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3 sept. 2011

ENCARTADO TOULOUSE-LAUTREC

Si se consulta cualquier enciclopedia, por discreta que sea, incluso con bajar de internet los datos biográficos sobre el incomparable pintor francés Toulouse-Lautrec, posiblemente encontrará mucha más información que en este minúsculo trabajo. Sólo me he propuesto señalar aquí algunos aspectos curiosos de su vida y su obra.

En primer lugar, destacar que era de origen noble. Su padre el conde Alphonse, permeado de una personalidad brutal y egoísta, no fue capaz de asimilar a un hijo, tal vez feo, cabezón y enano, como consecuencia del accidente que le provocó una deformación a sus piernas para siempre, pero dotado de unos ojos soñadores y una sensibilidad extraordinaria. Es así que a pesar de los ruegos de su esposa, la condesa Adela, lo expulsa del hogar y cede los derechos de sucesión a su hermana Alix. Más cruel y absurda aún es la exigencia de prohibirle utilizar el ilustre apellido Toulouse, con lo que el aristócrata galo resulta más deforme que su propio vástago.

El niño se hace hombre con su paleta y pinceles a cuestas, recorriendo cafés, teatros, lupanares, camerinos y otros lugares licenciosos de una ciudad que viste las mejores galas de la “belle epoque” parisina. Ama la vida, con tal intensidad que de sus prodigiosas manos brota un canto a la felicidad y la alegría; deja constancia de ello en manteles y servilletas de los más renombrados restaurantes de Montparnasse. Obras como “El baile del Moulin Rouge”, “La Goule” o “El Salón” por poner solo tres ejemplos, son paradigmáticas. La crítica academicista se une a los nobles decimonónicos encabezados por su propio padre para estigmatizar al rebelde Henry, junto a otro apestado de la época, también desgarrado por el destino: Van Gogh.

Ambos, rechazados por la sociedad y las damas de la época tuvieron que refugiar sus pasiones en los brazos rentados de mujeres “fáciles”, producto de una humanidad que se les antojaba estúpida, fea, y mezquina, más grotesca que sus propios defectos.

El tiempo, ese implacable justiciero se ha encargado de poner las cosas en su lugar. Y aquel conde Alphonse, a lo sumo se le recuerda enclaustrado en su coto de caza, halcón al brazo, como símbolo de una sociedad basada en la rapiña. Su apellido, Toulouse-Lautrec, hubiera quedado sepultado en el ostracismo a no ser porque ascendió a la inmortalidad de la mano de su hijo Henry.

Hemos venido ilustrando a lo largo de esta síntesis biográfica, algunas de sus obras más significativas, pues no solo son reflejo de su época, sino un adelanto de lo que sería el siglo XX, con el desarrollo industrial, y las nuevas formas artísticas. Una de ellas: La publicidad de la que fue pionero con los ejemplos expuestos.

Pero quisiéramos agregar el detalle que motivó esta semblanza. Resulta que el periodista e historiador Luis Toledo Sande, comentaba los desatinos de cierta empresa, que ofrecía sus servicios en los medios digitales hasta el año 2009, bajo la firma de ENCARTA Según el diccionario el verbo encartar significa emplazar y proscribir; pero a la vez, incluir o sentar; por tanto es totalmente ambiguo. En la investigación de nuestro colega sobran las evidencias de algunas meteduras de pata –solo anotamos las referidas a Cuba-- que obligaron a clausurar dicho programa.

Entre ellas cuando ENCARTA habla de Martí: “…A los 16 años condenado a cadena perpetua por su apoyo a los independentistas cubanos…” ¿Y precisamente, qué era él?. O “…Debido a su estado de salud fue deportado a España…”¿No fue sometido a maltratos y vio su salud afectada hasta el final de sus días por la secuela del brutal trabajo que se le impuso en una cantera? Sumemos a ello las inexactitudes referidas a Martí y Máximo Gómez en el Manifiesto de Montecristi y La Mejorana. El tratamiento peyorativo a Don Fernando Ortiz; o la risible alusión al nombre legal que da en la ficha personal a nuestra indiscutible Alicia Alonso y cito: “… Alicia Ernestina de la Caridad del Cofre (SIC) Martínez Hoyo…” Estos son sólo algunos ejemplos que se refieren a Cuba, imagínense lo que habrá publicado Encarta del resto del mundo.

Solo quería agregar una inexactitud que comprobé personalmente con motivo del trabajo publicado precisamente en BOHEMIA, la centenaria publicación, hace algunos años. Su título: SEPTIEMBRE: El mes de Toulouse-Lautrec, donde aparece el 9 de septiembre de 1901, como el día en que falleció el pintor; es decir, hace exactamente 110 años. Al consultar esta fecha en el programa de mi computadora, descubrí que Encarta había matado al pintor en noviembre de ese mismo año, o sea dos meses después de enterrado.

¡En paz descanse la difunta Encarta!

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