__________________________

__________________________

3 feb. 2017

HISTERIA UNIVERSAL (1)



Desde niño me gustó la lectura de la Historia, sobre todo cuando la lucha de los pueblos se contaba en forma de aventuras entre buenos y malos: pieles rojas vs caras pálidas cabalgando en las praderas del Far West; entre piratas en las aguas del Caribe; o entre esclavos-plebeyos y patricios-leones en el Coliseo Romano de los emperadores, etc.
Para su mejor comprensión los planes de estudio en los distintos niveles de enseñanza la dividieron en Prehistoria, Historia Antigua, Media, Moderna y Contemporánea.
Con estas consideraciones, conocí del libro “Los Bienes Terrenales del hombre” firmado por Leo Huberman en Nueva York, 1936—cuando yo tenía apenas seis añitos--pero vine a tropezar en serio con él ya de adulto, al caer en mis manos editado en Cuba en 1961 (Año de la Educación). Ahí me empezó la duda entre considerar los hechos de la historia como consecuencia de una histeria generalizada a través de los tiempos.
Esta serie que ahora comenzamos en tono de farsa no es tan simple, pues en ella la HISTORIA-–así en mayúscula--se convertirá en una verdadera HISTERIA pero colectiva y minimizada en sus diversas etapas, las cuales comenzaremos, como es lógico, en la PREHISTERIA.
Sin más preámbulos aquí va nuestra propuesta:            
Primera Parte: (LA PREHISTERIA o MATRIARCADO)
Dicen que el primer emigrante de la prehisteria fue un cromañón que entró gruñón a la cueva, macana al hombro en tiempos del matriarcado. Otros aseguran que fue el Hombre de Java buscando jeba con atractivas masas de dinosaurio tierno.
Si comienzo así es para captar vuestra atención. La realidad es otra: Los primeros emigrantes de la Era Cuaternaria—más bien Cavernaria--no fueron los hombres, sino las masas de hielo femeninas que invadieron los continentes masculinos.
Por lo tanto--en paisaje tan inhóspito--al descender del árbol el homo sapiens, se vio en la necesidad de emigrar de los glaciales para ir calentándose él y de paso todo demás, hasta que--tropezándose con dicha caverna--se vio en la necesidad de descubrir el fuego, empezando por calentar la cama de la Gu-ga con su frazada de carne hasta el día de hoy, cuando el calentamiento global nos amenaza con achicharrarnos de los codos a los polos.
Es con este empate sexual que nos emparejamos con el matriarcado…
Aquel bicho macho hecho de hacha y cuchillo pero nómada al fin, se le brindó a la cromañona para ofrecerle sus experiencias en la caza del diplodocus, sus sedentarios favores y hasta sus bárbaras caricias a cambio de la esclavitud del fogón.
Era el destino que le deparaba a su futura media naranja. Más tarde con la recolección se supo que aquella fruta, ni era un cítrico, ni manzana alguna como la ofrecida a Eva por Adán en el Jardín de Edén; era más bien una paradisiaca fruta-bomba criolla.
Imagínense que el dichoso Trucutuerca se apareciera un día con un pernil de mamut al hombro; las paredes de la caverna se hubiesen estremecido con los gritos de alegría de toda la familia, previendo un banquete jurásico. Sobre todo porque ella –la inquilina--no estaba sola: Con anterioridad otro emigrante había descubierto el fuego allí mismo y no solo cenizas quedaban: Sin ser aún proletario, dicho intruso le había dejado de recuerdo el prefijo prole. 
Ese troglodita casualmente había pasado por allí en días tormentosos, cuando lo partió un rayo. El hecho indudablemente fortuito, cobró su vida a la vez que aseguró la existencia para el resto de la familia, pues a partir de entonces en la caverna, producto de un fenómeno atmosférico se mantuvo la llama eterna y se comió caliente.
La caza no era entonces un deporte ni un juego. Había que ser firme como una roca en la Edad de Piedra para pararse frente a una chuleta de dos toneladas, armada con otros dos descomunales dientes de sable, sin más armas que su maza y su hambruna.
Frecuentes situaciones como estas provocaron una caída en picada del promedio de vida adulta en la población varonil que bajaba, mientras su descendencia aumentaba a medida que nuevos inmigrantes bípedos ingresaran a la caverna con similares intenciones productivas y reproductivas.
Conforme crecía el vientre de las gestantes y proporcionalmente progresaba la prole—tanto femenina como masculina--así mismo aumentaba el número de forasteros sustitutos en busca de refugio o pareja y sus consecuencias. En el primer censo de población y vivienda que se tiene noticia, la situación familiar se había tornado tan aguda que hasta sirvió de inspiración a músicos y bardos trogloditas, pues de la tribu del Beny, se pasó a la timba del clan los Van Van con su popularísima “La Cueva no Aguanta Más”.
Ahora no era el migrante solitario quien se desplazaba hacia nuevos cotos de caza y horizontes. La familia entera tenía que botarse para el fresco y se formó el desparrame. De esta época post cavernaria viene al refrán: “El que tiene tienda, que la atienda”. Pues del hacinamiento rocoso tuvieron que pasar a un campismo obligatorio al aire libre, con tiendas de campaña aisladas a base de pieles, y otros materiales de construcción más frágiles, pero menos promiscuos.
 Pero, antes de que esto ocurriera, los varones nómadas seguían trayendo bichos muertos para la cena y vivos para la cría; mientras las hembras sedentarias empezaron a separar los machos en la escogida del arroz. A partir de ahora al yantar se le llamaría comida pues la cena se compartía en la comunidad y surgía la primera comunión, (perdón) la división social del trabajo: El hombre pa la pincha y la mujer, pa la cama, pa la cocina, y pa la cría. Especie de aceite “Tres en uno”.
Otra cosa que descubrió el ser humano fue que otros animales más brutos que él, andaban en grupos para defenderse de otros más animales aún. Como esos gigantescos elefantes conocidos por mamuts que iban en manadas, mientras perros salvajes convertidos en lobos hambrientos, atacaban en jaurías y otros mucho más pequeños como las abejas formaban enjambres no solo para defenderse sino hasta para producir miel. Es ahí que el hombre decide convertirse también en un ser social, germen del socialismo primitivo.
¿Y no ocurría lo mismo en el interior de la cueva…? Veamos: Cuando el troglodita vio a la mujer parece que le gustó aquello y a ella, ni se diga. Para protegerse de la lluvia y el frío, decidieron crear el hogar, siempre alimentado por el fuego y ya se sabe que donde fuego hubo, cenizas quedan.
Comían la comida en común, formando en ese momento una pequeña comunidad de intereses. Y si esta no fue la primera comunión católica, por lo menos, sí la primera manifestación del comunismo primitivo.
Cuando la cosa se complica es en el próximo capítulo con el advenimiento del patriarcado y la acumulación originaria, donde el hombre deja de serlo para convertirse en dueño y señor…¿De qué…? De los bienes terrenales del hombre… ya mentados por el erudito Huberman.
…CONTINUARÁ.

No hay comentarios:

Publicar un comentario