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25 jun. 2016

EN TRES Y DOS O DE CUATRO EN CUATRO



Si algo nos une a ese poderoso y habilidoso vecino de Norte es la pasión por un deporte inventado por ellos y que llaman baseball, pero que desde niño conocimos por la pelota.

Ahí mismo comienzan las diferencias, pues mientras nosotros practicábamos el juego al duro y sin guante, a las cuatro esquinas, con pelota de goma o de poli; ellos ya habían demolido total y deportivamente el Yankee Stadium en 1926, porque resultaba pequeño para una estrella super taquillera como Babe Rutn.

En cuanto al deporte en sí, cuenta con cuatro bases—de ahí su título—donde increíblemente es permitido robarlas a la ofensiva, premiar al menos esforzado con la base por bolas, y hasta se aplaude, la bola escondida.

Mientras la pareja de pitcher y catcher sudan la camiseta y hasta el peto en casi todas las jugadas al campo, puede que a los jardineros no les caiga ni un miserable fly en la cabeza durante los nueve innings de un juego normal.

En cuanto a la ofensiva, el premio mayor se le otorga a quien bote la pelota fuera del parque: Imagínense si eso ocurre en el balompié ¡Tremendo derroche!

Este deporte es además, cabeciduro: Recordemos que por ejemplo, en el boxeo --más brutal y menos rígido—en sus orígenes, solo terminaba el pleito con el nocao de uno de los pugilistas, aunque se extendiera por decenas y decenas de rounds; además, se practicaba en una contradicción cuadrada llamada ring. Pero con el tiempo las reglas se fueron humanizando y los capítulos reduciéndose hasta llegar a los tres rounds actuales, si no ocurre antes el nocao fulminante.

En el base-ball no: Un juego empatado puede alargarse como el chicle hasta el infinito con el hastío correspondiente de las gradas y hasta tener que suspenderse por lluvia, por oscuridad, pero nunca por longevidad. Tal vez esa haya sido la causa del porqué la pelota no se haya incluido aún en los Juegos Olímpicos, que ya cuenta con más de veinte disciplinas atléticas en competencia.

Otro aspecto a solucionar sería algo conocido en Cuba como pura vestimenta: En medio de este calentamiento global galopante, mientras la natación, el polo acuático y otros deportes similares se practican en trusa; los futbolistas salen al terreno en camiseta y calzoncillos. Sin embargo, el pelotero debe usar gorra, medias, “spikes” uniforme de franela y hasta sudaderas casi hasta las muñecas para que no se les “enfríen” los brazos, aunque el resto del cuerpo se derrita.

Sirva esta larga introducción para acercarnos a la disyuntiva que se nos presentará de nuevo con las Olimpiadas de agosto en Río de Janeiro, donde una considerable colonia japonesa también lo practica.

Cubano al fin, he defendido siempre contra viento y marea la inclusión del base-ball en los Juegos Olímpicos.

Recuerdo que siendo un niño de primaria hace exactamente 80 años en la cita berlinesa de 1936, por primera vez en la historia, la Federación Internacional de Base-ball, hizo un esfuerzo por incluirlo, y se pactó un juego de exhibición entre dos equipos estadounidenses ante 90,000 espectadores y nada menos que presidido por el propio fuëhrer Adolf Hitler… ¡Tremendo papelazo!

A causa del propio nazifascismo alemán y la Segunda Guerra Mundial, no hubo Olimpiadas--por segunda vez en el Siglo XX—las de 1940 y 1944 y 1948.

En los Juegos de Helsinski (1952) y Melbourne (1956) también se pactaron encuentros de exhibición, pero no fue hasta 1964 en Tokio—tal vez por la afición a este deporte en Japón—que se incluyera como partidos amistosos ante 50,000 fanáticos, allí se enfrentaron--de nuevo en pelota--un equipo japonés y otro estadounidense, ganado igualmente por este último.

Hubo de esperarse otros 20 años para incluirlo solo como deporte de exhibición ya con formato de torneo y 9 equipos contendientes: USA, Canadá, Dominicana, Panamá, Nicaragua, Italia, Japón, Corea, más China Taipéi--¿Y Cuba? ¡Bien gracias!--pues tampoco participamos en la de Los Ángeles (1984) ni en la de Seúl (1988) debido a la Guerra Fría entre dos bloques calientes.

Debemos agradecer pues a Barcelona la reincorporación de nuestro país en la cita olímpica de 1992 y la criada resultó respondona-–¡Nada menos que en pelota!-- pues ganamos allí la primera medalla de oro frente al equipo de China Taipei y cuatro años más tarde (1996) repetimos la píldora contra la novena de Japón, pero en Atlanta.

En Sidney 2000, por primera vez se admitieron jugadores profesionales en la cita olímpica y lógicamente salieron airosos los yanquis de las Grandes Ligas frente a nuestros simples amateurs, pero siguieron las irregularidades: El 7 de julio del 2005 el beisbol fue sacado del programa olímpico, mientras se proponían otras disciplinas menos populares pero más elitistas.

En 2008 por última vez Pekín fue testigo de un juego de exhibición y un año más tarde, se cumplieron las predicciones ya que el Comité Olímpico Internacional se inclinó por admitir al golf y al rugby: Sus atlética$$ razones tendría el COI.

Tal vez en esta nueva edición del 2016, la pelota no caiga en tierra de nadie y el desafío pique y se extienda… En fin, en Río de Janeiro… ¡MEU BRASIL dirá la última palabra!

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