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3 nov. 2009

PALANTE MELÓMANO.

A mediados de la década del 60 del pasado siglo, mientras Rita Pavone nos golpeaba a diario con su “martello”, y el furor por Pello el Afrokán y su ritmo Mozambique, acaparaban la mayoría de los espacios en la programación radial y televisiva de nuestro país, otras orquestas y ritmos tradicionales no recibían la misma atención de los medios.
Quiso el destino que en agosto de 1967, Valdés Díaz y yo, premiados en el Salón Internacional Humorístico de Montreal, fuéramos invitados a participar en la Expo-67, donde Cuba tenía una amplia representación. Ñico y el entonces director de la publicación también nos acompañaron.
Aparte de las actividades oficiales a que fuimos invitados, sucedieron cosas que tuvieron repercusión en esos días: El compositor Giraldo Piloto, había cargado sus pilas durante meses oyendo y viendo lo que se tocaba en Montreal. La víspera de su partida no cabía de júbilo pues iba a despedirse con una entrada para el concierto de Sara Vauhgn y Duke Ellington. Notamos entonces que llevaba dos baúles con música grabada pues finalizada la velada tomaría el avión de regreso a Cuba.

Lamentablemente al día siguiente nos enteramos de un accidente en el propio aeropuerto de Montreal. Al despegar el aparato, segó la vida de casi todos los pasajeros de Cubana de Aviación, incluyéndolo a él. ¿Qué sorpresa nos habría tenido guardada el querido músico cubano?
Todo esto viene a colación porque ya en nuestro país, casi un año después, oímos en la radio cierta composición interpretada por una orquesta charanguera, que se nos parecía bastante a los acordes y timbres modernos que las agrupaciones musicales foráneas daban a nuestros ritmos, allá en Canadá. Así se lo hicimos saber al nuevo director del semanario, el compañero Nuez, no sin el rechazo de alguien que sin oír la composición, la tildó de machadato, por tratarse de la Orquesta Revé.
Al oír aquello, el caricaturista Guerrero con más oído musical que yo y con muchos más arrestos periodísticos, le hizo la primera entrevista al “novato” Juan Formell, que se publicó con fecha 21 de noviembre de 1968 en PALANTE.
A ese primer número titulado “El Martes”, le siguió otro en reciprocidad con el semanario pues lo tituló “El Jueves” (el día de la risa, según el estribillo). Pero, no conforme con eso, Formell nos trasladó su opinión que también se dio a conocer en nuestras páginas el 2 de diciembre del mismo año.
Ahí comenzó una estrecha amistad entre el compositor y nosotros. Incluso cuando formó su propia orquesta, los “Van Van”. A menudo Juanito participaba con sus músicos en los partidos de pelota-parqueo, que como ejercicio durante el horario de almuerzo practicábamos a diario aquellos jóvenes músicos y humoristas de entonces.Al poco tiempo ése Formell “De mis recuerdos”, saludó a todos con “¡Qué volá, qué volón!” y le cantó “Lo material” a “Marilú”, la “Sandunguera”, que cumplía años igual que él, así que no sólo dijo “¡Felicítameeee, felicítalaaaa!”, sino que se lamentaba porque “La Habana no aguanta más”, parece que por la proliferación de “Los Pájaros tirándole a la escopeta”. Más tarde Juan y sus Van Van descubren que “Pastorita tiene guararey”, pero “El negro no tiene ná”, y deciden probar “Azúcar” en Cancún, pero ya yo era un “Buey cansa´o” con la enfermedad de “La titimanía”, así que le dije “¡Chirrin Chirrán!”, Dejé de verlo hasta junio de este año cuando merecidamente el Doctor Juan Formell recibió el título “Honoris causa” otorgado por la Universidad de La Habana.
Durante el apoteósico concierto organizado por Juanes “Paz sin fronteras” el pasado 20 de septiembre, al verlo, tan entusiasta y juvenil como siempre cerrar con broche de oro el espectáculo al estilo “Van Van” y su pegajoso potpurrí, seguido por el Chan Chan, de Compay Segundo, su euforia me impactó como a todo el pueblo.
Por último, emocionado gritó para que lo oyera el mundo entero: ”¡DUELA A QUIEN LE DUELA, SE HIZO!”, “¡EL CONCIERTO POR LA PAZ SE HIZO!”
Con honestidad, no podría confirmar si fue una lágrima, o la incipiente conjuntivitis la que por un momento me humedeció los ojos.

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