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5 dic. 2012

LOS SIETE COLORES DEL SÉPTIMO ARTE


Se me ocurre que en esta semana un arcoíris multicolor asomará por el horizonte al norte de la capital.
El 4 de diciembre se abren las cortinas del 34º. Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en Cuba, evento que cada año pone en acción a miles de cinéfilos de nuestro país ante el asombro del mundo por su popularidad, masividad y entusiasmo; con una afición capaz de hacer cola—filas en otros países-- más larga que la duración de la película que se va a exhibir. ¿Quieren mayor entrega?
No es nuestro propósito anunciar su programación, en primer lugar porque no disponemos de ella; y mucho menos ejercer la crítica sobre sus propuestas, porque cinéfilo no quiere decir especialista, sino simple criticón.
Una de las actividades programadas para este año es celebrar el centenario del cine portorriqueño, y eso nos motivó a escudriñar precisamente en su contrario, es decir: El Viejo Cine Latinoamericano.
De entrada estoy pidiendo disculpas por cualquier dato erróneo pues solo cuento con el archivo personal de mi CINEMANTECA, bastante resbalosa  por el efecto de los años.
Para no tropezar avanzaré de la mano de ese abuelito sabio y visionario de nuestra sala oscura que fue José Manuel Valdés Rodríguez, a quien tuve el privilegio de venerar desde los tiempos en que gateaba mi vocación por la redacción del periódico EL MUNDO en la década de los años cincuenta del pasado siglo.
Según sus palabras, en Cuba se hizo cine de aficionados desde 1909-1910 con “Los carnavales de Cienfuegos” y “El Parque de Palatino”, pero como arte e industria cinematográfica, sólo a partir de los intentos de Enrique Díaz Quesada cuando el 6 de agosto de 1913 en la sala del teatro Politeama estrenara su “Manuel García, Rey de los Campos de Cuba”.
A partir de entonces el llamado Padre del Cine Cubano, comienza a tejer sus filmes de criollísimo sabor épico como “El capitán mambí”, “La manigua”, “El rescate del General Sanguily”, etc., hasta su última entrega titulada “Arroyito”, donde destaca la otra fase de sus argumentos: El costumbrismo.
En términos generales esta tendencia patriótica desapareció casi totalmente de nuestras salas a partir de la segunda década del pasado siglo, quizá con la única excepción de “La Vírgen de la Caridad” (1930) ya comentada en nuestro blog en el mes de septiembre.
Curiosamente éste fue nuestro último largometraje silente realizado por Ramón Peón--de origen español--quien aportó el sonido a nuestra filmografía, pero con el uso y abuso de la palabra derivó hacia la fórmula teatral del bufo-criollo, bastante taquillera pero desviándola de empeños mayores.
Como este rollo de celuloide en blanco y negro no solo trata de los albores silentes del cine cubano, sino de toda la región, a continuación mencionaremos algunas sorpresas que nos depara la filmografía en lengua ibérica de nuestro continente.
Comencemos con la primera película de dibujos animados en la historia del cine que no fue realizada en Hollywood, sino en Argentina. Data de 1917 y se titula “El apóstol” realizada por Miguel Ducaud y producida por Federico Valle. A continuación con el Núm. 1, les muestro un fotograma de la misma.
Con el número 3 ofrecemos un facsímil del programa impreso, único sobreviviente del largo metraje documental mexicano titulado “La Revolución Zapatista” (1914), pues ni copias quedan del film original.
La tercera muestra gráfica que pudimos conseguir se originó en Brasil (1929) bajo el título de “Barro humano” de Adhemar Gonzaga y la actuación de Gracia Morena quien posó para el cartel aquí mostrado con el No. 2.
Para esta época ya los filmes de ciencia ficción realizados en Francia por George Meliés, con efectos especiales de cartón; el expresionismo alemán que ponía los pelos de punta hasta a nuestros abuelos calvos; y la comedia silente nacida en Inglaterra y nacionalizada en Hollywood, se habían popularizado en todo el mundo.
Pero, queríamos significar que Nuestra América, aquella así bautizada por Martí, preterida y colonizada durante siglos por el Imperio Español y discriminada después por el sustituto yanqui, nunca dejó de defender sus raíces contra viento y marea.
Por eso hoy muestra al mundo con orgullo este Festival del Nuevo Cine latinoamericano que hoy cumple 34 años, gracias a que siete años antes en este mismo escenario, se firmara por aclamación y unanimidad la Segunda Declaración de la Habana.
Medio siglo de bloqueo, pero también del despertar de Nuestra América:
¡FELICIDADES!

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