparto Bocarriba
Le vinieron a la mente la artritis, la artrosis, y otros achaques transitando por el sendero de la tercera edad, camino a la cuarta pero pensó:… ¡Qué caray, si yo tengo caja quinta…! Así que ¡PALANTE Y PALANTE! y al compás de la PANDERETA comenzó a tararear aquello de… PAN… para…PAN PAN PAN…
En eso se tropieza con Ruperto, quien sorprendido por la alegría de su coetáneo, piensa que se trata de un asunto de faldas y mentalmente regresa Marchatrás a sus PAMPLINOSAS aventuras de hace treinta años.
Pero PÁNFILO le aclara que por aquella época, más indigesto que el sexo era el CHORIPÁN anunciado por Pumarejo en la TV y él se llenaba la PANZA con la mantecosa golosina sin mayores consecuencias. En tal caso le recuerda que hoy en día debemos cuidarnos de otras PANDEMIAS más peligrosas como el VIH, el ébola y las indisciplinas sociales de algunas PANDILLAS.
Pero ahí no termina este episodio--por el contrario--nuestro héroe recordaba que tiempos atrás también pululaba en La Habana un personaje conocido como el Cabo PANTERA—especie de felino uniformado—que había ganado prestigio en la persecución de bandas formadas por vándalos y gamberros marginales pero cuya fama le venía de más atrás, como atleta profesional en la lucha PANCRACIO, aunque más tarde se descubriera que ese deporte no era más que otra PANTOMIMA.
Despistado como siempre, Ruperto se marchaba pensando que el yunta de Chequera también las tenía pululas igual que él.
Mientras que en realidad, a pesar del marcapasos, todavía a PÁNFILO le quedan buenas PANTORRILLAS así que: ¡…Al PAN PAN y al vino vino..! Que le quiten lo bailado; en fin, vamos a ver si  Chequera, acostumbrado a vivir de PANZA, en esta ocasión no pueda VIVIR DEL CUENTO.

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