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10 oct. 2009

A CINTIO.

El mes de octubre se presentaba cargado de temas para este modesto “blogero” empeñado en transmitir sus experiencias y sus fantasías; de ahí que en la edición anterior abordáramos algunos de esos temas, y otros tantos teníamos preparados para la próxima.
En medio de tan febril actividad, solo interrumpida provisionalmente por una molesta conjuntivitis, nos llega la triste noticia del fallecimiento el pasado mes de octubre del querido Cintio Vitier así, a secas, como a él le hubiese gustado.
Poeta de cuerpo entero, escritor y ensayista, el maestro Cintio heredó sueños y virtudes de otro Gran Maestro, José Martí: Valiente en su trinchera patriótica defendiendo las causas justas sin renunciar a sus creencias religiosas cuestionadas o no; hizo del apostolado ético martiano su barricada contra contaminaciones coyunturales, estudioso profundo, llegó a las raíces de nuestra literatura y de la poesía en particular. En cuanto a su vida familiar, sembró junto con Fina García Marrúz, una palma tan real como vertical; ejemplo para todas las generaciones habidas y por haber.
Lamento que esta caricatura inédita nunca le fuera entregada a Cintio en vida, debido a ciertos criterios que me hicieron dudar de su eficacia, y aunque no compartía esas opiniones, y las rebatí en su momento, por respeto a él no tuve la osadía de darla a conocer, aunque sé que le hubiese gustado. La caricatura, se presta a variadas interpretaciones y la modalidad del retrato no es una excepción. Tal vez ésa haya sido la verdadera causa.
Concebí la obra en una armonía de verdes, y a alguien se le ocurrió decir que era una irreverencia, por aquello de “viejo verde”. Juro que siempre vi a Cintio Vitier en verde: Verde-esmeralda como nuestro Caimán antillano; verde-acua semejante a las aguas de nuestras playas; verde-olivo guerrillero de la Sierra Maestra; verde como la esperanza de ese mundo mejor que soñaron Martí y Bolívar. En fin, verde-futuro que ya se asoma en el alba de Nuestra América.
Sea pues, éste mi modesto y postrer tributo a quien no ha muerto, sino quedará en el recuerdo, ahí… Donde mueren las palabras.

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