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23 ago. 2010

EN POCAS PALABRAS.

La agenda del mes pasado estuvo tan cargada que se nos quedaron en el tintero algunos asuntos: Uno de ellos fue recordar un hecho significativo para mi: El recorrido que hiciéramos entre julio y agosto de 2008 por el norte de España que incluía parte de Asturias, Cantabria y Galicia. Quiso el destino que mi visita coincidiera con el Día del Inmigrante en Fonsagrada, patria del Caballero de París; de esta aventura nos ocupamos en la primera edición de este blog, el 9 de Agosto de 2008. Pero, si interesante fue esa experiencia, más sorpresiva fueron las que recibimos en Gijón, al participar, primero en la Semana Negra que dirige allí el (cubano-mexicano-asturiano) Paco Ignacio Taibo II; y días después en la celebración del 26 de Julio, con una magnífica exposición de Canet cuyo catálogo les muestro. Además, intervinimos en el desfile por las calles de la ciudad el 24 del mismo mes. En los actos conmemorativos tuve el privilegio de acompañar a la colega Marta Rojas, y al entonces Agregado Cultural de nuestra Embajada en la península, Luis Toledo Sande.

Como constancia de aquellos acontecimientos reproduzco el testimonio gráfico publicado en el diario “La Nueva España” de esa fecha.

Enemigo irreconciliable.

Cuba celebra anualmente el Día de la Medicina Latinoamericana el 3 de diciembre de cada año, en recordación al natalicio del Dr. Juan Carlos Finlay de Barrés.

Es casi imposible que un joven internauta se imagine las vicisitudes sufridas por un cubano de entonces, para poder llegar a donde llegó Finlay.

En primer lugar, el gobierno colonial no daba acceso a la educación superior. Sin una madre francesa, Carlos Juan no hubiera alcanzado a estudiar y superarse en París.

La revolución de 1848 lo sorprende en tierras galas y lo obliga a continuar sus estudios en Londres: Se vino a graduar de medicina en Filadelfia a la edad de 22 años.

Podía haberse quedado allí, pero prefirió ejercer la medicina en su tierra natal. Revalidó el título acá, y a partir de entonces comenzó sus afanes por descubrir al enemigo “Número Uno” de entonces. Estuvo más de 17 años atrincherado tras el microscopio para descubrir aquel asesino enmascarado y logra ponerlo por fin al descubierto en la Conferencia Sanitaria de Washington en 1881. Fue también en Estados Unidos, donde expuso por primera vez su… “Teoría de la transmisión de la fiebre amarilla por algún agente intermediario…”

Durante la intervención yanqui en el conflicto cubano-español de 1998, -- Finlay consciente de las condiciones higiénicas imperantes, hizo vida en campaña con los “rough ryders” de Teodoro Roosevelt, diezmados por la fiebre en Santiago de Cuba. En esa tierra caliente, pudo experimentar, convencerse, y alertar al mundo, del mosquito Aedes Aegipty, un enemigo aun más poderoso que las balas, pues ataca lo mismo en la guerra que en la paz. Ejemplo: La epidemia surgida pocos años después en Centroamérica, la cual diezmó las filas del personal contratado para las obras del Canal de Panamá.

No abundaremos en el esfuerzo norteamericano por escamotearle su gloria hace una centuria, ni de querer dejar a la Revolución sin médicos hace medio siglo mediante una “Operación Peter Pan” psicópata. Los avances y resultados de la medicina cubana actual borran cualquier duda al respecto. Lo cierto es que Finlay nos dejó su paciencia, inteligencia, experiencia, y sobre todo su herencia, aquel 20 de agosto de 1915 cuando traspasó las puertas de la inmortalidad.

Estas líneas de reconocimiento son también una oportunidad para autocriticarnos, pues a veces el entusiasmo del artista puede más que la razón, y la caricatura que ahora les muestro, fechada en 2002, fue inspirada por la intensa campaña de fumigación que entonces se desarrolló en Cuba para la erradicación del dengue. El dibujo utiliza el simbólico triunfalismo de arriar la bandera de territorio Libre de Aedes Aegipty en nuestra humeante capital –una variante de la enseña enarbolada en la Campaña de Alfabetización de 1961—

Casi diez años han transcurrido; seguimos desinfectando constantemente, y a pesar de su control, el empecinado mutante sigue amenazándonos en el intento de convertir crónica la epidemia, como ocurre con esta pandemia en la gran mayoría de los países subtropicales.

La tenacidad legada por Finlay, la voluntad endógena, y el hecho de ser referente mundial en este combate, nos permite mirar el futuro con optimismo, y de nuevo con la aplicación del único microscopio que creo saber usar, les invito a leer este decálogo anti vectorial, con música de Pérez Prado:

AL SON DEL DENGUE

La rompo y no me conmuevo. La cascarita del huevo.

Mi campaña es tu campaña contra el dengue y la guadaña.

Un combate concluyente, el que libra el contingente.

Ponle la roja al mosquito y lo cogerás mansito.

Se coló en el mosquitero por el dichoso agujero.

Si el Aedes es huyuyo, con prevención lo destruyo.

Contra el mortal vector, nuestro fiel fumigador.

Al tanque ponle la tapa porque, al que velan, no escapa.

Si el enemigo está en casa, con el humo se le arrasa.

Más esencia que apariencia: Gracias por vuestra paciencia

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