__________________________

__________________________

3 nov. 2009

¿VIDAS PARALELAS?

Las víctimas de la Primera Guerra Mundial cebaron las “vacas gordas” de los magnates en Cuba; país mono productor que vio aumentado el precio del azúcar de un día para otro. La fiesta del derroche menocalista duró hasta el “crac” bancario de 1929, dando comienzo a una crisis económica parecida a la actual, pero mucho mas subdesarrollada. Es decir: Llegaron las “vacas flacas”.
El Imperialismo yanqui apostó por una pronta recuperación de la isla enferma y la burguesía criolla se vacunó en sus palacetes de la Quinta Avenida, mientras Liborio seguía padeciendo la pandemia (falta de pan) del “tiempo muerto” entre zafra y zafra.
En ese contexto aparezco yo. Y como me lo contaron se los cuento, pues ese día estaba aún en el claustro materno.

Dice mi familia que en la madrugada del 28 de noviembre de 1930 se le presentó a la comadrona que atendía a mi madre un parto sumamente difícil, a tal punto que tuvieron que correr con ella, --mamá, no la comadrona--, para la clínica particular sita en la Calzada de Jesús del Monte, hoy un asilo de ancianos en 10 de Octubre frente al Cine Apolo, que hoy tampoco pasa películas.
Treinta y dos días después al otro lado de la ciudad,--exactamente el 30 de diciembre del 30, en la Colina Taganana, donde estaba situada la Batería de Santa Clara, (Patrimonio de la Humanidad), ubicada en un moderno reparto residencial, vino al mundo otro habanero, pero a diferencia mía, en cuna de oro. Era el lujoso Hotel Nacional, --por algo Carpentier le llamó “El Castillo Encantado”--. Sus padres putativos fueron los yanquis Mc Kim, Meade and White, y Purdy Henderson Co.
Nacimos pues, juntos pero no revueltos. De origen pobre, en un barrio obrero, con calles de tierra excepto las tres calzadas que lo atravesaban: Concha, Luyanó y Jesús del Monte, mi niñez no podía parecerse en nada a la de aquel gigante turístico y aristocrático del Vedado, a orillas del Malecón habanero.
Corrían los tiempos difíciles del “machadato” en medio de la crisis económica internacional. Llevado a la Presidencia por los liberales, Gerardo Machado quiso prorrogarse en el poder. Su impopular gobierno se caracterizó por una política educacional “sui generis” con el cierre a palos de la Universidad, el palma cristi que se le brindaba gratis a los estudiantes, y la Ley de Fuga aplicada a los más recalcitrantes. Para algunos guatacas Machado era “El Egregio”, para otros “El asno con garras”, como lo bautizara Villena.
Resultado de tanta opresión y resistencia, el tiro andaba sato en las calles en una época donde se imponía la ley del gatillo alegre. Eso no resultaba un obstáculo para que opulentos sibaritas degustaran ricos manjares en los restaurantes del Nacional; en tanto que la dieta familiar en casa era a base de harina con boniato, excepto yo que seguía lactando.
Cuando cayó la dictadura en agosto de 1933, surgió un gobierno de coalición, donde se halaban las orejas liberales continuistas, rebeldes de izquierda; así como sargentos y clases que se habían sumado a la insurrección cuando vieron que la cosa se ponía mala, rebelándose contra los oficiales de alta graduación: La cosa se le escapaba de las manos al embajador yanqui Summer Welles, artífice de la componenda y el cabildeo, porque había surgido una figura incorruptible, el Ministro de Gobernación Antonio Guiteras.
Quiso la historia que la rebelión de los sargentos el 4 de septiembre desplazara de su cargo en las Fuerzas Armadas al general Julio Sanguily, quien se mudaba de inmediato al Hotel Nacional por temor a represalias y dos días después por distintas causas también lo hiciera el embajador yanqui Welles. ¿Casualidad verdad? Veamos lo qué pasó:
El 30 de septiembre de 1933, el Hotel, por su situación geográfica en un peñón, a orillas del mar, su arquitectura monolítica y otras condiciones, fue escogido como bastión de los oficiales machadistas.En la madrugada del 2 de octubre comienza el asedio. --¿Con el embajador yanqui adentro?-- Los militares, bien entrenados y mejor atrincherados pero con pocas armas, lograron una eficaz resistencia frente a miles de soldados del Gobierno. Los sitiados tuvieron sólo 14 bajas de ellas 12 heridos, mientras las tropas de Batista sufrían cerca de 100 muertos y unos 200 heridos. Sin embargo, aquello duró unas horas y a las 4 de la tarde de ese mismo día, los oficiales se rindieron cuando se les acabó el otro parque, --el alimenticio--. Como testimonio del combate, los exteriores de la instalación turística quedaron marcados por virulentas llagas de plomo.
Poca visión tuve yo de esos hechos, con solo tres añitos desde mi improvisado refugio debajo de la cama, al son de los bombazos y las ametralladoras.
El diplomático norteamericano que manejaba los hilos desde su improvisada suite logró que el papalote de la “Revolución del 33 se fuera a bolina”, como lo describiera Raúl Roa en su libro homónimo.
De nuevo gobiernos entreguistas y auges capitalistas. Por esa época personalidades de todo el mundo como Winston Churchil, llenaron de humo los salones del hotel, en una especie de propaganda gratuita al mejor tabaco del mundo. Otra figura del momento fue Buster Keaton, a quien imaginé hospedándose allí por señas, pues jamás le oí una sola palabra en el cine.
Correteaba mi niñez a lo largo de la década de los años treinta, y amante del beisbol, jugaba a la pelota en los terrenos de la Loma del Burro, en Luyanó, aledaños al barrio de indigentes de “Las Yaguas”, mientras esto ocurría allí, el Hotel le daba acogida a mi ídolo de las Grandes Ligas, Ted Williams.
La galería de celebridades en la instalación recoge la presencia de los Duques de Windsor, los Reyes de Bélgica y al descubridor de la penicilina Sir. Alexander Flemming, quienes ocuparon en su momento algunas de las 15 suites del inmueble, incluyendo la presidencial. Y que estrellas de Hollywood como Marlon Brando, Tyrone Power, Frank Sinatra, Errol Flynn, y Ava Gardner entre otros, pudieron escoger entre las 415 habitaciones restantes, en tanto Rita Hayword rememoraba su “Escuela de Sirenas” en la piscina del hotel.
No faltaron personalidades de otras latitudes que disfrutaron de sus comodidades. A saber: Jorge Negrete, María Félix, Agustín Lara Rómulo Gallegos y por último, ya madurita en el siglo actual, Sarita Montiel y su nuevo amor cubano. Sin embargo lamentable fue el caso de la afamada Josefine Baker, víctima de la discriminación racial y motivo de encendidas polémicas en la prensa de los años cuarenta.
De nuevo otra guerra por el reparto del mundo enlutó a Europa, convirtiéndose en la Segunda Guerra Mundial. El gobierno cubano, apéndice glúteo de los EE.UU. se sumó al carro belicista, padeciendo algunos síntomas de desabastecimiento mientras otros se beneficiespeculaban por la cercanía del floreciente mercado yanqui. Sin embargo, pagó con el asedio de sus costas y el hundimiento de varias naves mercantiles.
Huéspedes del Nacional convertido en atalaya por entonces, asomados a los mismos balcones donde izaron bandera blanca los entorchados del 33, fueron testigos presenciales de la primera y única vez que la farola del Morro apagó sus fanales para evitar el ataque enemigo a la ciudad de La Habana, esta vez serían nazis en vez de ingleses.
Ernest Hemingway también aparece en la lista de sus huéspedes ilustres. Sin embargo, pronto se mudó al hotel “Ambos Mundos”, para estar más cerca de su mojito en “La Bodeguita” y de su daiquirí en “El Floridita”. Aficionado al boxeo, al toreo, a la pesca y a la caza, el “Papa” no podía quedarse tranquilo ante la presencia de submarinos alemanes en las proximidades del litoral cubano: Artilló al “Pilar” y junto a su piloto Gregorio, salió a cazarlos en las cayerías septentrionales de la isla. Que yo sepa, no capturó ninguno, pero cogió buenas “aguas” a bordo con “Añejo Bacardí” y “Matusalén” por aquello de…”Hoy alegre, mañana bien”.
Se sabe que las tropas yanquis tras la campaña africana entraron a territorio italiano y lograron arrollar a las de Mussolini, gracias al apoyo de la mafia siciliana. Y parece que Lucky Luciano fue uno de los artífices de la operación, porque a partir de entonces aumentó su autoridad entre los gangsters que dirigían el juego, y la prostitución en los Estados Unidos.
El puritanismo yanqui de entonces rechazaba la introducción de la droga en sus negocios y le prohibió la entrada en los EE.UU., pero estaban en deuda con el “Dichoso” Luciano, quien montó su guarida en el Hotel Nacional, desde donde declaró la guerra a las “familias” azurras en el continente e impuso el narcotráfico a punta de pistola.
Sus testaferros, Giancana, Trafficante y Meyer Lansky, así como el peliculero George Raft, eran figuras privilegiadas en los salones del Nacional, y administraban el casino en ése y el resto de los hoteles de lujo de la capital. Eso duró hasta la tercera parte de “El Padrino”, el resto lo saben ustedes. Hoy Estados Unidos es el primer país consumidor y traficante de drogas en el mundo. Pero hay una última etapa cantada por Carlos Puebla cuando dijo…”Llegó el Comandante y mandó a parar”. El Nacional vio con sorpresa frente a sus instalaciones el derribo del águila imperial en el monumento al “Maine” como un símbolo de los nuevos tiempos. La administración pasó del billete verde al verde olivo, y la gerencia ha mantenido su preferencia en los turistas extranjeros que se convierten en repitentes gracias a la magia del buen servicio.
Sigue pues ofertando, piscinas, habitaciones, tiendas, bares, restaurantes, cafeterías, La Casa del Habano, el Cabaret Parisién, el Piso Ejecutivo, etc., El Hotel, según el Poeta Nacional Nicolás Guillén, tiene lo que debía de tener, excepto el Casino de Juego, ni falta que nos hace.
Considerado uno de los 10 palacios-hoteles del planeta, el Hotel Nacional ya había obtenido el tercer lugar entre las mejores instalaciones hoteleras del mundo solo superado por la ·”Mamonia· de Marrakech, y el “Ritz” de París, cuando en 2005, el IV Encuentro de los Mejores Hoteles del Mundo lo llevó al Primer Lugar, junto a la mejor isla: Cuba y la mejor playa: Varadero.
En esa ocasión fue entrevistado su actual Gerente General, el Sr. Antonio (Tony) Martínez, quien reconoció que “El Hotel Nacional no es el mejor del mundo, sino el más preferido”.
Independientemente de la situación económica que ha tenido que atravesar la nación y sus instituciones durante 50 años de bloqueo, agudizada por el período especial, la instalación turística sigue dando la hora, gracias a la selección de su personal, a la exquisitez en el buen trato, y a la constante preocupación por darle el mantenimiento correcto y oportuno.
Por lo tanto no hay comparación, ni pretendo medirme con nuestro hotel insignia; pero que somos contemporáneos, no hay quien me lo discuta.
Por último guardo en mi corazón un hecho inolvidable: Al cumplir el Hotel Nacional sus 50 abriles en diciembre de 1980, tuve el alto honor de ser invitado a la recepción donde se homenajeaba a los trabajadores cincuentenarios del centro, haciéndoles caricaturas in sito a todos y cada uno de aquellos abnegados gastronómicos. Hasta altas horas de la noche cumplí con agrado la honrosa tarea. Lo que no sabía ninguno de ellos es que en esos días yo también había arribado a mi media rueda… En este mes ambos cumplimos 79 años en una emulación fraternal, --como si fuera una carrera de larga distancia--, que de antemano se sabe quien ganará, porque queda poco Paco y hay Nacional para rato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario