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27 dic. 2013

UNA INFUSIÓN DE 240 AÑOS

Hoy se habla mucho del Tea Party, ese movimiento más a la derecha del derechista Partido Republicano, que ya es el colmo de la joroba. Una paradoja más de ese Tío Sam, capaz de darle candela al otro tío, el de la Cabaña del Tío Tom, solo por ser negro.

EL verdadero Tea Party cumpió 240 años el pasado 16 de diciembre, según la ilustración        adjunta, tomada de una revista que desde hace años dormita en una de las gavetas de mis recuerdos. Conservo textualmente el pie de grabado de la misma que reproduzco para comentarlo después. Y dice así:

“…BOSTON TEA PARTY. – Con este nombre irónico ha pasado a la historia un episodio histórico de la lucha de las colonias norteamericanas contra  la política británica de importar té a las Américas. El 16 de diciembre de 1773 un grupo de colonos disfrazados de indios abordaron tres barcos británicos atracados en el puerto de Boston y echaron al agua su cargamento de té. Como represalia los británicos dictaron las leyes conocidas con el nombre de “Intolerable Acts”. Este fue uno de los factores que terminaron por  desencadenar la Guerra Revolucionaria de las colonias. Unos cuantos años antes, en 1765, el gobierno británico  había intentado mediante la Stamp Act (Ley del Timbre) hacer pagar nuevos impuestos a los colonos para el mantenimiento de las tropas inglesas en América, pero la resistencia de aquellos obligó a derogar la ley en 1766…”

Resulta imposible en el breve espacio de un solo párrafo, explicar la compleja situación que provocó tamaña epopeya y mucho menos, la de ser provocada por un cargamento de té. A no ser por la simplificación a que nos tiene acostumbrados la cultura yanqui de ponerle un  cartelito a todo.

Más correcto sería achacársela a la enfermedad crónica de todos los Imperios que se resume en la frase: “El que mucho abarca, poco aprieta”

En la segunda mitad del siglo XVIII el Reino Unido, salió victorioso de la costosa Guerra de los Siete Años —en realidad fueron ocho--contra España y Francia. Se produjeron entonces cambios estratégicos en esta parte del mundo con la pérdida del enorme territorio franco-canadiense, desde Quebéc en el nordeste hasta New Orleans en el suroeste, con acceso a las ricas tierras  en el valle del Río San Lorenzo al norte  y del Mississippi al poniente pero, sobre todo, abriéndole el camino a la conquista del oeste por las Trece Colonias que hasta entonces habían estado arrinconadas en la estrecha franja costera del Atlántico.

Factor no menos importante era el trueque de la “Llave del Golfo” por la Florida, a un año exacto de  la Toma de la Habana por los Ingleses. Si recordamos el trabajo titulado “LA TOMA DE LA CERVEZA POR LOS INGLESES" publicado en este mismo blog en agosto de 2012 sacaremos algunas conclusiones del porque le cogieran tanta “tirria” los habitantes de las Trece Colonias a los “casacas rojas” del ejército británico. El enfrentamiento contra Francia y España no fue una victoria pírrica ni mucho menos, pero los enormes gastos de la campaña bélica y la ocupación de tamaño  imperio había que sacarlos de algún lado y nadie mejor que sus principales beneficiarios-- los súbditos de las colonias de ultramar--. Por tanto la cosa no fue producto de una simple infusión o Tea Party; el descontento surgió mucho antes con una serie de ordenamientos que permitiesen el control de la Corona ante  tan desproporcionado crecimiento. En 1763 se dictaron ordenanzas que limitaban las aspiraciones de los colonos hacia los territorios indígenas. Un año más tarde la Ley del Azúcar amplió las restricciones a una antigua Ley de Melazas que regulaba las importaciones no sólo de azúcares sino del vino, el café y otros artículos de lujo. Igualmente impopular resulto la Ley de la Moneda de 1965 para regular el pago mediante billetes de crédito y con ello aumentar el dinero circulante. La Ley de Alojamientos  obligaba  dar refugio al enorme contingente de los “casacas rojas” encargados de aplicar las leyes del orden público en tan vasto territorio. Pero la mayor protesta surgió con la Ley del Timbre que gravaba periódicos, contratos, hojas impresas y otros medios. La reacción tomó tal envergadura que el pueblo las calificó como “Las Cinco Leyes Coercitivas” impugnando su cumplimiento mediante la protesta organizada. Estas movilizaciones duraron aproximadamente una década hasta que, comerciantes de Boston se tomaron la justicia por su mano con  el vandálico “Tea Party”.

Como han podido apreciar el Tea Party, no representa la derechización de la derecha estadounidense, ni la costumbre de tomar dicha infusión a las cinco de la tarde como acostumbraban los ingleses, tampoco  un acto de vandalismo contra la opresión de la Pérfida Albión; más bien el Tea Party fue la gota que colmó la taza de té en las Trece Colonias.

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