En
el estudio que venimos haciendo de la línea como vehículo imprescindible de la
caricatura en el mundo a partir del siglo XIX, al arribar a la línea criolla
topamos con ciertos criterios sobre tal definición. ¡Bendito tropiezo! Pues se
trataba de la intervención inesperada de nuestro genial Alejo Carpentier
viéndonos en el deber de sustituir la palabra criolla por radical, pero antes
veamos lo que gráficamente a fines del siglo XIX, el español Landaluze
popularizó como estampas criollas o costumbristas.
Y
me explico: En otro trabajo del genial escritor cubano para la revista EL
CORREO de la Unesco (enero de 1972) bajo el título de “Como el negro se volvió criollo”
el autor aclara que:
”…La palabra criollo aparece por vez primera en un
texto geográfico de Juan López de Velasco, publicado en México en 1571-74: Los
españoles que pasan a aquellas partes (léase América) y están en ellas mucho
tiempo, con la mutación del cielo y el temperamento de las regiones no dejan de
recibir alguna diferencia en el color y la calidad de sus personas; pero los
que nacen en ellas se llaman criollos. En 1608, en un poema escrito en
Cuba, Silvestre de Balboa califica de criollo a un negro esclavo. Y en 1617 nos
dice el inca Garcilaso de la Vega: Criollos llaman los españoles a los
nacidos en el Nuevo Mundo, así sean de padres españoles o africanos…”
Estos
párrafos explican el por qué nos vimos obligados a cambiarle el título. Pero,
antes de continuar la serie, preferimos despedir el año con un sencillo
homenaje a tan venerado representante de nuestra cultura con un apunte gráfico
que le hiciéramos en vida y una síntesis biográfica a vuelo de pájaro:
En
primer lugar ésta, su caricatura personal, no participó en ningún concurso de
la especialidad, ni recibió comentario alguno de la crítica, pero que en mi
interior es quizás, la que personalmente más me ha llenado pues, en poquísimas
líneas faciales, lo pinté de cuerpo entero sin pigmento alguno, más bien hice
un collage con el recorte de mezclilla color azul añil que tomé de mi
ropero, tal y como lo recordaba al presentarse aquel día en los salones del
Hotel Habana Libre para participar en un magno evento.
La
otra semblanza pudiera calificarse de formalmente informal pues se trata de un
hipotético viaje a la semilla con 110 años de duración hacia el 26 de diciembre
de 1904, cuando el niño Alejito daba sus primeras muestras de vida en aquella
vivienda de la calle Maloja en la Habana Vieja. Hijo de francés y rusa, cursó
la primera enseñanza en Cuba, pero debido al viaje a Europa de sus padres tuvo
que asistir al Liceo de Jeanson de Sailly en París, para cursar la secundaria,
cuyo francés completó con las clases de música que su progenitora-–excelente
pianista--le impartía en horario extracurricular.
Si
agregamos que en 1921 matricula Arquitectura en la Universidad de La Habana y
más tarde abandona planos y cartabones para dedicarse al periodismo en LA
DISCUSION y EL HERALDO DE CUBA, o las revistas CHIC y SOCIAL, ya se vislumbran en
él las inquietudes y dotes de la pasión de contar con solo 20 años, pues
aparece en la nómina de la revista CARTELES desde su fundación en 1924, donde
pronto ocupó el cargo de redactor jefe y tres años más tarde, fundador de la
REVISTA DE AVANCE.
Junto
a su vocación por la crítica musical, siguiéndole los pasos al maestro Fernando
Ortiz, practica las ideas marxistas que lo llevan a la cárcel, donde surge la
primera versión de su “Ecué-Yamba-O” y una vez libre, los argumentos
para “La
rebambaramba” y “El milagro de Anaquillé.
Aunque
su nombre no aparezca en la Protesta de los 13, (1923) sí participa en el
Movimiento Minorista junto a Mella, Pablo de la Torriente y Villena. En
consecuencia “la porra machadista” lo obliga a salir del país con documentación
falsa, gracias a la complicidad de su amigo francés Robert Denos, asistente en
Cuba a un congreso periodístico. Tal vez estos hayan sido los motivos para la
elaboración mucho después de su picaresca obra “El recurso del
método” que vio la luz en 1974.
En
Francia logra llevar a escena “Ecue-Yamba-O”
y colabora con Breton en la llamada Revolución Surrealista, además de
establecer amistad con Louis Aragon, Sadoul, Picasso y Elouard, entre otros;
mientras en España lo hace con García Lorca, Alberti, José Bergman y Pedro
Salinas, durante los convulsos días de la Guerra Civil.
En
1939 regresa a Cuba junto a Marinello, Guillén y Félix Pita, asistentes al
Segundo Congreso por la Defensa de la Cultura. Y de nuevo en la patria dirige
por su orden la emisora CMZ, es nombrado Ministro de Educación y por último, Profesor
de Musicología en la Universidad de La Habana.
Un
hecho trascendental es su viaje a Haití en 1943 junto a su esposa, cuando
visita Sans Souci y La Citadelle, entre otras experiencias inspiradoras de “El
reino de este mundo”.
Un
año más tarde logra ese maravilloso cuento “Viaje a la semilla” y a
continuación “La música en Cuba”, obra que resume toda su investigación sobre
el género en nuestro país, así como el descubrimiento de la obra de Estaban
Salas en Santiago de Cuba.
En
un nuevo periplo, por Nuestra América, se establece en Venezuela, casi
simultáneamente organiza una radioemisora en Caracas, escribe crítica musical
para El NACIONAL y lanza su libro “Los fugitivos” que resulta
premiado. Pero lo más importante es su decisión en 1948 de emprender un viaje
al Alto Orinoco en la Amazonía y dichas experiencias son las que inspiran esa
obra cumbre de lo real maravilloso que es “El reino de este mundo”. La novela ve
la luz al año siguiente en México y en 1951 logra visitar la capital azteca.
El
triunfo de la Revolución Cubana lo sorprende en la cima de la fama,
pero--espíritu incansable--su creatividad se multiplica en función de la
superación del pueblo cubano con iniciativas, proyectos, y altas
responsabilidades en el campo de la cultura y la educación. Pero eso no
obstaculiza su obra personal con éxitos como “El recurso del
método” y “Concierto Bárroco”
(1974), ”La Consagración de la Primavera” (1978) y por último un ejemplo de
la más cruda sátira histórica “El arpa y la sombra” de 1979 donde
el Gran Almirante de la Mar Océana queda bastante mal parado.
Desempeñó
en esta etapa cargos en el exterior y recibe el Premio Internacional “Alfonso
Reyes” de México, (1975); y ese mismo año el Premio Mundial “Cino
de Duca” en Francia; por último obtiene el Premio “Miguel de Cervantes”
España (1977).
Lamentablemente
falleció el 24 de abril de 1980 en plena madurez, cuando desempeñaba el cargo
de consejero cultural de la Embajada de Cuba en Francia.
Son
sapenas breves pinceladas de su humilde admirador Blanquito, que quieren
sumarse al tributo que todo el pueblo de Cuba, incluyendo a sus Cinco Héroes ya
de regreso a la Patria, les reconoce al criollísimo Alejo Carpentier en este 26
de diciembre por su 110º. Aniversario ¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE!
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