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8 ene. 2016

JONRÓN DE FIN DE AÑO.

El pasado 31 de diciembre mi hija Elsie y yo fuimos a despedir el Año Viejo en casa de mi otro hijo Francisco Blanco Hernández y su esposa María Victoria Valdés, ambos periodistas en activo, precisamente porque allí en los últimos años acostumbrábamos a compartir la festividad con colegas del sector.
Esta del 2015 tuvo un incentivo especial pues Luis Toledo Sande y su esposa Liset-–ambos de BOHEMIA--llegaron con nuevos invitados, los portorriqueños, Salvador Tió Fernández y su esposa Carmen Santiago Toledo.
De entrada, el apellido Tió resultaba familiar a nuestros oídos por raíces independentistas comunes; pero la personalidad de este locuaz, simpático y enciclopédico abogado superó todas las expectativas. Hablamos de todo, del pasado y del presente, de lo bueno y de lo malo, pero de repente la conversación derivó hacia el Beisbol, pasatiempo nacional en ambos países.
Entre hazañas, records, y estrellas del deporte, surgió el nombre del boricua Yuyo Ruiz, que no era periodista, pelotero, ni comentarista deportivo; sin embargo no resultó extraño para mí, con gran sorpresa para Salvador.
Resulta que el tal Yuyo es un famoso numismático y anticuario fanático del beisbol que había venido a Cuba unas 18 veces en busca de antigüedades o reliquias del deporte y aproximadamente en los primeros años de este siglo XXI regresó a instancia de los cubanos Marcelo Sánchez y Alberto Pestana siguiéndole las huellas al jonrón que Babe Ruth bateara el 14 de diciembre de 1920 en el Almendares Park de la Habana.
En esta última visita, el coleccionista boricua enterado que durante años yo me había dedicado a ilustrar las páginas deportivas de la revista FOTOS y del periódico EL MUNDO con retratos a creyón de peloteros profesionales tanto cubanos como estadounidenses, se interesó por comprarme dichas obras.
No sé cómo, pero una buena noche se apareció en el Hotel Habana Libre Tryp donde habitualmente yo—jubilado del sector periodístico--realizaba in situ caricaturas personales a los huéspedes allí alojados.
Ante su insistencia le respondí que no podía recordar la cifra exacta de aquellos dibujos--posiblemente medio centenar--y que me diera unos días de plazo para poder copiarlos en la Biblioteca Nacional u otras hemerotecas de la capital.
El quedó sorprendido, pero yo, mucho más con su respuesta:
--Lo siento yo soy coleccionista, solo compro originales.
Quedé petrificado, pero saqué fuerzas para explicarle que no disponía de ninguno de ellos porque en el periódico EL MUNDO las obras ya impresas quedaban debidamente conservadas en su archivo fotográfico. Lamentablemente años después el diario fue destruido por un voraz incendio.
Hasta aquí llegó nuestro encuentro en los salones del emblemático hotel sito en 23 y L a donde había acudido para entrevistarme. En compensación, el gentil anticuario amablemente me obsequió el folleto autografiado, que escribiera sobre le famoso jonrón de Babe Ruth en Cuba.
En él se cuenta que el Bambino llegó de Cayo Hueso, desembarcando en el puerto de La Habana junto a su esposa y que esa misma noche abandonó la suite del Hotel Plaza donde se hospedaron, para acudir al frontón Jai Alai, y allí dejó sus primeros $800.00 demostrando su verdadera afición.
En aproximadamente un mes, parte de sus fabulosas ganancias las perdió en el Frontón habanero y los miles de dólares libres de gastos que obtuvo del contrato por jugar en Santiago de Cuba los dejó en los dados del propio Hotel Casa Granda, pues regresó a la capital con solo 40 centavos en el bolsillo.
Estas son solo unas de las pinceladas contadas en el folleto bilingüe con 32 páginas en español y otras tantas en inglés.
Una de las más interesantes de ellas reflejaba el comportamiento del jonronero cubano Cristóbal Torriente, por el Club Almendares, quien se le adelantó a Babe Ruth el día 6 de noviembre con tres cuadrangulares en un mismo desafío, lo cual que le proporcionó lujosos regalos de la fanaticada enardecida. Entre ellos un reloj de oro, 40 dólares que le lanzó el público al terreno por cada bambinazo y más de doscientos tabacos cubanos.
Sin embargo, el Bambino se despidió con el bambinazo que bateó en el primer inning al veloz Isidro Fabré en el juego del día 14 que ganaron 7 a 3 los New York Giants al Almendares.
Esa pelota no solo fue adquirida a buen precio unos 80 y pico de años más tarde por dicho coleccionista, sino que Yuyo Ruiz dejó constancia del hecho en su folleto titulado “Visita del Bambino a Cuba, 1920” aquí representado.
Lo curioso para mí es que según dicha monografía, Babe Ruth se despide de Cuba el 28 de noviembre de 1920. A diez años exactos del nacimiento en la Habana de este improvisado cronista y seguro servidor que ya cuenta en Cuba con 85 años de average.

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