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23 dic. 2009

RIVADULLA.

Todo el mundo en la capital sabía que el régimen dictatorial se tambaleaba por las noticias que se filtraban desde la Sierra Maestra y Santa Clara.
Aún así, en el amanecer del primero de enero de 1959, el grito anónimo de miles de gargantas -¡SE FUE BATISTA! ¡SE FUE EL TIRANO! despertó la más extraordinaria euforia jamás vista en mis 29 años de edad.
Tras la urgente llamada telefónica de un colega, salí a la calle a medio vestir, pues debía incorporarme urgentemente al periódico “El Mundo” para una edición especial.
Abrazos y felicitaciones de amigos y desconocidos retardaron mi incorporación al taller donde trabajaba. En la redacción situada en el mismo segundo piso, funcionaba el Noticiario “Tele-Mundo” dirigido por el maestro Carlos Lechuga, quien al verme llegar me ataja: --¡Te necesito aquí, Blanco!
A partir de ese momento, tuve que compartir el taburete del linotipo con la mesa de dibujo, durante un maratón informativo casi 24 horas al día durante aquella semana interminable e inolvidable.
Cuento esta historia—tal vez magnificada por el paso de los años—para dar a conocer otra que se desarrollaba paralelamente.
Una llamada telefónica a la misma hora del mismo día despertó al colega Eladio Rivadulla, quien ya acumulaba numerosas horas de vuelo en las artes plásticas desde la década del cuarenta, sobre todo en el cartel cinematográfico.
Al asomarse a la calle, la misma imagen de un pueblo desbordado de alegría inspiró el cartel, cuya copia ahora les mostramos.

Realizado artesanalmente a dos tintas en la técnica serigráfica; de sus manos salieron los 100 primeros ejemplares que repartidos en el barrio, junto a otro que decía: ¡ESTA ES TU CASA, FIDEL! engalanaron los portales de muchas casas del Vedado, incluyendo la calle 23 por donde entraría en La Habana ocho días después, la Caravana de la Victoria presidida por el propio Comandante en Jefe.
De más está decir que en la medida en que se iban aplicando las nuevas leyes revolucionarias, así mismo los cartelitos iban desapareciendo de los portales de aquellas lujosas residencias. Fue el primer paso de un éxodo hacia el Norte de quienes al perder sus privilegios, optaron también por ceder sus casas.
Pero, volvamos a Rivadulla: Iniciador y maestro del cartel de cine en Cuba, especialista en la ilustración de libros, asesor de talleres gráficos, con múltiples exposiciones de dibujo y pintura, y me consta que hasta historietas realizó en su multifacética producción artística. Por todo ello Eladio Rivadulla recibió en este 2009, el Premio Nacional de Diseño por la obra de toda la vida.
Independientemente de este bien ganado reconocimiento. Por el solo hecho de habernos dado ese alegrón del Primero de Enero de 1959, este joven de 86 años se merece eso y mucho más.

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