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10 jul. 2011

Notas de viejo… O sea, de viaje (3):LA GRAN MANZANA

Como prometimos en una edición anterior, ahora les ofrecemos una cronicuela gráfica sobre la visita que hiciéramos a Nueva York, invitado por mis hijos, aprovechando la temporada baja en paquetes de viaje y estancia durante la primavera, pues una vez finalizado el curso escolar, como en todos lados, allí se disparan los precios en los hoteles a la altura de sus propios rascacielos, se repletan los aviones, y los asientos disponibles hay que adquirirlos por las nubes.
Fue una experiencia inolvidable: Acostumbrado como estaba en mi doble condición de humorista gráfico y periodista, había visitado una docena de países y lógicamente varias megaciudades donde el panorama se puede captar fotográficamente en forma horizontal, como en este ejemplo.
New York le llaman la Gran Manzana y no por gusto, por tanto tiene talla XXL de alto, y si quieres admirarla en todo su esplendor no te queda más remedio que verla como si fueras una insignificante hormiga. Lo digo con orgullo, no hay en la Naturaleza un ser más esforzado que este laborioso insecto. Toda regla tiene su excepción, también en la turística Manhattan hay buscavidas, homeless y gente que vive del tip ajeno en casi todas las esquinas. Así la vi yo:
Cuando arribamos al aeropuerto La Guardia, una enorme serpiente de taxis amarillos nos aguardaba para devorar nuestras maletas y trasladarnos a la Avenida Lexington y 47 donde el hotel Radisson nos abrió sus puertas automáticas. Nunca había visto tantos carros de cambio y automático de alquiler juntos, pero lo más sorprendente:
La cantidad de taxistas hindúes allí existentes. Esta es una muestra de ello:
La proliferación de taxis se debe a la ausencia de parqueos públicos o privados. El viejo Nueva York se moderniza por segundos, pero el viejo territorio sigue siendo el mismo de la Ley Seca. Algo así como meter La Habana en Guanabacoa. O ese flaco del barrio al que todos llaman caña hueca quien se fue en vicio, pero no engorda. De ahí la ventaja de un auto pequeño como éste:

Allí todo es a lo grande: Desde el Central Park, el Empire State o el Rockefeller Center, hasta la pizza familiar que ordenamos en un pequeño restaurante de la Pequeña Italia.
No le extrañe pues tropezarse con un aplastante anuncio de sandalias en el Times Square, o una colosal ampliación del rostro de Lady Gaga con su última extravagancia de la moda en cualquiera de las paredes del Down Town.
Ibamos de sorpresa en sorpresa y de norte a sur por todo Broadway hasta tropezarnos con la más grande de todas: Tan impactante como la Gran Muralla China, --el ChinaTown de Nueva York, --donde vimos con nuestros propios ojos más asiáticos por metro cuadrado que en la propia República Popular China y su gigantesca población. He aquí dos tomas a punta de lápiz de una de sus amplias avenidas…Como último paso no quisiéramos pasar por alto la imagen de la ciudad de los rascacielos a distancia y de paso pasar frente a la Estatua de la Libertad,
---sin lugar a dudas el monumento más caricaturizado del mundo—el cual también ha sido víctima de mis propias descargas en más de una ocasión. Así la vimos, fotográficamente desde la cubierta del ferry que nos trasladó hasta Staten Island, pero prometo darles próximamente mi versión personal , como todo humorista gráfico que se precie de serlo.
Nos veremos más adelante en otras notas de viejo…Perdón… de viaje durante este octogenario periplo a noventa millas de Cubita la Bella.

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