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4 mar. 2018

HONRAR HONRA


Con esta frase martiana quisiera recordar a alguien que en nuestro periodismo sentó cátedra, pero también en lo diplomático, como nuestro Apóstol. El pasado 28 de febrero de 2018, convocados por la Asociación Cubana de las Naciones Unidas ACNU, asistí junto con mis hijos a la conmemoración por el centenario del inolvidable compañero Carlos Lechuga Hevia.
Allí nos reunimos  un  grupo de sus colegas, diplomáticos, familiares y amigos más cercanos al coloquio presidido por los compañeros Raúl Roa Kourí, Fabián Escalante y Martínez Pírez. Nadie tan autorizado como el hijo del Canciller de la Dignidad Raúl Roa—también hombre de letras y plenipotenciario--para iniciar el coloquio, no solo por compartir misiones diplomáticas con y bajo el influjo de Lechuga en la UNESCO, Francia y la Santa Sede, sino  como parte de su propia familia al casarse con su nieta Lili.
Se recordaron  hechos  trascendentales de su vida, que según sus propias palabras están reflejadas en los libros-testimoniales: “En el ojo de la tormenta” sobre la Crisis del Caribe en 1962 y el Premio de la Crítica de 1992 titulado “Itinerario de una farsa” donde el periodista y diplomático cubano desnuda por completo a la OEA hasta que las maniobras de dicho organismo regional lograran la total exclusión de Cuba en la ya desprestigiada organización.
En esta ocasión tuvimos el privilegio de adquirir un nuevo título de Ediciones La Memoria del Centro Pablo de la Torriente Brau, 2017, dedicado al inolvidable compañero titulado “Barcos de papel” sentida recopilación de su hija Lilian, quien heredó las virtudes periodísticas de su padre tanto en JUVENTUD REBELDE como en BOHEMIA y ahora en CUBADEBATE digital.

Recuerdo que a comienzo de mi vida laboral como linotipista del periódico EL MUNDO, allá por los años 50 del pasado siglo, ya Carlos Lechuga era una inspiración para muchos de los que soñábamos algún día con ser periodistas.
Sus atinadas críticas que titulaba “Claridades” en dicho diario y en la sección ”En Cuba” de la revista BOHEMIA, se complementaba con otras actividades de carácter político, incluso antes del Golpe de Estado, del 10 de marzo de 1952, hecho que provocó de inmediato su participación en la naciente organización revolucionaria conocida como  la Triple A. Así como su efectiva participación en el propio diario EL MUNDO-- en la huelga de abril de 1958. Para mayor información les invito a leer el trabajo relacionado con el colega Lechuga publicado en este mismo blog bajo “el título de…“LOS DIEZ DIAS QUE CONMOVIERON A EL MUNDO” 

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