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19 mar. 2013

UN MISTERIO TRAS OTRO


La historieta “La guerra submarina de Hemingway” fue mi primera colaboración con la revista MAR Y PESCA en su número 351. Por entonces la publicación se editaba en Cuba, pero era impresa a cuatro tintas y papel cromo en España.
El primer misterio en mi debut fue, no recibir aquel ejemplar recién salido del taller, como era costumbre de la publicación y más dolorosamente, no recuperar las cuatro planchas de originales en colores, a pesar de mi continua reclamación; tal vez extraviadas en su regreso a Cuba a través del Atlántico.
Por surte años después, la revista decidió publicar de nuevo dicha historieta pero impresa en Cuba a una solo tinta; lo que me ha permitido ofrecer a mis pacientes vecinos estas cuatro copias de dicha aventura.
Se trataba de un episodio en la vida azarosa de Hemingway y su yate Pilar, allá por los cayos del norte camagüeyano, abordado más de una vez por el escritor Enrique Cirules, sobre todo en el trabajo titulado “El iceberg de Hemingway en la cayería de Romano” publicado en la revista CASA DE LAS AMÉRICAS No. 216.
Del mismo se pueden sacar las siguientes conclusiones: El vínculo del Papa con esa zona costera va más allá de los acontecimientos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial, donde la motivación principal fue el sigilo de una aventura amorosa con Jane Mason, una belleza del cine y el encanto de ese litoral agreste del norte camagüeyano, donde antes que submarinos enemigos él descubrió las hazañas de pescadores y tortugueros junto con raros caballos enanos, náufragos de cierto naufragio anterior.
Según el artículo entre noviembre de 1942 y abril de 1943 estalló la guerra secreta de los submarinos alemanes en la zona norte del archipiélago y una tenebrosa noche de marzo, hace exactamente setenta años este 13 de marzo, los nazis interceptaron un convoy cerca del faro de Maternillos hundiendo al tanquero estadounidense Nikeline y el carguero cubano El Mambí.
El antifascismo del novelista quedó reflejado para siempre en el personaje de Thomas Hudson, protagonista principal de su novela “Islas en el Golfo” donde el autor deja constancia de la persecución del artillado yate Pilar contra los nazis en aquella época, y sin embargo, la versión cinematográfica fue un verdadero fracaso al desvirtuar esa realidad, convirtiéndola en falsas peripecias de un contrabandista de emigrantes judíos que huye con su yate, entre ráfagas de ametralladoras, bombazos y fuegos de artificios.
Más incógnitas han quedado reveladas recientemente por el colega Jorge Wejebe Cobo en su trabajo “El espía de los canarios”, en LA CALLE DEL MEDIO de diciembre, donde describe la llegada a puerto de La Habana a fines de 1941, de un curioso personaje que disfrazaba su acento alemán bajo la identidad de un pasaporte hondureño a nombre de Enrique A. Lunin.
El individuo se identifica como pacífico comerciante e instala su tienda en la calle Industria, donde gana clientes con gran habilidad y pronto en su cercano alojamiento de una casa de huéspedes es identificado como el (polaquito de los canarios), pues bajo el disfraz de hombre de negocios, había ingresado al país una estación de radio camuflada en una de sus maletas, y adquirió días después varios canarios para que sus trinos se confundieran con el ruido del transmisor morse.
Entre sus macabras hazañas se cuenta la posible información del ataque a dos motonaves cubanas Manzanillo y Santiago de Cuba, hundidas cerca de nuestras costas el 12 de agosto de 1942, en la que murieron 22 marinos cubanos.
Casi inmediatamente fue descubierto el secreto, Lunin fue llevado a juicio y condenado a muerte. Su fusilamiento en la Fortaleza del  Castillo del Príncipe ocurrió apenas tres meses después de aquella fecha.
Pero aún después de muerto se descubrieron nuevas incógnitas alrededor de su caso, descritas en el trabajo del colega Jorge Webe, entre ellas: Los posibles vínculos de autoridades cubanas y una red de colaboradores para abastecer a los submarinos nazis de combustibles aprovechando las irregularidades de la cayería norte de Camagüey, lo que explica un tanto sus actividades en la zona y el interés de Hemingway en perseguir dicho contrabando.
También extraño es el caso del capitán Mario Ramírez Delgado, al frente del cazasubmarino CS11, quien hundió un submarino alemán en las cercanías de nuestras costas y al regresar a la base de Casablanca fue amonestado por el propio presidente de la República Fulgencio Batista.
No se vayan que esto no ha terminado: El propio Hemingway residente en Cuba y al tanto de la corrupción imperante así como los vínculos de ciertos grupos pro franquistas de la colonia española en nuestro país, trató de establecer una red propia de inteligencia, equidistante con la doble moral de muchas autoridades cubanas, entre ellas el general Benítez, hombre de confianza de Batista y jefe de la Policía.
Hemingway fue igualmente increpado y suspendidos sus vínculos con el FBI, al ser acusado de poca seriedad en sus funciones de inteligencia, mientras el general Benítez era felicitado en una carta enviada por el Embajador de Estados Unidos en Cuba Spruille Braden, amigo personal de Batista.
No sigo con los secretos y las incógnitas, porque también en la pasada edición de este blog, al abordar noticias de la reciente 22º: Feria Internacional del Libro, relatamos algunos aspectos de la vida y obra del colega Paco Ignacio Taibo II, encontrándonos con un trabajo suyo publicado en el No. 3 de la revista ENIGMA, cuya portada reprodujimos en aquella ocasión. El argumento tejido por PIT II estaba estrechamente vinculado con todo lo referido hasta ahora aquí mismo.
Su título: Un nuevo misterio “¿Quién era A-39?”

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