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3 oct. 2010

NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON... (IV)

Estimulados por los “caricaturistas ocasionales”, que aparecieron en la anterior edición, gracias a la “desinteresada” ayuda de los “Signos” que nos brindó el simpar Samuel Feijoó, acometemos una nueva investigación alrededor del tema.

En esta ocasión incursionaremos en el cine, para aportarles dibujos realizados por grandes autores del Séptimo Arte, unos más ocasionales que otros:

Empezaremos por el más viejo, en orden de aparición, Sergei Eisenstein.

De haber producido su obra en un país capitalista, le hubieran colgado el cartelito de “Mago del Suspense” como se hizo con Alfred Hitchcock, o “El Rey Midas” calificando a Spielberg. Pero en su caso no hubo promoción; además, no hay nada más antimonárquico que un bolchevique, y el director del “Acorazado Potemkim” fue un producto genuino de la Revolución de Octubre, formando parte de la trilogía clásica del cine soviético. Es decir: S.Eisenstein, V. Pudovkin y A.Dovzhenko.

Las escalofriantes escenas del ametrallamiento del pueblo en las escaleras del puerto de Odessa, y el expresionismo de algunas de sus secuencias, hacen de dicha cinta el primer exponente del montaje cinematográfico, y por tanto material de estudio hasta nuestros días para los cinéfilos de todo el mundo. El idioma ruso llegó a las pantallas bastante tarde (1930), y cuando lo hizo no fue sin el rechazo de aquellos seguidores de Eisenstein --maestros del montaje-- que contraponían la fuerza expresiva de la imagen contra la muletilla del idioma.

Pues bien, Sergei Eisenstein se valió de sus dibujos para imaginar aquellas tomas consideradas clásicas, imponiendo eso que se conoce hoy por “Story board”, y que yo, --infeliz mortal--, considero el alma de toda película (mitad arte, mitad industria), ya que ahorra millones de pies de películas, y por tanto de dinero. En eso también Eisenstein fue un precursor.

Para mi fue una sorpresa descubrir en él también, ejemplos típicos del destape en este tercer milenio, y para los incrédulos presento este sencillo ejemplo, y es su incursión en el dibujo erótico –cuasi pornográfico--, realizado durante su etapa cinematográfica en México.

Sin apartarnos del viejo continente, el francés Jean Cocteau es también un buen ejemplo: Poeta, novelista, diseñador, dramaturgo, y autor de no pocas óperas, fue por sobre todas las cosas un destacado cineasta, aunque el se considerara solo un poeta.

Escribió sus guiones y dirigió sus películas, calificadas como exponentes clásicos del cine surrealista galo a partir de su primer intento en 1920 con “Los muchachos terribles”; y ve su obra consolidada con “La Bella y la Bestia” de 1945, y “Orfeo” de 1950.

Durante toda esa época, hasta 1963 en que murió, sus dibujos satíricos y caricaturas adornaron las páginas de algunas publicaciones francesas y de ahí hemos tomado estos ejemplos que ahora les mostramos: Uno con un magnífico apunte de Sigmund Freud, y el otro, abordando el tema del homosexualismo en Francia.

Federico Fellini, quien este año cumpliría 90 años, fue otro caso similar en Italia, pues de joven se destacó en la realización de historietas --fumettis según se le dice allá--. Eso le permitió más adelante no sólo escribir y dirigir sus propias películas, sino dibujar primero las secuencias a filmar. Sin embargo, su fama llegó de la mano de Roberto Rosellini en “Roma Ciudad Abierta” (1945) al entrar por la puerta ancha del neorrealismo italiano, lo que demostró más tarde con “La Strada” (1954) y “Las Noches de Cabiria” (1957), las que le valieron a él y a su esposa, la actriz Giulietta Massina, innumerables premios de la Academia.

En “La Dulce Vida” tres años después dio un vuelco a esa tendencia neorrealista, y en ella también Fellini demostró su maestría. Pero ahora lo presentamos en aquella faceta suya, casi desconocida para el gran público.

Aficionado a los comics norteamericanos, su primer éxito fue como guionista de historietas y dibujante publicitario para películas. Aquí presentamos una de sus tiras cómicas de finales de los años treinta del pasado siglo.

El primer día del año de 1900 viene al mundo en Gerona, España, Xavier Cugat, quien durante muchos años fuera difusor de la música cubana y caribeña en las películas de Hollywood, influencia que asimiló desde 1905 en que sus padres emigraron a nuestra patria.

Aquí se formó como violinista y al llegar a los Estados Unidos, mucho antes de triunfar como músico y director de orquesta, dibujó tiras cómicas para el diario “Los Angeles Times”.

Xavier Cugat participó en muchas de las películas norteamericanas a partir del cine sonoro, sobre todo las protagonizadas por Esther Williams para la MGM.

A veces aparecía en las comedias musicales pintando o dibujando frente a su orquesta mientras interpretaba congas, sambas, mambos, y otros ritmos tropicales, donde nunca faltaba su instrumento preferido: la marimba.

Otra rareza es que a veces, mientras en una mano sostenía la batuta, en la otra acariciaba un perrito chihuahua, situación que aprovechó Woody Allen para parodiarlo en la película “Días de la Radio”.

Aunque fue un ídolo en el cine norteamericano de la época, Xavier Cugat deseaba que sus restos fueran enterrados en el terruño, y así ocurrió cuando fallece un 27 de octubre a los 90 años en su natal Barcelona.

Por último y con iguales merecimientos o más, dedicamos este espacio a nuestro fraterno Tomás Gutiérrez Alea. El cineasta más premiado y reconocido de Cuba.

El mismo año en que se gradúa de abogado, con 28 años de edad, parte a Italia para estudiar dirección cinematográfica en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Ese paso decide su futuro.

Cuatro años más tarde colabora con García Espinosa en la dirección de “El Mégano” mediometraje sobre la vida de los carboneros en la Ciénaga de Zapata y que por su crudeza es prohibida su exhibición, y secuestrado por el Gobierno de Batista. Al triunfo de la Revolución también en unión de Espinosa, filman el primer documental del ICAIC, también con el tema campesino y la esperada Reforma Agraria.

A partir de estos primeros intentos, su talento natural, su voluntad de acero, y la inspiración de un pueblo en revolución, le propició un éxito tras otro.

Toda su obra lleva su sello personal, pero es tan extensa que sólo nos limitaremos a nombrar sus cintas premiadas en todo el mundo: Esta tierra nuestra; Historias de la Revolución; Cumbite; La muerte de un burócrata; Memorias del Subdesarrollo; La última cena; Los sobrevivientes; y Hasta cierto punto; culminando en la genial Fresa y Chocolate.

Lo que muchos no saben es que Gutiérrez Alea bajo el seudónimo e Titón, firmó no pocas caricaturas que fueron publicadas entre 1958 y 1959 en la revista Carteles y los semanarios humorísticos Actualidades Criollas, y El Pitirre. Aquí presentamos una de ellas tomadas del catálogo de una exposición suya de caricaturas.

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