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18 oct. 2010

UN BOBO BASTANTE VIVO.

La palabra bobo puede significar tonto, simple, necio, burro, y alrededor de otros cuarenta sinónimos más; sin embargo, en Cuba el Bobo de Abela es algo más que eso: Fue un personaje satírico emblemático de la gráfica en la primera mitad del siglo XX. Su autor, Eduardo Abela supo dotarlo de una compleja personalidad en su aparente simpleza, de ahí su éxito.
No tenía un pelo de tonto, su tontería implicaba siempre un doble sentido, con efectos cáusticos en épocas de agitación política frente a regímenes corruptos y dictatoriales. Según su historiador Enrique Gay Calbó en su libro “El Bobo” de 1946:
“El Bobo hizo en la mascarada cubana el papel de trompetillador…” “La trompetilla criolla es el fumigador más eficaz contra el avestruz del trópico…” Y más incisivo aún cuando dice:
“El Bobo fue un individuo que tenía la mala costumbre de opinar y decir en un chorro de ironías sus opiniones…” Y así lo explica:
“Como fue y no es, no puede estar hoy ni en la arrebatiña ni en la justa distribución de ventajas y compensaciones…”
Aplíquese todo esto a la época del “machadato” y la revolución del 33 --que se fue a bolina-- y se tendrá un cuadro exacto del personaje y su importancia.
Pero iba más allá: El Bobo era una ironía integral, no sólo aplicable a la política. Por ejemplo: Junto al protagonista principal, Abela creó algunos personajes secundarios para poder establecer la ironía o el sarcasmo en sus diálogos. Tenemos el profesor, el sobrino y su padre... Hay otra lectura cuando responde al ahijado, que no se parece en nada a su progenitor, y sin embargo es la viva estampa del Bobo.
El Bobo, indeciso a veces está en la cerca. En otras sin palabras representa la hierba para significar que la situación está “enyerbada”. Otras con la mano en la cabeza y una bufanda alrededor del cuello insinúan: -Que no traga…
Otros fetiches de su imaginería son: la frutabomba o papaya, símbolo sexual femenino. Para el sexo opuesto, los timbales como instrumento musical.
Otra investigadora Adelaida de Juan en su “La Caricatura de la República” publicada en 1982, apunta:
“Se hizo famoso en primer término por llevar osadamente la picaresca a la prensa gráfica sin caer en la grosería…” -
“Desde el 28 de octubre de 1925, Abela trabaja el tema del “fisgón”. Aún no es el Bobo en los dibujos titulados “El eterno descontento…”. “Ya a partir de 1927, estas viñetas se intercalan entre dibujos políticos… Abela no explicita su nombre (Bobo) si no hasta septiembre de 1933, con la caída de la dictadura…”
Hasta entonces los pies de grabado lo presentan como El ingenuo, El verraco habanero o el Bobo de Batabanó.
Durante todo este tiempo sus dibujos aparecen indistintamente en “El Diario de la Marina”, “Información” y “La Semana”.
Esta entrega la hizo para el “Diario de la Marina el mismo día en que cayó el régimen machadista portando la vela, sinónimo de rogatoria.
A partir de los cambios democráticos --en la década de los años 30--, Abela mete al Bobo en su valija diplomática y pasa a ocupar cargos en el exterior. Es entonces que, a la par, desarrolla una importante labor en las Artes Plásticas como Director del Estudio Libre de Pintura, y con obras emblemáticas como su “Guajiros” de 1938.
Pero Eduardo Abela quedó indisolublemente ligado a su personaje y a su pueblo; completando la trilogía más simbólica del humorismo grafico nacional con El Liborio de Torriente, El Bobo de Abela, y El Loquito de Nuez.
Como no puedo quedarme fuera de esta historia, tengo el placer de reproducir la foto tomada durante el Primer Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Una vez concluido este trabajo me tropiezo con un recorte del diario “Granma” de 1989, con un sugestivo título: “Abela: Un original original” con motivo del 95º. Aniversario, del destacado caricaturista. El artículo lo firmaba Santiago Armada (Chago), donde más o menos expresaba lo siguiente:
En 1960 los caricaturistas del suplemento “El Pitirre” la primera publicación humorística al triunfo de la Revolución, comenzaron a tener contacto esporádico con la obra de Rafael Blanco y Eduardo Abela.
Una legendaria y justa aureola los envolvía, y poco lo que habían visto hasta entonces. Según el propio Chago, exponentes de la legítima tradición cubana del concepto-línea-cualitativo-rector. Y explica:
“Si bien Blanco había roto en los comienzos del siglo con lo convencional, la rutina de aceptar la línea como un valor prefijado, siendo el humorista revolucionario de factura nueva en Cuba, que sería también original en el extranjero…”
“Abela, --a mediados de la década del 20—no lo fue menos, y tal vez con mejor razón, pues su innovación llegó a anticipar y a prefigurar nítidamente la revolución que en 1945, con la edición del libro“All in line” (Todo en líneas), de Saul Steinberg, y un poco antes, con los propios dibujos de éste y de James Thurber en la revista norteamericana “The New Yorker” alcanzaría los más apartados rincones del planeta...”Entre los inquietos jóvenes de la revista cubana comenzó a especularse sobre sí Abela había influido en el estilo de Thurber o viceversa. Dos corrientes de opinión que en apariencia apuntaban hacia el predominio del afamado autor de ”Vida secreta de Walter Mitty” y artista exclusivo de la publicación newyorquina. En dicho artículo Chago enfatiza:“Quien no tenía de Steinberg, tenía de Thurber, o de Robert Osborn, o de André Francois, o de Virgil Patch, o de Topor, pero muy pocos, como dice el refrán, del “carabalí” de los nuestros. Tanta había sido la preterización cultural y el desconocimiento legados por la pseudorrepública que dejábamos definitivamente atrás…Dudaba el autor de que sus afirmaciones pudieran estar teñidas de “chovinismo”, o quizás de…
…“Colonialismo cultural, ese que no es sólo imposición, sino también fascinación, deslumbramiento, ansiedad de imitar las formas, las normas prestigiosas imperiales…”
Como han podido observar, hemos tenido que obviar algunos párrafos, igualmente lo haremos con la extensa biografía de James Thurber publcada por el “New York Times” al día siguiente de su fallecimiento el 2 de noviembre de1961, donde aparece un dato interesante de 1927. Y el autor del artículo publicado en “Granma” enfatiza:
“…Thurber se incorpora como redactor de la revista “The New Yorker”, donde publica su primer dibujo con enorme éxito en 1929. (fecha decisiva a favor de Abela, que ha publicado profesionalmente con igual éxito desde 1925…..”
Estos datos coinciden con lo expuesto por nosotros anteriormente, pero continuemos con la exposición de Chago:
“Como vemos la ejecutoria de Abela ha sido totalmente independiente y anterior a la de Thurber. En todo caso podríamos considerar, si no pareciese descabellada, la posibilidad inversa--¿por qué no?—de que los dibujos del cubano pudiesen haber sido conocidos en la redacción de “The New Yorker”.
A continuación, el colega destaca:
“No imponemos, ni aceptamos dicotomías en el caricaturista-pintor que fue y es Abela, el artista íntegro sólo divisible metodológicamente para comprenderlo mejor en su unidad”…
Se apoya entonces en una frase de Juan Marinello:
“Sólo un entendimiento estrecho de las cosas quieren limitar la cubanía de Abela a la hazaña
del Bobo”…
Y concluye:
“Si definitivamen
te hemos podido establecer la original-originalidad de Abela como humorista gráfico, ha de estar dirigida a la identidad medular de este ariguanabense-cubano-universal…”

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