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4 ago. 2011

PITÍN EN UN TIN

El cubano en su cotidianidad ha aportado al idioma términos tan increíbles como el tin (unidad de medida mínima indescifrable.) Por eso en el caso del inmenso Pitín, habremos también de reducir el sufijo a su grandeza. Con sus dibujos fustigó a esos burócratas cuadrados que hemos sufrido y combatido siempre. Por el contrario, a él lo veremos siempre encerrado en sí mismo.

Tan modesto que en nuestros archivos no hallamos una foto suya personal, por lo que hemos seleccionado varias dónde él aparece encerrado en el círculo de sus amistades. En esta primera lo vemos asistiendo a una de aquellas interminables reuniones semanales de PALANTE para discutir los temas a tratar…En esta otra instantánea tomada en un memorable acto, se agrupan muchos maestros del humorismo gráfico cubano. Y ahí vemos también a Pitín en un círculo, muy cerca de dos niños colados --Elsie y Paquito, mis dos hijos--, que en estos momentos sobrepasan la media rueda.No sé si fue un sabio o un humorista el que inventó aquello de que “…El ser humano (hombre o mujer), se mide de la cabeza al cielo…”, dando a entender de que se crece a sí mismo, independientemente de su estatura. Lo mismo ocurre con esta otra frase relativa al cine silente: “…No es que le falte la palabra, sino que tiene el silencio…” Con la diferencia de que en este caso se conoce a la autora. Nuestra querida poetiza Fina García Marruz.
Ambos pensamientos tienen que ver con la persona a la cual nos referiremos en la semblanza de hoy. Nació en una fecha muy significativa de 1931, hace exactamente 80 años y recibió el nombre de Gustavo Prado Álvarez en la pila bautismal de su natal Ranchuelo en Las Villas. Era tan pequeño que desde entonces le llamaban Pitín. El tiempo se encargó de hacer coincidir su estatura con el apodo.
Tal vez esta información poco les diga a los lectores más jóvenes, pero si agregamos que así firmaba Pitín sus dibujos, la cosa cambia, pues bajo ese seudónimo se escondía el más fecundo de los colaboradores de “Palante” durante estos primeros 50 años de la publicación.
Habíamos cruzado armas como aficionados al comic y la caricatura durante las convocatorias a los Salones Nacionales de Humorismo antes de 1959. Por entonces yo era linotipista del periódico “El Mundo” y debutaba en la caricatura editorial tras la intervención revolucionaria de 1960. Él procedente de la publicitaria “Fergo-Arregui”, donde intercambió disparos humorísticos con los escritores Cardi y Zumbado. Pero también hacía sus pininos en el diario “Hoy”. No fue hasta la fundación del entonces semanario “Palante y Palante”, en octubre de 1961, que nuestros contactos se estrecharon en la fraternal emulación que allí se estableció para brindar a nuestro pueblo un humorismo de nuevo cuño.
En este empeño no estábamos solos, muchos han quedado en el camino, otros tantos escogieron diversos derroteros, pero si alguien se destacó desde el primer momento, ese fue el pequeño de estatura, amable en el trato, callado como una tumba, que se desplazaba como un fantasmita por la redacción, solo localizable tras la estela que dejaba el humo de su perenne cigarrillo en la comisura de una eterna sonrisa.
Y ya que hablamos de adicciones, debemos agregar la compañera inseparable de su fuma; la tacita de café humeante. Sin embargo, no era frecuente verlo en el bar como al resto de los humoristas, por lo que el tuvo menos jaquecas y lógicamente, dio menos dolores de cabeza al resto de los compañeros.
Siempre estaba allí donde más lo necesitábamos. Si lo sabré yo en mis quince años al frente de la publicación. Durante las reuniones temáticas que se celebraban, pocas veces hacía uso de la palabra. Tal vez una afección auditiva limitaba sus funciones, desarrollando la intuición más que el tímpano para captar los mensajes. Sin embargo, al día siguiente era el que mayor número de trabajos y con más acierto aportaba al colectivo. Centenares de portadas y miles de caricaturas salidas de su pluma son mudos testigos de estas opiniones. La calificación de silencioso tampoco es gratuita. Si parco era en la conversación cotidiana, mas callados eran sus muñecos y ahorrativas las palabras acompañantes. Sus “pitinadas” se caracterizaban por eso que los franceses bautizaron como Sans parole, innecesario cartelito al pie de la imagen para decir precisamente eso: Que prescindían de textos.
Y si otra frase antológica afirma que: “…Una imagen vale más que mil palabras…” Pitín fue uno de sus más fieles seguidores, lo mismo en los temas de actualidad política, como en el llamado humor blanco o general y ni se diga en la fase costumbrista.
Su sencillez era paradigmática, jamás explicó sus chistes ni tuvo necesidad de ello, algo para imitar. Fueron pocos los libros suyos, y casi ninguno nos queda de referencia pues volaban como el merengue en la puerta del colegio, lo que en este caso ocurría en librerías y estanquillos de la nación. Anteriormente hemos dado cuenta de algunos como “Peon, Cuatro Rey”, “Minideportivas”, o “Humor juvenil”, para poner solo tres ejemplos.
Sin embargo, Pitín no se destaco en la historieta o humor secuencial, precisamente porque era capaz de contar la historia en una sola imagen. Y tampoco abordó con frecuencia la caricatura personal. En cuanto a la creación de personajes cómicos tampoco fue prolífico, sin embargo dejó uno que quedará para la historia: GIRONCITO
A pocas semanas de aquel debutante “Palante y Palante”, y como estela de las humeantes arenas de Playa Girón. --fines de 1961— Pitín presentó el único personaje que yo le recuerde en la sección Mural que aparecía en la página central de la publicación. Era un simpático cocodrilito verde, --tan pequeño como él mismo— que respondía al nombre de “Gironcito”. Se trataba de una especie de Quijote moderno, que en vez de adarga al brazo, blandía una metralleta de miliciano con la que se lanzaba a “…desfacer entuertos…”

No me explico la fórmula utilizada por Pitín para continuar enviando sus certeras y abundantes colaboraciones a “Palante” desde la lejana Matanzas, pero lo cierto es que él continúa aportándole su gracia y estilo personal; por eso no es de extrañar la entrevista que en la pasada edición le hiciera en la Ciudad de los Puentes, un equipo del periódico, actualmente con frecuencia mensual.
Lo original de la interviú estriba en los métodos hipoacúsicos utilizados por la reportera María Elena, dado el estado auditivo del octogenario, y él se defendió como siempre, con la agudeza de su ingenio y la sutileza de su trazo.
Aquí van las preguntas escritas y respuestas dibujadas:
Si alguna vez tuvo validez aquello de que “Una imagen dice más que mil palabras” ha sido en la obra de Gustavo Prado Alvarez (Pitín)
¡FELICIDADES EN TUS 80!

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