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29 jun. 2010

MANO A MANO.

Charles Gardel, tal vez no le diga mucho a mis amables vecinos, pero si nombramos a Carlos Gardel, es bien distinto, pues se trata del cantante de tangos más famoso de todos los tiempos. Un verdadero mito viviente en el primer tercio del pasado siglo, y como toda leyenda, lleno de fantasías.
Sabemos que falleció en un accidente de aviación el 24 de junio de 1935 en Colombia y fue sepultado en el cementerio de Chacaritas de su Buenos Aires Querido. Pero hasta la desaparición física del ídolo fue motivo de especulación. ¿Se dirigía a Cuba cuando despegaba del aeropuerto?
Según el melómano y amigo Antonio García –también fallecido--, quien patrocinaba varios programas radiales de música porteña y poseía la colección más amplia de tangos que yo haya visto en Cuba; la catástrofe no fue accidental, sino producto de un sabotaje del naciente nazi-fascismo, que extendía sus tentáculos por América Latina, como preludio de lo que sobrevendría con la Segunda Guerra Mundial.
Incluso la génesis de Carlitos también esta envuelta en las brumas del misterio: Para algunos, Gardel es nativo de Tacuarembó en Uruguay y vino al mundo en 1887. Para otros, Toulouse, Francia, fue su cuna hace exactamente 120 años. Sin embargo, ¿quien puede negar que fuera un argentino de pura cepa?
En sus comienzos de 1913 el que ya entonces era conocido como el “Morocho” de la música llanera, venció en una competencia a otro aficionado que llamaban el “Oriental”, al que venció en buena lid, y a partir de entonces formaron un popular dúo que duró hasta que éste se disolvió doce años después.
Por entonces Gardel ya era GARDEL con mayúscula, y no sólo cosechaba triunfos actuando en cabarets, bailables, y teatros, sino que dio
millones de vueltas en los gramófonos de la época, para inmortalizar antológicas piezas inspiradas en los conflictos existenciales de los habitantes en los arrabales de la capital argentina.
Entró en el cine parlante por la puerta ancha. Rodó una docena de películas musicales en Broadway, entre ellas, cinco inspiradas en tangos de su autoría: Mi noche triste, Mano a mano, Desdén, Melodía del Arrabal, y Volver.
Junto a esa caricatura que le realicé post mortem en 2002 les brindo una de las parodias que por esa época le hicimos al conocido tango
CAMINITO
Caminito con tiempo emperrado
Con lluvia y con truenos los viste pasar,
regateando por última vez,
en un juego inútil y brutal.
Caminito que así comentabas
Aquella imprudencia que causa dolor
Advertencia que se cumplirá
de seguro: ¡Te lo digo yo!
Yo vi un Chevrolet
Que parecía un U-2
Y un Ford del 23
También dijo ¡Voy!
¡Hey, Frenen, Cuidado!
Un hombre gritó…
No le hicieron caso,
Chocaron los dos.
Regadero que por todas partes
Produjo el impacto de la colisión.
Patinaron, tenía que pasar
Por la lluvia que el suelo mojó.
Caminito, cubierto de trastos.
De piezas y hombres que el vértigo unió
Dos choferes locos por correr
¡Y el destino los mata a los dos!
Termino pues recordándolo de esta forma:
“UNO se sorprende con su voz inconfundible cuando canta aquella MELODÍA DEL ARRABAL y VOLVER a escucharla mil veces más en el TANGO BAR de MI BUENOS AIRES QUERIDO, lugar ideal para establecer un MANO A MANO con GARUFA. Esto no resulta un DESDÉN por el TANGO EN BROADWAY, sino la añoranza de las ilusiones pasadas que me llevaron CUESTA ABAJO. Por eso sueño en mi rodada con EL DÍA QUE ME QUIERAS,
y prometo llevarte por el mismo CAMINITO rodeado de MADRESELVAS en flor de regreso a MI VIEJITA querida. ¡Adiós muchachos, compañeros de mi vida!”

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