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4 ago. 2011

OJO POR OJO Y DIENTE POR AJO

Vivimos en tiempos de climatización, refrigeración, y otras técnicas para la conservación de alimentos. Con ello se logra que las frutas maduren en tiempo real y no se pudran virtualmente. Da la casualidad que la mayoría de los productos del agro que hoy nombraremos son más viejos que Matusalén. Siguiéndoles las huellas a algunos de ellos, les propongo montarnos en la Maquina del Tiempo, para una especie de “Viaje a la Semilla”, como diría Carpentier.

Y he aquí las incógnitas que pretendemos descubrir: ¿Sabía usted que la cerveza existió antes que la Biblia? Pues sí señor, en el Antiguo Egipto, el Dios Osiris le entregó la jacarandosa fórmula a los mortales como cura para muchas de sus dolencias. A la larga resultó peor el remedio que la enfermedad. Se cuenta que el famoso Noé, al construir su arca no sólo salvó muchas especies de animales durante el Diluvio Universal, sino que inventó una “Zoodiscoteca” con entrada por parejas.
Allí se vendía la mejor cerveza del Medio Oriente, mucho antes del Éxodo, cuando aún éste se hallaba Entero, y se dice que el propio Noé cogió una borrachera de madre la cual le duró los 40 días del bíblico aguacero. Sin embargo tenía una salud de hierro, por eso duró chochocientos y pico de años más, lo que consta en el Antiguo Testamento. Dicen que el vino es más arcaico que el arca de Noé, y mientras más añejo más vino, por algo en tiempos de Roma, solo lo consumían los nobles; la cerveza se consideraba por entonces plebeya. A propósito del Imperio y su cacareado Derecho Romano, la sal –el condimento más antiguo usado por el hombre-- tuvo allí tremendo protagonismo. Desde las primeras dinastías chinas,--más de (2500 años A. N. E.) fue el detonante de guerras motivadas precisamente por la necesidad de conservar los alimentos. Volvamos pues a la época de Calígula y Nerón, cuando no sólo todos los caminos conducían a Roma, sino también a la sal, pues los trabajadores que construían las calzadas, los acueductos y los templetes recibían como pago una determinada cantidad de sal.

A partir de entonces los poderosos nos pusieron en salmuera y durante siglos aquello se ha convertido en una salación. De esta lucha de clases proviene nuestro actual salario. No se sorprendan: Sus leyes eran tan machistas que solo los hombres podían testificar en los tribunales, pues la palabra viene de testículo, y a las mujeres no se les permitía servir de testigos sencillamente porque no tenían con qué.

El vinagre tiene también su historia agridulce. En la Antigua Babilonia los dátiles sembrados en los Jardines Colgantes sirvieron para producir los primeros vinagres colgados alrededor del (500 A.N.E). Cleopatra lo utilizó frecuentemente para sazonar a Julio César y Marco Antonio. Por su parte Aníbal tuvo que arrojar vinagre caliente en las nevadas rocas de las cumbres para que sus elefantes no resbalaran al cruzar los Alpes,--no me lo crean a mí que soy un mentiroso incorregible---, lo contó Tito Li
vio entre los años 700 y 800 antes de Cristo. Por otro lado, no sé que bicho le picó a Teresita Fernández para inspirarle su “Gatico Vinagrito”, pues con él le endulzó la vida a varias generaciones de niños cubanos. Como ya estamos llegando al postre de este banquete histórico de bebidas alcohólicas, condimentos, y sazones, vamos a brindarles una tacita de café, porque quisiéramos dejar para el final a dos hermanos gemelos: La Cebolla y el Ajo.
El más prieto y cercano a nosotros es el café. Oriundo de la región de Kalla, Etiopía, el néctar negro nació precisamente en el continente del mismo color. La leyenda etíope cuenta que un pastor del Magreb descubrió que sus cabras no podían dormir de noche porque comían de una frutilla punzó. El hallazgo del pastor pasó de boca en boca a los monjes, de ahí a los mercaderes. Pronto la infusión cruzó a Arabia y Damasco, donde ya en 1554 se abrieron las dos primeras cafeterías me imagino que de café turco, pues. Llegó a Europa la través del Turquestán; y como el hábito sí hace al monje, éste acompañó a Colón durante el cruce atlántico, para convertirnos en verdaderos cafetómanos y darnos fama con esa aromática infusión, fuerte y breve como la breva de tabaco que lo acompañará a partir de entonces. Lo curioso del caso es que el café en polvo vino a descubrirse en 1771, hace nada más que 240 años pero por un japonés heredero de las costumbres occidentales. El mezclado es otra historia… como diría Pánfilo.

La cebolla ya era conocida como alimento, y saborizador en el Antiguo Egipto; pero adquirió más preponderancia al formar parte de los ritos funerarios. Era una de las sustancias que se utilizaban para momificar los cadáveres, y ya saben ustedes como les gustaba a los faraones viajar al Más Allá, acompañados de sus joyas y manjares preferidos.
Quedó constancia de ello con el arqueo de la tumba del faraón Ramsés IV, a quien encebollaron bien, pues hallaron restos de la liliacea en las cavidades de sus ojos, pelvis y tórax. Tal vez sea el único caso en que los familiares no lloran al difunto, sino la propia momia al untáresela en los ojos. El ajo es igualmente interesante, pero su vía crucis ha llegado hasta nuestros días como héroe de ficción. Veamos por qué: Hipócrates, Plinio, Aristóteles, Homero y Nerón fueron fans del ajo. Es un producto antibacteriano, antivirus, y antioxidante, reduce el colesterol y aumenta la inmunidad en general. Se conoce también su poderío que mantuvo a raya, primero a las brujas durante la Edad Media, y durante siglos a Drácula y sus actuales descendientes de “Vampiros en La Habana”. Pero hay algo más: Fue utilizado como afrodisíaco y moneda en distintas épocas. Con él se alimentaba a los esclavos egipcios que construyeron las pirámides, al creerse que el ajo aportaba energía. Sobre este aspecto, hay una anécdota que se relaciona con nuestra profesión y que seguro también interesará a mis inquietos vecinos.

La información la tomé de un singular libro publicado en el 2005 bajo el título de “Mi pasión Gourmet”, lo escribió el joven amigo Yamir Pelegrino Rodríguez, por entonces somelier del Hotel Habana Libre. Pero dejemos que sea el autor quien nos despeje la incógnita con sus propias palabras: “…¿Ha sido siempre la espinaca el origen de la fuerza de Popeye? “…Aunque la espinaca aparece como el alimento que otorga los poderes extraordinarios al famoso marinero de los cómics y dibujos animados, hubo una época en que el origen de la fuerza provenía del uso de otro conocido (y controvertido) alimento: el ajo. “…En efecto, en un film, referido a la Mitología, Popeye narra que uno de sus antepasados, --Hércules--, disponía de su legendaria fuerza a partir de inhalar ajos. Su tradicional oponente --Bluto o Simbad, según el traductor de turno—enterado de esto, lo somete a oler cloroformo y es cuando el Hércules-Popeye pierde sus poder. Posteriormente encuentra espinaca y descubre que, ingiriéndolas, recupera las mismas fuerzas que le otorgara el ajo… No hay dudas de que los autores del personaje debieron considerar que anunciar espinaca era mejor que promover el ajo entre los niños, lo que podría causar problemas de convivencia en el hogar y la escuela, dado su fuerte y particular olor… Según datos de ”Amasing Facts” a partir de la aparición de Popeye, alrededor de 1930, el consumo de espinacas en los Estados Unidos aumentó en un 33%... ¿Qué tal si eso ocurriera con el ajo?...” Hasta aquí el fragmento que hemos seleccionado del interesante libro, por lo que recomendamos a nuestros atentos vecinos que: ¡COMAN AJO, CARAJO!

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