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31 may. 2014

SALDANDO DEUDAS (1)

Tal vez este título tenga poca pegada para mis curiosos vecinos de siempre. En primer lugar, es un intento por quedar bien con ese criollísimo genio imposible de encasillar por todo tipo de estudiosos e investigadores, tras cien años de su monumental obra radical y autóctona. En este caso, yo también me quedaré corto, pues estaremos eternamente en deuda con nuestro insustituible Samuel Feijoó.
Resulta necesario hacerlo porque hemos de referirnos a  las dificultades de continuar la serie de trabajos sobre caricaturistas ocasionales que comenzamos a partir del año 2009, bajo el título de “No están todos los que son, ni son todos los que están”. Dicha saga repartida en cinco capítulos, estaba inspirada en iniciativas que el genial folclorista había incorporado en entrevistas a personalidades de la cultura cubana, hechas en la revista SIGNOS incluyendo “dibujitos” solicitados expresamente para ilustrar dichas interviús.
Siguiéndole los pasos al “Sensible Zarapico”, pudimos llevar a efecto en este blog la presentación de algunas personalidades que de forma esporádica incursionaron en la caricatura por mero placer. Como en los casos del famoso tenor italiano Enrico Caruso, al que siguieron por su orden: Ho Chi Minh--el inolvidable Tío Ho--Sigmund Freud, Mayakovsky, Serguei Eisenstein, Jean Cocteau, Fellini, y Xavier Cugat. En la segunda propuesta logramos publicar bocetos de los cubanos: José Martí, Silvio Rodríguez, Nicolás Guillén, Abel Prieto, Tubal Páez, Víctor Manuel González, Lezama, Portocarrero, Carpentier, Pablo de la Torriente, Raúl Roa, Titón, el propio Samuel Feijoó, así como el uruguayo-cubano Jorge Ibarra, y el  venezolano Premio Casa de las Américas Luis Britto García.
Para concluir, un año más tarde agregamos nada menos que al genio musical de Liverpool John Lennon. Es decir que en cinco ediciones entre el 2010 y el 2011 pudimos reflejar unas 25 personalidades con sus respectivos bocetos humorísticos.
Por lo general esta evidencia quedaría coja al no poder presentar pruebas del delito, o sea la apoyatura de la imagen, aunque mis informantes juren y perjuren que conocen al autor de los dibujos, y en el caso de las caricaturas personales, quienes fueron sus víctimas y cómplices a la vez. De nuevo se comprobaba en estos casos que…”Una imagen vale más que mil palabras…”
En cuanto a la promesa hecha en el título. Quedaron pendientes algunos adeudos, precisamente por falta de dichas pruebas documentales. Son los casos de Bobby Carcacés, Idalberto Delgado, o Luis Felipe Carneado en nuestro país; y del ex presidente portugués Álvaro Puñal, así como el connotado escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, quien no solo nos abrió los ojos con esas radicales autopsias de la Patria Grande tituladas “Las venas abiertas de América Latina” y “Patas Arriba” sino que en sus comienzos, apenas con catorce años de edad, hizo dibujos y caricaturas para el semanario socialista EL SOL, bajo la firma de GIUS. Más tarde ejerció el periodismo y llegó a ser jefe de redacción del semanario MARCHA y director del diario ÉPOCA en Uruguay. Durante la dictadura argentina en 1976 tuvo que marchar al exilio. De ser posible ruego a mis fieles vecinos, que me envíen copias de aquellas primeras caricaturas de Gius para darlas a conocer en este blog.
-Mientras, abordemos otro de los imprescindibles: En este caso el famoso Antoine de Saint Exupery, autor de esa joyita conocida por “El principito” en cuyos primeros párrafos ya nos agarra por el cuello para no soltarnos hasta el punto final, y copio:
“…Una vez, cuando tenía seis años, vi un magnífico dibujo en un libro sobre la selva virgen que se llamaba “Historias vividas”. Representaba a una serpiente boa que se tragaba  una fiera. He aquí la copia del dibujo:…”
“…En el libro decía: “Las serpientes boas se tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Después no pueden moverse y duermen los seis meses de la digestión.(…) Reflexioné mucho entonces sobre las aventuras de la selva y a mi vez, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mi dibujo número uno era así…"
“…Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.(…) Me respondieron: ¿Por qué un sombrero va a dar miedo? (…) Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa para que las personas mayores pudieran comprender. Ellas siempre necesitan explicaciones. Mi dibujo número dos era así…”
Nacido en Lyons, Francia, el 29 de junio de 1900 el niño Antoine de Saint Exupery, huérfano de padre, pasó a vivir junto a una tía en Saint Maurice y según los familiares más cercanos fue – a pesar de su orfandad--un niño feliz. Adolescente aún, su espíritu aventurero lo llevó a solicitar su incorporación a la Escuela Naval de París, siendo rechazado en las pruebas de ingreso.
Lo que Antoine no pudo hacer por mar, lo realizó más tarde por aire, pero antes pasó por la Escuela de Bellas Artes. Tras varios oficios logró en 1926 ingresar en una pequeña compañía de aviación y al año siguiente junto a un grupo de hombres audaces se incorporó a los servicios postales Toulouse-Casablanca y Dakar-Casablanca.
Tal vez hoy las nuevas generaciones, acostumbradas a escribir e-mails de y hacia Europa que llegan en tiempo real con seis  o siete horas de diferencia, no comprendan la importancia de aquellos balbuceos en el servicio aero-postal, cuando los helicópteros eran rústicos autogiros y los actuales aviones solo aeroplanos fabricados por una industria manufacturera-artesanal. Por tanto pilotearlos se convertía en un permanente juego con la muerte.
El joven piloto francés participó durante la primera mitad del siglo XX en riesgosas misiones en África, cuya experiencia sirvió de argumento para varias de sus novelas. La primera de ellas “Correo del Sur”, en 1929. Al año siguiente participó en el salvamento de un compañero durante la travesía de los Andes, dando lugar a su segundo libro titulado “Vuelo Nocturno”.
En 1934 con la compañía Air France, realizó vuelos a Vietnam, Moscú y España. Al intentar una travesía París-Saigón en 1935 tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en el medio del Sahara a unos 200 kilómetros de El Cairo, y tras cinco días vagando entre las dunas fue salvado junto a un colega suyo por caravanitas del desierto.
Pero el más serio de sus accidentes ocurrió durante el trayecto que en 1937 realizó desde Nueva York a la Patagonia. Al volar sobre Guatemala, su aparato cayó a tierra ocasionándole diversas fracturas y conmoción cerebral. En el curso de la convalecencia, Saint Exupery escribió otro libro “Tierra de Hombres” una recopilación de crónicas que le valieron el Gran Premio de de la Academia Francesa.
Durante la Segunda Guerra Mundial se incorporó al grupo de reconocimiento 2/33, con base gala en Saint Dizier, experiencia que también dejó plasmada en la obra “Piloto de Guerra” traducida al inglés y prohibida en Francia por la censura de los invasores, ya que el hecho coincidió con la derrota de Francia en África del Norte y al ser desmovilizado Saint Exupery marchó a Estados Unidos en 1943, donde vio la luz su mejor obra “El principito”.
Un año más tarde se reincorporó  a su antigua unidad pero ahora bajo el mando norteamericano tras el desembarco de Normandía.
El 31 de julio de 1944 el veterano aviador solicitó de favor salir en misión contra los alemanes, ya que por su edad no tenía derecho a pilotear una nave aérea, pero nunca regresó, temiéndose que hubiera contactado con  una patrulla enemiga. Así pasó a la inmortalidad el famoso piloto-escritor.
Pero aun nos quedaba un misterio por descifrar: Sabíamos que en sus obras literarias se testimoniaban algunos accidentes aéreos. Sin embargo su último y más famoso libro “El principito” es por el contrario una obra de ficción dirigida a los niños.
Existen versiones que sitúan el argumento en diversos escenarios como el desierto de Sahara, pero la compañera Yayi documentalista de Prensa Latina, me asegura que el famoso aterrizaje forzoso descrito en el libro (el asteroide B 612) se caracteriza por (dos volcanes en actividad y uno extinto) paisaje que coincide con cierta zona de El Salvador, anímicamente ligada al  piloto-escritor Antoine de Saint Exupery.
Pero, como diría  el fraterno Pánfilo en su espacio “Vivir del --Cuento”…--¡ESO SERÍA OTRA HISTORIA…OTRA HISTORIA…!

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