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25 dic. 2014

LA LÍNEA RADICAL (12)

No quisiéramos terminar este año 2014 en deuda. Varios acontecimientos trascendentales ocurridos en diciembre no me permitieron continuar la saga que veníamos abordando sobre la importancia de la línea para el dibujo humorístico y la gráfica en general. De ahí que en esta última entrega del año incluyo los capítulos 12, 13 y 14, donde podrán apreciar aspectos estrechamente relacionados con los aportes cubanos a su desarrollo a partir de una típica colonia española: La última en Nuestra América.
Por el camino hemos tenido que cambiar el rumbo e ir a los orígenes que van mucho más allá de nuestro país.
Hasta ahora habíamos visto la evolución de la gráfica humorística europea a partir del desarrollo poligráfico y las revistas ilustradas en Francia, Alemania, Reino Unido y España, así como las distintas escuelas investigadas por el crítico cubano González Barros en su obra “La Caricatura Contemporánea”
Pero por entonces había que graficar historias más extensas donde también hiciera su presencia la parodia, la ironía, el fantasía, la sátira, el ingenio y otras manifestaciones que requerían varias viñetas en forma secuencial, lo que dio en llamarse historieta (en español) así como sus orígenes que-- según los propios españoles--partían de las antiguas aucas o aleluyas catalanas, tan populares para los niños de entonces. Una muestra de ello acabamos de adjuntar para ustedes.
Como necesidad del propio desarrollo en dichas publicaciones surgieron compendios sobre lo que se conoció como proto-historieta. Me permito copiar un párrafo de cierto ensayo titulado “Elogio y reivindicación del libro” publicado en enero de 1972 por nuestro Alejo Carpentier en la revista EL CORREO DE LA UNESCO y copio:
“…El genial humorista suizo Tópffer inaugura con suDoctor Festus” (1849) la tira cómica, tal como hoy las entendemos: Todos los especialistas en la materia lo proclaman iniciador y maestro en el género. En 1889-1893, el francés Christophe, con su clásica “Famille Fenouillard”, prosigue el camino de Tópffer, sin olvidar la serie de “Le Sapeur Camember” (1890-1896). Cuando yo era niño, antes de la Primera Guerra Mundial, existían en París, gozando de enormes tiradas unos periódicos infantiles titulados LE PETIT ILUSTRÉ, CRI-CRI, L´INTREPIDE, LA SEMAINE DE SUZZETE (creador del personaje clásico Bécassine) y L´EPATANT con las inolvidables aventuras de los Pieds Nickelés de Forton (1908) que con el tiempo entraron en el panteón de su propia gloria.(…)En los mismos años los niños se regocijaban con las aventuras y tribulaciones de “Buster Brown” y de su perro, que se remontan a 1902. Y hacia el año 1913, el genial Bud Fisher, en los Estados Unidos, inventaba los extraordinarios personajes Mutt and Jeff (en América Latina: Benitín y Eneas) que se mantuvieron durante más de cuarenta años en las páginas de los diarios, entroncando, a través de las amarguras del nuevo rico de Geo McManus o de los maravillosos “Katzenhammer Kids (en español: Maldades de dos pilluelos)…”

Y así continúa Carpentier enumerando muchos de los personajes de tiras cómicas de la primera mitad del siglo XX en los Estados Unidos. Recordemos que en trabajo anterior habíamos destacado la obra del alemán Wilhelm Busch y sus famosos “Hans und Moritz”, antecedentes de los pilluelos yanquis. Pero nos hemos detenido aquí porque la lista se corresponde con otro análisis hecho en la obra de González Barros sobre la caricatura, fechada en 1916. Veamos que dice este destacado investigador cubano sobre los comics-strip norteamericanos en su Capítulo Noveno titulado AMËRICA:
 “…En el Norte, los Estados Unidos crearon una escuela particular—derivación de algunos cánones ingleses y alemanes—que han llegado a constituir una tendencia. (…) Mientras los Estados Unidos forzaban la amplitud de los cánones germanos y falseaban los dogmas ingleses para instaurar elementos que rechazan el Arte en general. (…) En este sentido—en el de la innovación—los Estados Unidos se adelantaron. (…) Estos son los que han concebido la manera de colocar dentro del dibujo de una historieta las frases de todos los monólogos o de todos los diálogos sostenidos por los personajes ideados por una fantasía muy digna de ser mencionada. (…) Son de muy mal gusto esas aglomeraciones de palabras que siempre vemos escritas en cualquier lugar del dibujo y que parecen perseguir a cada tipo. No hay nada más falto de buen sentido artístico, ni que revele mayor pobreza de expresión gráfica. En el afán de realizar el hallazgo de la perfecta sensación, llegan hasta imitar con palabras los sonidos de los golpes…”
Como pueden apreciar, entre otros aspectos se trata de los ya tradicionales globos (en español) o fumettis (en italiano) y las no menos famosas onomatopeyas: Pero son muchos más los elementos críticos mantenidos por el investigador en esta obra-ensayo que motivaron mi inquietud; no por falta de sinceridad y criterio, sino de ausencia dialéctica cuando se concibió en los balbuceos del género (1916). Fallo también marcado para la incomprensión de otras manifestaciones del arte aplicado con las nuevas tecnologías de la estampación y la poligrafía que identificaron el siglo XX, llámese dibujo animado o publicidad.

De ahí la conversación con el maestro José Antonio Portuondo, que nos motivó al estudio y actualización de los conocimientos vertidos a principios del siglo XX por dicho crítico cubano González Barros; avalado más tarde por la opinión del maestro Juan David en su obra póstuma “La caricatura: Tiempos y hombres” del 2002; por los aportes del profesor Jorge R. Bermúdez con “Caricatura y crítica de arte” , además del profundo análisis que la Dra. Adelaida de Juan nos regalara en varias entregas sobre los tres personajes satíricos más autóctonos de la gráfica cubana como lo fueron el Liborio, el Bobo y el Loquito, cada uno en su contexto”.
En consecuencia ahora nos apoyaremos en el trabajo periodístico de Carpentier para la revista de la UNESCO en 1972 y los convido a realizar junto a él un nuevo  “Viaje a la Semilla” para detenernos de en el artículo “Elogio y reivindicación del libro” donde no sólo arremete contra ”…Las lamentaciones y anatemas lanzados por los miembros del Santo Oficio de una suerte de cultura contra los “muñequitos” --así los llamamos en muchos países de nuestra América llamada Latina-- (…) ¿La ciencia-ficción? Es un género literario que ha existido siempre. Sus clásicos son Luciano de Samosata; el autor de un romance medieval de Alejandro el Grande que hace descender al héroe de su historia a la cima de los mares en una cápsula de cristal. (…) Cyrano de Bergerac con su viaje a la Luna. (…) ¿El folletín periodístico, televisado? Folletines fueron los Libros de Caballería con Amadís de Gaula a la cabeza. (…) Hasta llegar a ese super-folletín--con magníficas calidades literarias--que fue el de “Los Miserables” de Víctor Hugo, primer best-seller absoluto de la literatura mundial…”
Por último y para reafirmar lo dicho, con hechos y no con palabras, acudo de nuevo a las ilustraciones de dicho artículo carpenteriano en EL CORREO y mostrar un ejemplo del arte precolombino que pudiera interpretarse como proto-historieta, y es nada menos que el Lienzo de Tlaxcala--arte radical y secuencial--sobre la conquista de México por los españoles y el fin del imperio azteca. Esos dibujos fueron realizados por los artistas indígenas del pueblo Tlaxcala, posiblemente alrededor de 1560, es decir, casi un siglo después de los sucesos que se describen en el mismo: En una de sus viñetas aparece Hernán Cortés y la Malinche, su amiga íntima, que le servía de acomodo e intérprete. ¿Son o no originales esos trazos heredados de la ancestral cultura americana?
Como hemos visto, al apoyarme en opiniones de Alejo Carpentier, trato de contextualizar las del minucioso análisis realizado por González Barros a comienzos del siglo XX, pero nos resulta incompleto pues debemos diferenciar entre lo que pudiera definirse en Cuba como la línea radical y la criolla.
Por tal motivo, la próxima entrega, la llamaremos “La línea criolla” de Carpentier: (13)”

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