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15 ene. 2016

MI PRIMER Y POLÉMICO PREMIO INTERNACIONAL



El (29 de enero de 2009) bajo el título de “Mis desmemorias 1” en este blog personal, publiqué una nota sobre mi primer premio internacional.
Como alrededor de ese concurso celebrado en Montreal, Canadá se originaron con posterioridad curiosas situaciones, ahora agregaré algunos detalles del caso investigados con posterioridad: Corría el mes de agosto de 1967. El tic tac mañanero de Radio-Reloj nos trajo la grata nueva: “Los caricaturistas de PALANTE Humberto Valdés Díaz y Francisco Blanco Ávila, acaban de obtener sendos premios en el IV Salón Internacional de Humorismo, de Montreal-67, Canadá”.
El resto de la prensa amplió la información de inmediato. Se formó tremendo revuelo en la redacción del semanario humorístico que dedicó un gran destaque a la noticia en la edición 44 del 24 de agosto de 1967.
Si ésta fue la primera vez que caricaturistas del patio habían ganado un premio de esa categoría o no, lo dejamos para especialistas e investigadores. Bastantes dolores de cabeza nos dio la polémica que se produjo años después, durante el programa televisivo de preguntas y respuestas “9550”, cuyo premio consistía precisamente en un viaje a Moscú, o sea a 9550 kilómetros de distancia.
En esa oportunidad que el tema de aquellos premios salió a concursar, fuertes discusiones se suscitaron entre los panelistas Évora Tamayo y Juan Manuel Betancourt (Betán) con cierto crítico de arte --de cuyo nombre no quiero acordarme--quien orquestó un “show mediático”, pues con su intervención ante las cámaras se propuso invalidar el veredicto del jurado contrario al concursante apadrinado y proporcionarle al mismo el boleto del viaje a la URSS, más a base de pataleo que de raciocinio.
Por tanto, los caricaturistas autores de ambos premios--Val y yo--sin comerlo ni beberlo, veíamos con bastante pena los toros desde la barrera. En definitiva, los organizadores del concurso, ante tamaño conflicto mediático dejaron sin efecto algo perfectamente comprobable. Y quedó para la historia como un bache cultural.
Volvamos pues a 1967: Aquel Concurso Humorístico titulado “The Internatiuonal Pavilion of Humour at Man and his Worldcoincidía con la Expo Montreal-67, y como estímulo, los dos premiados fuimos invitados durante una quincena a dicha Expo, pues contábamos allí con una amplia representación de nuestros productos, recuerdo entre ellos los 54 sabores de Coppelia que resultó un escándalo de popularidad.
Ocurrió lo mismo cuando al dirigente cubano Abraham Maciques se le ocurrió que realizáramos en el Restaurante Criollo, caricaturas in situ a los comensales quienes, tras largas colas acudían diariamente al establecimiento para degustar nuestros típicos platos criollos, escoltados con ron cubano, café criollo y el mejor tabaco del mundo.
Además, los dos humoristas premiados--acompañados por el entonces director de PALANTE y el colega Antonio Mariño (Ñico)--fuimos invitados a recibir ambos galardones en el Ayuntamiento de la ciudad.
Pero lo importante viene ahora: Resulta que meses atrás se había realizado en Cuba el Salón de Mayo con la participación de importantes artistas plásticos extranjeros invitados por Wifredo Lam, y de cuya presencia aquí quedó constancia con el mural colectivo que se realizó en el Pabellón Cuba-- el de La Rampa--no este otro de Montreal durante la Expo.
Entre aquellos pintores convocados por nuestro Lam venía el famoso artista canadiense Rancillac, quien en pocos días estableció amistad con nosotros, hasta el punto de entregar una caricatura a PALANTE. La cual se publicó en la edición 43 del 17 de agosto de 1966.
Como el grupo venía por tiempo limitado, a él le resultaba imposible ver su obra impresa, así que nos dio su teléfono y dirección en Montreal, pues pensaba descansar de la agitada vida parisina y pasar un tiempito de incógnito en su tierra natal. Me comprometí en enviársela por correo, pero ante esta nueva situación dada por el premio y el viaje de estímulo, opté por entregarla personalmente.
El éxito obtenido por Val, Ñico y yo haciendo caricaturas personales al minuto en el Restaurante Cubano, gustó tanto a los dirigentes de nuestra delegación y al propio Maciques, que propusieron el cierre de la instalación una noche para celebrar allí con una cena criolla, el triunfo de la caricatura cubana en Canadá, e invitar a la prensa, a los humoristas y otros representantes de la cultura local.
Fue entonces que planteamos a la dirección del Pabellón nuestro interés en invitar especialmente a Rancillac, y así se lo hicimos saber al artista vía telefónica. Aquella noche, pasamos a recogerlo y cuando empezaron a llegar los invitados… Allí junto a los dirigentes cubanos y los representantes de PALANTE estaba nada menos que el famoso pintor ausente de su tierra natal desde años atrás, dándole la mano a cada uno de los sorprendidos compatriotas: Artistas, escritores, periodistas, investigadores, y dirigentes del ayuntamiento quebecuá, quienes desconocían de su presencia en el país.
Para sorpresa de muchos y sobre todo para los propios canadienses admiradores de su obra, al día siguiente la información del encuentro y de los premios obtenidos por los caricaturistas de PALANTE, dejó de ser una crónica cultural más, para convertirse en noticia de primera plana en el “Montreal Star”. Gracias a que esa noche se despejó la incógnita del famoso Rancillac en su terruño.
En cuanto a la polémica entre los panelistas del programa y el crítico de arte impugnador del premio 9550 que otorgaba la Televisión Nacional, resultaba un hecho no sólo insólito sino bochornoso; pues a nuestro regreso de Canadá y como resultado de aquel éxito se materializó de inmediato un acto en la Embajada de Vietnam, presidido por la compañera Melba Hernandez, donde entregamos el monto total del premio en metálico para la campaña de Armas en defensa del pueblo vietnamita contra la agresión yanqui.
A poco de regresar a Cuba en un suelto del diario EL MUNDO con su correspondiente fotografía, se daba constancia de ese emotivo acto, el cual ahora compartimos con mis queridos vecinos.
Lo curioso del caso es que dicha caricatura tampoco tuvo nada que ver con la referencia que se hacía al movimiento de los “panteras negras” en los Estados Unidos; sino con la realización de la Conferencia Tricontinental, en el Hotel Habana Libre de La Habana pues fue publicada a dos colores en la contraportada de PALANTE, bajo la batuta del entonces director Guillermo Santisteban y Luis Wilson como subdirector.
Aquella tira mía de tres cuadros compitió como “obra publicada” entre 1966 y 1967 en el certamen canadiense, o sea antes de la Expo de Montreal. Lo recuerdo perfectamente, porque en esa edición del jueves 13 de enero de 1966, el semanario salió por primera vez impreso en dos colores por el sistema de roto-grabado. Así que en estos días dicha obra, junto con la creación de la OSPAAAL Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asía, África y América Latina, también celebra sus 50 añitos.

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