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27 dic. 2013

PABLO: AYER, HOY Y SIEMPRE

Diciembre siempre resultará significativo para los periodistas cubanos. Una triple celebración tiene lugar en este último mes del año: El 12 de diciembre se cumplen 112 años del nacimiento de Pablo de la Torriente Brau y el 19 de este mismo mes muere  a los 35 años como combatiente antifascista en las trincheras de Majadahonda, España. No es de extrañar que en con motivo de un aniversario más de su nacimiento se fundara la editorial Pablo de la Torriente hace veintiocho años.

De ahí que el pasado día 20 fuéramos convocados a la Casa de la Prensa, para un sencillo coloquio, apenas seis meses del Noveno Congreso de la UPEC.

En el acto  se trazaron los lineamientos de la editora para el próximo año, donde se destaca el énfasis por investigar, profundizar y divulgar, la extensa obra de Pablo a pesar de su corta pero fructífera vida.

Curioso resultó que el marco escogido para este conversatorio fuera el recién inaugurado espacio cultural de la Sala de Té de la UPEC que responde al apelativo de “La polilla inquieta”.

De ahí que insisto en destacar una arista de aquel periodista integral, que también dejó su impronta de cubanía en el carácter jocoso y profundo de algunas de sus más importantes obras. Es por ello que ahora le pido permiso a mis fieles vecinos para repetir íntegramente el trabajo publicado en este mismo blog el 1º. De septiembre de 2010 bajo el título de….

               REIVINDICACIÓN DEL SOLDADO DESCONOCIDO

Más que todos los premios, reconocimientos y homenajes que me hayan sido otorgados hasta el día de hoy, como artista gráfico, es motivo de orgullo llevar colgada en el pecho la medalla virtual del Soldado Desconocido en el pequeño ejército loco organizado por la Editorial Pablo de la Torriente. Y es que desde joven la personalidad de ese periodista integral que fue Pablo, --así a secas, tal y como pasó a la historia-- resultó ejemplo y acicate en mi vocación.

Imposible resumir en unas líneas la vida y la obra de este personaje inolvidable. Me limitaré a dar un solo ejemplo: Su doble condición de militante revolucionario cubano y sagaz periodista le permitió no pocas veces ser juez y parte de las acciones que se sucedían en aquella época convulsa que le tocó vivir. Él era capaz de realizar un acto de sabotaje contra la tiranía machadista, y al día siguiente reportarlo en tercera persona, con tal veracidad que ningún otro periodista podía igualar.

Con esta semblanza del personaje, pasemos a la Editorial que tomó su nombre:

Creada el 12 de diciembre de 1985 fundamentamente para dar cabida al material docente de nuestros periodistas y sus obras; otro de los proyectos de la misma era fomentar también libros y cuadernos  dedicados a jóvenes y niños, utilizando algunos géneros comunes en nuestra prensa; entre ellos el humorismo gráfico y la historieta. Como consecuencia surgieron publicaciones tales como CÓMICOS, EL MUÑE y PABLO, esta última con preponderancia para héroes verdaderos no de papel.

En todas ellas participé activamente como editor junto al colega Manolo Pérez: La  colección PABLO recreó algunas de sus hazañas personales, o relatos cortos escritos por él, que con el tiempo se convirtieron en clásicos del género. Aquí mostramos una de aquellas portadas realizada por Orestes Suárez, y otro ejemplo de páginas interiores.


Si Virgilio Martínez fue “el duro de la historieta”, Orestes resultó el más adelantado de sus alumnos. Su pluma no sólo se recreó en héroes como Pablo, Maceo, Martí, o Máximo Gómez, sino que también dio vida a personajes de ficción, entre ellos Inés, Aldo y Beto, Camila, etc.

Ambos tuvimos además el honor de asistir en representación de Cuba al Primer Salón Internacional de Historias em Quadriños de Río de Janeiro, en el año 1991, además.


Es el único artista del patio que desde entonces colabora periódicamente desde Cuba con la Editora Italiana Sergio Bonelli, ilustrando las hazañas de “Tex” y otros personajes de dicha colección.
Pero volvamos a nuestro héroe:

En la entrevista que la colega Miriam Rodríguez Betancourt le hiciera a su única hermana en vida, Ruth de la Torriente, para JUVENTUD REBELDE el 22 de agosto de 2010, ella lo describe así:

“Alguien muy alegre, lleno de optimismo. Siempre dispuesto a la aventura, como debía estar un joven en todo momento. Alguien que hacía maldades, disfrutaba el deporte. No era bailador, ni fiestero, pero le sacaba la risa hasta a lo más difícil. La música y el cine le fascinaban. Uno al que le encantaban los animales y el campo. Y los conocía profundamente”. “

A la pregunta. ¿Cúal es su escrito preferido de él? Ella responde:

--Las aventuras del soldado desconocido cubano.

De Pablo de la Torriente Brau, habría mucho más que contar, pero sobre todo mucho que leer y aprender de lo bueno que hizo o escribió durante toda su breve pero meteórica existencia. En cuanto a su veta humorística, coincido con Ruth y me limitaré a extraer algunas frases de su antológica “Aventuras del Soldado Desconocido Cubano”.

Sabido es que en carta a Raúl Roa, su amigo revolucionario y futuro prologuista de la obra, Pablo le escribe desde Nueva York el 4 de agosto de 1936, dándole a entender que la novela estaba casi terminada pero, apremiado por la fiebre revolucionaria, tenía la intención de irse a Europa para defender la República Española de la amenaza fascista.

Quiso el destino que muriera en Majadahonda, poco después en combate dejando inconclusa la obra donde cuenta la historia de Hiliodomiro del Sol, Soldado Desconocido de Arlington.

Ya el tono burlesco del personaje nos da una idea del contenido. En él Pablo vuelca toda la ironía que le permite su condición de combatiente revolucionario, comunista de corazón y humorista de buena cepa. A continuación me he atrevido a sintetizar algunos aspectos de la humorada:

“A pesar de aquella famosa caricatura, de quien sabe qué ignorante, que pintaba al Kaiser y su Estado Mayor buscando a Cuba en un mapa, al recibir la noticia de que ésta le había declarado la guerra a Alemania, lo cierto es que podía afirmarse que la Guerra Europea la ganamos nosotros”…

Sobre la  imposición de una cláusula chantajista que se aplicó a la naciente República amenazada por la intervención militar del naciente imperio ironizó de esta manera:

“….Existía en la Constitución de la República un apéndice denominado Enmienda Platt, en virtud del cual, nosotros para declarar la guerra a cualquier otra nación, teníamos que contar con la venia de Estados Unidos (…) Los periódicos nos sorprendieron con la noticia de que los Estados Unidos le habían declarado la guerra a Alemania. Sin duda se había cometido una violación “ética” del tratado entre las dos potencias, cubana y americana…”

Hace jocosas comparaciones entre dignatarios:

“…Mientras el presidente Wilson se pasea hoy entre las grandes figuras de la historia, el general Menocal sólo se pasea por el Vedado, cuando no se cree obligado a hacerlo por Miami Beach. (…) Con igual razón nosotros podemos alegar esa paternidad por control remoto, como se dice ahora. (…) Lo prueba la caricatura ya mencionada de una manera irrebatible…” 

En otro momento salta al análisis más generalizado de que:

 “..Ya los guerreros antiguos se escondían detrás de cascos y escudos de metal, los salvajes más feroces utilizaban máscaras para no parecerse a nadie cuando van a la pelea. (…) L.as ciudades se han acurrucado medrosamente detrás de las murallas. (…) Los guerreros más legendarios de la Edad Media se aislaron por medio de fosos y puentes levadizos y aún fabricaron inexpugnables castillos. (…) Y en los tiempos modernos ¿qué otra cosa que escondrijos han sido las trincheras? ¿Y los tanques? ¿Se conoce algo más parecido a una tortuga, el animal más escondido de la creación? (…) Ni Francia, ni Inglaterra, ni Rusia, ni Italia, ni el Japón pudieron vencer a los poderes centrales durante cuatro años. Entramos nosotros, y a los pocos meses todo había acabado…”

Continúa explicando en qué residía el éxito de nuestras armas:

“…Al sacrificar el precio de nuestro azúcar hicimos factible el envío de ésta en grandes cantidades a Europa, con lo cual, como fácilmente se colige, fue posible que se le sirviera el café a todos los soldados en las trincheras. (…) Los soldados de esta zona permanecían desvelados largas horas, al paso que los alemanes eran vencidos por el sueño, y enseguida derrotados por los ataques nocturnos. (…) Y todo ello, a causa de nuestro azúcar, por donde se ve, nuestro gran aporte, no ya al triunfo de la guerra, sino a salvar la civilización…”

Y redondea la idea enfatizando que de haber ocurrido lo contrario:

“…Se hubiera dado el caso de haberse tenido que cancelar la guerra por sueño…”


En el prologuete, el autor responde a sus detractores:
“…Hay quien se encuentra un billete de cien pesos y todo el mundo se lo cree… Cuando un novelista necesita que se acabe un libro, hace que determinado personaje mate al protagonista,  y todo el mundo está conforme, y nadie protesta…Cuando en las película del Oeste, un cowboy dispara cien tiros con un revólver de seis cápsulas, todo el mundo se emociona  y admite la creación del revólver-ametralladora, no sólo sin protestar, sino encantado…
Cuando compra cualquiera un billete de lotería y durante veinte años no se saca un centavo, nadie protesta y todo el mundo sigue jugando. (…) ¿Y se me va a negar ahora a mi el derecho de haber tropezado con el Soldado Desconocido, y el que éste me haya dado su confianza? ¡Vamos hombre! No hay que hacer caso a tales suposiciones y dejar el asunto a un lado…”
Tras la descripción que Pablo de la Torriente hiciera de Hiliodomiro del Sol, el soldado desconocido de Arlington, así nos imaginamos al protagonista del cuento.

Estos son sólo algunos brochazos de la argumentación que Pablo de la Torriente esgrime para la introducción de su hilarante novela. Si el prólogo es así, ¿qué puede esperarse de las Aventuras del Soldado Desconocido Cubano?

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