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15 ago. 2010

EL CUADRO QUE BURLÓ A LA CENSURA.

Adigio Benítez Gimeno, Premio Nacional de Artes Plásticas 2007, aquí caricaturizado en aquellos días felices de su nominación, tenía más que ganado esos reconocimientos por la labor de toda la vida: Pintor, poeta, dibujante, ceramista, caricaturista, ganó premios en Salones de pintura y dibujo, de sellos postales y carteles teatrales. Como docente fue profesor titular de la ENA Escuela Nacional de Arte desde su fundación en 1962 hasta 1972. Y participó en exposiciones colectivas y personales, además de Congresos por la Paz en Viena, Moscú y Pekín.
http://www.cubarte.cult.cu/paginas/personalidades/quienesquien.detalles.php?pid=17
Adigio había nacido el 26 de enero de 1924 en su querida Santiago de Cuba.
Desde joven sintió inclinación por el dibujo y la pintura, y en 1948 gana su primer concurso de carteles para “Prensa Obrera”.
Pero ya venía colaborando con sus certeras caricaturas en “Hoy” y “Mella” publicaciones del Partido Socialista Popular, donde realizaba demoledoras sátiras contra el nazi- fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, y con posterioridad, poniendo al desnudo la Cacería de Brujas del macartismo yanqui.

A pocos meses de desatarse la Guerra de Corea, en 1950, “Hoy” y “América Deportiva” son clausurados temporalmente por el sumiso gobierno auténtico, y tres años después, tras el ataque al Cuartel Moncada por los jóvenes del 26 de julio, de nuevo la prensa comunista es intervenida.

Por entonces ya Adigio militaba en dichas organizaciones partidistas y comienza su etapa como colaborador clandestino para “La Carta Semanal”.

A principios de agosto de 1958, cae en sospechas para los sabuesos del régimen, y es detenido por el BRAC (Buró Represivo de Actividades Comunistas). El tenebroso Faget lo interroga acerca de un cuadro ocupado en su casa: La obra representaba a dos obreros --uno blanco y otro negro--, conversando en el asiento de un ómnibus.

Según los “expertos”·era una clave relacionada con cierta tira cómica de contenido subversivo aparecida en “La Carta Semanal”. Durante los doce días en prisión totalmente incomunicado, negó con su natural aplomo todas esas acusaciones. Sí eran ciertas o no dichas imputaciones, jamás lo confesó; sin embargo, al sentirse de nuevo libre, no podía aguantar la risa, pues lo que nunca sospecharon los torpes esbirros de Batista era que, tras esa tela, había otra obra disimulada y mucho más comprometedora, pero separada por delgados tacos de madera.

Se trataba nada más y nada menos, que uno de sus cuadros más famosos: El retrato del incorruptible líder sindical Jesús Menéndez, asesinado a traición por el Capitán Casillas. Crimen que había conmovido a todo el pueblo.

La obra, óleo sobre cartón, realizada en 1958, ocupa un lugar destacado en el Museo Nacional de Bellas Artes, y con gran placer ofrecemos a nuestros curiosos vecinos una copia de la misma.

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