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3 sept. 2009

¡OJALÁ ME EQUIVOQUE!

Bajo este titulo se publicaron recientemente en la prensa cubana, unas reflexiones de Fidel, que me hicieron reflexionar sobre una faceta de su personalidad apenas divulgada: Su especial sentido del humor.
Al referirse a la actual situación del Presidente de los Estados Unidos, termina con un parrafito que no tiene desperdicio: “No albergo la menor duda de que la derecha racista hará todo lo posible por desgastarlo, obstaculizando su programa para sacarlo del juego por una u otra vía, al menor costo posible. ¡Ojalá me equivoque!”
Me imagino la sorpresa que se llevaron algunas aves de mal agüero que anunciaron su Apocalipsis Now en el Día de los Fieles Difuntos. Recordemos que Don Juan Tenorio es una obra que aún se mantiene en cartelera y que: “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”. A lo que yo añadiría: “…y mejor humor”. Los reflejos condicionados no les permiten ver la realidad.
Si nos remontamos
a los tiempos difíciles de la censura batistiana, vemos cómo a pocos meses del golpe de estado, y durante una peregrinación a la tumba del dirigente Eddy Chibás, circuló de forma clandestina El Acusador, una proclama mimeografiada dirigida por el doctor Fidel Castro Ruz, (Alejandro). Vemos en ella cómo el movimiento revolucionario utilizaba ya la caricatura política, para fustigar al tirano. El hecho de aparecer sin firma como medio de protección al autor, no nos ha permitido identificar al artista.
En medio de esa vorágine redentora, se sumaron otros personajes satíricos a la lucha ideológica, entre otros: El “Pucho” de Laura (seudónimo de Virgilio en el clandestinaje); el “Loquito” de Nuez en Zig-Zag; y el “Julito 26” de Chago en la Sierra; quienes representan lo mejor del humor gráfico insurrecto. Aunque existieron otros autores que también aportaron lo suyo.Por aquellos tiempos para mi, el caricaturista era un ser solitario, confinado a su mesa de dibujo en un apartado rincón de la redacción. Por lo pronto, así veía yo desde mi altura en el taburete del linotipo a Prohías, haciendo de las suyas en la página editorial del diario El Mundo. Pero, como dijo Carlos Puebla: “Llegó el Comandante y mandó a parar”.
Poco tiempo después, durante la intervención revolucionaria del periódico. me vi sustituyendo a aquel famoso “Hombre Siniestro” de la caricatura cubana.
Bisoño, sin experiencia profesional alguna, y en medio de una feroz lucha ideológica tuve que afilar la punta del lápiz contra el Imperialismo yanqui, la burguesía lacayuna, los monopolios extranjeros, los manengues politiqueros, la escoria, la gusanera, los siquitrillados, los renegados, y otros advenedizos que deseaban revolución… Pero no tanta.
Todos ellos tenían ya las maletas preparadas para arrodillarse ante el Tío Rico Mac Pato del Norte y pedirle que les sacara las castañas del fuego. Claro, con la esperanza de regresar triunfantes a celebrar la próxima Nochebuena en casa. De nuevo se envenenaron con sus propias toxinas y tuvieron que deshacer los bártulos una y otra vez durante estos 50 años.
En el discurso de Fidel, el mismo día de su entrada a La Habana, (enero de 1959), se viró sonriente para preguntar con cierta ingenuidad: --¿Voy bien Camilo?
Con las cenizas aún humeantes en los aeropuertos cubanos a consecuencia del traidor bombardeo de abril de 1961, nuestro Comandante en Jefe compara al Presidente Kennedy con “La gatita de María Ramos, que tira la piedra y esconde la mano”.
http://ay-vecino.blogspot.com/2009/04/acuerdate-de-abril.html
También por esos días, en medio del fragor del combate de Playa Girón, lanzó otra pregunta sorpresivamente irónica a un mercenario negro prisionero: ¿Y tú qué haces aquí?
Estos son sólo unos pocos ejemplos.
Un grupo de caricaturistas fuimos citados para uni
rnos al equipo fundador del semanario Palante y Palante en octubre de ese mismo año. Si la idea fue de Fidel o no, por lo pronto su primera edición motivó un comentario suyo refiriéndose a la acertada portada de Wilson donde debutó, aún sin bautizar, una de sus famosas “Criollitas”.
A mediados de 1963, en una de sus intervenciones, abordó con ironía la tendencia burocrática de crear Empresas Consolidadas de Chinchales y Timbiriches, Fidel dijo textualmente: “Hay críticas bien hechas, pero también hay que ser un tipo bien informado para saber deducir entre una crítica bien hecha y una mal hecha”.
Tuve la suerte de poder interpretar sus palabras humorísticamente en la portada del semanario publicada el 25 de agosto de 1963 con la caricatura que ahora reproducimos:

Días después, el propio Comandante en Jefe se volvió a referir al tema de esta forma: “…esa manía de ponerle Consolidado a todo, y Empresa Consolidada a todo; hasta el ECOCHINCHE de que habló Palante y Palante”.
A fines de la década de los 60, se me encargó formar un equipo que realizara campañas didácticas en cuadernos de comics humorísticos a favor de las nuevas tecnologías, como forma de concientizar sectores renuentes a su aplicación: Comenzamos con las ideas sobre ganadería del científico francés André Voisin, y de ahí surgieron los personajes “Matilda y sus amigos”, a los que siguieron otros como “Los Siete Samurais del 70” “Trucutuerca y Trescabitos”, y por último “Pol Brix contra el Ladrón Invisible”.
http://ay-vecino.blogspot.com/2009/02/mis-desmemorias-3.html Poco después nos enteramos que aquello fue también idea de nuestro Comandante en Jefe.
A partir de 1971, durante los encuentros de crítica y autocrítica celebrados en el Teatro de la CTC, personalmente Fidel –tras caracterizar a no pocos dirigentes de indolentes, acríticos, e incapaces de proteger los bienes del estado, --los calificó como buena gente. Ello inspiró al colega Humberto Valdés Díaz (Val) para crear su mítico “Crisanto Buenagente”, que se mantuvo en el tintero durante algunos años. Si a todo esto agregamos el apoyo dado a la creación del Museo del Humor de San Antonio de los Baños y su ya tradicional Bienal Internacional de Humorismo Gráfico, las multitudinarias Ferias del Humor de Varadero y las celebradas en cada una de las provincias ganadoras de la emulación por el 26 de Julio, o la modernización digitalizada de los estudios de animación del ICAIC, entre otras iniciativas, nos dan una pálida idea de su apoyo al género. Testigo presencial de muchos de estos proyectos, --y otros por prosperar--, para mi no es ninguna sorpresa la afinidad de nuestro Comandante en Jefe con el humor gráfico y la historieta.
En el libro Cien horas con Fidel, su autor Ignacio Ramonet le hace una pregunta sobre sus aficiones durante la niñez. A las cuales responde el entrevistado su preferencia por las tiras cómicas de las páginas dominicales en la prensa cubana de la época.
El Sol, intensamente brillante en su grandeza, tiene manchas.
El doctor Fidel Castro Ruz, independientemente de sus bien ganados méritos, de su férrea voluntad, y de su honestidad a toda prueba, entre otras virtudes, no deja de ser un ser excepcionalmente humano; por lo tanto susceptible a equivocarse. Reconocerlo es de sabios. De ahí el título de sus últimas reflexiones, cuando a la apabullante realidad expuesta termina entre irónico y dubitativo: ¡Ojalá que me equivoque!
Reconozco que no soy nadie para juzgar a los demás, y mucho menos al guía indiscutible del pueblo cubano, pero en este caso, Fidel seguirá siendo para mí nuestro Comandante Invicto, y de eso sí estoy seguro de no equivocarme.

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