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14 jul. 2012

GUAYABITOS EN LA AZOTEA

Tal vez esta frase no diga mucho a los más jóvenes, pues data de los tiempos de mi infancia en la década de los años treinta del pasado siglo. Habían desfilado ya por nuestro país las vacas gordas y también las flacas. Las comadronas ayudaban al crecimiento demográfico, y La Habana, mucho antes de lo cantado por Formel, tampoco aguantaba más.
Con la roedora y locuaz expresión del título, el gracejo popular definía a las personas idas, anormales, o simplemente dementes, también tachados vulgarmente de quendes o quemados.
El país, mono-productor de azúcar durante tres meses, se des-ruralizaba de forma acelerada y comenzó una emigración temporal hacia zonas urbanas. Aquellos bohíos de dos aguas daban paso a edificios rectangulares, entonces provistos de radio-receptores por dentro y chimeneas exteriores por fuera, donde se expulsaba el humo mientras la ceniza servía para tapar en la acera, la caca perruna del vecino.
En general aquellas azoteas habaneras, además de servir como sombreros o paraguas para las casas, se utilizaban para criar palomas o tender ropa, pues no existía aún la televisión, que de inmediato dio paso a la era de los bigotes anteníferos.
En temporada ciclónica los adultos subían para destupir los tragantes, y en vientos de Cuaresma, nosotros lo hacíamos a empinar papalotes o chiringas, pero siempre con adultos custodios.
Las antenas --parabólicas o no-- sustituyeron a los famosos guayabitos de antaño, que tuvieron que mudarse para las cloacas, y así hasta hoy, a pocos días de la quinta Olimpiada del Tercer Milenio, que se celebrará en Londres a fines de este mes.
A partir de ahora no tendremos más guayabitos en la azotea, ni tendederas, ni palomares, ni chimeneas, ni antenas bigotudas, ni para-bólicas, ni para-nada.
Los XXX Juegos Olímpicos en el Reino Unido del próximo 27 de julio, inauguran una nueva era—que deja de ser “era” en pasado--para clonarse en el futuro.
Si no recuerdo mal, los antiguos griegos crearon estos eventos deportivos durante las llamadas Treguas Sagradas cada cuatro años. De ahí que la Primera y la Segunda Guerras Mundiales se quedaron sin Olimpiadas en el siglo XX, pues la cosa no estaba para juego.
Hoy, gracias a este mundo patas arriba, los organizadores del fraternal encuentro echan por tierra lo más puro de dichas tradiciones, para subir a los tejados De Scotland Yard emplazamientos coheteriles en un Londres famoso por sus brumas--y por tanto débil visual según el Dr. Watson-- con lo que se corre el doble riesgo de una fatal equivocación –nuclear o no—y se produzcan peligrosos daños colaterales, no ya en campos de batalla sino en los propios campos de juego.
No hay que ser ningún Sherlock Holmes para descubrir por qué los irritados londinenses se suman a ese 99% de indignados del mundo entero que se han visto sin empleos, hipotecas y esperanzas, al sumárseles ahora la pérdida de la privacidad en sus propios hogares.
Lamento pues no complacer a los vecinos lectores que me han felicitado por la serie “Detrás de la Antorcha” en los momentos en que me disponía a abordar  hazañas y curiosidades con la destacada presencia cubana a partir de Tokío 1964. Fue un enorme esfuerzo de desapolillar archivos y seleccionar antiguas imágenes y fotos curiosas del magno evento deportivo. Todo ello realizado con infinito placer, y recibido por ustedes con igual reconocimiento.
Lamento no haber podido reflejar las hazañas de nuestros atletas al ejercer el derecho del pueblo en estos casi cincuenta años de fructíferos resultados.
Lamento no hacerme eco de tanta  hombrada – realizada por hombres y mujeres-- que han sabido ganar las medallas de la dignidad antes que las otras, como Juantorena y Stevenson, por poner sólo dos ejemplos masculinos.
Lamento que el patrón impuesto por el actual colonialismo inglés, “dueño y señor” de las Malvinas, paradigma del armamentismo urbano, y promotor de estos Primeros Juegos Artillados, no resulten la adecuada inspiración para seguir curioseando en los  pacíficos archivos de las Olimpiadas.
Si hace 20 años en Barcelona, --Antonio Rebollo-- un arquero paralímpico inflamó el alma de todo el mundo con aquel certero flechazo al corazón del pebetero olímpico. Hoy todos pueden quedar hecho cenizas de un solo dedazo apocalíptico, desde cualquier tranquila azotea inglesa.
Si alguien tiene guayabitos en la azotea, son ésos que hoy quieren empañar la secular Tregua Sagrada de los Juegos Helénicos, con un terrorismo inventado por ellos mismos en el presente siglo.
Así veo yo esta situación porque, el “horno no está para pastelitos”.

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